Una de las conclusiones del informe hace referencia a las “nuevas generaciones”. Los autores aclaran que el concepto es “amplio y en ocasiones poco preciso”, pero en los talleres y en las entrevistas apareció de forma clara. Y llegan a una conclusión contundente: “La falta de compromiso, de capacidad de resolución, de responsabilidad, de creatividad aparecen como descriptivas de los trabajadores jóvenes y el desafío específico que imponen a la hora de gestionar y contratar”.
El “resultado” de tener empleados jóvenes es que haya “altos niveles de rotación” del personal. En muchos casos, se trata de asalariados que tienen su “primera experiencia laboral” mientras concurren al liceo o a la facultad. A veces, las mujeres jóvenes deben compatibilizar la tarea con los cuidados. “Estos son los perfiles de alta rotación y por contrapartida la retención es el principal desafío”, señala el texto.
Los consultores encargados del estudio concluyeron que este perfil “en el mediano plazo no va a cambiar” y que se impone para el sector el desarrollo de “capacidad para dialogar con las ‘nuevas generaciones’ para desarrollar relaciones laborales de calidad”.
Meses atrás, encuestas y grupos focales realizados para un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo constataron algunas dificultades de las personas de 18 a 24 años para entrar al mundo laboral. El estudio —realizado por Equipos Consultores— sugiere que esta población vive el proceso de búsqueda de empleo con “frustración”: la mayoría obtienen su primer trabajo entre los 18 y los 20 años tras procesos “prolongados y frustrantes” en los cuales la falta de experiencia y de conocimiento son la principal barrera al momento de postularse.
El perfil en comercio
La gran mayoría (77%) de los que trabaja en el comercio nació en el departamento en el que vive, mientras que 19,5% reside en otra ciudad y 3,5% nació en el exterior. Otra particularidad de estos trabajadores es que se caracterizan por vivir en hogares con un “poder adquisitivo más bajo que el promedio de los ocupados” y por tener un nivel de educación formal también menor.
Casi tres de cada 10 empleados del comercio y la mitad de los trabajadores del subsector “otros minoristas” no terminaron el ciclo básico y, además, es “poco viable” que vuelvan alguna vez al aula: trabajan en promedio 42,1 horas por semana, describe el informe.
El trabajo publicado por el MTSS analiza también la “incidencia de la brecha” de los trabajadores según su nivel educativo. Basado en los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) de 2022, el estudio concluye que seis de cada 10 empleados estaba “correctamente educado”, es decir, su nivel era considerado el necesario para el desempeño de su ocupación. Los “sobreeducados” (“cualquier persona que se encuentre en un trabajo para el que tenga más educación que la requerida”) era el 22%, al tiempo que los “subeducados”, el 15%. Estos porcentajes “están alineados” con el total de los ocupados.
Si se desagrega la información por la edad, los más jóvenes son quienes “acumulan mayor incidencia de sobreeducación”, mientras que los adultos presentan “mayores niveles de subeducación”. A su vez, el fenómeno de la sobreeducación es más fuerte en Montevideo que en el interior del país.
Los salarios de los trabajadores del comercio son “considerablemente” menores si se los compara con el total de los ocupados, una “brecha” que se observa al menos desde 2014. Si se hace zoom a este dato, se observa que el comercio minorista es el que tiene “peores condiciones”, con remuneraciones de “casi la mitad” que en otros rubros. Este subsector también muestra los peores resultados dentro del comercio si se tiene en cuenta la “informalidad”.
Lo que se busca y los riesgos
Los portales de búsqueda son un lugar habitual al que recurren los desempleados para conseguir un trabajo. Sin embargo, la información que surge de allí es una “muestra sesgada del mercado” laboral, que no es “sencillo de estimar”, concluye el informe del MTSS. Lo que en general se publica en estos sitios son “trabajos de cuello blanco” —que requieren algún grado de sofisticación— y se postulan personas que, al menos, tienen acceso a herramientas informáticas. En el comercio, los puestos demandados representan alrededor del 10% del total.
El análisis de estos portales permite “acercarse a la pregunta” sobre qué se busca contratar, una información complementaria a la que presenta la ECH. Las ocupaciones más demandadas son las relacionadas a la venta —“principalmente en centros de llamadas y tiendas y almacenes”—. En “menor medida”, en tanto, las empresas buscan cajeros, peones de carga y empleados de control de abastecimiento e inventario.
El estudio encargado por el MTSS también buscó identificar las ocupaciones con “mayores riesgos” y “oportunidades” a través de talleres con representantes de los trabajadores, gremios, cámaras, empresarios y la propia secretaría de Estado. Los actores señalaron que la transformación digital, la innovación y la diversificación de la oferta son los principales desafíos del sector. Otro elemento “crítico” es que los asuntos medioambientales y de la economía circular son “conceptos que no han calado aún en el sector ni se comprometen unívocamente”.
Para llegar a las conclusiones, quienes elaboraron el informe convocaron a un taller en el que participaron Mariano Artegoytia, analista económico en la Cámara de Comercio; Jorge Cartagena, de Cortrans; Julio Arredondo, exconsejo de Comag; Ana Rey, integrante de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio (Fuecys); Favio Riverón, el presidente de Fuecys; Nelly Silva, la presidenta de la Asociación Comercial del Uruguay.
A su vez, fueron entrevistados Eugenio Cuña, de Familia Deicas; Julio Loffiego, de una empresa de catering; Sebastián Barcos, referente de Catering Social; Alberto Latarosly, presidente de la Asociación de Hoteles y Restaurantes; Juan Almeida, del sindicato gastronómico; Óscar Iroldi, del Ministerio de Turismo; y Silvia Camacho, del Inefop (Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional).
El golpe de la pandemia
Otro de los informes divulgados recientemente por el MTSS profundiza en el sector gastronómico. Este sector está ocupado en su mayoría por jóvenes y mujeres, que tienen bajos salarios. Las remuneraciones del rubro son magras, un fenómeno que se acentuó después de la pandemia de Covid-19.
La “alta informalidad” es otra de las características de la gastronomía, un sector en el que predominan las microemrpesas y las pequeñas (representan el 81% del total). Las empresas están atravesadas por los cambios tecnológicos en todos sus eslabones y por una “nueva demanda de servicios de más alto perfil”, asegura el informe.
“Trabajar en el sector demanda una ‘vocación especial’ en términos de horarios, días de trabajo, modalidad, nivel de tensión y exigencia”, concluye el estudio del MTSS.
Transición “neutral” verde
Algunos de los estudios que mandó a hacer el Ministerio de Trabajo pueden conjugarse en pasado porque se trata de rubros con años de permanencia. Pero hay algunos sectores más incipientes en los que se pueden notar algunas tendencias y hacer proyecciones a futuro.
La “transición verde es un proceso que avanzará fuertemente en la próxima década”. Este camino será “neutral desde el punto de vista de demanda de empleo” porque aumentará la necesidad de los trabajos “verdes” y destruirá aquellos de los sectores más contaminantes, expresa una de las publicaciones, que sugiere que el gobierno “impulse la elaboración de una estrategia nacional de empleo en la transición verde”.
Uruguay está recién en la “primera etapa de la descarbonización” de su economía, por lo que todavía no se evidencian “grandes riesgos” u “oportunidades” asociadas a esta transición verde. “El crecimiento del empleo asociado al sector se encuentra condicionado por el aumento de la inversión (...) a través de la generación de nueva infraestructura que permita aumentar la capacidad productiva”.
Una de las advertencias del informe está justificada por la “progresiva sustitución de los vehículos a combustión” por autos eléctricos, que se da en el marco de los programas de “movilidad eléctrica”. Este comportamiento causará cambios en el mercado laboral: habrá una “disminución importante en la demanda de empleo” de mecánicos, empleados de estaciones de servicio y vendedores de casas de repuestos.
“Estos cambios implicarán tanto un cambio en las competencias necesarias para reparar los vehículos (las cuales se asemejan más a las de un electricista) como en la cantidad de empleo demandado”, concluye el estudio. La menor necesidad de reparación de los nuevos vehículos provocará una “pérdida neta de los puestos de trabajo”.
Los autores sugieren que la pérdida de los puestos de trabajo se podría amortiguar a través de “alguna política pública” que fomente otras actividades, como la instalación de los cargadores o puestos relacionados a la logística de las empresas y el desarrollo de la industria del reciclado de baterías.