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Charly García en Punta Ballena: una visita íntima, un homenaje inesperado y la emoción de volver a verlo

No vino a dar un show, vino a estar presente en Medio y Medio después de una larga planificación por parte de la producción del festival y del propio Charly García, y con eso fue suficiente

Redactora de Galería

Charly García volvió a pisar Uruguay, vino hasta Punta Ballena por una ocasión especial y generó otra: apareció en público, asistió al show en vivo de León Gieco y Agarrate Catalina en el Festival Medio y Medio, y hasta despertó rumores de una posible actuación conjunta.

Llegó el sábado a Punta del Este para reencontrarse con su amigo y socio musical de larga data Fabián Zorrito Von Quintiero, por su cumpleaños número 60, y terminó protagonizando esta aparición que reconfiguró el pulso cultural del verano. Lejos de tratarse de una improvisación, la visita venía planeándose hacía meses desde la organización del festival y la producción de Charly, en absoluto hermetismo, según explicó el director general de Medio y Medio, Leandro Quiroga Ferreres, por el peso simbólico y emocional que implica cualquier movimiento del músico. Es una forma distinta de pensar estos regresos: menos espectáculo y exigencia, y más experiencia.

Charly García y Leon Gieco

El motivo principal fue el aniversario número 30 del festival, pero el objetivo central —tanto para la organización como para su entorno más cercano— fue que el propio Charly García pudiera disfrutar estos días sin presiones ni exigencias. Quiroga detalló que la estadía será de cinco días y que desde el primer momento el músico se mostró cómodo, entusiasmado y activo, con planes bien cuidados y tiempos amables. “Lo fundamental es que Charly disfrute mucho estos días, que también es una forma de acompañarlo en esta etapa de su vida“, resumió Quiroga.

Al verlo ingresar a su show, León Gieco se interrumpió y lanzó desde el escenario: “¡Mirá quién vino!”, y como homenaje con Agarrate Catalina interpretaron Los Salieris de Charly, mientras el propio García observaba desde un costado del escenario, en silla de ruedas, fumando un cigarrillo. El público pidió que se sumara a cantar, pero el músico prefirió mantenerse al margen y dejó apenas una promesa abierta: “Tal vez el martes” 27, cuando vuelva a subirse al escenario Zorrito Von Quintiero.

El ícono del rock se pidió un plato de fideos. Así lo contó la comediante Flor Infante con quien compartió la mesa: “Alrededor de Charly suceden un montón de cosas muy mágicas. No te acercas, pero no porque no tengas ganas de acercarte, sino porque es como una cosa de respeto muy zarpada. Nadie, ni una sola persona se sacó una foto con él. Se comió un plato de fideos y tenía siempre un cigarro en la mano, y en la otra, un vaso con alcohol, que no está muy bueno, pero bueno, es lo que es“. Charly García.

El escenario de Medio y Medio

Instalado hace 30 años como ritual estival rioplatense, Medio y Medio se terminó de coronar como un espacio de cruce de generaciones y estilos, donde la música convive y se renueva cada temporada.

La llegada de Charly se produjo primero en el Aeropuerto de Laguna del Sauce, donde fue recibido por amigos. Vestido de negro, con sus clásicos anteojos redondos de armazón oscuro y desplazándose en silla de ruedas, saludó con sonrisas y gestos cómplices, con algo de dificultad, antes de dirigirse al hotel y más tarde al mítico local de Punta Ballena. No era un territorio ajeno, ese mismo espacio había sido testigo de sus irrupciones sorpresivas en años anteriores. La expectativa sobre esta posible aparición flotaba desde antes del fin de semana, cuando Zorrito había dejado caer una frase que despertó la curiosidad en su último show: “En nuestro universo, todo puede pasar”, y a los días compartió una historia desde el aeropuerto anticipando la llegada de Charly.

Charly García
Charly García en 2026.

Charly García en 2026.

Quiroga contó que el propio Gieco supo de la llegada de García apenas unos minutos antes de que ingresara al predio, y que la sorpresa lo desbordó emocionalmente. Después del show, ambos celebraron el reencuentro. El gesto de besarse mutuamente la mano, repetido como espejo, tuvo una potencia simbólica gigante de respeto, gratitud, historia y amor artístico.

Cruzar el Río de la Plata para ver a los hermanos no es solo un viaje geográfico, sino un gesto cargado de historia y afecto. Con León Gieco, Charly no solo compartió escenarios, sino una manera de entender la música en los tiempos que les tocó vivir. A ese linaje se sumó Agarrate Catalina, aportando el ADN uruguayo más popular, y ampliando el diálogo entre tradiciones que siempre se miraron desde la vecina orilla. El cruce del charco funciona como un recordatorio de que el rock rioplatense nunca fue frontera sino conversación permanente. Y el festival, lejos de operar como un museo de glorias pasadas, se afirma como un espacio de memoria viva donde la música y los músicos siguen encontrándose y reescribiéndose en el presente.

¿Por qué importa Charly García?

Condensa una época, es mito vivo, no es solo un músico. Su obra atravesó dictaduras, adolescencias, excesos, caídas y regresos, y fue la banda sonora de descubrimientos políticos, sexuales y artísticos. Charly dejó una forma de sentir el mundo. Por eso, cada vez que aparece, el público no solo aplaude música: celebra que siga estando. Reactiva una memoria colectiva que atraviesa generaciones, un archivo emocional compartido entre Argentina y Uruguay.

El cruce con León Gieco y Agarrate Catalina no dibuja solo una foto de continuidad y transmisión; es una conversación entre trayectorias, luchas y públicos que se reconocen mutuamente. En tiempos de consumo vertiginoso y figuras descartables, la sola presencia de Charly todavía tiene la capacidad de generar acontecimiento.

Alrededor de Charly suceden un montón de cosas muy mágicas. No te acercas, pero no porque no tengas ganas de acercarte, sino porque es como una cosa de respeto muy zarpada. Nadie, ni una sola persona se sacó una foto con él. Se comió un plato de fideos y tenía siempre un cigarro en la mano, y en la otra, un vaso con alcohol, que no está muy bueno, pero bueno, es lo que es. Charly García Alrededor de Charly suceden un montón de cosas muy mágicas. No te acercas, pero no porque no tengas ganas de acercarte, sino porque es como una cosa de respeto muy zarpada. Nadie, ni una sola persona se sacó una foto con él. Se comió un plato de fideos y tenía siempre un cigarro en la mano, y en la otra, un vaso con alcohol, que no está muy bueno, pero bueno, es lo que es. Charly García

Y es tangible el vínculo afectivo y familiar de haber crecido con García. Que la prioridad sea que Charly disfrute —que coma tranquilo, que tenga días amables, que pueda reencontrarse con sus amigos—, sin más, implica un gesto muy humano y colectivo de acompañar al artista en un tiempo vital distinto. Sentado a un costado del escenario, en silla de ruedas, observando su propio homenaje mientras fuma, Charly se muestra capaz de seguir produciendo significado incluso en silencio.