• Cotizaciones
    jueves 13 de agosto de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Salir del “mundo de frutillitas”

    Si hay algo que ha hecho, hace y hará Lacalle Pou con su vida política es planificar; difícil que ya no tenga pensado cuáles serán sus pasos más importantes desde aquí hasta fines de 2029

    Director Periodístico de Búsqueda

    La penúltima vez que el expresidente Luis Lacalle Pou visitó la redacción de Búsqueda fue en el primer semestre de 2018, con el objetivo de brindar una charla informal para los alumnos de nuestra Escuela de Periodismo y contarles cuáles eran sus planes para la campaña electoral que ya estaba comenzando. En un momento de ese intercambio, levantó su teléfono celular con una mano y lo mostró a su auditorio. En la pantalla de inicio tenía una cuenta regresiva con la cantidad de días que restaban para el día de las elecciones, además de anotadas otras metas que se había trazado.

    Meses después, ya a fines de 2018, volvió para el cierre de cursos de esa misma escuela, pero ahora junto con el expresidente colorado Julio Sanguinetti. En esa ocasión, el diálogo sí fue público y ambos aprovecharon para referirse por primera vez a la coalición republicana que se estaba gestando y que terminaría ganando las elecciones un año después. “De un expresidente a un futuro presidente”, deslizó Sanguinetti a Lacalle Pou durante la charla conjunta, dejando en evidencia que estaban trabajando juntos para lograr desplazar al Frente Amplio del poder.

    Estas anécdotas vienen a cuento para concluir que si hay algo que ha hecho, hace y hará Lacalle Pou con su vida política es planificar. Difícil que ya no tenga pensado cuáles serán sus pasos más importantes desde aquí hasta fines de 2029. Eso de improvisar y ver cómo actuar sobre la marcha no va con su personalidad ni con la forma que tiene de ejercer su liderazgo, que quedó muy consolidado durante su presidencia. Pensar lo contrario es subestimarlo, como ya ocurrió en el pasado.

    Por eso no fue casual ni su aparición el fin de semana pasado en el acto de los 190 años del Partido Nacional ni el tono y el contenido del discurso que pronunció. Está todo planificado al detalle, como ha ocurrido a lo largo de toda su carrera. Está cumpliendo las diferentes etapas que se ha autoimpuesto, atravesando las distintas metas que es probable que estén una vez más anotadas en su teléfono celular.

    Tiene lógica lo que está haciendo. Está bien, además. Es muy sensato. Porque hoy, en las actuales circunstancias, como solía decir en su momento su padre, el expresidente Luis Lacalle Herrera, no tiene necesidad de volver al ruedo político, salvo en contadas y muy especiales ocasiones. Todo lo que protagonice ahora, con excepción de esas apariciones públicas con un objetivo específico, le puede jugar en contra.

    Su principal apuesta debe ser a la paciencia. Y la está mostrando con creces. Solo con conocerlo un poco es suficiente como para saber que debe estar deseoso de participar en varias de las discusiones políticas cotidianas. Pero no es necesario que lo haga. Su popularidad se mantiene alta y sus opositores se están debilitando ante la responsabilidad del gobierno.

    El problema no es él ni tampoco la estrategia que adoptó. Al contrario. Por eso crece entre sus seguidores y sus detractores esa idea de que será un competidor seguro en las próximas elecciones nacionales de 2029 y que tiene serias posibilidades de transformarse una vez más en presidente. Él nada ha dicho al respecto. Pero las señales están. Por ejemplo, una de las pocas actividades en las que ha participado últimamente es de docente en un curso sobre gestión pública para formar a eventuales jerarcas de un hipotético gobierno futuro. Muy significativo.

    El dilema viene por otro lado. El asunto central que surge a partir de este escenario es ganar, sí, pero “¿para qué?”, como muy bien planteó el exministro de Economía Ignacio de Posadas en El País del domingo 9. Esa es una pregunta que seguramente va y viene en la cabeza de Lacalle Pou. Porque ya pasó por ese mismo lugar hace muy poco tiempo y sabe cuáles son las dificultades para poder concretar sus ideas desde el gobierno.

    No solo eso. También sería importante para él que se diluya un poco su responsabilidad, que se forme un equipo lo suficientemente sólido que dé garantías sobre la concreción del programa planificado. Nadie puede solo y mucho menos si tiene que hacer frente a la rígida estructura del Estado uruguayo.

    Además, en cualquier colectividad política de peso es importante la competencia interna, y Lacalle Pou todavía no cuenta con alguien que pueda hacerle sombra dentro de la coalición republicana. No hay antecedentes de ese escenario de liderazgo solitario en la historia política reciente uruguaya, al menos con buenos resultados. Lo ideal sería que se sumaran líderes desafiantes, que funcionen como contrapeso y que sirvan como para dividir las tareas y las responsabilidades. También que todo eso esté al menos conversado previamente, como forma de fortalecer el bloque republicano y no terminar creando una cúspide muy sólida pero con problemas de cimientos.

    Lacalle Pou tiene experiencia al respecto. Ya tuvo que lidiar con todos esos problemas desde la oficina central del piso 11 de la Torre Ejecutiva. Sufrió en carne propia los perfilismos o la desunión en algunos asuntos clave y también las dificultades como para poder encarar algunas de las reformas de fondo que Uruguay necesita por no tener el apoyo suficiente de los integrantes de la coalición republicana.

    En los hechos, fue poco lo que pudo hacer. Algunos dicen que el motivo central fue la pandemia de Covid, un argumento de peso. Pero muchos otros también se quejan de que esperaban un gobierno más liberal y que se encontraron con una administración sin demasiadas reformas de fondo. El propio Lacalle Pou lo reconoció en la última etapa de su mandato. Hizo lo que pudo y no lo que quería.

    Pero ahí también está el dilema. Porque ahora la situación no solo no mejoró, sino que está peor. De ganar, asumiría con una resistencia cada vez mayor hacia la política y los políticos, sumada a un odio exacerbado de algunos, cultivado por los fanáticos de cada una de las mitades en las que se divide el país. El panorama es muy complicado. Eso también es lo que muestran todas las encuestas, por más que cada uno quiera ver solo lo que le sirve. El país viene cambiando y se está trasladando hacia un lugar de hartazgo, lo que nada bueno puede generar.

    Por eso, parece importante que en lugar de seguir en ese “mundo de frutillitas” en el que se encuentran muchos blancos, convencidos de que se solucionarán todos los problemas solo con el triunfo de Lacalle Pou, empiecen a asumir el escenario real que tienen por delante, algo que es probable que el expresidente tenga claro y que sienta como una mochila a intentar vaciar antes de correr otra vez la carrera presidencial. De que pueda hacerlo o no también depende su futuro.