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Julián Schweizer, surfista: “No me considero talentoso, me considero trabajador”
Edad: 28 • Ocupación: Surfista profesional • Señas particulares: Fue concebido en Ámsterdam, nació por parto en el hogar, es adicto a la lechuga, juega al golf
Tiene tatuadas las coordenadas de donde nació en la planta del pie. ¿Cuál es la historia? Mi madre me parió en casa, en Pocitos, y siento que fue supervaliente. Quería algo que me llevara de vuelta a casa. La planta del pie es lo que te conecta con la tierra, y tener ahí las coordenadas de donde nací tiene un significado importante y es una forma de estar conectado, más allá de con mi madre, con el lugar de donde vengo.
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Creció yendo a La Paloma con sus padres, y vivió la creación del hotel Altos de la Serena. ¿Qué significó eso en su infancia? Mis viejos tienen casa ahí desde hace 29 años. Al principio no había calles, ni luz, ni agua corriente, era una especie de Cabo Polonio. Tengo recuerdos preciosos de esas vacaciones. Mi padre, que es arquitecto, construyó primero la casa y después desarrolló el hotel de a poco. Ahí nació mi relación con el mar. Si bien de chico hice todos los deportes tradicionales, fútbol, básquet, tenis, fue en La Paloma donde empecé a tirarme al agua cada vez más.
¿Influyó en su decisión de dedicarse al deporte tener un abuelo basquetbolista, otro corredor y atleta y una madre bailarina? Lo que sin duda influyó es que mamá haya sido bailarina, sobre todo porque empezó superjoven. Se fue de su casa antes de los 18 a estudiar danza a Cuba y al otro año estaba bailando en una compañía en Nueva York. Entonces hubo un momento clave en mi vida, que fue clasificar a un Mundial de Longboard en Perú, y me di cuenta de que quería dedicarme a surfear. Necesitaba conseguir un entrenador, porque hace 12 años era impensable tener un entrenador en nuestro país. La experiencia de mi madre sin duda me ayudó a tirarme y también me ayudó a convencer a mis padres.
Es el “proveedor oficial” de mascotas de su familia… Sí, totalmente. El gato lo llevé yo, después el perro Otto, que terminó quedándose con mi hermana. Otto tuvo crías y hoy hay perros suyos repartidos entre mi familia y amigos.
Su madre dice que el agua lo equilibraba de niño. ¿Le sigue pasando? Sin duda. El agua me serena, me centra. Estás desconectado del mundo exterior, sin celular, en contacto con la naturaleza. Si estás fuera del momento, es probable que te termines dando algún golpe, entonces te hace volver rápido a donde estás. Muchos momentos lindos los paso en el agua y muchos no tan lindos también, entonces me termina llevando al medio.Tengo la necesidad interna de ir al agua por dos razones. Una es porque siento una responsabilidad en cuanto que tengo sponsors, tengo todo un entorno que depende del surfing. Pero en promedio anual surfeo más de una sesión por día. Eso quiere decir que en mis días libres también elijo ir al agua.
¿Cómo fue su experiencia liceal y universitaria, viajando tanto? No hice sexto año regular, rendí las materias libres en el liceo de La Paloma, con planes especiales con cada profesor. Les estoy muy agradecido. Durante la pandemia entré a la UM con beca de deportista a cursar Comunicación. Cursé mucho tiempo online, después híbrido y hoy estudio por intermedio de tutorías.
¿Por qué apostar al estudio cuando ya tiene tan claro su camino? La gente más grande me dice “qué bueno, tenés un plan B”. Pero en realidad estudiar no es un plan B. Para mí, hay un único plan, que es con el deporte y con el desarrollo personal. Tengo la necesidad también de sentirme bueno o realizado en otras cosas. Estoy convencido de que estudiar me hace bien para mi carrera deportiva, porque saco mi cabeza a otro lugar, trabajo conexiones neuronales al leer, al razonar, que son fundamentales en la toma de decisiones en una serie o un evento. Además de ir generando cultura general y ocupando mi tiempo.
En el surf competitivo, ¿qué marca la diferencia entre un surfista y otro? Más que lo técnico, la diferencia la hace la toma de decisiones. Todos hacen más o menos lo mismo, pero elegir bien las olas es clave. Vos podés hacer lo que te deje hacer la ola, si agarrás una que te permita mostrar tu surfing, avanzás. Es sencillo en ese sentido. En una serie cuentan las dos mejores olas y hay todo un juego táctico de prioridades, de leer el mar y decidir rápido.
Lo describen como disciplinado, constante, apasionado. ¿Se reconoce así? Sí. No me considero talentoso, me considero trabajador. Si vos me decís que voy a obtener X resultado haciendo esto, esto y esto, yo te lo firmo ahora y hago el paso a paso perfecto. Si bien hay una cuota de talento, obviamente, la disciplina y la repetición terminan siendo el mayor talento.
Más allá del surf, ¿qué lo apasiona? El golf, que empecé hace unos años para salir del ambiente del surf, y la fotografía.
Vive en La Barra. ¿Es su lugar en el mundo? No sé si mi lugar en el mundo, pero sí en Uruguay. Es una decisión personal muy buena para mí y como pareja. Hay olas para entrenar y es una ciudad chica. Maldonado es una combinación perfecta.
Se casó hace ocho meses. ¿Pensó que podía ser difícil formar pareja? Nunca lo pensé demasiado. Sí tenía claro que mi pareja tenía que entender y compartir mi estilo de vida. Ella lo hace, y por eso tenemos el proyecto de ir formando una familia de a poco. Aunque viaje mucho, es un trabajo como cualquier otro.