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¿Por qué tantos votantes de la coalición republicana están desconformes?
El discurso que orilla el odio, ese que se escucha con demasiada frecuencia en algunos dirigentes de la oposición, ¿es el que la mayoría de los votantes de la coalición republicana prefieren escuchar?
Hace casi dos semanas, El Observador publicó una encuesta realizada por la Unidad de Métodos (UMAD) de la Facultad de Ciencias Sociales. Los datos confirman el malestar con el gobierno de una parte significativa de los votantes frenteamplistas (el 28% de ellos siente “decepción”). Pero también invitan a analizar la actuación de la oposición. Ante la pregunta “¿cómo evalúa el primer año de la oposición?”, casi seis de cada 10 respondieron “muy malo” o “malo”. Un 25% contestó “ni bueno ni malo”. Solamente 13% lo calificaron como “bueno”. La mitad de los votantes de la coalición republicana (CR) respondieron “muy malo”, o “malo”, un 30% “ni bueno ni malo” y apenas 14% dijeron “bueno”. La opción “muy bueno” no recogió adhesiones. En síntesis. No solamente al gobierno le va mal. También a la oposición. Un dato adicional confirma el disgusto: 20% de los encuestados cree que, de seguir así, “va a aparecer una alternativa que va a disputar las próximas elecciones”. Hice un esfuerzo durante las últimas dos semanas para tratar de entender el malhumor de ese núcleo tan significativo de frenteamplistas. Me propongo, ahora, hacer lo mismo con los votantes de la CR. ¿Por qué tantos están tan poco conformes? No dispongo de la suficiente información. Pero si tuviera que ir a buscar datos de opinión pública para responder esa pregunta (por ejemplo, en grupos motivacionales), yo empezaría por explorar las siguientes tres hipótesis.
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Uno. Están desconformes porque falta coordinación. Los votantes “republicanos” en un punto clave son similares a los frenteamplistas. Para ellos, lo más importante es que la CR vuelva a gobernar. Y es muy probable que vean con fastidio la dispersión existente. Cabildo Abierto, que supo ser un socio clave en su momento, coordina más con el gobierno que con sus viejos socios. Blancos y colorados frecuentemente expresan puntos de vista distintos. Dentro de cada uno de estos partidos, a su vez, hay liderazgos y estrategias diferentes. Si será intenso el reclamo de coordinación que se discute con pasión la cuestión de si los “republicanos” deben o no votar bajo el mismo lema en la próxima elección… Dispersos, cada uno con su lema, compitiendo entre sí ardorosamente hasta octubre de 2020, atando la coalición a último momento en torno a la candidatura presidencial de Luis Lacalle Pou, vencieron al FA en noviembre de 2020. Desde mi punto de vista, la dispersión actual está lejos de ser un problema. Pero es muy probable que muchos electores de la CR la perciban como inconveniente.
Dos. Están desconformes porque no hay propuestas alternativas a las del gobierno. Esta segunda hipótesis puede ser leída como un corolario de la anterior. Si mi interpretación es correcta, los votantes de la CR se sentirían más a gusto si los partidos que la integran coordinaran mejor sus acciones. La visibilidad de la coordinación aumentaría de modo muy significativo si los partidos de la CR fueran capaces de generar propuestas concretas para solucionar los problemas que acucian a los ciudadanos. Según estos votantes, ”el gobierno no tiene rumbo”. Pero los partidos de la CR, al menos por el momento, no están poniendo su energía en explicar el rumbo que debería seguir el país. La ciudadanía probablemente tendría una mejor opinión del trabajo de la oposición si viera a los partidos que la componen trabajar en la formulación de una batería de soluciones para los problemas que enfrenta el país. El Partido Independiente, el año pasado, propuso empezar a coordinar los ejes de un programa alternativo. Me parece muy razonable. Esto no solo ayudaría a que los votantes de la CR mejoren su opinión acerca de la oposición. También, y esto es mucho más importante, les permitiría llegar a la elección, y eventualmente al gobierno, con ideas claras. Cuando los partidos se concentran en ganar y se olvidan que la victoria electoral no es un fin en sí mismo, sino apenas un medio, un instrumento, la política se degrada y la calidad de la gestión sufre.
Tres. Están desconformes con el tono. Admito que me puedo estar dejando llevar por mi sensibilidad. Pero creo que así como el gobierno debería escuchar más a los frenteamplistas y menos a los votantes de ocasión, la oposición debería examinar a fondo si la estridencia es realmente el mejor camino para representar a sus electores. Tengo mis dudas. La estridencia recoge likes en las redes. De esto no hay duda. Pero el discurso que orilla el odio, ese que se escucha con demasiada frecuencia en algunos dirigentes de la oposición, ¿es el que la mayoría de los votantes de la CR prefieren escuchar? Francamente, tengo mis dudas. ¿Acaso no es evidente que lo que más acerca a Yamandú Orsi a la ciudadanía es su bonhomía? Es cierto que para ganar elecciones hay que criticar al gobierno. Pero, como siempre, “cuestión de grados”. La crítica tiene un profundo sentido político. La oposición, si quiere ser exitosa, tiene que ser severa con el gobierno. De todos modos, la pregunta persiste: ¿están tan seguros que hablando con desprecio de los “zurdos” se acercan a la gente común? Y lo que todavía es más importante: ¿están tan seguros de no estar generando un daño en la confianza de la ciudadanía en los partidos, y en última instancia, en la democracia? Ojalá sea yo el equivocado.
Volviendo al principio. Para demasiada gente, ni el gobierno ni la oposición están a la altura de las expectativas. Según la nota de El Observador en la que se presentan los datos de la encuesta de UMAD, “dos de cada tres encuestados respondió que el gobierno no se está enfocando en los problemas de la gente y más de la mitad cree que la oposición tampoco”. La elite política parece estarse alejando demasiado de las prioridades de la ciudadanía.