En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Para el Frente Amplio sería un suicidio dejar solo a Orsi; necesitan fortalecerlo, a él y a su gobierno, para que puedan empezar a reconstruir los músculos gracias a los cuales lograron ganar las últimas elecciones
“No soy parte de este gobierno”, soltó, sin más. Y se mantuvo seria, sin bajar la mirada en ningún momento. Los tres empresarios que estaban al otro lado de la mesa no daban crédito. No podían entender el porqué de esa confesión tan destemplada de alguien que es una de las figuras importantes de la actual administración, por más que el lugar que ocupa no sea uno de los de mayor poder de decisión. No se lo esperaban. Imaginaban una interna complicada en el oficialismo pero no tanto.
Registrate gratis y seguí leyendo
Accedé a artículos gratuitos y newsletters de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Algo similar ocurrió en otra de las oficinas del Estado, en la que trabaja una jerarca gubernamental que también ocupó cargos de dirección dentro del Frente Amplio. En medio de un debate con otros funcionarios, dijo que el actual no es un gobierno frenteamplista y se quejó por una de las medidas que habían resuelto sus superiores. “Yo no voy a defender ni me voy a inmolar por algo en lo que no creo”, les anunció, aunque no renunció a su cargo.
Otros empresarios también aseguran que recibieron ese malestar y falta de compromiso con el gobierno desde personas que trabajan bastante cerca de la Torre Ejecutiva. Dicen que son frecuentes las quejas, que les transmiten que falta ejecución, que no se pueden comprometer porque después los que tienen que firmar las resoluciones no lo hacen y que está haciendo falta un cambio de rumbo en el ejercicio de la autoridad y la ejecución de las medidas.
Son tres ejemplos pero hay más. En especial, de los primeros meses de este año. Está ocurriendo aquello de lo que hablaba el exvicepresidente y exministro de Economía Danilo Astori, cuando destacaba la importancia de que el gobierno cortara el “cordón umbilical” con la fuerza política, solo que al revés. Ahora es el Frente Amplio el que está rasguñando ese cordón con la actual administración encabezada por Yamandú Orsi.
Algunos de los frenteamplistas más comprometidos no están contentos y así lo manifiestan cada vez que pueden. Muchos son militantes y otros dirigentes que incluso están en lugares importantes de la estructura de poder actual. No se sienten parte. Lo cuestionan por izquierda, creen que no está siendo fiel a sus principios históricos.
Como consecuencia, se genera para Orsi como un “efecto pinza”, que parece ser la causa de lo que están mostrando las encuestas en los últimos meses. Porque los opositores ya estaban desencantados desde antes. Sienten que Orsi no manda y creen que el gobierno no tiene rumbo, que Uruguay quedó como estancado por falta de acción. De un lado lo corren por izquierda y del otro por derecha. Por eso, queda en el medio, poco acompañado y a la intemperie.
Sin embargo, Orsi parece que está intentando salir de ese encierro. De un tiempo a esta parte empezó a hacer guiñadas en forma más frecuente para uno y otro lado como forma de tratar de revertir, aunque sea en parte, esa realidad política que le viene siendo adversa. Dicen que empezó a tener reuniones más frecuentes y a escuchar con atención a los más veteranos, a los que tienen mucha experiencia en la arena política. Que presta mucha atención a los consejos de personas muy distintas, aunque parecidas por su experiencia acumulada, como el expresidente colorado Julio Sanguinetti o la exvicepresidenta Lucía Topolansky, para poner solo dos ejemplos. Con la segunda ya tenía un vínculo muy cercano y con el primero lo ha afianzado en los últimos tiempos.
En lo que coinciden muchos de sus detractores es que lo que debería hacer es mandar más, ejercer la autoridad con más frecuencia. No lo critican por lo que hace, sino por lo que no hace. Algunos de ellos también manifiestan que la situación sería mucho peor si Orsi no estuviera. Creen que es de lo mejor con lo que cuenta el actual gobierno. “Lástima que no mande”, me dijo uno de ellos, que integra la dirección de uno de los partidos fundacionales.
Del otro lado también es probable que tengan claro que es una de las figuras más sensatas con la que cuentan y que por eso ganaron las elecciones, pero a muchos —demasiados— les cuesta ser orsistas. Ser o no ser oficialistas, esa es la cuestión para los frenteamplistas y esa fue una de las preguntas que estuvo latente en varias de las sesiones del Congreso del Frente Amplio, celebrado el último fin de semana.
No terminan de sentirse identificados. Pero esa realidad parece estar cambiando por dos motivos. Primero porque el gobierno ha sumado unas semanas con buenas noticias, de las que levantan un poco el ánimo de la militancia. Y segundo porque la adversidad une y la izquierda está pasando uno de sus peores momentos a escala local y regional. Es evidente que está perdiendo apoyo popular, además de protagonismo. Negarlo es no asumir la realidad.
El problema es que sigue perdurando en muchos grupos ese infantilismo de izquierda que pone por encima a los principios, aunque sea necesario morir por ellos en lugar de seguir avanzando de la forma lo más pragmática posible. Orsi aún no es líder indiscutido y quizás por eso no los logró convencer de que a veces el mejor camino es el de la realidad, el que se abre desde las circunstancias.
El tema es que ahora la realidad cambió y puede cambiar bastante más en unos pocos días. Si en Brasil gana la presidencia el opositor Flávio Bolsonaro, como parecen adelantar varias encuestas, entonces la soledad regional del gobierno uruguayo será casi absoluta. El único país del continente que le quedará como socio ideológico será México, que queda a miles de kilómetros de distancia.
Para el Frente Amplio sería un suicidio dejar solo a Orsi. Necesitan fortalecerlo, a él y a su gobierno, para que puedan empezar a reconstruir los músculos gracias a los cuales lograron ganar las últimas elecciones. Con el agregado de que probablemente tendrán que moverse de una forma mucho más pragmática y centrista, en una región que les será hostil y seguramente con la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, respirándoles en la nuca.
Otra vez, pueden hacerse todos un poco más orsistas o pueden seguir con el actual distanciamiento. Pero la soledad del gobierno es un casi seguro fracaso futuro, incluso más importante de lo que se imaginan. Si la coalición republicana logra votar bajo el mismo lema, en las actuales circunstancias políticas, hay una probabilidad alta de que pueda ganar en primera vuelta, con mayoría parlamentaria. Por mérito propio y también de sus oponentes, muchos de los cuales parecen estar más preocupados por mirarse su ombligo que por el futuro.