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    lunes 10 de junio de 2024

    OPP: por la tecnología, los menos calificados son los que están perdiendo más horas de trabajo

    Un estudio de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto analizó qué factores contribuyeron al crecimiento económico de Uruguay y el impacto tecnológico

    Por lo “vertiginoso” de los cambios tecnológicos, las formas de trabajar y producir están cambiando en Uruguay. Ante esa realidad, ¿cuál ha sido la contribución de los distintos determinantes del crecimiento económico del país en los años recientes? ¿Qué implicancias tiene la reducción de las horas trabajadas —que se están dando especialmente entre las personas menos calificadas— en las variaciones del Producto Interno Bruto (PIB)?

    Esas interrogantes fueron el disparador no de una investigación académica, sino de un análisis elaborado por una dependencia del gobierno poniendo el foco en la productividad en Uruguay. Este documento de trabajo, elaborado por la División de Propuesto y Diseño de Políticas Públicas de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), llevó a identificar la “necesidad” de adoptar acciones dirigidas a fortalecer el capital humano como recurso para, así, evitar el “desencuentro de calificaciones con la demanda, que parecería ser creciente para las horas de trabajo calificadas”.

    Búsqueda obtuvo el análisis —fechado en julio de 2023— mediante un pedido de acceso a la información pública respondido por la OPP en mayo.

    La necesidad de discutir cómo elevar los niveles de productividad en Uruguay es planteada de manera reiterativa por economistas independientes y de distintas tendencias políticas. El tema estuvo rondando la cabeza de Isaac Alfie, quien, al momento de elaborarse este documento interno, dirigía esa oficina de Presidencia de la República.

    Cuando en diciembre del año pasado hizo una suerte de despedida pública hablando ante empresarios vinculados a la Cámara de Comercio Uruguay-Estados Unidos en un hotel en Pocitos, el jerarca dedicó varios minutos a “mirar el futuro”.

    “Tenemos un crecimiento muy bajo, vamos a terminar el año que viene 10 años de crecimiento promedio de 1,3%” anual, lamentó, y especuló acerca de las posibles causas de ese pobre desempeño. Dijo que el gasto agregado en la economía (de 34%-35% del PIB) lleva a tener presiones impositivas “altísimas” para las empresas y las personas, lo que complica la inversión en innovación. Por eso, a juicio de Alfie, se precisa asignar mejor los recursos públicos y dar “incentivos adecuados” para que el sector privado arriesgue y genere así dinamismo en la economía. “Es cierto que hay que gastar para tener resultados, pero a veces tiramos una bomba para matar a una cucaracha”, graficó este exministro de Economía y hoy integrante del equipo del precandidato colorado Gabriel Gurméndez. Habló de la necesidad de avanzar hacia una “desburocratización” paso a paso, de aumentar la competencia en algunos mercados, de modernizar normas laborales y de mejorar la inserción internacional del país no solo por el lado de las exportaciones, sino también de buscar aprovechar las “ganancias de bienestar y productividad” con una mayor apertura a las importaciones. Pero, para Alfie, lo más relevante para el desarrollo de Uruguay es la “gran apuesta a la innovación”, con el sector público poniendo dinero para “apalancar el riesgo privado”.

    “Apalancar” el crecimiento. Como introducción, el documento de trabajo de la OPP —titulado Productividad en Uruguay para el período 2007-2022— menciona como un tema central en la teoría del crecimiento económico el entender sus determinantes, así como la importancia que tiene cada uno de estos. Su relevancia, aclara, “va más allá del interés teórico” y tiene utilidad para “apalancar el proceso de crecimiento” con la “consecuente mejora del bienestar general”. También señala un uso complementario: permite proporcionar estimaciones para calcular el resultado fiscal estructural, el eje conceptual definido para la regla en materia de gestión de las finanzas públicas instaurada por el actual gobierno.

    La revisión de la literatura en materia de productividad hecha por los técnicos de la OPP encontró referencias con datos hasta 2013, por lo que su trabajo con información al 2022 le da actualidad. Y, a diferencia de esas investigaciones académicas anteriores, señalan como una contribución de su estudio el medir la productividad considerando las horas trabajadas.

    Analizaron los aportes factoriales al crecimiento de la economía en su conjunto y, además, de dos sectores específicos: la industria manufacturera y los servicios.

    Hipótesis. Por detrás de las preguntas que los técnicos de la OPP se propusieron contestar están dos hipótesis.

    Primero, que la apertura a la comercialización internacional puede tener distinto impacto entre sectores con diferente exposición a la competencia externa. Para competir con sus productos en el mundo necesitan adaptarse a los avances tecnológicos globales, un fenómeno que puede verse a partir de la mayor inversión en capital fijo que permita un recambio tecnológico, explican.

    Segunda hipótesis: en la última década se han producido cambios “muy vertiginosos en adopción de tecnologías que impactan directamente en la automatización de tareas, la definición de los puestos de trabajo y, así, en el mercado” laboral. En ese sentido, en el proceso de incorporación de nuevas tecnologías en capital fijo, que impliquen mayor automatización de tareas o necesidad de capital humano más capacitado para la adopción de las mismas, la reducción de horas trabajadas puede estar asociada al desplazamiento de recursos humanos menos capacitados de determinados sectores productivos con mayor incorporación tecnológica.

    El documento presenta un capítulo de “contexto (2003-2022)”, redactado por Edgardo Favaro, un asesor de la OPP.

    Señala que, tras la crisis de 2002, la economía uruguaya “se estabilizó en 2003, a partir de cuando retomó el crecimiento”. Luego, entre 2005 y 2014, logró tasas de expansión “considerables” gracias a “políticas de estímulo fiscal y de aumento del salario real que fueron exitosas en la reactivación” económica. También contribuyó un entorno externo “relativamente favorable”.

    Agrega que entre 2014 y 2019 la expansión de la oferta agregada se detuvo y empezó a aumentar el desempleo. La demanda interna se contrajo, especialmente la inversión. También cayó la entrada neta de capitales.

    Según ese repaso del comportamiento de la economía uruguaya, a partir de 2019 comenzó la desaceleración de la actividad y los “indicios de recesión” se profundizaron con la pandemia de Covid.

    Factores y aportes. El análisis de la productividad del conjunto de la economía constató que, hasta 2013, en promedio el crecimiento de la producción resultó mayor que el aumento del uso agregado de los factores. En cambio, desde 2014 la evolución de la productividad total de factores (PTF) “fue generalmente negativa, con la excepción de 2021, en donde puede haber prevalecido un efecto rebote” tras la abrupta caída del año previo por la crisis del coronavirus.

    En el período completo estudiado (2007-2022), la acumulación de capital fijo fue el factor que más contribuyó al crecimiento del PIB (2,1%), en promedio, seguido por la PTF (0,68%). En la última década “no es posible visualizar una contribución relevante y sostenida del rol de la PTF (...) que pudiera estar evidenciando progreso tecnológico no incorporado (disembodied)”.

    Por su lado, el aporte de la acumulación de capital humano fue de “apenas” 0,28%; de hecho, este factor tuvo contribuciones negativas a la expansión económica “en forma sostenida desde 2015 y hasta 2021”.

    Productividad sectorial. La producción del sector manufacturero “creció sustancialmente más” que su uso agregado de factores de 2009 a 2011, y en 2015 y 2018, años en los cuales la expansión industrial fue liderada por el aumento de la PTF. El desarrollo fabril estuvo fundamentalmente apalancado por el capital fijo —salvo en el lapso 2015-2019—, mientras que la contribución de las horas trabajadas ajustadas por nivel educativo resultó negativa.

    Para analizar los servicios, el estudio consideró al comercio, alojamiento y comida; transporte y almacenamiento; información y comunicación; enseñanza y salud humana, que incrementaron su peso dentro del sector a lo largo del período. Los servicios registraron un crecimiento continuo de su producción tras la crisis del 2002 y, específicamente a partir de 2007, contribuyeron todos los factores. Como “origen de estos dinamismos”, el análisis de la OPP menciona la promoción de las inversiones y la puesta en funcionamiento de las zonas francas Aguada Park y WTC Montevideo.

    A partir del análisis tanto de la economía en su conjunto como de los dos casos sectoriales, el documento concluye que la expansión del PIB se dio sobre todo por el crecimiento del capital fijo; en tanto, la PTF fue en algunos períodos positiva y en otros negativa. “No puede aseverarse que la eficiencia en el uso de los factores productivos haya contribuido de forma sostenida” al crecimiento económico, sentencia.

    El factor que “lideró y apalancó” la expansión, tanto de la economía vista globalmente como de la industria y los servicios, fue la inversión y, consecuentemente, la acumulación de capital fijo. En cambio, el capital humano tuvo contribuciones “apenas positivas y muy poco significativas, o incluso negativas” a lo largo del período analizado. Sobre esta constatación, los técnicos de la OPP plantean como hipótesis que, como el crecimiento del PIB se debió fundamentalmente a las inversiones en capital fijo, “la automatización y avances tecnológicos pueden generar desplazamientos en el mercado de trabajo, requiriendo personal ocupado de mayor capacitación en detrimento” de los menos formados.

    Horas trabajadas. Respecto de esa hipótesis de trabajo, el análisis señala que la tendencia a la baja en las horas trabajadas no fue igual en todos los ocupados de la economía: se dio entre aquellos con menores niveles de educación (“sin instrucción”), ya que, en contrapartida, hubo un aumento entre los de nivel terciario, universitario o superior. Esto también se constató, particularmente, en el sector de los servicios.

    Este cálculo de las contribuciones al crecimiento del PIB a partir de la desagregación del capital humano según sus diferentes niveles de calificación permitió identificar que la recuperación económica pospandemia se dio principalmente “con ocupados de los menores niveles educativos y los universitarios; las horas trabajadas de los ocupados de educación media disminuyó en toda la economía y en los dos sectores analizados”.

    El hecho de que sean las horas trabajadas de los ocupados menos preparados las que más caen “apoya la hipótesis de que se está frente a un proceso de cambio tecnológico en el cual el trabajo no calificado está siendo sustituido por cambio tecnológico incorporado”. Según el informe, estos hallazgos indican como “una necesidad la implementación de programas o políticas dirigidos a aumentar el capital humano para, así, evitar el desencuentro (missmatch) de calificaciones con la demanda, que parecería ser creciente para las horas de trabajo calificadas”.