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Renato Papiccio: "Para mí, un diseñador es un artista"

El productor argentino, quien fuera socio de Roberto Giordano, prepara la primera edición de Runway, un desfile de alta costura con cinco diseñadores latinoamericanos, en Sofitel Carrasco el viernes 2 de octubre

Redactora de Galería

A Renato Papiccio le enorgullece haber sido socio de Roberto Giordano. De todos modos, se cuida cuando habla sobre las sombras de un personaje que fue tan popular y mediático como controvertido. Dice que recordar “solamente lo bueno” es una forma de “autodefensa” y así lo deja.

Hace pocos meses el productor de moda argentino se instaló en Punta del Este —como lo había hecho el peluquero más famoso de Argentina en sus últimos años tras la quiebra— desde donde incursionó en un nuevo rubro: el real estate.

Sin embargo, quien llevó la marca Giordano al reconocimiento de grandes pasarelas por fuera de Argentina no se despega de lo que lo apasiona desde niño: la industria de la moda. Y este año se propuso tener la foto del expresidente Luis Lacalle Pou y del actual presidente Yamandú Orsi juntos como invitados del desfile de alta costura Runway, que organiza en el hotel Sofitel Carrasco el viernes 2 de octubre. Además, busca que sobre su pasarela transiten Valeria Mazza y Natalia Oreiro, entre otras.

De padre sastre y madre “pantalonera”, ambos de origen italiano, Papiccio caminaba entre las overlock desde los cuatro años. Y un poco más tarde en su infancia concurrió y observó con admiración aquellos primeros desfiles de Giordano, anteriores a su televisación.

Ya de adulto, con su hermano Daniel, fundó la marca de indumentaria Dler Style, que en 1990 “quedó afuera del mercado” por, según Papiccio, “la inestabilidad y los cambios de reglas a nivel económico” de la Argentina.

Así es como le llegó el salto a la producción de eventos, justo en los albores del farandulismo argentino. En ese mundo lleno de lujos, personajes histriónicos, mediatización, excesos y menemismo, un joven pero conocedor Papiccio entró en escena.

“Empecé a buscar mi lugar, poner el granito de arena a esta cadena: desde la alta costura hasta las tendencias de moda y todo lo que tenga que ver con el rubro textil”, recuerda en diálogo con Galería y apunta a que todo esto lo hizo antes de Giordano y continúa más allá de él.

Trabajó en Europa, Estados Unidos, Chile, Uruguay y Argentina. Más de 35 años después de sus comienzos, reivindica esos desfiles de moda masivos y convocantes, aunque reconoce que hoy con las redes sociales son más complejos de ejecutar con éxito en la convocatoria.

A su vez, asume la contradicción entre su defensa de la moda como arte y el glamour banal de las pasarelas como shows. Transita esa especie de oxímoron con bastante naturalidad, pese a que afirma que en la región es “complicado” que se entienda a un desfile como un “hecho cultural”, como sí lo pondera él.

Para Papiccio, una pieza de alta costura y un cuadro hecho por un pintor se diferencian “nada más que en el dinamismo”. “Eso me cuesta hacérselo entender a los ministerios de Cultura”, admite.

¿Cómo eran esos desfiles de los años 90 con Roberto Giordano?

Aprendí muchísimo con él, teníamos muy buena sinergia. Creo que uno recuerda solamente lo bueno como autodefensa. También hubo momentos muy tensionantes. Una vez estaba produciendo el desfile en Chile, con 85 pasajes de vuelo para las modelos y para él. Mi sponsor era Aerolíneas Argentinas, y decidió a las 11 de la noche hacer un paro el día anterior al desfile. No podíamos suspenderlo, porque al otro día tocaba Ricky Martin en el mismo lugar. Uno no le podía preguntar a Ricky: “¿te podés correr un día?”. Empezamos a armar vuelos privados a las 11 y media, 12 de la noche. Contratamos tres aviones privados y algunos vuelos iban y venían. ¡Fue un estrés!

¿Qué significa para su carrera haber trabajado con Giordano?

Para mí, es un orgullo. Tuvo tanta repercusión, pero yo no vengo solamente de un Giordano. Incluso él se impresionaba con las cosas que me habían pasado antes de conocerlo a él o las cosas que yo había hecho o de dónde venía, digamos. Tengo una carrera antes, durante y después de Giordano. También aprendés cuando no tenés la potestad de determinar todo, que en este caso yo no la tenía porque estaba trabajando conjuntamente con él. Es aprender lo que hay que hacer y también lo que no hay que hacer.

¿Y qué aprendió de lo que no hay que hacer?

Hay unos cuantos detalles. Yo tenía otra perspectiva para la continuidad de Giordano. Él tenía que haber dejado a personas de su propio riñón a cargo. Y no estoy hablando de mí. Me acuerdo de ir a Colombia o Miami con el logo RG y que la gente dijera: “eso es Roberto Giordano”. Se había logrado un gran reconocimiento de marca, había que tratar de mantener lo poco o mucho que pudo hacer. Por ejemplo, mi padre entiendo que me extendió este legado. Y con mis hijos también lo estoy haciendo. Depende de ellos, pero al menos hay que dejar un camino. Los desfiles de Giordano eran un estilo diferente al mío dentro de la producción de moda. Lo de Giordano era más un show. Lo que yo hago es más una presentación a nivel diseñador, de manera artística.

Los desfiles masivos como los de Giordano se dejaron de hacer. ¿Por qué piensa que pasó eso?

Hay un cambio claro entre lo analógico y lo digital. Por ejemplo, nosotros en desfiles grandes habíamos sumado más de 10.000 personas, que para un evento de moda o de diseño es un montón. Hoy con tener la presentación, la producción y después trasladar todo ese contenido a medios tradicionales y digitales llegás a una cantidad de personas a las que nunca podés llegar en la presencialidad: 20, 30, 50 estadios. Con Runway en el Sofitel estamos pensando en llegar a más o menos 5 millones de personas.

Habla del traslado de lo que sucede en el evento presencial a lo digital, pero ¿qué pasa cuando las marcas de moda apuestan directamente a pautar en redes y pagarles a influencers y obvian las pasarelas? ¿Cuál es el valor hoy de hacer un evento presencial?

En este caso (el de Runway), como vamos a tener presencia de cinco países latinoamericanos, hay un costo obviamente. Pero no podés perder este tipo de espectáculos que tangibilizan un poco más, porque una cosa es verlo digital y otra cosa es verlo en vivo. Es como ver un partido de fútbol a través de la televisión o ir a la cancha. Se ha perdido eso de vestirse para un evento, tener tu tiempo para presenciar un evento en vivo. Y no hay que perderlo del todo. Por eso esto es un granito de arena para la continuidad de este tipo de eventos.

¿Cómo se reconfigura el formato de la producción del evento para atraer al público?

Primero, los componentes de la producción los hacen los jugadores, que son los diseñadores. Yo hice el desfile del Bicentenario en la Argentina, eso fue un orgullo para mí. Relacionamos a las 10 mujeres más importantes de la Argentina con diseñadores que tuvieron que investigar y recrear, por ejemplo, cómo se vestía Evita. Quiero relacionar al diseño con el arte porque para mí un diseñador es un artista. Por ahí ese diseño que vamos a ver en pasarela aquí en Montevideo en el Sofitel le llevó al diseñador 20 días hacerlo. Entonces es como un cuadro, es como una exhibición. Eso quiero que pase, que la gente sienta que hay un trabajo, hay una creatividad y hay una continuidad para que el diseño pueda ser una expresión social.

Esto que dice choca con el concepto más banal de los desfiles de moda como espectáculo, incluso que ha organizado usted. ¿Es contradictorio?

Es contradictorio, sí, sin dudas. El tema es que el que sea contradictorio no significa que esa pata que es recontra natural y óptima se borre. Yo creo que tienen que convivir sin chocarse. Si todo lo vamos a reflejar en función de tener charme, glamour, por el solo hecho de pertenecer, ese no es el espíritu de mi evento. Pero sí, en parte existe y tengo que reconocerlo. Ahora, si vos le das información a la gente y les decís: “vas a ver un evento de diseño porque este diseñador es impresionante porque trabaja en función de colores, creatividad, materiales, etcétera”, ya estás profundizando más en lo que es el arte. Y eso es lo que quiero que ocurra.

¿Ha visto cosas que le interesan en la industria de la moda uruguaya?

Sí, y hay que dar una plataforma para ayudar a algunos diseñadores que están en distintos departamentos a acercarlos. Me gustaría salir al interior de Uruguay y hacer, como hice en distintas provincias de Argentina, un Uruguay está de Moda. En Argentina hay una frase que dice: “Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires”; aquí se podría decir más o menos lo mismo de Montevideo. Creo que si uno hace el esfuerzo y hay empresas e instituciones que acompañen, funciona.

El desfile

La primera edición de Runway en el Sofitel —que promete tener una continuidad anual y replicarse también en Punta del Este— tendrá 300 invitados, entre ellos embajadores, políticos, diseñadores y otras figuras. Y, en el marco del Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, se recibirán contribuciones que serán donadas a la fundación Honrar la Vida. El evento cuenta con el apoyo del Ministerio de Turismo y está declarado de Interés Turístico Nacional y de Interés Turístico de Montevideo y Carrasco. Será un evento de gala con dress code: el color negro.

Los diseñadores

La pasarela contará con cinco diseñadores, que representarán con sus propuestas la “cultura de sus países” con piezas especialmente creadas para la ocasión y que conectan con el entorno de la arquitectura clásica y del barroco francés del antiguo Hotel Carrasco.

El representante de Paraguay aún no ha sido confirmado.

Vedelia Donoso - Chile

Donoso privilegia la construcción artesanal de las prendas, la corsetería y el volumen. Suele trabajar con la monocromía, y experimenta con retazos de telas, pieles, bordados y, más recientemente, con técnicas tradicionales de bordado combinadas con recursos tecnológicos, como corte láser y sublimación.

Fabián Zitta - Argentina

El sello de Zitta está en una moda arquitectónica, sofisticada, en la que experimenta con la estructura de la prenda. En sus diseños son recurrentes los plisados, tableados, drapeados, superposiciones, recortes geométricos y juegos entre siluetas muy ceñidas y grandes volúmenes. También trabaja la transformación de la superficie textil y ha incorporado materiales poco tradicionales para la alta costura, como neopreno, vinilos y telas engomadas.

Nicolás Osano - Uruguay

Con una impronta romántica, femenina y etérea, en las colecciones de Osano aparecen las transparencias, los encajes, las gasas trabajadas con drapeados, las sedas bordadas y una construcción orientada a envolver la figura femenina.

Gina Vargas de Roemmers - Colombia

Con una trayectoria vinculada con la recuperación, curaduría y puesta en valor de la artesanía y los saberes textiles de comunidades indígenas y rurales latinoamericanas, la propuesta de Vargas está muy ligada con Artesia, el proyecto que desarrolló en Uruguay para reunir arte, artesanía y piezas autóctonas. Le interesan especialmente las fibras naturales, el tejido manual, el crochet, los bordados y las técnicas ancestrales volcadas a las fibras y tejidos.