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Lejos de ser un espacio de protección, el hogar y las relaciones íntimas constituyen el principal ámbito de violencia contra las mujeres en todo el mundo
Un hombre mató de una puñalada a una mujer en el departamento de Durazno el sábado pasado. Hacía 21 años que estaban en pareja. Desde el Ministerio del Interior señalaron que no había denuncias previas por violencia doméstica. Su familia expresó que nunca habían advertido señales de violencia en la relación, e incluso se comentó que era habitual “verlos compartir un mate todas las tardes” en esa misma casa donde finalmente ocurriría el asesinato.
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Me quedo ahí detenida. Más allá de la cantidad de femicidios en lo que va del año, más allá de que este es el quinto femicidio en Uruguay en el último mes. Pienso qué formas de violencia pudo haber vivido esa mujer durante los 21 años que estuvo en pareja con su asesino, violencias que nadie vio, que nadie imaginó.
En Uruguay, el vínculo de pareja o expareja es la relación predominante en los femicidios, y representa la causa principal de “muerte violenta intencional” de mujeres en el país. Esto muestra que el ámbito doméstico y privado constituye el escenario de mayor riesgo para las mujeres. Las cifras son consistentes con las tendencias internacionales: lejos de ser un espacio de protección, el hogar y las relaciones íntimas constituyen el principal ámbito de violencia contra las mujeres en todo el mundo. Hay otro dato relevante: según las cifras para Uruguay, el 70% de los femicidas no tenía antecedentes penales previos, lo que refuerza la idea global de que el fenómeno no siempre está ligado a “perfiles criminales tradicionales”, sino a estructuras culturales de violencia de género.
Dejo atrás el femicidio e hilvano con otras noticias internacionales de los últimos meses. Noticias de parejas que involucran violencia. Pienso en la escritora alemana Claudia Wuttke, que en junio de 2025 fue convocada por la policía de la ciudad donde vivía para comunicarle que habían encontrado, en la computadora de su expareja, 67 videos (fechados entre 2006 y 2021) que documentaban las violaciones de su marido mientras ella estaba inconsciente. Un escenario que recuerda el horror del caso Pelicot, en Francia, ocurrido dos años antes, pero acá solo violaba el marido (en el caso Pelicot, otras decenas de hombres eran invitados a abusar de la esposa inconsciente). Para colmo, como en Alemania el delito de violación prescribe a los cinco años, hace unos meses la Justicia penal determinó que 65 de las 67 agresiones filmadas ya habrían prescrito legalmente.
Esta modalidad ya parece ser una tendencia mundial, como muestra también la investigación que salió a la luz en 2024, en la que dos periodistas alemanas se infiltraron durante un año en un chat de Telegram donde más de 70.000 hombres compartían tips para sedar y violar mujeres, la mayoría de las cuales eran sus parejas.
Si bien el femicidio y la violencia física y sexual son la punta del iceberg en la “pirámide de la violencia de género”, hay otras muchas formas de violencia que también se cuelan en las parejas en el interior de los hogares. El surgimiento de lo que se conoce como deepfake (imágenes falsas manipuladas con inteligencia artificial) ha dado lugar a nuevas violencias. Como el caso de la actriz Collien Fernandes, que hace algunos meses denunció en España a su exmarido, el actor Christian Ulmen (con quien estuvo casada 14 años), por haber distribuido durante años cientos de imágenes pornográficas falsas (manipuladas con su rostro y su cuerpo) que el actor compartía a través de cuentas que fingían ser de ella.
Y por supuesto que también están las violencias “tradicionales”, las que “nadie advirtió a tiempo”. Como las que llegan cuando el cuadro de fútbol favorito pierde algún partido importante. La evidencia confirma que los grandes eventos deportivos pueden ir de la mano de un aumento de las denuncias por violencia de pareja, especialmente si hay una derrota inesperada. Y algunos darán unas trompadas, otros medio sacados romperán el televisor del living, y algún que otro alunado le dejará de hablar a su pareja por varios días. Y si no es por el fútbol será por otra cosa, igual de sinsentido, porque la violencia toma miles de formas.
Y así durante 10, 15, 20 años. Compartiendo el mate, la cama, la pasta de dientes. Miles de mujeres que construyen con ilusión ese espacio común en el que un día, tal vez, se conviertan en las víctimas de las peores agresiones que jamás imaginaron. Porque hay algo que está muy mal en el patriarcado.