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“Evadir es siempre una mala idea”: el plan de DGI que fija meta de bajar 20% los impagos de IVA e IRAE
El documento define 11 “objetivos estratégicos”, así como una veintena de “iniciativas estratégicas” asociadas, como implementar el Modelo de Gestión de Cumplimiento Tributario
Sede de la Dirección General Impositiva, en la avenida Daniel Fernández Crespo.
Después de un “ejercicio de introspección” y una consulta pública que le llevó más de un año, la Dirección General Impositiva (DGI) aprobó el jueves 2 su Plan Estratégico de Gestión hasta el 2029, que propone “un cambio en la cultura tributaria” en Uruguay.
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Lo quizás “disruptivo”, según escribe a modo de prólogo su director, Gustavo González Amilivia, es que el foco de la DGI estará puesto “en prevenir los incumplimientos” de pago, en “llegar oportunamente a los contribuyentes con la información necesaria y los dispositivos adecuados para que puedan cumplir a bajo costo, y en ayudar a tomar mejores decisiones”, bajo la “lógica de que evadir es siempre una mala idea, reservando la sanción del incumplimiento como último recurso”.
En el mensaje inicial, el director de Rentas reconoce el peso que carga sobre sus espaldas el organismo como principal caja del gobierno: “El desarrollo de las políticas públicas y los compromisos específicos establecidos en el Presupuesto Nacional 2025-2029 dependen en gran medida del desempeño recaudatorio de la DGI. La mejora esperada en este desempeño no es a cualquier costo ni de cualquier manera. Nuestra orientación apunta a mejorar el desempeño recaudatorio como consecuencia de mejoras sostenidas del cumplimiento tributario por parte de los contribuyentes. Esto requiere ir transitando hacia una nueva cultura de cumplimiento y acompañar este proceso con la disposición de múltiples mecanismos que ayuden a los contribuyentes a cumplir oportunamente”.
Cita encuestas de opinión y otros mecanismos de consulta de los que dispone la DGI que muestran, de forma persistente, que “una mayoría de la sociedad uruguaya considera que la evasión tributaria es una conducta incorrecta”, aunque, “sin embargo, todavía muchos contribuyentes” no cumplen con el pago de impuestos o lo hacen de forma parcial. Y “una minoría también va más allá y se arriesga incurriendo en acciones de defraudación, intentando deliberadamente engañar al Estado”.
El jerarca argumenta que incumplir con el pago de tributos “es claramente ineficiente” para la sociedad porque, dado un presupuesto público, “este debe sostenerse con tasas impositivas más altas que las que serían necesarias en un escenario de evasión cero”.
Con una metáfora, también plantea la ineficiencia que supone evadir vista desde una perspectiva individual, porque el “riesgo es enorme”; “cuando alguien evade se está comprando un ‘billete de lotería’ en el que tiene alta probabilidad de resultar ‘ganador’. En caso de serlo, son aplicables las sanciones previstas”. Añade que la DGI dispone de un amplio menú de “medidas coercitivas” que, en caso de aplicarse, a menudo pueden conducir a situaciones de “perder-perder”: “Pierde el contribuyente, porque debe afrontar obligaciones de pago que exceden a sus capacidades, y pierde la sociedad, que a través de la administración tributaria gasta recursos en perseguir estas situaciones para reparar un daño que habría sido evitable”.
Prevenir los incumplimientos, en definitiva, “resulta más eficiente”, alega el director de la DGI.
Nuevo “rumbo”, el diagnóstico y los objetivos
Con ese enfoque estratégico, con el nuevo plan se actualizan la “identidad” y el “propósito” de la Impositiva, para “reflejar este nuevo rumbo”. La misión redefine su rol como garante de la “aplicación efectiva, equitativa y transparente del sistema tributario, con el fin de obtener la recaudación necesaria para el cumplimiento de los fines del Estado y el desarrollo de políticas públicas”.
El diagnóstico estratégico identifica un “contexto nacional caracterizado por un crecimiento económico moderado y transformaciones en la matriz productiva, impulsadas por la economía digital y nuevas formas de trabajo que exigen herramientas de gestión más ágiles y adaptativas”. Al mismo tiempo, la DGI entiende que enfrenta “desafíos significativos: infraestructura tecnológica fragmentada, condiciones edilicias que requieren mejoras, limitaciones presupuestales para atraer y desarrollar talento especializado, así como riesgos emergentes vinculados a la ciberseguridad y a la creciente sofisticación de la economía digital”.
El ministro de Economía y el director general de Rentas, Gustavo González Amilivia.
MEF
Para responder a estas “tensiones”, el plan define 11 “objetivos estratégicos”, así como una veintena de “iniciativas estratégicas” asociadas, como implementar el Modelo de Gestión de Cumplimiento Tributario (MGCT); renovar el equipamiento de hardware y actualizar el software de base; a “adecuar funcionalmente la sede central” de la DGI. También prevé la elaboración de “propuestas de cambios normativos orientados a fortalecer la gestión del cumplimiento” tributario; desarrollar “campañas” para alentar el pago de impuestos y “apoyar la lucha contra el lavado de activos”.
Por otro lado, como “indicadores específicos” de la gestión, el documento estratégico incluye el propósito de bajar un 20% tanto la evasión del Impuesto al Valor Agregado (IVA) como del Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE), desde un valor base en 2024 de 20,7% y 48,9%, respectivamente.
Otro objetivo específico es llegar a un 85% de cumplimiento —con un punto de partida de 78,38%— en la presentación de declaración para los principales impuestos administrados por la DGI: IVA General e IVA Servicios Personales, IRAE e IRPF Categoría II (rentas del trabajo).
Nuevo “modelo de gestión”
El corazón del plan es la adopción del MGCT, lo cual, según el documento, supone una “transformación profunda para la DGI”, en la medida que “implica evolucionar hacia un enfoque preventivo, proactivo e integral, que reconoce que los contribuyentes presentan distintos niveles y tipos de riesgo de incumplimiento”. Bajo esta perspectiva, la administración tributaria debe orientar sus “esfuerzos hacia los segmentos de mayor impacto en el cumplimiento tributario”.
El plan describe el MGCT como un “proceso estructurado y dinámico que organiza la gestión de las cuatro obligaciones fundamentales del ciclo” de cumplimiento tributario: registrar, declarar, informar y pagar.
A diferencia del modelo tradicional, centrado en la “reacción ante el incumplimiento ya materializado”, este enfoque utiliza datos, analítica y gestión del conocimiento para anticipar riesgos, comprender sus causas y actuar antes de que se consoliden las brechas de cumplimiento” en los pagos.