—Hasta marzo, la cantidad de cotizantes en el sector era de 52.800 trabajadores. ¿Qué otras grandes obras pueden sostener este nivel de empleo en el corto plazo?
—El nivel de actividad en los últimos años fue elevado. Arriba de 45.000 ocupados, la industria está con una actividad razonable y por encima de 50.000 está bien para lo que es nuestro mercado. Desde la pandemia para acá, venimos bien. La obra de UPM ya pasó hace tiempo y lo grueso del ferrocarril terminó a fin del año pasado, ahora quedan ajustes, comisionamientos. Pero el empleo, en grandes líneas, se ha mantenido por la gran cantidad de proyectos que hay de vivienda promovida en distintos barrios de Montevideo y en el interior. El otro pilar fueron las obras viales, que a pesar de no ser tan intensivas, igual dan empleo, y si le agregás los puentes y demás, hay cantidad de personal. Esas son dos grandes patas que han estado manteniendo la construcción.
Hacia adelante, hay cierta inercia de los proyectos viales por uno o dos años más, se van a seguir ejecutando algunas PPP que venían de atrás y algunos Cremaf. En arquitectura es un poco más difícil saberlo porque con el tema del dólar y otras cosas hay algunas inversiones que están ahí, en el filo. Pero, como había buena base de obras que se lanzaron y que llevan dos o tres años, también hay una inercia por lo menos por un año o capaz más.
—El piso está. ¿Con qué otras obras prevé crecer?
—Hay inversiones anunciadas muy importantes en el sector de agua y saneamiento. La planta potabilizadora de Arazatí que hoy está a la espera de la apelación, porque hay una acción de amparo. Ahí se dijo que no se firme hasta tanto se aporte en seguridades y se vea que no se viola el artículo 47 de la Constitución. Están en su derecho a hacerlo.
La paralización es por el amparo, momentáneo, entiendo que son las garantías que hay que darle y se está dentro de la ley. Este es un proyecto muy importante; mi miedo para Arazatí —creo que no se va a terminar politizando del todo— es que un proyecto indiscutible, necesario y bien hecho, con participación del Estado y privados, de los mejores que podemos tener en el país, termine quedando como rehén de intereses coyunturales. No quiero creer que Uruguay va a hacer eso.
La otra obra importante es la universalización del saneamiento, que en esta primera etapa son más de 60 localidades en todo el país. La adjudicación ya está, se aprobó en el Directorio de OSE, está en trámite del Tribunal de Cuentas y debería ser inminente la firma del contrato.
Estas dos obras deberían dar un piso, ayudar a mantener la actividad. Creo que vamos a mantener los números actuales. Serían además las inversiones en agua y saneamiento más importantes de la historia del país. En saneamiento son del orden de los US$ 400 millones y Arazatí un poco menos de US$ 300 millones.
—Mencionó que algún proyecto de vivienda estaba “al filo” por cómo afecta al negocio la baja cotización del dólar. ¿Eso no sucede en las otras áreas de la construcción?
—Escucho el lamento de algunos que se les apretó el negocio con el dólar. También es cierto que la inflación se controló bastante y se desindexó. El último aumento de salario de la construcción fue 2,8%. La rentabilidad en la construcción varía, una cosa es el desarrollo inmobiliario, otra los proyectos de carreteras, o el que trabaja para el sector energético. Afecta distinto el dólar. En la cámara hay empresas que trabajan 100% para el Estado, más chicas, y tienen paramétrica y no les afecta el dólar. En el caso de las empresas grandes de ingeniería y construcción, que son siete u ocho, tenemos negocios a los que nos afecta y otros a los que no, y también hay negocios en dólares con privados donde las brechas son difíciles de digerir.
—No es la misma afectación que para el sector exportador.
En algunos sectores de la construcción ha pegado, algún proyecto se pudo haber frenado, pero la prueba está porque sigue habiendo 53.000 trabajadores. Se han restringido los márgenes, en algunos sectores se ha pasado mal y otros no tanto. Con una inflación más baja, los salarios han atenuado el incremento, soy un hincha… Cuesta alinear las variables, el déficit fiscal, el dólar y la inflación, y cuando alguno se desalinea hay a quien le duele más.
—¿De qué es hincha?
—Soy hincha de ese arte de los ministros de Economía de mirarla en su conjunto y tratar de buscar qué es lo mejor para que la economía siga creciendo, por eso los entiendo a los economistas a veces. No podés priorizar un único sector ni atender la demanda de un único sector, es más compleja la ecuación… Pero no soy ministro de Economía.
—Piensa que el Ministerio de Economía (MEF) hizo bien en no ceder a los reclamos de los exportadores en relación con el precio del dólar.
—Lo que entiendo es que no se puede mirar el desempeño del MEF por una única variable, y este ministerio ha mantenido un celo enorme en algunas cosas, como el investment grade, y eso también hay que ponerlo en la balanza porque por algo siguen entrando inversiones al país. El ajuste fino de cuándo el dólar está estropeando negocios y cuándo los márgenes no están dando, o el país está siendo inviable porque es caro, es el que tiene que hacer todo gobierno. Creo que lo ha manejado bien, son las cosas que tenemos en el país, con matices y señas propias, pero la macroeconomía no se ha tocado hace muchos años.
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Javier Calvelo, adhoc/FOTOS
—En este período, esa estabilidad —según dijo a Búsqueda el presidente de la Unión de Exportadores, Facundo Márquez— se pagó con menor rentabilidad. Y afirmó que la mayoría de los empresarios volverá a votar a este gobierno. ¿Usted qué dice?
—Por una sencilla razón, porque nosotros no tenemos la receta de lo que hay que hacer, entonces opinamos por la coyuntura de nuestro sector y nuestros intereses. Nos cuesta mucho mirar de afuera o tener un outlook mayor de lo que tiene que hacer el ministro de Economía y ver el bien de todos, no de un sector.
Igual, lo importante es cómo vamos a hacer para que el país crezca al 4% o 5%. Y los países crecen aumentando la productividad, y eso tiene que ver con la educación, con la forma de trabajar, con recibir inversión, con infraestructura. Tenemos seriedad, estabilidad, todo eso nos lo reconocen. Somos un país caro en dólares, con una productividad no muy alta, tenemos que trabajar en eso de alguna manera.
—¿En la construcción ha mejorado la productividad?
—Sí, de la mano de la inversión en tecnología que han hecho las empresas y de la capacitación de los trabajadores, ha tenido una mejora. Por algo no se quejan tanto los empresarios. Igual, tenemos mucho por mejorar en comparación a otros países. Y eso no quiere decir que hay que matar al obrero para sacarle más jugo, sino que tiene que ver con la capacitación, cómo se organiza el trabajo, la disponibilidad de herramientas más modernas, cómo se diseña la obra.
—La semana de 44 horas de la construcción se tomó por parte de los metalúrgicos para llegar a la reducción de la jornada gradual en ese sector. ¿La construcción puede seguir en esa línea?
—Creo que no, por los costos de las obras. La industria tuvo ese escalón hace años y lo digirió. Estamos en competencia con otros países del mundo, con cuánto cuesta hacer obra en otro país. Sé que hay un cambio cultural enorme después de la pandemia, el homeoffice lo aplicamos y las nuevas generaciones lo exigen. Pero la construcción es manual y como está organizada la jornada de trabajo está bien. Pero no me cierro a nada.
—El ministro de Transporte, José Luis Falero, dijo que en este período se priorizó en la calidad de las obras viales y que para el próximo período haría falta otro shock de obras. ¿Lo ve así?
—Se apostó a hacer obras de calidad, sí. Estoy de acuerdo, pero pienso que hay que mirar mucho más el desarrollo urbano y suburbano. Tenemos un debe en invertirles más a las ciudades. El tren tranvía tiene que ver con eso. Pero también los accesos a las ciudades, la última obra grande de acceso —sin considerar el viaducto, que resolvió un tema puntual y grande— fue la de los accesos de la Ruta 1 y Ruta 5 que hicieron los militares. Ahora hay que seguir pensándola a Montevideo… Y al Este. Hay varios proyectos ahí, tengo unos cuantos en la cabeza.
—¿Cree que la próxima administración se apropie de la idea de la cámara de crear una Agencia de Infraestructura que en este gobierno no prosperó? ¿Para eso fue que las gremiales formaron el Consejo de Política en Infraestructura?
—Son dos cosas distintas, la agencia nace como una inquietud de la cámara de tratar de incidir en la organización de los gobiernos para que tengan un área donde se planifiquen las grandes obras a largo plazo y haya un banco de proyectos y los privados eventualmente puedan ayudar con iniciativas que se presenten. Eso existe en Australia, en Inglaterra, Canadá, Nueva Zelanda. Algo está permeando porque si ves los programas de gobierno, están recogiendo algunas de estas cosas con distinto nombre. El Frente Amplio me consta que captó la esencia de esto y tienen algo en mente, Yamandú (Orsi) lo ha dicho públicamente. Y a Álvaro Delgado le pareció interesante cuando se lo presentamos y algo recogieron en el programa, pero no sé cuál es el formato final. Vamos a seguir insistiendo cuando haya elecciones y un ganador para que se haga.
El Consejo es distinto, es 100% privado. Está formado por las principales agrupaciones empresariales que son representativas de la economía del país y que tienen su lectura de las necesidades en infraestructura, se reúne cada tanto y los técnicos trabajan proyectos para que ordenadamente se presenten en un documento a entregarles a los candidatos a la presidencia que sean finalistas.
—¿Para el sector es lo mismo que haya continuidad o cambio de gobierno?
—Opinión política no puedo dar como empresario ni como presidente de la cámara. Mi deseo es que el gobierno que gane cuide a muerte la estabilidad y seriedad, que es algo que nos caracteriza y es muy importante. También es muy relevante cuidar la paz social, y cuando uno mira para afuera cada vez más... Tenemos que agotar las instancias de diálogo, seguir siendo un país bien republicano. Después, que se escuche al sector privado, tenemos nuestros intereses pero somos un sector muy consustanciado con la sociedad, que sean receptivos. Me sentí escuchado y atendido en esta administración, he tenido diálogo siempre.
—¿Más que en gobiernos anteriores?
—No puedo hablar para atrás porque yo no era presidente de la cámara. Lo soy ahora y como presidente el diálogo ha sido muy bueno. Como empresario, siempre he tenido el mismo nivel de diálogo, más o menos.
—Ha manifestado preocupación por el plebiscito de la seguridad social. ¿No le genera dudas sobre cómo se manejaría ese tema si el Frente Amplio gana las elecciones?
Es un error cambiar la Constitución, esto desconoce la realidad de un sector de la economía, no se puede jugar con el ahorro previsional creado. Es gravísimo. Tenemos preocupación.
Me gustaría que se expidan y nos den tranquilidad de que se va a manejar como Uruguay maneja los temas.
Quiero que se sea claro en ese tema, porque es complicado de verdad. En los propios gobiernos del Frente Amplio salió la ley de PPP y la creación del fondo de infraestructura con las AFAP y la CAF, que ha invertido en montones de proyectos que se hicieron y generaron fuentes de trabajo y ha facilitado conseguir financiamiento dentro del país. ¿Cómo se va a ir para atrás en algo que es sumamente útil? Si se para eso, ¿de dónde va a salir la plata para invertir?