Hace cuatro meses que Cecilia se fue de su Salto y no ve la hora de regresar. Esa ausencia tiene un motivo que pocos pueden aquilatar. Cecilia Rodríguez partió para volver a respirar. Volver a vivir.
Por primera vez, profesionales nacionales extrajeron, acondicionaron y trasladaron estos órganos para su implante en Buenos Aires; se espera que en 2027 se haga todo el proceso en el país
Hace cuatro meses que Cecilia se fue de su Salto y no ve la hora de regresar. Esa ausencia tiene un motivo que pocos pueden aquilatar. Cecilia Rodríguez partió para volver a respirar. Volver a vivir.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCecilia, de 34 años, no cae todavía en que es protagonista de un hecho histórico para la medicina uruguaya. Ella recibió un trasplante bipulmonar en la Fundación Favaloro de Buenos Aires, con dos órganos extraídos, preservados, acondicionados y preparados por primera vez de forma totalmente autónoma por profesionales uruguayos en Montevideo para luego ser transportados e implantados esa misma noche en la capital argentina, en un proceso que no puede insumir más de seis u ocho horas en total.
Para Uruguay, es el paso intermedio más firme para que todo ese procedimiento, una de las cirugías más complejas que existen por tratarse de un órgano muy lábil, muy difícil de transportar e implantar, al estar expuesto al exterior a través de las vías aéreas, pueda realizarse en el país.
Pero para Cecilia es tan simple como la posibilidad, tan desesperadamente deseada y tan impensable meses atrás, de volver a caminar y hacer ejercicio.
La hipertensión pulmonar idiopática es una enfermedad rara que ataca más a hombres y mujeres. Esta obliga al corazón a bombear más sangre para irrigar los pulmones y se expresa mediante disneas, fatiga, síncopes, dolores, palpitaciones y edemas. Progresiva e invalidante, a Cecilia se la diagnosticaron en 2019, cuando estudiaba cuarto año de magisterio. En 2020 entró en lista de espera para trasplante de pulmones. “No podía hacer cosas muy básicas. Si caminaba mucho, me fatigaba. Podía hacer muy poco ejercicio al principio y luego fue progresando. Ya me cansaba hasta para bañarme. Tenía que estar conectada al oxígeno permanentemente”, le cuenta a Búsqueda desde su habitación en la Asociación Española, adonde llegó el martes 23 de junio.
“Cecilia tenía una insuficiencia respiratoria muy invalidante”, dice a Búsqueda Gerardo Bruno, cirujano torácico y coordinador quirúrgico del programa de trasplante pulmonar que tiene como eje el IMAE (Instituto de Medicina Altamente Especializada) cardiológico de la Española. Este fue el lugar que el Fondo Nacional de Recursos (FNR) habilitó en noviembre de 2024 para convertirse en el centro de referencia nacional en este tipo de intervenciones, luego de un llamado a interesados iniciado en 2023. Bruno apela a la terminología médica para indicar que la situación de Cecilia era desesperante, con una expectativa de vida muy corta y una calidad de vida sumamente restrignida. Más aún en un país donde la mortalidad en lista de espera por este tipo de órganos duplicaba y hasta triplicaba la media mundial, según había dicho a este semanario en marzo de 2024 el neumólogo Pablo Curbelo, coordinador general del programa.
Esta mayor mortalidad —entre 10% y 15% a nivel mundial; entre 30% y 35% en Uruguay— se debe a que la actividad en la Favaloro, donde a través de un convenio binacional se les han practicado trasplantes de pulmón a 55 uruguayos desde 2003, mermó notoriamente como consecuencia de la crisis económica y sanitaria que atravesó Argentina desde la última pandemia. La decisión del FNR de 2024, luego de dos llamados fallidos en 2014 y 2016, tiene como norte que todo el proceso de los trasplantes pulmonares se realice en Uruguay, para lo que cirujanos, antestesistas e intensivistas están capacitándose en Barcelona y La Coruña, en España, y en Miami, Estados Unidos.
Mientras todos estos procesos pasaban, Cecilia esperaba. “Yo vivía tranquila el proceso, mis síntomas venían de a poco. Igual, vos vivís pendiente del teléfono”, dice sobre lo que fueron estos años. Hubo tres intentos fallidos previos, por “temas del donante” o por temas climáticos que impedían la locomoción aérea entre Salto y la Favaloro. La llamada sobre una nueva posibilidad la encontró comiendo con su familia —sus padres y su hermano— en el Parque del Lago salteño. El verano transitaba sus últimos días. “Fue todo muy loco. Tuvimos que salir corriendo hasta casa, aprontar todas las cosas y esperar que me vengan a buscar en avión”. Acompañada por su madre, Cecilia fue a Montevideo y de ahí a Buenos Aires con los órganos y un médico del programa.
El donante era uruguayo, fallecido con diagnóstico de muerte cerebral en un prestador privado de Montevideo distinto a la Española, que sí aportó los profesionales para la ablación bipulmonar. La fecha y el nombre del prestador no se indican para no identificar al donante.
Patricia, madre de Cecilia, cuenta que llegaron a Buenos Aires a las tres de la madrugada. A las 4.30 entraron al quirofano ella, los pulmones ablacionados y el cirujano uruguayo que las acompañó para asistir en la operación. “Con fe, Cecilia, entrá con fe”, le dijo su madre, antes que las puertas del block quirúrgico las separaran. “Estaba nerviosa y con miedo”, cuenta la mujer, que sigue desde entonces al pie del cañón. A Cecilia los nervios recién se le fueron con la antestesia. La cirugía terminó más de 12 horas después. La joven recién despertó de la sedación dos días más tarde.
Los primeros 40 días estuvieron muy lejos de ser un paseo por el parque. Cecilia, que no pudo contener su emoción las primeras veces que pudo abrir los ojos, era sedada y despertada intermitentemente. No faltaron las complicaciones que requirieron intubaciones y extubaciones. “Recién pude tener una conversaciones buena con ella el 12 de abril”, cuenta Patricia. “Era para que estuviera más tranquila”. Cecilia, que todavía se fatiga, ahorra las palabras: “Hubo momentos difíciles, era como que no caía... de la felicidad”.
Desde hace más de una semana que Cecilia está haciendo el posoperatorio —podría llamársele— “lejano” en Montevideo. Está internada en el sector intermedio. Su rehabilitación en Uruguay incluye caminar, bicicleta fíja y reacondicionamiento muscular. Son pasos lentos pero seguros. No puede ser de otra manera: uno de los profesionales del programa, que siguió su caso muy de cerca, grafica que lo vivido —por la complejidad del caso y las complicaciones posoperatorias— fue “como si le hubiera pasado un tren por encima”. Curbelo dice que, si su proceso de recuperación sigue como hasta ahora, ella podrá recibir el alta en breve y volver a Salto: “Esperamos que sea la semana próxima”.
Ese optimismo es compartido por el resto de los responsables del programa. “El cambio para ella es tan grande como pasar de la invalidez prácticamente a tener una vida normal”, dice Bruno. Esto incluirá el monitoreo constante y el tratamiento con inmunosupresores requerido siempre en caso de trasplantes. Las mismas estadísticas que indican que en Uruguay la mortalidad en lista de espera es muy superior a la media global también muestran que la práctica totalidad de las personas trasplantadas “pudo reintegrarse a sus actividades sociales, educativas o laborales”, añade. Entusiasmado con lo ocurrido, este cirujano no equipara lo logrado a un trasplante completo, pero no lo minimiza por seguir haciéndose el implante bipulmonar en Argentina: “La procuración de estos órganos es una instancia crítica, urgente y técnicamente exigente. Que un equipo nacional pueda completarla sin apoyo presencial extranjero significa que Uruguay ya completa una parte sustancial de la cadena”.
Leandro Cura, el otro coordinador quirúrgico, califica lo ocurrido como “un hito muy importante para el desarrollo del programa nacional de trasplante pulmonar en Uruguay”. La evaluación del procedimiento en la Favaloro, donde en años prepandémicos se realizaban entre 15 y 20 de estas operaciones al año, fue muy positiva. “Estamos muy contentos, pero no tenemos tiempo para festejar porque estamos quemando etapas lo más eficazmente posible”, añade. Uno de los problemas que detecta es la falta de donantes, aunque subraya que son “optimistas” por los últimos datos que disponen al respecto.
Curbelo dice que “la idea” de los responsables del programa es poder realizar todo el proceso —el preoperatorio, el trasplante propiamente dicho y el posoperatorio— en Uruguay “el año próximo”.
Actualmente, hay casi 20 uruguayos en lista de espera por un pulmón. Cecilia fue pionera en ser trasplantada con éxito con una etapa previa realizada autónomamente por profesionales uruguayos, pero no está sola: hay otros dos recuperándose en la Favaloro: un hombre y una mujer. El coordinador general del programa espera que esta última evolucione lo suficientemente bien como para que vuelva al país la semana que viene para continuar la rehabilitación.
En su habitación en un sanatorio de Montevideo, aún fatigándose, pero caminando, recuperándose y saturando oxígeno por sí sola por encima de 95%, como hacía años no podía, Cecilia está esperando volver a pisar Salto. Todavía no es claro lo primero que hará, dentro de un amplio abanico de posibilidades que casi había olvidado. “Todavía no lo tengo pensado, tengo todo para hacer, es como un combo... Con sentirme bien alcanza”.