• Cotizaciones
    jueves 16 de julio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El sistema político celebró los 100 años de Hugo Batalla, un tendedor de puentes cuyo legado está diseminado

    Exlegislador y exvicepresidente, abogado de presos políticos en la dictadura y víctima de la intolerancia, hoy se recuerda sobre todo su calidad humana

    Hugo Batalla, vicepresidente de la República, anunció que “complicaciones ulteriores” en su salud le iban a impedir “seguir trabajando a plena marcha de ahora en más”. Era el 14 de julio de 1998 y estaba presidiendo la sesión del Senado. Fue un discurso cargado de emoción, en él y en los presentes. Legisladores de todos los partidos, incluso aquellos con los que estaba distanciado, se acercaron a abrazar a quien hacía tres días había cumplido 72 años y hacía cuatro había recibido un alta médica. Los “prolongados aplausos” que testimonia la versión taquigráfica reflejan el afecto que, al final del largo día, se había ganado en casi medio siglo de actuación pública.

    Batalla recibía casi al final de sus días una cálida unanimidad de sus pares mientras un cáncer en el pulmón lo apagaba. Moriría menos de tres meses después, el 3 de octubre. Pero ni esa cualidad ni el enorme coraje que tuvo y demostró durante la dictadura, como abogado defensor de presos políticos, entre quienes se contaban Liber Seregni y Raúl Sendic, lo habían salvado en los años anteriores de haber sido despreciado y aun denostado por buena parte de la población, que no le perdonó aquello que el por entonces diputado tupamaro José Mujica —que le tenía un sincero aprecio— llamara “trapecismo político”.

    Batalla, cuyo periplo vital respondía al ideal batllista, del cual jamás renegó, nació en la política dentro del Partido Colorado de la mano de Luis Batlle Berres. En 1950, mientras Uruguay se aprestaba para lograr la gloria en Maracaná, él era dirigente sindical en la huelga de Ferrosmalt que paralizó La Teja. Jorge Batlle, que lo conocía por haber ido al mismo liceo, el Bauzá, se sorprendió al verlo y lo llevó a reunirse con su padre, que era el presidente de la República, para acercar posiciones. Luego siguió a Zelmar Michelini en una naciente opción colorada primero y en el naciente Frente Amplio después. Más tarde, fundó el Nuevo Espacio, una opción progresista que siguió a una ruptura muy hostil con la coalición de izquierda. Finalmente, regresó al coloradismo con Julio María Sanguinetti, también formado bajo el ala de Batlle Berres.

    Pero la inminencia de la muerte tiende a apaciguar los rencores. Y la distancia del tiempo permite ponderar los legados.

    Hablando en la primera sede de la lista 99, todavía en el Partido Colorado; sentado delante suyo, Zelmar Michelini.

    Hablando en la primera sede de la lista 99, todavía en el Partido Colorado; sentado delante suyo, Zelmar Michelini.

    Un hombre “bueno”

    A días de cumplirse los 100 años de su nacimiento, Batalla fue homenajeado por el Partido Colorado el miércoles 8, una idea impulsada por el exlegislador Yamandú Fau, quizá el dirigente político más cercano a él. Además de iniciar y terminar en esa colectividad su trayectoria pública, el exdiputado, exsenador y exvicepresidente no solo era batllista, sino que representaba como pocos el sueño de esta corriente: era hijo de dos inmigrantes italianos analfabetos que llegaron a Uruguay de niños, aprendieron un oficio, se instalaron en un barrio proletario como La Teja y gracias a la educación pública vieron cómo su descendencia lograba el anhelado ascenso social, algo que no era un sueño inalcanzable en esa época.

    Al día siguiente, el jueves 9, la Asamblea General se reunió para rendirle homenaje a quien entró por primera vez en el Parlamento el 10 de mayo de 1960, como suplente de Luis Hierro Gambardella, y luego sería electo tres veces diputado (dos veces por el Partido Colorado, la primera en 1962, y una por el Frente Amplio) y dos veces senador (por el Frente Amplio y el Nuevo Espacio). Cuando murió era el presidente de la Asamblea General.

    Para las nuevas generaciones, incluso aquellas embebidas en política, la figura de Hugo Batalla es apenas conocida. Estas conmemoraciones sirvieron para sacar del ostracismo a quien fuera protagonista central de los últimos 40 años del siglo pasado en el país, a tal punto que su propia historia corrió paralela a la del país. Así se sucedieron en las evocaciones la primera experiencia colorada como oposición y el surgimiento de la histórica lista 99, tan ligada a él, casualmente luego de un discurso de Batalla en Jacinto Vera que provocó la ira de Batlle Berres; la “reforma naranja”, el tránsito hacia el Frente Amplio en búsqueda de una expresión batllista que ya no encontraba en la colectividad donde nació y los hechos que llevaron al golpe de Estado; el asesinato de Michelini en Argentina, en el marco del Plan Cóndor; la dictadura, en cuya resistencia él se encontró jugándose la ropa como muy pocos, y el regreso a la democracia, que lo halló convertido casi en un fenómeno popular; el debate entre “nueva izquierda” e “izquierda tradicional” de la década de 1980; los dolorosos mote de “blando” y “dubitativo” y el más doloroso de “traidor” desde un fuego que tuvo muy poco de amigo; la creación del Nuevo Espacio —apenas sobrevolado— y el retorno al lugar donde nació, visto hoy con mucha más comprensión e indulgencia que en su momento.

    Ni siquiera el fútbol le fue ajeno. Fanático de Liverpool, presidió la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) en un período particularmente amargo a principios de la década de 1990: el de la disputa entre el empresario Francisco Paco Casal y los “repatriados” con el técnico Luis Cubilla.

    Pero más allá de los elementos biográficos también estuvo “el Hugo”, como era conocido por todos; “el muchachito de La Teja”, que bromeaba con tener un “entierro corto” en el cementerio del que quiso que fuera su barrio de toda la vida, sueño que quedó trunco. Estuvo también “el hombre que tendía puentes” y —sobre todo y en reiteración real— el “hombre bueno”. Así fue evocado tanto en la sede colorada como en el Palacio Legislativo, tanto por quienes compartieron camino como por aquellos quienes por edad jamás pudieron intercambiar palabras.

    Y se sabe que en política la bondad no es necesariamente la cualidad más admirada. Ni que hablar, el ser blando y dubitativo.

    “Cuando te tiran ‘este es un hombre bueno’, es como si fueras un desgraciado. La sociedad que desprecia el valor bondad es una sociedad perdida”, le dijo Batalla a Sonia Scaffo en el libro Hugo Batalla, una vida al rescate de la persona, de 1991. “Muchos confunden blandura con tolerancia. (…) ¿Blando? ¡La puta! Acá hay que ver si todos pusieron lo que tiene que poner un hombre sobre la mesa en la dictadura. Ahora es facilísimo ser revolucionario. Y yo estuve en la primera línea de lucha”, le dijo al semanario Aquí en 1989.

    “Hugo era bueno porque estaba dispuesto a no dañar a otro ser humano con sus decisiones; no era que dudaba, no quería lastimar”, recordó Hebert Gatto en la noche del miércoles 8. “Él siempre me decía: ‘Los que dicen que soy un tipo bueno en realidad no me quieren’”, aportó Sanguinetti minutos después.

    En el homenaje parlamentario los discursos oscilaron entre lo emotivo, lo reivindicativo e incluso los mea culpa. Desde el Frente Amplio, el que Batalla ayudó a fundar en 1971 y desde donde se fue de la peor de las maneras en 1989, la senadora Liliam Kechichian recordó su formación batllista, su rol como defensor de presos políticos y su negativa a votar la ley de caducidad, pero también su triste mudanza de La Teja a un departamento alquilado en Punta Carretas, en 1995, ya vicepresidente, por el hostigamiento de militantes de izquierda radicalizados.

    Hugo Batalla en la inauguración de la sede de la lista 99 en 1986, cuando representaba aproximadamente el 40% de los votos frenteamplistas.

    Hugo Batalla en la inauguración de la sede de la lista 99 en 1986, cuando representaba aproximadamente el 40% de los votos frenteamplistas.

    “Soñaba con nacer y morir en el mismo lugar, pero un acto repudiable de intolerancia lo obligó a emigrar de su barrio; lo condenamos en su momento y lo seguimos condenando”.

    Poco antes, su colega nacionalista Graciela Bianchi —de pasado frenteamplista— había recordado “lo que sufrieron Hugo y familia” en ese tiempo.

    El diputado frenteamplista Gabriel Otero, también vecino de esa zona, matizó diciendo que “Hugo nunca se fue del barrio” y que “las situaciones que se dieron no fueron las de un barrio fustigando a un hijo de su barrio”. Su compañero de bancada Fernando Amado —que al igual que Batalla inició sus pasos en la política en el Partido Colorado para luego pasarse a la coalición de izquierda— señaló que “la justicia política a veces llega tarde”: “Tal vez confundimos una decisión política que no compartíamos con una traición moral que nunca existió”.

    Legado

    Al politólogo y docente Adolfo Garcé le rechina que aún perdure ese mote de “dubitativo” que se le endilgó a Batalla. “Él fue un hombre que tomó decisiones polémicas e importantes. Irse al Frente Amplio en 1971 era difícil, pero irse de ahí en 1989 era más difícil todavía. Lo mismo que aliarse con Sanguinetti en 1994”, dice a Búsqueda. Sí resalta su capacidad de “hombre de diálogo” y —nuevamente— “buena gente”, a la que le suma el concepto de “valiente”.

    Similares conceptos había vertido en el Parlamento el diputado Gerardo Sotelo, del Partido Independiente, lema que se considera heredero de esa “nueva izquierda” que representaba el homenajeado. También dedicaron elogiosas palabras legisladores colorados como Robert Silva, Tabaré Viera, Conrado Rodríguez y Elianne Castro, y el nacionalista Juan José Olaizola. Solo hubo silencio desde Identidad Soberana y Cabildo Abierto, cuyos dos diputados incluso faltaron sin aviso.

    El historiador José Rilla señala que, luego de pasado el tiempo, los legados de dirigentes como Batalla terminan “muy diseminados” en todo el espectro político. Esto va más allá de su “brillo como demócrata y defensor de presos políticos en la época de la dictadura”, y de su rol en el fomento de “la discusión del rumbo de la izquierda”, que a la salida de la dictadura basculó entre concepciones más ortodoxas entonces mucho más potentes que las actuales (como las de los partidos Comunista y Socialista) y otras más socialdemócratas. “Él construyó un legado hecho de liberalismo republicano, instransigencia democrática y solidaridad, que eran mandatos muy exigentes en la década de 1980 y 1990, adentro y afuera de la izquierda. Había que ser valiente para eso y lo fue: lo pagó caro y recibió desprecio. Lo que quedó tras su muerte fue más bien su bonhomía, su generosidad y llaneza, así como su espíritu de diálogo, que están dispersos en todo el sistema político”, dice Rilla a Búsqueda.

    En momentos en los cuales la política uruguaya parece dividida en dos bandos irreconciliables, es difícil para la academia encontrar a alguien con características similares a quien nació hace 100 años en La Teja. “Es difícil hoy encontrar esos rasgos lindos que caracterizaron a Hugo Batalla. El primer nombre que se me viene a la mente es el del presidente Yamandú Orsi, pero por eso de buen vecino, de barrio y diálogo”, aclara Garcé, escogiendo las palabras.

    Celebración en la casa en La Teja, con Liber Seregni, Alfredo Zitarrosa, Victor Licandro y el dúo Larbanois-Carrero.

    Celebración en la casa en La Teja, con Liber Seregni, Alfredo Zitarrosa, Victor Licandro y el dúo Larbanois-Carrero.

    Rilla insiste en que el legado de Batalla “no está en un lugar específico”. A su criterio, se pueden ver personalidades similares en el Frente Amplio, en el Partido Colorado (“sobre todo en el ala a la que volvió”) y “sin dudas” en el Partido Independiente. “Donde haya bonhomía y sinceridad en el trato hay un poco de batallismo”. Similar a Garcé, nota “algo de eso en el espíritu” del actual mandatario, pero lo matiza señalando que Orsi “tiene otros atributos que no son tan encomiables”.

    El mismo día en que la Asamblea General homenajeaba a un tendedor de puentes, la coalición republicana anunciaba que no iba a acompañar con sus votos la Rendición de Cuentas del gobierno “por su falta de rumbo” y por “no haber aprobado el examen” del año anterior. El Frente Amplio retrucaba que con esa postura se les quitaba “un plato de comida a los niños” y se daba un mensaje “contra la democracia”. Entre remadas vikingas, selfies, campaña audiovisual para las redes, dardos cruzados y golpes bajos, el sistema político volvía enseguida a julio de 2026.