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    Lo políticamente correcto

    Sr. director:

    Hace unos días, ante la requisitoria de periodistas, el presidente Orsi manifestó que estaba “un poco cansado de lo políticamente correcto”. Este comentario, muy relevante especialmente porque lo hace nuestro presidente, pone en evidencia una modalidad impuesta desde hace unos cuantos años, aquí y en el resto del mundo, que nos hace mucho mal. El daño es que al tener que posicionarnos dentro de los límites que impone lo políticamente correcto vamos perdiendo la capacidad de discernir, analizar, tomar posición y luego ante los argumentos poder cambiar o modificar nuestra posición, en resumen, nos cercena la capacidad de pensar, optar y hacer. Las posturas políticamente correctas son banderas que se crean con el fin de aglutinar detrás de ellas a los militantes de tal o cual ideología.

    Políticamente correcto es decir que nuestras cárceles violan los derechos humanos de los presos, que estos son víctimas de la sociedad y que viven en las peores condiciones de hacinamiento y miseria humana. Nadie contradice este análisis, pero pasan años, décadas, se suceden gobiernos y el problema no solo persiste sino que se agrava. Políticamente correcto es combatir desde todos los ámbitos posibles la violencia de género, creando un entramado de estructuras públicas y privadas que se ocupan del problema, que es real y por demás injusto. Nos desgarramos las vestiduras hablando de violencia de género, pero se sale a defender solo a las agraviadas que ideológicamente están integradas a un sector del espectro político. Si la o las mujeres agredidas son de otra ideología, el silencio y la inacción es la respuesta. Políticamente correcto es manifestar y reclamar pero por 18 de Julio, en especial agrediendo la Iglesia del Cordón, nunca una marcha o concentración en los barrios periféricos (no menciono ninguno para no estigmatizar). En los barrios donde las adolescentes son violadas, las mujeres maltratadas, donde la prostitución en muchos casos es la única salida para que una chica pueda mantener a sus hijos, en general de distintos padres, no veremos nunca una marcha.

    En estos casos y lugares, la defensa y lucha por la igualdad no existe; por el contrario, se habla más del “techo de cristal” y no de la realidad en los entornos críticos. La pobreza infantil es una realidad de la que todos somos en alguna medida responsables. Políticamente correcto es hablar afligidos o con el puño en alto contra este flagelo. Entonces la respuesta políticamente correcta y avalada por el movimiento sindical es crear un impuesto, de dudosa efectividad, para que lo paguen unos pocos. Y la pregunta es: somos dos millones de uruguayos que podríamos colaborar de forma determinante para combatir y eliminar la pobreza infantil, donar el salario de un día, aportar 0,5% más al BPS con destino a un fondo para combatir la pobreza, crear acciones en los barrios carenciados, desde todos los ángulos, construir las mejores escuelas y liceos en estas zonas, destinar a nuestros mejores maestros y profesores para estos centros. Si dos millones de personas nos ponemos a trabajar para combatir la pobreza infantil, el éxito está asegurado, y en forma rápida.

    Pero no, lo políticamente correcto es levantar la bandera de que 25.000 uruguayos deben hacerse cargo, el millón novecientos setenta y cinco mil restantes firmaremos para el próximo plebiscito, pero mientras tanto y luego no haremos nada. Políticamente correcto es rechazar la intromisión del gobierno americano en Venezuela, sacar comunicados (solo para la claque militante, sin efecto ninguno) rechazando las acciones y amenazas de Trump. Ahora bien, solidarizarnos con más de seis millones de venezolanos que emigraron, nada; poner el grito en el cielo, cortar calles y reclamar porque la población que aún vive en Venezuela ha perdido, en promedio, ocho kilos de peso por las carencias alimenticias, no; reclamar la libertad inmediata de los más de 800 presos políticos, presos de conciencia, nada; por la represión en las calles de los colectivos armados, menos; exigir como demócratas elecciones libres sin proscriptos y sin fraude electoral, tampoco. Cuestionar a los venezolanos que gracias a la corrupción viven como magnates en Panamá, Miami o España, no. Protestar porque con el afán de hacer caja han vendido a Irán, Turquía y Rusia gran parte de los ricos recursos venezolanos, jamás. Maduro es un dictador y Venezuela vive en un régimen dictatorial. Pero lo políticamente correcto es, muy acongojados, decir y reclamar que no aceptamos la intromisión en asuntos de otros países.

    No sé si la campaña que ha iniciado EE.UU. para acabar con la narcodictadura dará resultado, sí sé que es la única forma de ayudar al pueblo venezolano para volver a vivir en democracia; como se ha ido dando el proceso dictatorial, no hay otra manera. Ahora la última postura políticamente correcta es firmar para detener la prospección que se está desarrollando en nuestro mar territorial porque perturba a las ballenas, sin analizar o evaluar lo que significa la búsqueda de recursos energéticos, qué importa que Uruguay destine entre 1.600 y 2.000 millones de dólares al año a la compra de petróleo. Y hay mas banderas ante las que hay que encolumnarse de acuerdo a lo políticamente correcto, pero como dicen en mi pueblo, de boquilla, con el termo bajo el brazo, el asado en la parrilla o gozando de los privilegios del poder político.

    Daniel H. Báez