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    El método Kardonski

    Ancap, fabricante histórico a pérdida del cemento, con un déficit de 30 millones de dólares por año desde hace muchos años, parece haber encontrado un sistema para revertir esta dramática situación

    Casi sobre los fines del siglo XIX, en la Rusia imperial hubo un ministro de Industrias llamado Iván Kardonski, que fue artífice de muchas mejoras y progresos en su país. Cuando ya las etapas críticas del zarismo empezaban a verse y a sufrirse, y las gigantescas empresas estatales empezaban a dar enormes pérdidas, Kardonski apareció un día ante el zar y le explicó cuáles eran sus geniales ideas.

    El zar, un tipo medio distraído y más ocupado con el cambio de la carroza oficial por otra más moderna, y las rifas benéficas de otras carrozas que los millonarios rusos le donaban para ir salvando el presupuesto, le dijo que sí a todo, y Kardonski salió contento del palacio.

    Uno de los puntos críticos de la Rusia de entonces era el déficit de una empresa estatal, la Ankapowski, que fabricaba muchos productos que la sociedad rusa utilizaba, entre ellos, la argamasa que se usaba para construir viviendas. Los costos operativos de este sector de la empresa eran muy altos y las pérdidas se acumulaban, debido, entre otras cosas, a que había otras empresas fabricantes de argamasa que eran mucho más eficientes y vendían su producción a precios imbatiblemente más bajos que los de Ankapowski.

    Kardonski ideó entonces una fórmula genial: todas las provincias de la Rusia imperial deberían adquirir un porcentaje de la ruinosa argamasa, con el fin de utilizarla en las obras públicas del imperio.

    Con el fin de implementar este ingenioso sistema, Kardonski creó un grupo de trabajo compuesto por 127 técnicos, expertos, matemáticos e ingenieros, quienes calcularon cuánta argamasa le iba a tocar a cada provincia. Culminado el trabajo, el déficit que ostentaba vergonzosamente la Ankapowski había desaparecido. La argamasa —cara pero patriótica— se había repartido entre unos burócratas provinciales que furiosamente no tuvieron otra opción que aceptarla. Pero la genial idea había sido coronada por el éxito. La argamasa de Ankapowski ya no daba más pérdidas.

    Décadas más tarde, este ingenioso sistema ha sido propuesto para implementarlo en Uruguay, país en el que la Ancap, fabricante histórico a pérdida del cemento, con un déficit de 30 millones de dólares por año desde hace muchos años, parece haber encontrado un sistema para revertir esta dramática situación.

    La artífice de esta genial idea, la ministra de Industria, Fernanda Cardona, (con un apellido que nos hizo pensar que fuera descendiente de su cuasi homónimo Kardonski, pero esta versión no pudo comprobarse) encontró hace unos meses en su biblioteca familiar un libro titulado Historia de la caída de la Rusia imperial y, entre las causas del derrumbe económico del imperio de los zares, ubicó un capítulo intitulado El método Kardonski y lo leyó con mucho interés. De su análisis crítico del texto, consideró que dicho método había sido muy interesante y oportuno, y concluyó que la crisis de la Rusia imperial se debía a otras razones, pero no a las del método de aquel ministro de Industrias tan creativo y original.

    Ahora todos los intendentes del Uruguay, incluyendo los que pertenecen al partido político de la ministra, están mascando el freno y viendo de qué manera le ponen un palo en la rueda a la singular idea de absorber en condominio las gigantescas pérdidas del cemento que les será otorgado a cada uno de ellos para eliminar el déficit de Ancap.

    Se comenta, asimismo, que la ingeniosa jerarca ha planteado en el Consejo de Ministros la idea de Kardonski, para ser aplicada a otros casos complejos que abruman la situación económica de su país.

    Por ejemplo, frente al crítico problema de la construcción de la represa de Casupá, que implica, entre otras dificultades, la expropiación de más de cuatrocientas hectáreas de monte autóctono, así como la desaparición de decenas de pequeñas explotaciones agropecuarias y el consiguiente desplazamiento de modestos productores rurales, la ministra propone que la cantidad de agua que iba a retener la nueva represa de Casupá se reparta entre los productores afectados, para que en cada uno de los predios destinados a la expropiación se construya una pequeña represa. Se logrará de tal modo que se construyan decenas de represitas, que generarán menos energía que la gran represa, pero que, sumadas, lograrán la energía planificada anteriormente, con la ventaja de que no habrá que expropiar tierras, ni inundar montes nativos, ni desplazar a los pequeños productores agropecuarios, que continuarán con sus vacas, sus ovejas y ahora con su represa propia, asegurando que no haya sequía en sus cultivos.

    Se dice que hubo aplausos en la sesión del Consejo de Ministros, que la ministra agradeció, asegurando que no era esta la única idea que se le había ocurrido tras leer a Kardonski y su iluminado método.

    Tras comentar la idea del presidente de obsequiar su supercamioneta a la ANEP, y ante las críticas surgidas en la oposición, que alegaban que un vehículo con seis plazas no es la solución para transportar a los miles de alumnos beneficiarios, la ingeniosa ministra propuso que la camioneta fuera desguazada en uno de los talleres de la ANEP, que sus partes y piezas fueran distribuidas entre las decenas de escuelas rurales y metropolitanas y que se rifara entre los alumnos el resultado del desguace.

    Así, el alumno al que le tocara un filtro de aire podría cambiarlo con un compañerito al que le hubiera tocado la radio de la camioneta, o un carburador, o uno de los neumáticos, o los cables del freno y luego, con los objetos en manos de los pequeños, sus padres podrían vender estos elementos y generar así un ingreso inesperado para el núcleo familiar del afortunado alumno.

    Tras la pregunta del presidente en plena sesión del Consejo acerca de si los alumnos y sus familias podrían ofrecer descuentos para la venta de las partes y piezas automotrices resultantes del desarme, la ministra proponente sugirió que tal sistema no fuera utilizado, para evitar que un solo comprador se tirara de cabeza y saliera a comprar repuestos a mitad de precio.