Son las 10:45 del domingo 13 y, en una de las esquinas de la Plaza Sarmiento, donde muere una larga feria vecinal, varios dirigentes de la coordinadora L organizan una de las tantas barriadas que el Frente Amplio (FA) desplegará por todo el país. En este caso, implicará trillar por Avenida Italia y recorrer las inmediaciones del arroyo Malvín, en Malvín Norte. A Sandra y Mariana, ambas del comité de base Marcha Venceremos, les toca recorrer la calle Quirquincho. Ambas se conocen desde hace 30 años cuando trabajaron juntas y ahora la militancia las volvió a encontrar.
Los números que maneja el comando de campaña de la fuerza política indican que el domingo 27 conseguiría entre 44% y 47% de los votos, según dijo a Búsqueda una fuente que asistió al Secretariado Ejecutivo del Frente Amplio del miércoles 9, junto con todos los que encabezan listas al Senado. “Lo que tenemos que tener claro es que venimos bien, pero que no nos podemos confiar, porque el partido no está ganado”, sintetizó, a partir de lo discutido en ese ámbito. Allí se dijo que la elección “se define en estas últimas dos semanas” y principalmente con el voto de los indecisos.
Con ese objetivo es que se lanzó el domingo 13 de octubre una gran recorrida por diferentes barrios de Montevideo y el interior del país: convencer a los indecisos, bajo la hipótesis de que el contacto cara a cara es más potente que la publicidad en televisión, afiches o redes sociales. La idea es intentar repetir lo hecho en noviembre de 2019, cuando luego de una votación del 39% en la primera vuelta, el Frente Amplio con la fórmula de Daniel Martínez y Graciela Villar remontó más de 200.000 votos en noviembre y quedó a tan solo 37.000 de ganar la elección.
El plan “voto a voto” implicó 20 circuitos de recorridas en Montevideo y otros 65 puntos en el interior, diseñados a partir de un detallado protocolo que fue parte de un documento presentado en la Mesa Política el pasado jueves 3. La gran mayoría de las zonas que el Frente Amplio se propuso recorrer estaban en la periferia de Montevideo: Maracaná, Piedras Blancas, Tres Ombúes, Carrasco Norte, La Paloma, Marconi, Ituzaingó y Malvín Norte fueron algunos de los barrios priorizados.
Los votantes indecisos “no se caracterizan por una definición ideológica y priman variables socioeconómicas más que la ubicación en el centro político”, sostuvo una fuente que participó en el Secretariado, con base en un informe realizado por el jefe de campaña, el senador Alejandro Sánchez.
Una recorrida puerta a puerta
Es a partir del protocolo de la fuerza política que Sandra y Mariana llevan a su recorrido una bolsa con folletos que contienen una síntesis del documento Prioridades para gobernar Uruguay, presentado por la fórmula presidencial en Colonia, además de banderas del Frente Amplio para colgar en autos y ventanas e invitaciones a un acto que se realizará esa misma tarde en el Molino de Pérez.
Además, tienen una planilla donde les solicitan, a quienes manifiestan cierta afinidad con el Frente Amplio, datos personales y de contacto. “Esto es más de la organización, para llevar un registro”, explica una de ellas. El pedido de los datos queda siempre para el final de las conversaciones que logra entablar la dupla y claramente es la parte más incómoda de la tarea.
Las recorridas se hicieron en parejas, aunque el documento del FA también habilitaba la posibilidad de realizarlas en grupos de a 10 en “zonas que lo ameriten”. Desde la feria de la Plaza Sarmiento se podía ver cómo los militantes, de a pares y siempre identificados con banderas frenteamplistas, iban cruzando Avenida Italia para luego salir a dispersarse por diferentes zonas de Malvín Norte.
En la primera casa que se presenta la dupla no tiene respuesta, pero en las tres siguientes tendrá otra suerte. Los vecinos no ocultan su simpatía por el Frente y aceptan todos los folletos y banderas que las militantes les ofrecen. Uno de los vecinos les cuenta que su señora está en un comité. Otra directamente abre la puerta con una bandera en su mano. Les cuenta que antes iba a uno de los comités de la zona, pero su generación, la del 71, ya se está “retirando”. Agrega que ahora “los más jóvenes” deben hacerse cargo.
“Esto no es ningún invento. Lo hemos hecho muchas veces y se hace en todo el mundo. Lo hace (Jean Luc) Mélenchon en Francia”, dice Mariana, mientras Sandra cruza al frente, a otra de las casas de la cuadra.
El objetivo del FA es llegar a un millón de uruguayos, a través de la movilización de 10.000 frenteamplistas, utilizando principalmente la red de Comités de Base, fortalecida durante los últimos años. También se menciona en el documento con los lineamientos de la estrategia “puerta a puerta” que la movilización buscaría “convencer a la ciudadanía de votar al Frente Amplio a partir de los contactos cara a cara”, “mostrar ante la opinión pública la enorme capacidad de movilización” en todo el territorio nacional, “embanderar el país” mostrando “la adhesión al Frente Amplio a través de la identificación de casas con balconeras y banderas” y “contagiar la alegría frenteamplista”.
El recorrido, empero, no será tan sencillo para estas dos militantes. En muchas casas, más de la mitad de las que recorren, no responde nadie. Además, la mayoría no tienen timbre y unas cuantas tienen perros en la entrada que estorban el contacto. En una de ellas hay cuatro, dos encadenados y dos sueltos, que se ponen bastante agresivos con la llegada de las visitantes. A pesar de eso, Sandra se acerca a la puerta y aplaude. Se queda unos minutos allí, pero la única respuesta es un ensordecedor ladrido.
También hay respuestas negativas. Una señora desde el living de su casa hace gestos notorios de que no le interesa intercambiar con ellas, y otro individuo que pasa por la calle les dice que él directamente no va a votar, porque todos los candidatos tienen “rodeos” y él prefiere no respaldar a ninguno y directamente pagar la multa. “Además, tengo que recorrerme todo Montevideo para votar”, dice, explicando que su circuito está por la zona del Cerro.
El momento de mayor tensión se vive cuando un vecino les grita desde dentro de su casa que se vayan porque no quiere “saber nada de política”. Pese a que ambas ya se aprestaban a seguir con su recorrido, el vecino continúa gritando y les recrimina que están “apabullando a la gente”. “Un domingo de mañana. ¡Por favor! ¡No dejan descansar!”.
El lunes 14, un día después de la movilización, el secretario nacional de Organización del Frente Amplio, Manuel Ferrer, evaluó que la movilización se ejecutó de forma “excelente”. “El conjunto de historias que se producen en estas actividades, los convencimientos, entusiasmos y emociones genera lo que estamos buscando”, dijo a Búsqueda.
En la esquina de Quirquincho y Valencia, una señora mayor, de una casa muy humilde, está sentada en la puerta junto a un perro que, a diferencia de los anteriores, permanece totalmente indiferente a las visitas. La vecina dice que no puede caminar por un problema en una pierna, pero autoriza a la pareja a acercarse. “¿Ya decidió su voto?”, le pregunta Sandra. Ella responde que no lo va a decir, pero, señalando la bandera del Frente Amplio, les responde que “sale de ahí”. Sandra le consulta si precisa algún medio de transporte el día de la votación, pero ella dice que sus hijos se harán cargo y que, como si fuera poco, tiene 25 nietos y varios bisnietos. Las militantes la despiden con un beso y le desean suerte en su recuperación.
Ferrer también consideró que se podría haber realizado un “banderazo” u otro tipo de concentración, pero la idea fue “concentrar en esos lugares donde el análisis electoral lo ameritaba o donde no se había trillado”. Según dijo, “son lugares con muy buena votación, pero también que tienen acceso más dificultoso y faltaba presencia frenteamplista, aunque sin descartar la centralidad de aquellos lugares donde era necesario redoblar el esfuerzo”.
Como ocurre con los perros sueltos en las puertas de las casas o con la ausencia de timbres, los militantes que recorren las calles se encuentran con muchas situaciones grises que a veces pueden prever y otras veces requieren habilidad para manejarlas con cintura y espontaneidad. “Cuando hay edificios es todo un tema. A veces, si alguien nos abre, entramos, pero si no, no podemos hacer nada”, dice Mariana. Durante el recorrido, ella y Sandra hicieron una breve pausa al toparse con un almacén. Allí analizaron la situación y decidieron no entrar, pero sí le ofrecieron folletos a una señora. “A los comercios entramos cuando está una persona y si no hay clientes; hay que respetar el trabajo”, dice Mariana. Tampoco tocan timbre a las viviendas que tienen identificativos de otros partidos.
La recorrida de ambas tendrá varias situaciones grises. Vecinos que autorizan a dejar material, pero desde el buzón, evitando el encuentro cara a cara. También hay otros que aceptan recibir algunos folletos, pero no las banderas y no faltan quienes, pese a estar visiblemente en la casa, no atienden el timbre. Sobre el final del recorrido, Sandra y Mariana ven que, en una de las primeras casas, uno de los vecinos pegó la balconera que le habían regalado. Ambas lo celebran y le sacan fotos a la fachada. Parece que el objetivo está cumplido.