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Estos son los asuntos que trascienden a los distintos gobiernos y partidos políticos; es aquí donde habría que bajar las banderas ideológicas y trabajar en conjunto para generar una política de Estado que favorezca el despegue nacional
Es como dijo el expresidente Tabaré Vázquez en el marco de la discusión sobre un tratado de libre comercio entre Uruguay y Estados Unidos que finalmente no se concretó: “Hay trenes que solo pasan una vez”. En aquella oportunidad, cuando mediaba su primera administración (2005-2010), Vázquez utilizó esa frase para intentar convencer a sus correligionarios de concretar el acuerdo, pero no lo logró, porque se terminó imponiendo la izquierda más conservadora y nuestro país se perdió esa oportunidad histórica.
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Ojalá esa anécdota hubiese quedado como un episodio puntual del pasado. Sin embargo, se mantiene vigente porque, desde entonces, varios trenes han seguido de largo sin detenerse. Uruguay cuenta con muchas oportunidades de crecimiento por sus características geopolíticas y suele desaprovecharlas. Ese es quizás uno de sus principales pecados, que trasciende a los gobiernos de turno.
Por eso fue tan oportuno y necesario el seminario organizado el lunes 20 por la Fundación Tecnolog, bajo el título: ”Impacto del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur en la exportación de servicios logísticos”. Porque hay otro tren que circula a alta velocidad, muy cerca de los andenes locales, y que, de abordarlo rápidamente, puede ayudar a generar un salto significativo en varios aspectos.
Uruguay tiene todo para ser un centro logístico de primera línea, tanto a nivel regional como mundial. En los hechos, ya está “consolidado como hub logístico regional desde hace muchos años” gracias a su “normativa aduanera portuaria y tributaria, estabilidad política y económica, sector logístico maduro y especializado, desarrollo tecnológico, infraestructura y ubicación geográfica”, según enumeró en el evento Ruben Azar, CEO de Grupo RAS y presidente de la Fundación Tecnolog.
Pero ese es solo un primer paso. Como muy bien dijo Azar, basándose en los datos estadísticos actuales, el crecimiento que puede lograr Uruguay en logística “no tiene techo”, aunque, para poder favorecerlo, primero hay que entender de qué se trata y luego sumar todos los esfuerzos en una misma línea. Estos son los asuntos que trascienden a los distintos gobiernos y partidos políticos. Es aquí donde habría que bajar las banderas ideológicas y trabajar en conjunto para generar una política de Estado que favorezca el despegue nacional.
Por supuesto que el recientemente aprobado tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea es una “nueva oportunidad para consolidar el hub logístico uruguayo”, como plantearon en el evento organizado por Tecnolog referentes del ámbito privado y del gobierno. Pero esta oportunidad trasciende a esos dos bloques regionales. Uruguay se encuentra en un lugar clave del continente y cuenta con varias ventajas comparativas como para ser puerta de entrada para la distribución de productos de importación a distintos países de la región. A su vez, eso puede traer como consecuencia directa que se generen muchas fuentes de trabajo y que se requiera más personal calificado, lo que puede servir como impulso para fortalecer la educación universitaria o técnica en algunas áreas.
En resumen, sería un escenario de ganar-ganar desde distintos puntos de vista. Los que están en el rubro hace años lo saben y también los que miran la realidad sin anteojeras ideológicas. El problema es superar los obstáculos que siempre ponen los que se encuentran del otro lado, los que priorizan sus intereses partidarios o incluso sus carreras políticas personales por sobre el bien superior del país.
Sería muy buena cosa que, mientras los países del Mercosur siguen sin siquiera ponerse de acuerdo sobre el reparto de las cuotas de acceso al mercado europeo surgidas del tratado comercial con los europeos que entrará en vigor en mayo, como informó Búsqueda la semana pasada, Uruguay no solo dedique su tiempo a estas entreveradas negociaciones políticas con sus vecinos, sino que también piense su proyección a mediano plazo, por encima de cualquier acuerdo puntual o de la correlación política interna del Mercosur.
Como recogió recientemente la diaria, según la vicecanciller, Valeria Csukasi, el “Mercosur es un gran especialista en llegar a último minuto” en la mayoría de las oportunidades que ha tenido a lo largo de su historia. Esta no parece que vaya a ser la excepción. Ni esta ni otras futuras.
Por eso también es hora de despegarse y planificar desde otro lugar. Porque, como dijo Csukasi, “la billetera no es ideológica” y manejarla bien beneficia a todos. Sería bueno que realmente lo entendieran los que tienen que tomar las decisiones en esta materia y que actuaran en consecuencia.