Cambiemos la sintonía. Al igual que alrededor de cincuenta mil uruguayos, presencié el domingo 15 el recital de Paul McCartney.
Cambiemos la sintonía. Al igual que alrededor de cincuenta mil uruguayos, presencié el domingo 15 el recital de Paul McCartney.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáQue la experiencia fue de una alta calidad artística y humana, que nos dejó un estado de fascinación y alegría en el alma, y que ha sido un privilegio lo que se nos ofreció, ya ha sido ampliamente comentado y difundido. No tengo más que sumarme a ello, como también a la alegría de haber regresado al Estadio Centenario como solíamos hacerlo en décadas pasadas, con educación y respeto, ejerciendo el derecho a asistir a un espacio público con nuestras familias y amigos, y permitiéndonos emocionarnos e involucrarnos en la magia del espectáculo sin sentir que seríamos víctimas de la violencia por ello.
Esto me lleva a reflexionar sobre el estado festivo que se respiraba en el aire estos días en los que la delincuencia y la gente que nos acosa en las calles, la droga con sus malditas y expansivas consecuencias, y los devenires políticos, dejaron de ser el centro de nuestras conversaciones. Volvimos a ser quienes fuimos hace mucho tiempo, porque el buen gusto por las cosas y las formas, el valor de la excelencia y la conciencia del derecho a la libertad de ejercerlos y disfrutarlos, provocan más ilusión y alegría que cualquier agente externo.
Quitémosle protagonismo a esa crónica cotidiana lamentable, la que cuando nuestro país era culto y aspiraba a más desde cualquier esfera social, ocupaba sólo una página olvidable en las noticias y en nuestras vidas; se puede volver a eso, de hecho lo acabamos de hacer.
Disponemos, nada menos, que de la libertad de elegir en qué sintonía queremos vivir más allá de nuestras penas y lejos de los personajes y circunstancias que no nos reflejan.
No esperemos a otro Paul McCartney para volver a experimentar esa rara felicidad que da la certeza de que se puede vivir de otra manera y todo puede suceder, y a él, gracias por venir, porque esa noche sacó lo mejor de nosotros.
María del Carmen Puig
CI 1.310.169-3