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Diez apuntes sobre el discurso de Luis Lacalle Pou
El expresidente pronunció un discurso maduro, sereno, reflexivo; no entró en asuntos de coyuntura; no polemizó con el gobierno del presidente Yamandú Orsi ni incursionó en los debates de su propio partido, pero no por eso fue un discurso superficial
El Partido Nacional conmemoró los 190 años de su creación. La palabra más esperada, desde luego, era la de Luis Lacalle Pou. El expresidente pronunció un discurso maduro, sereno, reflexivo. No entró en asuntos de coyuntura. No polemizó con el gobierno del presidente Yamandú Orsi ni incursionó en los debates de su propio partido. Pero no por eso fue un discurso superficial. Todo lo contrario. Fue un discurso conceptual. No habló como precandidato a la presidencia —a pesar del coro de militantes que lo reclama y lo espera—. Habló como expresidente o, para decirlo en sus palabras, como “militante veterano”. Valió la pena escucharlo. Por cierto, quedaron muchas preguntas en el aire.
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Uno. “Cometí errores”. No es frecuente escuchar “me equivoqué”. A todos nos hace bien asumir nuestros errores. En particular, estoy convencido de que los políticos que logran admitir y enunciar sus errores ganan más credibilidad de la que pierden. Por cierto, todos tenemos opiniones acerca de aciertos y errores de su gestión como presidente. Pero es muy importante para la ciudadanía conocer qué piensa sobre esto el propio Lacalle Pou. ¿En qué cree haberse equivocado? ¿En la elección de algunas personas para cargos de responsabilidad? ¿En el rumbo de algunas políticas públicas? ¿Piensa que faltó sensibilidad social en su gobierno como dijo, en su momento, el intendente Nicolás Olivera? ¿Considera que debió ir más lejos en las reformas promercado, como a veces le reprochan los más liberales?
Dos. Cuidar la política. Desde mi punto de vista, este fue un gran acierto. Es muy importante que los principales líderes políticos convoquen a la calma. Lo mejor que tiene Uruguay es su política. Tenemos libertad y cierto bienestar en términos comparados porque hemos logrado construir buena política. Cuidar la política, para Lacalle Pou, es evitar los agravios. Muy de acuerdo. Hay muchas maneras de hacer política, algunas más bruscas que otras. Pero el límite que jamás debe cruzarse es el del discurso de odio. El discurso de odio destruye la esencia de la política, esto es, la posibilidad del diálogo y de la negociación entre quienes piensan diferente. ¿Se habrán sentido incómodos algunos de sus correligionarios al escuchar este pasaje?
Tres. “Somos idea”. Su insistencia en la importancia de las ideas fue otro de sus aciertos conceptuales. La ideología tiene mala fama. En un tiempo, porque era sinónimo de “falsa conciencia”. En otros momentos, porque se la asociaba a polarización y enfrentamiento. Últimamente, porque hay quienes sostienen que es necesario buscar otras formas de representar. Discrepo con estas tres miradas. La ideología es el cimiento de los partidos, y los partidos son la base de la democracia. Los partidos uruguayos han sido siempre partidos ideológicos. Desde fines de los sesenta, además, han incorporado la buena práctica de elaborar programas de gobierno en los que convierten sus fundamentos ideológicos en propuestas concretas de política pública. En ese sentido, ¿cómo debería ser, según Lacalle Pou, el proceso de elaboración programático de su, eventual, segunda presidencia?
Cuatro. La libertad como valor central. Una ideología es un conjunto de elementos ideacionales —principios, valores, creencias, soluciones de política pública— organizados de un modo específico. Es posible que partidos diferentes compartan muchos o algunos de esos elementos ideacionales, pero seguramente no les asignen la misma prioridad. En particular, el principio de la libertad es compartido por todos los partidos uruguayos. Pero es evidente que, en el caso del Partido Nacional, la libertad ocupa un lugar especialmente importante. Lacalle Pou, como buen blanco, puso énfasis en este concepto. Dicho sea de paso, ya lo había hecho durante toda su presidencia, especialmente desde que acuñó la expresión “libertad responsable”. No deja de ser interesante que un principio que podría considerarse opuesto, como el del orden, también esté entre los elementos ideacionales priorizados por el ideario nacionalista. ¿Cómo se articulan, según él, libertad y orden?
Cinco. Libertad con sensibilidad. Lacalle Pou no solo destacó la importancia de la libertad. Al mismo tiempo, elogió la heterodoxia. Libertad, pero sin dogmas, dijo. Libertad, pero con sensibilidad social. Este punto es muy interesante y está lejos de ser obvio. ¿Cómo combinará, durante la campaña electoral, libertad económica con sensibilidad social? Una parte de su electorado —pienso en el mundo empresarial— le va a pedir que acelere las reformas liberales y que “baje el costo del Estado”. Pero otra parte —de su partido y de sus electores— va a demandar sensibilidad social. ¿En qué está pensando concretamente Lacalle Pou? ¿Tendrá razón Julio María Sanguinetti cuando afirma que Lacalle Pou se volvió batllista?
Seis. Unir a los que piensan igual. El líder nacionalista, como ya fue dicho, no se pronunció sobre asuntos de coyuntura. Tampoco lo hizo sobre un tema que viene levantando polvareda dentro de la Coalición Republicana: la cuestión de si deben o no votar en un lema común en las próximas elecciones nacionales. ¿Está de acuerdo o no con el lema común? Lo que sí dejó claro es que, como en otras ocasiones, los que tienen coincidencias en el plano de las ideas tienen que gobernar juntos.
Siete. La relación con los que piensan distinto. Lacalle Pou fue un poco más lejos todavía en este asunto de la unidad. En un momento afirmó: “Se gobierna desde la unión”. Es otro tema delicado. En verdad, en este país hace mucho tiempo que no se gobierna desde la unión. El Frente Amplio no gobierna desde la unión. Tampoco lo hizo la Coalición Republicana. Deberíamos conversar mucho más acerca de cómo debería ser el vínculo entre gobierno y oposición. Volviendo al asunto de sus eventuales errores, ¿Lacalle Pou piensa que debió construir un vínculo distinto con el Frente Amplio cuando fue presidente? ¿Cómo quisiera que fuera la relación con el bloque rival si le tocara volver a ganar?
Ocho. Pisar el acelerador. El líder nacionalista afirmó que la política debe ir más rápido. La ciudadanía exige soluciones a otra velocidad. Hay mucha evidencia que avala esa conclusión. Lacalle Pou siempre tuvo —lo que se hereda no se roba— sentido de la urgencia. Acelerar, desde luego. Pero es clave explicar hacia dónde, en qué dirección, con qué propuestas concretas y con qué tecnología legislativa. Nadie puede ir rápido si antes no pensó bien en los detalles. Por ejemplo, dado su sentido de la urgencia, ¿se propondrá volver a utilizar el mecanismo legislativo de la “urgente consideración”?
Nueve. Bienvenida IA. Para que la política vaya más rápido, dijo, es posible apelar a la inteligencia artificial. Otro punto interesante. La IA ya está aumentando significativamente la productividad en muchos sectores, incluido el mundo académico. Pero ¿qué piensa Lacalle Pou sobre los desafíos que representa para la democracia contemporánea?
Diez. Poder y autoridad. Uno de los pasajes del discurso que más llamó la atención —porque se prestó a muchas interpretaciones— fue su distinción, de cuño weberiano, entre poder —que deriva del ejercicio de un cargo— y autoridad —que depende de la legitimidad—. Esto también es del mayor interés pensando en el futuro. Los blancos consideran a Lacalle Pou su principal líder. Su autoridad es reconocida también por “coalicionistas” de otros partidos. Pero, para que, en caso de ser reelecto, logre ejercer con autoridad el cargo de mayor responsabilidad, es preciso que durante los próximos años responda con claridad a preguntas como las que fui formulando en estas líneas.