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Con semejante seguidilla, lo esperable hubiera sido que el presidente despidiera a Adorni y terminara con el tema; sin embargo, contra la opinión pública y la de todo el resto del gobierno, Milei y su hermana lo sostienen en un cargo que, con tal desgaste, ya ni siquiera puede ejercer
Hace un mes y medio que en Argentina no se habla de otra cosa que no sean las sospechas de corrupción del jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni. La cobertura periodística es incesante, el interés del público también. El gobierno, paralizado, no sabe cómo salir del pantano, que para colmo se combina letalmente con malas noticias económicas. Como consecuencia, la oposición parece despertarse, y vuelven a aproximarse las nubes negras.
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Primero apareció la noticia de que la esposa de Adorni había sido incluida en un vuelo oficial del avión presidencial. Las explicaciones del ministro fueron deficientes: la esposa ya tenía su pasaje comprado pero él le pidió que lo acompañara porque iba a “deslomarse” a Nueva York, y luego volvieron los dos juntos en un avión comercial, en primera clase. Ya con esto solo el tema se convirtió en un escándalo, sobre todo porque como vocero presidencial, antes de ser designado jefe de Gabinete, Adorni fue un fanático arrogante que maltrató con soberbia a los periodistas que asistían a sus conferencias de prensa. La misma arrogancia que mostraba en sus numerosos tuits, que terminaban diciendo “Fin”, dando así por cerrada toda discusión. Quizás sea también por esto que el periodismo no suelta un tema que no para de dar jugo mediático. Otro agravante para la indignación es que Adorni contrastó una y otra vez la pureza del gobierno de Milei con la corrupción kirchnerista, y se regodeó cuando anunció un decreto mediante el cual ya no iba a ser posible que los funcionarios subieran a sus familiares en los vuelos oficiales.
En esos mismos días el periodismo difundió un video en el que Adorni aparece subiéndose con un periodista amigo y su familia a un avión privado con destino a Punta del Este durante el Carnaval. También hubo muchas contradicciones en las explicaciones sobre quién pagó esos vuelos y cómo volvió a Buenos Aires, porque ni su sueldo actual ni su tren de vida anterior a ser funcionario alcanzan para darse esos lujos. Para colmo, su amigo tiene un contrato con el canal estatal de televisión, que depende de Adorni.
Dos semanas después, y ya como parte de una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito (que avanza con una celeridad sorprendente, según analistas judiciales, a causa de las internas entre los jueces), se conoció que el año pasado Adorni había adquirido un departamento importante en una zona demandada de Buenos Aires, comprado sospechosamente a mitad de precio y en cuotas a particulares conocidos suyos.
Más tarde trascendió que su esposa había comprado también el año pasado una casa (no declarada) en un barrio cerrado a 85 kilómetros de Buenos Aires. Sobre todos estos últimos puntos ya ni siquiera el propio Adorni ni nadie del gobierno dio una explicación. Y la frutilla del postre: la semana pasada la Justicia confirmó que Adorni hizo un viaje al Caribe con su familia (en clase business) a fines de 2024, que había ocultado alevosamente en uno de sus descargos televisivos. Y según versiones periodísticas, parece que todavía están por aparecer más desprolijidades.
Con semejante seguidilla, lo esperable hubiera sido que el presidente despidiera a Adorni y terminara con el tema. Sin embargo, contra la opinión pública y la de todo el resto del gobierno, Milei y su hermana lo sostienen en un cargo que, con tal desgaste, ya ni siquiera puede ejercer. Probablemente sea porque haya características de Adorni que son emblemáticas para los hermanos gobernantes: Adorni era un periodista marginal, que en un abrir y cerrar de ojos se encontró con un poder inmanejable y un sinfín de oportunidades para sacar provecho de su sorpresivo ascenso.
Con este caprichoso, antiético y antirrepublicano (por no decir sospechoso) sostén por parte del presidente, lo que está ocurriendo no es que el gobierno está defendiendo a Adorni, sino que Adorni está corroyendo al gobierno por dentro y por fuera. Hace un mes y medio que el gobierno ya no controla la agenda pública y este tema lo acorrala. Ninguna otra novedad logra taparlo ni dejarlo atrás. Tampoco parece convincente la hipótesis que dice que en realidad el gobierno está usando a Adorni como un pararrayos que atraiga las críticas para estar aliviado cuando finalmente lo descarte. En paralelo, ya van 10 meses de aumento de la inflación y de estancamiento, por lo menos seis meses de caída del salario formal privado (que está mucho mejor que el del empleo público o el no registrado), y varios sectores industriales en situación crítica.
El combate a la corrupción de la casta fue la principal bandera enarbolada por Milei, una de las causas del salto al vacío que decidieron dar sus votantes en 2023, y sobre el que el gobierno machacaba una y otra vez ante la opinión pública. Y como la corrupción del gobierno se siente mucho más en contextos de vacas flacas, el caso hizo estallar las rivalidades internas entre los libertarios seguidores de Milei.
En el tema de la corrupción el gobierno ya venía malherido. El Índice de Percepción de la Corrupción, que confecciona Transparencia Internacional para 182 países, es el indicador de corrupción más utilizado en todo el mundo, una aproximación a la integridad del sector público de los países y una fuente relevante de consulta para empresarios e inversores a la hora de tomar decisiones. En 2025 dio el peor puntaje para Argentina de los últimos 10 años. Es más, desde que existe el índice, el actual es el primer gobierno no peronista que empeora la situación heredada.
Si Milei hubiese echado con celeridad a Adorni (que el año pasado ganó una elección local en la ciudad de Buenos Aires, y era número puesto para ser candidato a jefe de Gobierno de la ciudad el año que viene), hubiera dado a los mercados una señal clara de su compromiso con la integridad pública (ya seriamente dañada por el caso $Libra que lo involucra directamente con una estafa de dinero virtual) o al menos podría haber evitado una pérdida de credibilidad enorme, que la corrupción volviera al tope de las preocupaciones en las encuestas, y una caída de unos 10 puntos en la imagen del gobierno y del propio presidente.
Finalmente, un síntoma inequívoco del problema es que muchos periodistas y articulistas que durante el primer año y medio del gobierno callaban la corrupción y el populismo explícito del gobierno para subrayar un ya anacrónico contraste con los desaguisados de los gobiernos kirchneristas ahora claman por la ética pública y el republicanismo.
No nos cansamos de insistir en que el clima político argentino es demasiado cambiante: durante el verano, con cuatro o cinco victorias legislativas importantes, incluida la Ley de Presupuesto para 2026, ya se hablaba de la reelección de Milei; a fines abril ya se habla de que el gobierno está en su peor momento, por lo que hay movimientos y conversaciones para armar un frente opositor, y se vuelve a agitar el fantasma del riesgo del regreso del peronismo, que es lo que supuestamente Milei venía a erradicar de cuajo. El autopercibido mejor gobierno de la historia argentina quizás termine siendo un espasmo más en el largo derrotero de la declinación argentina.