Los aficionados a la NBA o a la NFL lo saben muy bien. En Estados Unidos, el deporte es un escaparate publicitario de primer orden para todos los anunciantes. Con numerosas interrupciones de juego y tiempos muertos, el baloncesto y el fútbol americano se ven salpicados por decenas de cortes publicitarios en los que se anuncian grandes marcas de bebidas alcohólicas, automóviles o comida rápida.
Con la organización del Mundial 2026 en Norteamérica, cuya mayoría de partidos está prevista en el país del Tío Sam, los aficionados al fútbol están descubriendo el ritmo deportivo “made in USA”.
La principal novedad, muy criticada, es la generalización de las pausas para hidratarse, que algunas cadenas han convertido en bloques publicitarios especialmente rentables.
¿Calor intenso?
Sobre el papel, la idea es buena. Introducidas en 2014 durante el Mundial de Brasil, estas pausas permiten a los jugadores de cada equipo hidratarse cuando hace mucho calor. Hasta entonces se decidían caso por caso, pero este año la FIFA ha generalizado estas interrupciones del juego.
Por lo tanto, cada mitad del partido debe dividirse obligatoriamente en dos, con una primera pausa alrededor del minuto 22 y la otra hacia el 67. Y esto independientemente del lugar donde se dispute el partido o de la temperatura que haga ese día.
Una decisión que resulta comprensible en los partidos de verano, en los que las temperaturas a veces superan los 30 grados, pero cuyo carácter obligatorio molesta a algunos profesionales.
“Consecuencias deportivas reales en la gestión de los jugadores”
Sin negar su utilidad, el seleccionador de Inglaterra, Thomas Tuchel, reconoció el martes que estas pausas “prácticamente dividen el partido en cuatro cuartos” y que “modifican el desarrollo del encuentro más de lo que [él] pensaba”.
En un deporte en el que el cronómetro normalmente nunca se detiene, salvo en el descanso, fragmentar así los partidos puede romper el ritmo que ha establecido un equipo y permitir que su rival se reorganice, o incluso que dé la vuelta al marcador. Y esto ocurre a pesar de que las temperaturas son a veces bastante soportables, llegando incluso en algunos casos a bajar de los 20 grados.
“Esto tiene consecuencias deportivas reales en la gestión de los jugadores, pero también permite realizar ajustes técnicos y tácticos que influirán en el juego. Evidentemente, la FIFA lo había tenido en cuenta, pero la razón principal fue, ante todo, económica”, explica Jean-Baptiste Guégan, especialista en geopolítica del deporte.
Grandes beneficios
Aunque en algunos casos resultan beneficiosas y en otros son muy criticadas, las pausas refrescantes cuentan, sin embargo, con el apoyo unánime de las cadenas. De los tres minutos que duran estas pausas, las cadenas disponen de unos dos minutos y diez segundos que pueden dedicar a la publicidad. Y las ganancias potenciales son colosales.
Según los medios de comunicación franceses La République des Pyrénées y France Info es durante las pausas para refrescarse cuando los bloques publicitarios de veinte segundos que vende la cadena de televisión francesa M6 alcanzan su precio más alto.
Estas sumas podrían llegar a los 450.000 euros si los Bleus disputan la final, según informa L’Équipe. Por su parte, la cadena estadounidense Fox Sports vende anuncios de treinta segundos.
“Ofrecen un rango extremadamente amplio, entre 200.000 y 750.000 dólares por anuncio”, precisa Claire Rabès, consultora en política deportiva. Toda una mina de oro.
Y con razón, ya que es durante estas pequeñas pausas cuando los aficionados permanecen frente a sus pantallas, a diferencia de los descansos entre tiempos, momentos ideales para comer o hacer una visita rápida al baño. “Es tiempo de atención disponible”, resume Claire Rabès.
Sin embargo, no todas las cadenas adoptan la misma actitud ante estos intervalos. M6 solo dedica un minuto de estas pausas a la publicidad, mientras que la cadena británica ITV no emite ninguno.
En Estados Unidos, “la cultura de las pausas publicitarias es la norma”
Fox Sports, que por el contrario emite anuncios durante el tiempo máximo permitido, ha probado en algunos partidos un modelo ya implantado en los deportes estadounidenses, dividiendo la pantalla. Es decir, emitir el anuncio en primer plano en el centro de la pantalla, al tiempo que se mantiene un pequeño recuadro, a la izquierda, reservado a la retransmisión en directo del terreno de juego, las interacciones del público y de los jugadores durante la pausa.
“El contexto estadounidense ha favorecido que la FIFA se haya sentido totalmente capacitada para asumir el riesgo de generalizar estas pausas publicitarias”, opina Claire Rabès. De hecho, en Estados Unidos, la cultura de las pausas publicitarias es la norma. La NBA, por ejemplo, establece dos tiempos muertos obligatorios por cuarto, destinados a la emisión de anuncios. No hace falta decir que el espectador estadounidense está acostumbrado a ello.
Una forma de amortizar los derechos de difusión
Pero la especialista también tiene en cuenta el contexto político y destaca que “Trump no es un presidente crítico con la idea de ganar dinero”. Con el Mundial de fútbol de Estados Unidos, la FIFA encuentra así un marco político y cultural propicio para la introducción de las pausas publicitarias obligatorias. Al hacerlo, ofrece a sus clientas, las cadenas de televisión, una garantía de ingresos adicionales, al tiempo que aumenta el precio de sus derechos de retransmisión.
“El principal objetivo de la FIFA es maximizar sus propios ingresos. Una vez que has cobrado los derechos a las cadenas de televisión, y estos son cada vez más caros, es inevitable que dichas cadenas encuentren un interés en comprarlos y, por lo tanto, formas de amortizar su inversión”, explica Claire Rabès.
“Más dinero para la FIFA significa más dinero para Gianni Infantino (el presidente de la FIFA, nota del editor), y más dinero redistribuido a las federaciones, que estarán encantadas de reelegir a Infantino. Así se cierra el círculo”, añade Jean-Baptiste Guégan.
Informe de Jean-Baptiste Breen
FUENTE:RFI