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    Del lado de las víctimas

    Algo parece estar cambiando en la mirada sobre la privación de libertad de los adolescentes: sin caer en el romanticismo de la rehabilitación para todos, hay un plan humano que promete trabajo caso a caso y el adiós a la violencia; ojalá

    Columnista de Búsqueda

    ¿Qué pensamos cuando pensamos en la Colonia Berro, o en cualquiera de los hogares que alojan a adolescentes que cometieron delitos? Violencia, piñas, malos tratos, castigos. Nos morimos por dentro solo de pensar que un hijo cometiera un delito y ese fuera su destino. Se nos revienta el corazón de imaginar lo que podría pasarle, cómo va a salir de ahí. Lo asociamos directamente a la cárcel de adultos y motivos no nos faltan. Sin ir más lejos, dos meses atrás, el Directorio del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa) separó del cargo para investigar a dos subdirectores del hogar Piedras después de que la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo advirtiera sobre la existencia de abusos de distinto tipo. Submarinos, golpes, escupitajos en la boca. Malos tratos psicológicos, que no es poco, más cuando lo único que tenés alrededor son cuatro paredes, nada de amor y un futuro bastante oscuro. Muchos piensan que si cometió delito, se la tiene que bancar; si robó, si apuñaló, o peor, si mató, tiene que bancar. Parece ser la peor forma de encaminar una trayectoria que en muchos casos viene torcida desde la cuna. A la violencia, más violencia.

    Sin embargo, algo parece estar cambiando. En la mirada, especialmente. Cuando el actual gobierno anunció que designaría al licenciado en Educación Jaime Saavedra al frente del Inisa, el beneplácito no tardó en manifestarse. Saavedra es respetado por gran parte del sistema político por su trayectoria en distintas áreas, entre otras, la Dirección Nacional del Liberado. Es verdad que su desembarco en el instituto no estuvo carente de polémicas. Sus diferencias con quien era el número dos, Eugenio Acosta, fueron tan firmes en la forma de abordar la situación del centro que existió la posibilidad de que Saavedra no siguiera. Pero el gobierno le redobló la confianza, Acosta renunció y en su lugar se contrató al independiente Daniel Radío, quien asegura tener visiones muy similares a la hora de encarar la atención a los adolescentes infractores. El trío se completa con el colorado Ángel Facchinetti. Primera vez en la historia, remarca Saavedra, que el gobierno cede la mayoría en el directorio de un organismo. Es raro, sí, pero si por una vez se puede eludir la cuota política en pos de la mejora de un área de la sensibilidad que el Inisa requiere, aleluya.

    Para empezar, los directores coinciden en que el instituto que encontraron es bastante menos dramático que el que solemos imaginar. Que no es el mundo ideal, está claro, pero que al menos las cosas pueden mejorar sustancialmente en poco tiempo. Y lo más extraño de todo, sin pedir más dinero en el Presupuesto quinquenal. Ya lo había dicho tiempo atrás Saavedra en entrevista con Búsqueda. “Los problemas del Inisa no son de dinero ni de funcionarios, aunque puede ser que en algún rubro algún pesito falte o algún funcionario. Tenemos plata, tenemos funcionarios, tenemos infraestructura, tenemos una visión consolidada. Tenemos que hacer las cosas bien. No hay excusa”. Eso ya generó cruces con parte del sindicato de trabajadores, que consideran que sí necesitan más dinero, que los sueldos deben aumentar, así como la cantidad de funcionarios y su formación. Pero Saavedra no coincide. Asegura que reorganizando gastos y recursos se puede, que ya está en marcha un plan para refaccionar los centros y que tanto adolescentes como trabajadores puedan estar en lugares dignos. Está convencido del compromiso real de muchos de los funcionarios y les envía este mensaje: el que tenga alguna duda, reparo, planteo, diferencia, lo encontrará todos los viernes desde las 7.30 de la mañana en su oficina para conversar. El viernes o cualquier día, pero el viernes está dedicado especialmente a recibir a todo el que tenga algo para decir. Y sí, allí aparecerán los trabajadores desesperanzados, abatidos, deprimidos, hartos de contener situaciones violentas que se dan permanentemente. Saavedra asegura que habrá respuesta para todos.

    Pero vamos a lo concreto. ¿Qué quiere hacer el nuevo presidente del Inisa? Con una baja notoria de internos desde 2014 a la fecha, que pasó de 800 jóvenes privados de libertad a 340, insiste en ampliar las medidas alternativas. Hoy hay unos 440 adolescentes en esa modalidad. Para lograr extenderlo, el plan es analizar caso a caso quiénes podrían pasar a un sistema de medidas no privativas de la libertad, que él garantiza que pueden cumplirse sin dificultades. Y el caso a caso incluye un trabajo con las familias, con las historias personales. Con tratar al infractor como persona y no como una cosa a la que hay que maltratar porque se portó mal.

    Entre las propuestas también aparece el trabajo dentro de los centros con convenios con empresas, estudio, más visitas, más educación. Él lo plantea como una familia y una casa. Arreglamos esto, lo cuidamos. Tenemos un problema, lo hablamos y le buscamos solución. Sí, parece utópico, pero ¿por qué no intentarlo?

    Saavedra sabe que no es todo fácil y mucho menos lindo. Estima que cerca de un 10% de los jóvenes presos difícilmente puedan rehabilitarse, y lo dice de la manera más cruda y sincera posible. “Hay que tener máximo respeto por las familias de las víctimas. Máximo respeto por todos los discursos de mano dura. Porque algunos de los adolescentes que están bajo nuestra responsabilidad han cometido crímenes imperdonables, que les han arruinado la vida a las víctimas y a familias enteras. Y han hecho cosas que yo no los querría ni de vecino, ni de vecina, ni de novio de mi hija. Entonces, especialmente desde la izquierda, hay que decir esto con toda claridad: ‘yo estoy del lado de las víctimas’. Y algunos de los casos que están bajo nuestra responsabilidad revelan un desorden psicológico, espiritual y emocional que, si yo dijera que tengo alguna esperanza en que eso se arregle, sería un hipócrita. No lo sé. No tengo la competencia para saberlo. Desde mi ignorancia, no lo creo. A los 15 años sos un triple homicida. Desde mi no saber, no creo que tenga mucho arreglo el asunto. Pero si ocurriera el milagro, feliz de la vida, ¿qué más quiero? Después, mientras tanto, es tratar muy responsablemente de que ese tipo de situaciones no sigan generando más daño que el que generaron y que no se dañen a sí mismos”, dijo al diario El Observador. Es cierto, no todos se animan a decirlo. Pero qué importante hacerlo para no caer en el romanticismo de la recuperación. Lamentablemente no todo tiene solución. Es horrible, pero es real.

    También es real que más allá de los deseos en los centros hay adolescentes con problemas graves de consumo, de violencia, de falta de cuidado y carencias de todo tipo. Y que eso muchas veces ha tenido respuestas desmedidas por parte de algunos funcionarios. Pero para el nuevo presidente del Inisa, ya no hay lugar para la agresión.

    “Nunca más”, dijo entrevistado por el programa de streaming La fórmula sobre si con su gestión se terminó el maltrato en el Inisa. “Cero violencia institucional, cero”, reafirmó, y dijo que, de constatarse, el directorio entero tomará las medidas que correspondan. Trato firme y con autoridad definida, sí. Violencia, no. Jaime Saavedra es, en pocas palabras, un tipo distinto. Cualquiera lo nota. Después de una charla con él se despierta la esperanza genuina en una vida mejor para muchos de los jóvenes que cometieron delitos, y en consecuencia, para todos. Ojalá el tiempo le dé la razón.

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