Ella deseaba ser madre. Siempre tuvo ese deseo. Quería formar una familia similar a la que tuvo con sus padres y su hermana.
Salvador. Te pienso. Te espero. Te tengo, el libro de María Noel Riccetto, relata su búsqueda de la maternidad
Ella deseaba ser madre. Siempre tuvo ese deseo. Quería formar una familia similar a la que tuvo con sus padres y su hermana.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando María Noel Riccetto, primera bailarina del Sodre, pensó por primera vez en la posibilidad real de dejar de cuidarse para tener un hijo, estaba en un momento muy bueno de su carrera, acababa de ganar el premio Benois de la Danse (como el Oscar de la danza) y todavía no quería dejar de bailar. Pensó en congelar óvulos, pero no lo hizo. Esperó un par de años más. Tenía casi 40 cuando le dijo a su ginecólogo que ya estaba pronta para ser madre. Él la derivó con una especialista en fertilidad. Estuvo seis meses sin cuidarse antes de decidirse a consultar al especialista, quien les explicó cuáles eran todas las etapas que podían pasar en el camino hacia el embarazo: seguimiento folicular y relaciones sexuales programadas, inseminación artificial, fecundación in vitro, ovodonación, adopción. Los estudios daban que María tenía una reserva de óvulos muy baja. La presión resultó un tanto abrumadora y ella estaba segura de que iba a quedar embarazada sin tener que pasar por todo eso. Se alejó de los médicos por dos años y no volvió a preocuparse del tema, hasta que una amiga que había tenido dificultades para concebir le abrió los ojos: si quería ser madre, iba a tener que ocuparse en serio del tema.

Cuando volvió al consultorio de la especialista fue para iniciar un camino que la llevó a vivir una de las etapas más intensas y frustrantes de su vida, cargada de ilusión, incertidumbre, desaliento y una esperanza persistente apoyada en ese deseo íntimo y poderoso de tener un hijo.
“Por más de tres décadas mi vida estuvo dedicada al ballet. En el escenario aprendí el valor de la disciplina, del esfuerzo y de la perseverancia. Sin embargo, cuando decidí emprender el camino hacia la maternidad comprendí que hay experiencias que desbordan cualquier forma de control y que exigen, ante todo, paciencia, confianza, amor y fe. Mucha fe”, escribe la bailarina.
A lo largo de 120 páginas, Riccetto va dando un testimonio detallado de cada etapa del camino, de esa búsqueda que la llevó a lugares impensados. El lector se pregunta cuál será el motivo por el que decidió contar su historia, y ella lo dice claramente: además de dejarla registrada para ella, su familia y también en un futuro para su hijo, escribió este libro para contar su experiencia a todas las mujeres que están pasando por algo similar o a las que tal vez les pueda suceder. Y este quizás sea el más noble de los propósitos, pues la infertilidad es un tema del que se habla poco, que muchos mantienen en secreto, lo que no está mal, que en el ámbito médico se maneja con mucha confidencialidad, que también es muy correcto, pero que deja muy solas y desinformadas a las mujeres que transitan por estos caminos.
El libro, dividido en tres partes —Te pienso, Te espero, Te tengo— va dando cuenta de las emociones que atraviesan a una María que se reconoce en varias ocasiones bastante inconsciente en todo el proceso. Que no tenía tampoco muchas intenciones de saber mucho más allá de lo necesario, solo quería confiar en sus médicos, a quienes se refiere con nombre y apellido (para seguir aportando información valiosa a sus lectores), y obedecer al pie de la letra cada indicación.
Su camino llegó hasta la ovodonación, un procedimiento que puede resultar difícil de comprender y aceptar desde el desconocimiento generalizado de la mayoría de las personas, y que ella aborda con total transparencia. “Recuerdo una situación con una de mis amigas de toda la vida. Cuando les conté que nos habíamos decidido a dar el paso de ir por la ovodonación, me dijo: ‘Pero no va a ser tuyo’. Yo sabía que sí iba a ser mío, ya me había hecho esas preguntas, ya había pasado por ese proceso, pero me acuerdo de que le respondí: ‘Por comentarios como este es que yo prefiero no contar’”. Pero lo contó, y con mucho detalle.
Finalmente, logró el embarazo, pero la historia no terminó con un nacimiento a término. Salvador nació prematuro, pesando apenas 850 gramos. La prematurez en los bebés es un tema del que tampoco se habla, y he aquí otro ingrediente más de esta historia. Saber cómo viven los padres de un bebé internado semanas en un CTI neonatal es otro de los valiosos elementos que aporta esta historia.
María no se guarda nada. Habla de su pareja, Nacho, todo el tiempo; del apoyo, la comprensión, de respeto, de amor incondicional, de un proyecto juntos, de cómo lo viven dos personas distintas, y de cómo se complementan en sus individualidades.
Y todo el esfuerzo y la esperanza dio sus frutos, experimentaron la felicidad de haber logrado formar aquella anhelada familia, con un bebé sano en casa, que llegó para cambiarles rotundamente la vida a sus padres, desde mucho antes de que fuera apenas un embrión.