Daniel Martinez y Luis Lacalle Pou. Foto: Javier Calvelo/ adhocFotos

Especialistas aseguran que la situación de liderazgo que existirá en Uruguay a partir de marzo de 2020 será similar a la de inicios de 1960, previo a la dictadura

El próximo presidente romperá con una generación histórica de dirigentes políticos y será “el fin de un ciclo”, lo cual “es una razón para preocuparse”

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Nº2000 - al de Diciembre de 2018
escribe Juan Pittaluga

Los precandidatos a la Presidencia son más de diez y es factible que se sume algún otro a la carrera, aunque las encuestas marcan que hay tres con las mayores posibilidades de ser electos en 2019: Luis Lacalle Pou, Daniel Martínez y Carolina Cosse. Aún si se produce una sorpresa y el presidente es otro blanco o frentista que está en la contienda, el quiebre con los liderazgos que presidieron el país desde el retorno a la democracia está asegurado.

Y es probable que el cambio no sea fácil.

El 1º de marzo asumirá, según cuál sea el caso, un presidente mucho más joven que los anteriores, o con menor trayectoria política y peso electoral, o sin tanta experiencia de gestión, o con un liderazgo en sus partidos aún por consolidar, o sin el apoyo popular de haber sido sustento e incluso haber construido sectores de relevancia dentro de sus partidos.

Pase lo que pase, los especialistas son cautos a la hora de avalar que esta futura transformación en la jerarquía política ha sido decidida por la población y supone un cambio necesario en un país que, con vaivenes, pasó las últimas tres décadas gobernado por los mismos dirigentes.

“Hay todo un proceso grande de renovación de los liderazgos, es el fin de un ciclo, y para mí es una razón para preocuparse. Pienso que no da mucho para festejar, no es para tirar cañitas voladoras a fin de año. Hay razones para decir que se vienen tiempos complicados”, señaló a Búsqueda el politólogo Adolfo Garcé, investigador en el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, en cuanto a las dificultades de gobernabilidad que puede tener el futuro presidente.

Garcé afirmó que cada vez que hubo un cambio en los liderazgos del país, la política “crujió”, un pensamiento personal que considera “va un poco a contrapelo de cierto entusiasmo” que palpa dentro del sistema político sobre la conveniencia de que haya una renovación. “Lo que una generación aprende no se transmite automáticamente a la siguiente. La generación que estuvo al frente de los tres partidos grandes aprendió de los errores de sus mayores en una época crítica de los 60, y la dictadura. La nueva generación, ¿comprende tan a fondo los problemas que tuvo Uruguay en los 60?, ¿las claves del éxito de 1985 en adelante?”, cuestionó.

Causas

Con la salida de Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori de la primera línea de conducción del país, sumadas a las ausencias más atrás en el tiempo de Jorge Batlle y Luis Alberto Lacalle, el nuevo presidente será parte de otra generación y no habrá estado en el círculo chico de decisiones como lo estuvieron estos históricos dirigentes, salvo una situación muy excepcional que catapulte a Julio María Sanguinetti a un tercer mandato en la residencia de Suárez. “Todo indica que una nueva generación de políticos relevará a los viejos liderazgos forjados entre los 60 y los 90 en los tres partidos mayores. Es un proceso que se produjo primero en los partidos tradicionales y que finalmente afectará también al Frente Amplio en este ciclo electoral”, valoró el historiador Jaime Yaffé, también profesor en el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales.

Yaffé recordó que la última vez que surgió un recambio político de este tipo fue en la década de los 60, cuando murieron los líderes que habían conducido al Partido Colorado y al Partido Nacional durante buena parte del siglo XX (como Luis Alberto de Herrera y Luis Batlle Berres) y “una nueva generación ascendió al primer plano en ambos partidos”, comandada entre otros por Wilson Ferreira y Jorge Batlle. Agregó que por entonces también hubo transformaciones en partidos de izquierda ­—el ascenso de figuras como Juan Pablo Terra, Rodney Arismendi y Vivian Trías— que “se alinearían detrás” de lo que en la dictadura se consolidó como un nuevo liderazgo, el de Líber Seregni en el Frente Amplio.

“Todo indica que una nueva generación de políticos relevará a los viejos liderazgos forjados entre los 60 y los 90 en los tres partidos mayores. Es un proceso que se produjo primero en los partidos tradicionales y que finalmente afectará también al Frente Amplio en este ciclo electoral”, valoró el historiador Jaime Yaffé.

“Esto no volvió a suceder, ni siquiera dictadura y transición democrática mediante”, añadió. “En definitiva, recién ahora, esa vieja dirigencia que tomó el control de los partidos en los 60 estaría siendo finalmente desplazada por un conjunto de políticos que ingresaron a la vida política entre los 80 y el fin del siglo pasado”.

El historiador cree que la principal razón para este recambio político que volverá a tener Uruguay es la biología. “Los viejos dirigentes mueren o se vuelven demasiado viejos o políticamente desgastados o humanamente cansados como para soportar la intensa actividad que la vida política supone o para competir con chance contra candidatos más jóvenes dentro o fuera de sus propios partidos. Finalmente, si no murieron, deciden dar un paso al costado, casi que natural o a veces resignadamente”, comentó.

Para el sociólogo Rafael Porzecanski, director de Opinión Pública y Estudios Sociales de Opción Consultores, la causa primordial para el recambio de liderazgo varía según la particularidad de cada partido. “En el caso de Lacalle Pou, el electorado blanco fue clave para su consolidación y el proceso de renovación de liderazgos internos, al darle el triunfo en las pasadas elecciones internas. En el Frente Amplio, la combinación de decisiones personales y presiones sectoriales probablemente ha sido más decisiva para explicar la doble ausencia de Mujica y Astori como precandidatos presidenciales. En el Partido Colorado, el reingreso de Sanguinetti y la posibilidad de su precandidatura debe leerse en el marco de una combinación de fuertes demandas dirigenciales y posteriores apoyos de opinión pública”, expresó.

Más allá de las situaciones particulares, Porzecanski y Yaffé son precavidos para asegurar que es sobre todo la gente quien está detrás de estas transformaciones.

“Pondría en tela de juicio la afirmación de que la población es la responsable de haber decantado por nuevos líderes. El predominio de un panorama de renovación no es solo ni principalmente el fruto de una demanda poblacional, sino también de movimientos internos dentro de las dirigencias de los partidos y de decisiones personales asumidas por algunos líderes significativos”, dijo Porzecanski.

Yaffé afirmó que “sin dudas existe” la gente que está cansada de los políticos veteranos y reclama una sustitución por dirigentes nuevos, pero “es una minoría o si no es una minoría, cuando llega el momento de votar, esa misma gente se olvida de su rechazo o fastidio hacia los más veteranos y los vota”.

El futuro

A casi seis meses de las elecciones presidenciales, en mayor o menor medida las distintas encuestadoras prevén una definición entre los dos candidatos que triunfen en el Frente Amplio y el Partido Nacional. Los estudios de opinión pública dan en este momento a Martínez y Lacalle Pou como los favoritos de ambos bandos, con el primero en una pelea interna algo más reñida.

“Lo que puede establecerse es que al comienzo de la campaña Lacalle Pou tiene una ventaja apreciable sobre Jorge Larrañaga en el posicionamiento dentro del Partido Nacional, pero en una competencia interna que sigue abierta, mientras que hay un liderazgo de Martinez dentro del Frente Amplio, aunque ahora probablemente bastante más atenuado tras el lanzamiento formal de la candidatura de Cosse y los importantes apoyos sectoriales recibidos por la misma”, indicó Porzecanski, para quien el liderazgo de frenteamplistas y blancos en intención de voto “supone una ventaja de arranque” para Cosse, Martínez y Lacalle Pou, que deberá confirmarse a lo largo del ciclo electoral del año que viene.

Los estudios de opinión pública dan en este momento a Martínez y Lacalle Pou como los favoritos de ambos bandos, con el primero en una pelea interna algo más reñida.

En cuanto a lo que puede esperarse a nivel de gobernabilidad por parte del nuevo presidente, Yaffé sostiene que es una incógnita si se trata, además de una renovación de dirigentes, también del fin de una era política. “Es otro asunto más grande que habrá que ver. Si el recambio generacional trae aparejado un cambio en la agenda política, en las políticas públicas y en las pautas de relacionamiento dentro del sistema de partidos y con los movimientos sociales, sí lo será”.

Garcé sí piensa que el próximo presidente generará nuevas pautas de relacionamiento político, lo que observa como un elemento negativo más allá de quién gane las elecciones. “En el caso de Lacalle Pou, no la va a tener nada fácil negociar adentro de su partido, con muchas fracciones, más negociar con un liderazgo colorado que todavía no sabemos cuál va a ser, más negociar con un actor difícil de prever como el Partido de la Gente, más negociar con el Partido Independiente. Para un político nuevo, que nunca se enfrentó a eso...Y en el Frente Amplio van a desafiar más el liderazgo. El MPP ni siquiera se la hizo fácil a Mujica, ¿se la va a hacer fácil a Cosse? Martínez ha desplazado a una generación, ¿entonces si está en problemas va a pedir la colaboración de Mujica, de Astori, de Vázquez, de esos mismos líderes que está desplazando? Va a ser mucho más difícil para Martínez y para Cosse construir acuerdos adentro del Frente Amplio que para Vázquez o para Mujica”, analizó. Además de los inconvenientes para negociar con legisladores propios y ajenos, también cree que el futuro presidente puede tener inconvenientes de autoridad dentro de su fuerza política. “La ventaja de los grandes liderazgos instalados es que el costo a desafiarlos es muy alto: la gente tiende a disciplinarse cuando hay grandes líderes instalados, los de segundo y tercer nivel tratan de acompañar. Ahora, cuando está abierta la competencia… Cuando se licúan los grandes liderazgos, se activa la competencia política por la sucesión, y cada vez que sucede eso se vuelve más difícil la cooperación”.

En ese sentido, volvió a comparar la situación con el pasado. “No quiero ser fatalista, pero pasó a principios de los 60 cuando los partidos se quedaron sin líderes, cuando murió Batlle, había muerto Herrera... Nos acercamos a ese escenario de principios de los 60: renovación de liderazgos y competencias fuertes por los espacios que van quedando”.

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