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Nacieron en el siglo XXI, sus primeros recuerdos son del gobierno de José Mujica y hoy en día son reacios a la política porque no creen ni en los dirigentes ni en los partidos políticos, unas estructuras “anquilosadas, burocráticas y llenas de turbiedades”.
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Estos jóvenes descreen de la dicotomía “izquierda-derecha”, les molesta la discriminación en general, se muestran a favor del feminismo, pero a la vez adoptan el discurso “ultraliberal de la meritocracia”.
Esas son algunas de las evaluaciones que realizó Ignacio de Boni, sociólogo y docente de Ciencias Humanas y Sociología en el Instituto Superior de Educación Física de la Universidad de la República, que figuran en el trabajo: ¿Qué les queda a los jóvenes? Ni de izquierda ni de derecha: un aire de desencanto con la política. Esta investigación fue publicada a fines del año pasado por la Fundación Friedrich Ebert (FES).
El trabajo se basó en analizar lo que se dijo en varios grupos de discusión en los que los jóvenes expusieron sus posturas sobre el interés y la participación política. Las entrevistas con estos jóvenes que rondan los 15 años, confirmó, según el autor, la idea de que las personas de esa edad no tienen mayor interés en la política.
Este trabajo coincide con una anterior investigación realizada por Pablo Mieres e Ignacio Zuasnábar en 2012. En esa investigación, solo 19% de los jóvenes mostraron simpatías fuertes por los partidos políticos, mientras que 43% dijo no tener ninguna simpatía. Además, 17% de los jóvenes dijo tener confianza en los partidos. También coincide con la percepción captada por el director de Opción Consultores, Rafael Porzecanski, durante su trabajo de campo. “No es que no les preocupen las cosas. Me ha pasado en los grupos focales de ver jóvenes preocupados que te cuentan su situación con mucha intensidad, sean problemas económicos o de seguridad. Pero cuando empezás a hablar de temas políticos y de ideas políticas, como que la discusión queda en blanco. Es como que la política no es una herramienta conectada a esas preocupaciones”.
Nacieron en el siglo XXI, sus primeros recuerdos son del gobierno de José Mujica y hoy en día son reacios a la política porque no creen ni en los dirigentes ni en los partidos políticos, unas estructuras “anquilosadas, burocráticas y llenas de turbiedades”.
De Boni afirmó que el “aparente desencanto con la política, en particular el de adolescentes y jóvenes, es un problema para la democracia tal cual la conocemos y la esperamos. Pero es, en especial, un llamado de atención para la izquierda. Porque la movilización juvenil ha sido siempre su sustrato fermental, por lo que esta ajenidad con la política la afecta más intensamente”.
Recordó que varios estudios académicos coinciden en que al Frente Amplio se le hace cada vez “más difícil” captar nuevos votantes entre los jóvenes, y tener la “capacidad de seducción, de enamoramiento que le rindió mucho en elecciones pasadas y que sin dudas fue una de las claves de su llegada al gobierno”.
Una de las razones para el desinterés en la política es la edad, ya que este grupo de jóvenes ve que la política todavía no lo afecta.
Pero De Boni escribió que hay otros motivos que explican el desinterés. Entre esos factores figuran la mala impresión que tienen de los políticos y los partidos políticos. “Comparten la sensación general de que los partidos son estructuras anquilosadas, burocráticas y llenas de turbiedades, y reconocen que a muchos políticos les importan más el poder o los cargos que la gente, lo que da pie a aquello de que ‘en el fondo los políticos son todos iguales’”, afirmó el sociólogo.
Del estudio surge que estos jóvenes no saben qué es la derecha y qué es la izquierda, cuando se les pide definir ideológicamente estos términos. Por eso, “descreen” de esa dicotomía.
Si se les pregunta qué cosas los indignan, surge de inmediato la homofobia. “Pero el sentimiento es más general: les molesta la discriminación en todas sus formas. No la comprenden”, dijo De Boni.
“El activismo sostenido que en los últimos años han llevado a cabo varias organizaciones del movimiento social (mayormente integradas por jóvenes) reunidas en torno a la agenda de derechos no solo conquistó nuevos derechos en el Parlamento. El cambio en las mentalidades y sensibilidades es un proceso mucho más profundo y más lento que la aprobación de una ley”, afirmó el experto.
Estos jóvenes descreen de la dicotomía “izquierda-derecha”, les molesta la discriminación en general, se muestran a favor del feminismo, pero a la vez adoptan el discurso “ultraliberal de la meritocracia”.
Pero, al tiempo que muestran sensibilidad por estos temas, cuando deben analizar las causas de la pobreza, apelan a explicaciones “individuales o contextuales”. Es decir, adjudican la pobreza a la falta de voluntad, malas decisiones y no a una “forma de producción y organización estructural, basada en una apropiación desigual de la riqueza que da lugar a las clases sociales, jerarquías, antagonismos y relaciones de dominación”.
Una de las explicaciones que da De Boni para esta visión de las cosas es la “hegemonía” del “discurso ultraliberal de la meritocracia, según el cual las desigualdades son legítimas en tanto son consecuencia de esfuerzos individuales diferentes que merecen obtener recompensas diferentes”. Por otro lado, “quien tiene hábitos, identidades o gustos sexuales distintos de los míos no me interpela, no me molesta; es cuestión de no discriminarlo y aceptarlo como uno más, respetando sus diferencias”, señala De Boni de acuerdo a lo conversado con los jóvenes.
De los discursos, agregó, surge que han incorporado muchos de los cuestionamientos feministas a las desigualdades de género. “Aunque el feminismo quizá no se haga presente explícitamente en sus discursos, sí se nota su influencia en las inquietudes, las discusiones y las posturas de muchos jóvenes”.
Fanatismo
Los primeros recuerdos sobre política que tienen los jóvenes que participaron de la investigación están vinculados al gobierno de José Mujica. La mayoría de esos jóvenes señalaron que sus familias son frenteamplistas. Y en ese sentido, observan una contradicción entre las críticas al gobierno que escuchan de sus padres, por la seguridad, el costo de vida y la educación, y el voto reiterado al Frente Amplio. Por eso, les cuesta “comprender ese ‘fanatismo’, esa identificación emocional”. La explicación que escuchan de sus mayores ante esta situación es que en general se vive mejor que antes de que el Frente Amplio llegara al gobierno.
Si bien hay una conformidad general con el Frente Amplio, también hay críticas. “Unas pocas, provenientes de jóvenes menos politizados, apuntan a problemas de gestión, ciertas desprolijidades en el manejo de los fondos públicos y las dificultades para solucionar el problema de la inseguridad. Por su parte, los jóvenes más politizados critican al Frente Amplio por izquierda”, dijo De Boni. Es que si bien reconocen los avances, cuestionan el “perfil moderado” y el “corrimiento al centro”.