Los primeros pasos los dio con el piano, ¿después lo dejó?
Edad: 35 Ocupación: Cantante compositor Señas particulares: Es de Géminis pero se siente más de su ascendente, Sagitario; es muy amiguero; tiene un grupo de WhatsApp con sus fans; toca el 9 y 10 de agosto en el Teatro Solís
Los primeros pasos los dio con el piano, ¿después lo dejó?
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde que aprendí a hablar dije que iba a ser pianista, que iba a ser concertista de piano. Estudié de los siete a los 12 años, hasta que un profesor me pegó en la mano. Era un anciano muy rígido. Yo tocaba los clásicos, pero un día le dije: “maestro, tengo una idea musical”. Y me pegó en la mano, fuerte, me dijo que nunca más volviera a decir eso y que la música ya estaba toda inventada y escrita. Llegué a casa con la mano escondida atrás, mi madre me dijo: “¿qué te robaste?”. Yo no sabía si contarle o no, porque no me iba a dejar ir a estudiar más, pero se dio cuenta y casi lo prende fuego. Gracias a eso agarré más la guitarra.
Su primer show fue a los ocho años en el patio de su casa para los vecinos. Se lo nota muy amoroso con su gente.
Sí, me acuerdo que armamos un escenario con unas tablas de dibujo y unos cajones de refresco y les vendimos entradas a los vecinos. Era una hojita de la libreta de los deberes que decía “$ 1,50 y si no pasa igual”. Mi hermano y yo nos criamos en un entorno de mucha libertad. Mis padres, bastante delirantes, él diseñador gráfico, creativo full, y ella psicóloga y maestra. Nacimos y nos dejaron expresarnos libremente. Toda la casa estaba llena de dibujos, prestaban mucha atención a lo que queríamos. Después vino la crisis del 2002 y se fue todo al carajo, mi viejo se fue del país, mi madre laburaba todo el día y pasamos a tener un hogar superdisfuncional, donde mi hermano y yo sobrevivimos. Y cuando se desmorona la familia y tenés que ver de qué te agarrás, en mi caso fueron las amistades. Mis amigues lo son todo. La adolescencia es lo que nos mostró el mundo real. Me enteré de que existía el closet retarde, porque yo no tuve que salir de ningún lado. Entonces me di cuenta de que era reinconsciente de los dolores de los demás.
¿Cuál fue el precio más alto que pagó por esa libertad?
No entender los límites. Eso todavía me cuesta. Poder rayar las paredes me trajo muchos problemas en la vida. Ahora no consumo drogas, pero tuve muchos problemas con ellas porque no entendía por qué había que parar de hacer algo que me gustaba. Siempre el límite en mi casa fue tratar de no morirse, y todo lo demás, vale. Lo cual fue hermoso porque exploré muchísimas cosas, pero no terminaba de entender que algunas me podían hacer daño por más buenas que estuvieran un ratito. Hasta que en un momento te das cuenta porque la vida te caga a piñas, y si no, chau, Mocchi. Ahí el rol de mis amigues fue fundamental, me decían que lo que estaba haciendo no estaba bueno. Mi familia no sabía qué hacer, mucha gente me dijo “con esto no puedo“. Estuvo bueno también porque uno está solo en la vida, un montón de gente te puede acompañar, pero a veces no.
Este año hicieron una gira por España, ¿cómo salió todo?
Fue la segunda vez que iba a tocar, la tercera que voy si contamos unas vacaciones. Me pareció una locura, llegamos a un lugar donde ni yo sabía que podía llegar a ser alguien, y de repente, agotamos un bar. En Barcelona nos quedó chica la sala. El boca a boca fue impresionante. En este proyecto hay más o menos 25 personas trabajando, más los amigues que llamamos para trabajar en merchandising en cada ciudad. Cuando toco solo con la guitarra seremos siete, el formato más reducido es de tres, pero es una fuente de trabajo de muchas personas. Siempre me quedo con eso, con la gente con la que compartimos. Y un poco la sensación de reconfirmar que las canciones llegan a lugares que uno no tiene idea, es como tirar una botella con un mensaje al mar. Las canciones te regalan familias en cada lugar.
¿Qué hay de sus looks?
Los lentes me identifican mucho, de todo tipo, son mi logo. Los empecé a usar porque soy muy fotosensible y con la luz artificial me empieza a doler la cabeza al toque. Pero el tema de la identidad con la ropa me llegó tarde, cuando una amiga me dijo “che, yo cuando te voy a ver repienso lo que me pongo, ¿por qué vos no hacés lo mismo?”. Me pegó una patada ahí y tenía razón. Cuando presenté mi primer disco, esa amiga me compró tres boludeces amarillas, habrá gastado 500 pesos, e hicieron la diferencia. Ahora le pongo onda. Yo siempre usaba blazers para salir, y después la gente se fue apropiando de eso. En mis shows se organiza la firmada del blazer, tengo uno del Sodre todo intervenido. Eso hace al vestuario también.
¿Y cuál fue el escenario más hostil que le tocó pisar y qué hizo con ese miedo?
Cuando sos una persona como yo, que integra muchas minorías, el miedo es algo con lo que convivís. Si te movés dentro de tu entorno, tu barrio, tus amigues, el mundo parece maravilloso, pero cada vez que te corrés un poquito te da miedo. Yo transito igual por esos lugares, pero me han insultado en la calle, me han amenazado de muerte. Hay un grupo de personas para las cuales soy todo lo peor que puede existir en el mundo. He tenido acosadores años enteros, al último lo llamé por teléfono. No me iba a quedar callado. Eso hago con el miedo. La música es mi forma de hacer política. Me acuerdo una vez en el Parlamento que hablé algo sobre Lacalle Pou y la LUC, que me levantaron todos los medios con muy poca sensibilidad y tomaron solo la parte que iba a traer los clics. Los comentarios eran de terror. Estuve un mes y medio sin salir de mi casa. Recibí balas en un sobre por debajo de la puerta. Yo soy de izquierda, sé que tengo un perfil político definido y no me jode mostrarlo, le jode más a la gente que no está de acuerdo conmigo que a mí. Entonces, si el mundo nos parece hermoso, es porque nos rodeamos de gente que es hermosa y nos acepta y nos quiere.