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    Esas “cositas” de los intendentes

    Graciela Bianchi se quejó en un evento con dirigentes de otros partidos del excesivo poder que a su entender tienen los intendentes y propuso, con mucho criterio, reducirlo a través de una reforma electoral

    Director Periodístico de Búsqueda

    Hay políticos que cambian para bien. Que evolucionan, que aprovechan el tiempo vivido, que aprenden de la experiencia de los años. Son aquellos capaces de envejecer con altura y con dignidad, de asumir sus errores del pasado para tratar de corregirlos, de sumar matices a su visión del mundo y de entender que el adversario no siempre está equivocado y que la razón no necesariamente es una sola. Transcurren de una forma muy distinta el último período de sus vidas porque llevan sobre sus espaldas una peripecia muy bien vivida, que no olvidan. Al contrario, la transforman en sabiduría.

    Un claro ejemplo en el caso uruguayo, aunque a unos cuantos les resulte incómodo de reconocer, es el de los expresidentes José Mujica y Julio Sanguinetti. Ambos envejecieron muy bien. Prueba de ello es que lograron encontrarse después de años de estar muy enfrentados y pudieron hacer convivir sus visiones del mundo, aún en las diferencias. Hace más de un año que Mujica falleció, pero durante sus últimos tiempos de vida encontró en Sanguinetti un aliado para su intención de combatir la grieta que había empezado a crecer en la política uruguaya.

    Cuando era presidente, Mujica prestaba mucha atención a todo lo que Sanguinetti tenía para decirle. “Es uno de los tipos que más conoce el Uruguay, además de un encantador de serpientes”, me dijo una vez. Años después, ya ambos en el rol de expresidentes, hasta terminaron dando conferencias juntos y siendo entrevistados para un libro, escrito por los periodistas Alejandro Ferreiro y Gabriel Pereyra, en el que discurrieron sobre su pasado, pero especialmente intercambiaron sobre el presente y el futuro de Uruguay. Incluso renunciaron juntos al Senado de la República el 20 de octubre de 2020 y culminaron su trayectoria parlamentaria con un apretado abrazo ante las cámaras.

    Toda esa serie de acontecimientos era impensable a finales del siglo XX. Estaban en lugares opuestos, que parecían irreconciliables. Es más, Sanguinetti llegó a decir al inicio de su primer gobierno, con la restauración democrática de 1985, que los tupamaros no llegarían muy lejos, y Mujica demoró unos años en integrarse al sistema político formal. Pero el tiempo y lo vivido les sirvió a ambos para darse cuenta de que no estaban tan lejos como pensaban y que hasta podían construir juntos un mensaje de armonía hacia los uruguayos.

    Salvando las enormes y obvias distancias, hoy se puede destacar una evolución positiva de la senadora del Partido Nacional Graciela Bianchi, en especial en los últimos dos años. La Bianchi de hoy es muy distinta a la de la anterior legislatura. Bajó en forma considerable la agresividad y se comporta de una manera mucho más civilizada y conciliadora. Por supuesto que eso no quiere decir que se haya transformado en una tibia o que haya perdido del todo esa forma tan frontal y por momentos agresiva de hacer política. Pero cambió y para bien.

    Reconozco que soy parte involucrada porque fui durante gran parte del gobierno anterior uno de los destinatarios de las críticas y teorías conspirativas elaboradas por Bianchi. Me había colocado en una especie de “eje del mal” que ella pensaba que operaba contra el gobierno de Luis Lacalle Pou. De esa forma solía intentar desacreditar muchas de las informaciones relevantes que difundía Búsqueda y buscaba disimular algunas irregularidades cometidas por jerarcas de la administración anterior que fueron relevadas por el semanario.

    Ahora cambió el escenario. El presidente es Yamandú Orsi, el gobierno pertenece al Frente Amplio, y a Bianchi le toca formar parte de la oposición. En ese contexto, hay que reconocer que de un tiempo a esta parte Bianchi disminuyó su guerra, en especial contra algunos periodistas y medios de prensa. Capaz que en eso incide, entre otras cosas, que se invirtieron los papeles y que ahora Búsqueda es tomado como fuente para cuestionar a la administración de Orsi por la información que divulga. Es lo que tiene el periodismo independiente, pero eso es harina de otro costal.

    La mención expresa a la nueva actitud de Bianchi y a una evolución positiva en su relacionamiento con los demás sirve como introducción para el tema de fondo, referido a una reciente propuesta que realizó, enmarcada en un gran problema con el que convive la política uruguaya desde hace décadas. Bianchi se quejó en un evento con dirigentes de otros partidos del excesivo poder que a su entender tienen los intendentes y propuso, con mucho criterio, reducirlo a través de una reforma electoral.

    Al exponer el 23 de junio en un encuentro organizado por la asociación civil Rumbos —que integran varios dirigentes del Partido Independiente (PI), entre ellos su líder, Pablo Mieres—, Bianchi opinó que “los intendentes en Uruguay tienen mucho poder”, lo que se deriva de que antes “eran los viejos jefes políticos, departamentales y de Policía verdaderos señores feudales”.

    “Esa cultura, que a veces se confunde con la descentralización —que no es lo mismo—, lleva a que sean compartimentos estancos. Además, dificulta entender que este no es un país federal, sino unitario”, opinó.

    Desde su lugar de senadora del Partido Nacional dijo que “está bien defender la autonomía municipal”, pero precisó que no le gusta “que los intendentes tengan un poder que a veces es superior a algunas posibilidades que tiene el Poder Ejecutivo de ingresar a algunas problemáticas departamentales”. Por eso, consideró que se debe terminar “con las mayorías automáticas de las juntas” departamentales. “Es una reforma rápida que hay que hacer, pero de verdad cortaría con muchos procesos de corrupción que hemos naturalizado”, señaló.

    Tiene razón Bianchi. Y se hace cargo, porque de los 19 intendentes con los que cuenta Uruguay, 14 pertenecen al Partido Nacional. Ya se había manifestado de una forma similar cuando, en el período pasado, se discutió en el Senado un eventual juicio político a la entonces intendenta de Montevideo Carolina Cosse. En un grupo de WhatsApp de legisladores blancos, Bianchi advirtió en esa oportunidad a sus colegas que los intendentes blancos también tenían “cositas que tapar”, así que era mejor no entrar en el terreno de los juicios políticos. Hoy avanza con una propuesta concreta.

    Bienvenida sea. Es más, esos cambios podrían venir acompañados por otros, porque hay algunas juntas departamentales que son demasiado grandes, teniendo en cuenta la cantidad de habitantes de ciertos departamentos. También se podría discutir si corresponde en Uruguay seguir teniendo un sistema tan presidencialista como el actual o conviene darle un poco más de poder al Parlamento, como en algunas de las principales democracias del mundo. Mucho más sano discutir sobre estos asuntos que sobre supuestas conspiraciones que se caen al primer soplido.