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    ¿Importa llegar a la verdad?

    N° 1915 - 27 de Abril al 03 de Mayo de 2017

    El libro “Eleuterio Fernández Huidobro. Sin remordimientos…”, una semblanza del fallecido ex ministro de Defensa Nacional presentado la semana pasada por María Urruzola, ha replanteado un debate sobre un aspecto de la historia reciente que hasta ahora, el país y particularmente la “izquierda”, han decidido por razones obvias no abordar.

    Los medios centraron su atención en el capítulo que refiere a supuestas actividades delictivas promovidas por la cúpula de los tupamaros que, tras el restablecimiento democrático, fueron concebidas para financiar actividades de la organización y que tuvieron como protagonistas a integrantes del grupo.

    Aunque años atrás la especie ya había sido difundida (“Donde hubo fuego”, Adolfo Garcé, 2006; Zabalza en “Cero a la izquierda”, 2007), y pese a la importancia de los hechos referidos, nunca antes fueron investigados a fondo ni hubo un debate esclarecedor.

    Quizás porque durante años el país aceptó resignadamente que, mediante un relato falso, quienes apelaron a la lucha armada para tomar el poder, lograran convertir su condición de agresores del régimen democrático en sus víctimas. En parte, quizás, porque al enfatizar en la severidad de los años vividos en prisión lograron desacreditar testimonios obtenidos mediante la tortura.

    O porque para entonces, bendecidos por el voto popular, los involucrados (Mujica y Fernández Huidobro) habían ingresado al Parlamento o ejercían importantes funciones de gobierno.

    Pero también porque quienes conocían los hechos no estaban dispuestos a hablar por temor a sufrir represalias. Y porque la enorme expectativa generada por la llegada de la izquierda al poder, a upa de las consecuencias de la crisis del 2002, creó un clima poco propicio para investigar hechos delictivos cuya trama conducía a la dirigencia del MLN, una de las fuerzas electoralmente más fuertes de la coalición gobernante.

    Urruzola cita testimonios de fuentes que hablan desde el anonimato. Pero esta semana Jorge Zabalza volvió a dar la cara (Rompkbzas, radio Espectador, 24/4/2017), y confirma que las operaciones de finanzas del MLN existieron (“el libro es fiel a la realidad”, declaró) y responsabilizó de ello al fallecido Fernández Huidobro, al ex presidente Mujica y al ministro del Interior Eduardo Bonomi.

    Como parte de la presentación del libro, Urruzola ha sido entrevistada por varios medios y el fiscal de Corte remitió el texto a la fiscalía penal para su estudio.

    Las redes sociales se inundaron de comentarios de todo tipo y Mujica negó la versión (“todos inventos”), que asoció a la “suciedad” de las campañas electorales para descalificar una imposible candidatura presidencial suya porque “la biología no me da”.

    En declaraciones a Búsqueda, Mujica también desacreditó a la autora: “hay gente que cambia de cuadro y se ve que ahora se mueve por intereses económicos”.

    Urruzola es conocida por sus ideas de izquierda (durante la dictadura su padre, periodista de “El Popular”, estuvo preso por integrar el Partido Comunista). Durante la gestión de Ana Olivera (2010-2015) ejerció la Dirección de Comunicación de la IMM, cargo al que renunció tras mantener una relación conflictiva con el personal a su cargo.

    Es notorio que cuando se publican versiones sobre hechos como los referidos, los involucrados rechazan la especie o se llaman a silencio a la espera de que pase el temporal y se calme el revuelo inicial.

    Pero suele también descalificarse al denunciante recordando antecedentes personales negativos o atribuyéndole intenciones políticas nefastas.

    Mujica no solo negó lo denunciado en el libro de Urruzola (“son todos inventos”, dijo), sino que sostuvo que el objetivo político del libro es “ensuciar” la próxima campaña electoral para impedir su eventual postulación presidencial. Y, como dados los antecedentes de Urruzola, no puede vincularla a “la derecha”, desmerece su trabajo porque “hay gente que cambia de cuadro y se ve que ahora se mueve por intereses económicos”. Desde el MPP también surgieron comentarios irónicos con fines descalificatorios.

    En las redes sociales los militantes de izquierda consideraron a la autora de inconsciente y creen que, en su afán de protagonismo, le hace el juego a “la derecha”.

    Sin siquiera negar los hechos consignados en el libro, se le cuestiona por publicar documentación filtrada por fuentes militares. ¿Debería concluirse que solo cabe publicar documentación filtrada por “la izquierda” pero no por sus oponentes?

    No pareció importar si efectivamente Urruzola obtuvo los testimonios que publica el libro (una década después del texto de Garcé y del de Federico Leitch sobre Zabalza). En todo caso, eso parece ser lo de menos.

    En el intento de “explicar” el propósito del libro, otros, más sutiles, ven una manifestación de la antigua  disputa tupas vs. bolches.

    En la izquierda, a pocos les preocupa llegar al fondo del asunto. Saber si, como sostuvo Zabalza en “Rompkbzas” el lunes 24, lo que busca el libro es “conecta(r) todos los ‘Ñatos’ entre sí” para concluir que fue “un gran mentiroso”.

    La descalificación a Zabalza es más fácil. Alcanza con decir que está loco, que habla por despecho. Que está resentido porque sus ex compañeros del MLN desistieron del proyecto revolucionario de los 60 y que el éxito político que han tenido le consume el cerebro. 

    Pero nadie puede alegar que Zabalza no integraba la cúpula del MLN cuando “la asonada del Filtro” (24/8/1994) y que desde las ondas de CX 44 Radio Panamericana, controlada por los tupamaros, se incitaba a impedir la extradición a España de tres etarras dispuesta por la Justicia. Episodio en el que grupos radicalizados protagonizaron acciones violentas, reprimidas por la Policía, con el saldo de un manifestante muerto. “Era la oportunidad de poner a prueba la fuerza militante que desde hace años venían acumulando, de bautizarla con fuego en una instancia confrontativa”, sostuvo entonces Zabalza, quien reveló que en apoyo de la protesta “había un ómnibus repleto de cócteles molotov y 5 mil miguelitos”, además de “una banda de jóvenes radicales deseosos de entrar en acción”.

    Exaltado o no, verborrágico o no, Zabalza algo sabe de las actividades de aquellos años del MLN, cuya dirección integraba.

    El lunes 24 en “Rompkbzas”, insistió en que hasta 1998 los tupamaros ejecutaron asaltos y robaron bancos en plena democracia —ya lo habían hecho antes de su derrota militar en 1972— para financiar sus actividades. Eso es lo que debería aclararse para llegar a la verdad y poner las cosas en su lugar.

    Después de haber impuesto un relato que debió acomodar la historia a sus intereses y necesidades políticas, para poder construir el mito que le llevó al poder, el MLN y la izquierda no tienen ningún interés en esclarecer nada.

    Cabe entonces preguntarse si a alguien le importa hoy restablecer la verdad histórica. O si seguiremos viviendo en medio del murmullo político.