El presidente de la República se enoja con los medios desde que era muy joven.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe acuerdo cuando, en su primera presidencia, por un tema que no recuerdo, pero que no viene al caso, se despachó contra El País, Búsqueda y Radio Sarandí, calificando a estos medios como opositores, o algo parecido. No importa el calificativo, pero era duro. No le gusta que digan lo que él no quiere ver, oír o leer.
Y bueno, es así, y ta —como dicen mis nietos.
El martes de esta semana se la volvió a agarrar con los medios al participar de la ceremonia de colocación de la piedra fundamental de la planta de Nestlé, pero esta vez como abogado del único potencial cliente que no logra conseguir un defensor por ningún lado, y eso que lo busca y lo necesita: su vice, Raulito.
¡Pero presidente! ¡Usted es doctor en Medicina, no en Derecho!
Dice el primer mandatario que el segundo mandatario es objeto de bullying. Manifestó textualmente don Tabaré: “Si tuviera que ponerle un título, le pondría El bullying más fantástico que he visto en mi vida”. Cuando lo escuché, me corrió un frío por la espalda al oírlo mencionar un título.
¡Pero Tabaré! ¡Si tuviera que ponerle un título, póngale el de licenciado, que el original todavía no apareció!
En esas mismas declaraciones, el presidente dijo que no sabe a qué se debe la situación que atraviesa Sendic, agregando: “Lo que sé es lo que hay, y lo que hay, y lo vemos todos los días, es que le pega uno, le pega el otro, lo levantan en el aire, le vuelven a pegar en el aire, y cuando cae, le pegan en el piso”. Debe ser el único uruguayo que no sabe a qué se debe la situación que atraviesa Raulito, o más bien sabe, pero no quiere decirlo, andá a saber por qué.
¿Y qué quiere que hagamos? ¿Qué lo felicitemos por la sumatoria infinita de macanas, errores, torpezas e irregularidades que aparecen día tras día sin solución de continuidad?
No podemos parar. Entre otras cosas, porque cada día descubrimos una nueva. A la pésima gestión en Ancap, incluyendo lo que ahora sabemos, de su boca, que fue “caro” el “brindis” de 360.000 dólares en la inauguración de la planta desulfurizadora, los escándalos de Alur (en reiteración real y concurrencia fuera de la reiteración con su hombre de confianza don Leonardo de León), y las compras con la tarjeta corporativa, uno no sabe si hoy o mañana no va a surgir que, cuando estuvo siete días en Zambia para una reunión que duraba tres, no se pasó los otros cuatro reuniéndose con unos traficantes de marfil o de diamantes. Estos podrían actuar tan generosamente como el comerciante paraguayo que le donó 70.000 dólares (aunque él solo declaró 30.000) a través de una sociedad anónima trucha en Uruguay, con dirección inexistente, para apoyarlo en su ineludible candidatura a legislador en las próximas elecciones (para conservar los imprescindibles fueros, naturalmente).
O si no, nos enteraremos de que aquellas declaraciones del Pichulo sobre la estancia a medias con el Pepe eran falsas, pero solo porque el campo no estaba en Cerro Largo, sino en Tacuarembó.
Capaz que saltan otras compras con la tarjeta corporativa, determinadas por la urgencia y la aparición de imprevistos relacionados con su función, tal cual reza el protocolo que él mismo promovió en Ancap, y nos encontramos con la adquisición de un Rolex en un free shop, porque el austero Citizen que llevaba hasta entonces se había quedado sin pila, y, como es obvio, hay que saber la hora del día que uno está viviendo, para no arriesgarnos a llegar tarde a los múltiples compromisos que tenemos en los viajes oficiales, y/o una lapicera Mont Blanc, porque a la Bic que llevaba se le acabó la tinta. O un pasaje Moscú–Barcelona–Moscú (en primera clase, porque no quedaban lugares libres en economy), porque Luis Suárez lo invitó a ver el clásico Barça–Real Madrid en el Camp Nou, mientras él estaba en Rusia en misión oficial, comprando petróleo para Ancap, y a Luisito no le iba a despreciar la invitación.
Tabaré Vázquez, en las declaraciones que comento, pidió “no entrar en el camino de la autofagia política”, porque “es muy malo para cualquier sistema democrático”.
Presidente, avísele al vice que el que está practicando intensamente la autofagia es Raulito, y consigo mismo, además.
En vez de quedarse en el molde, y esperar que se expidan la Justicia y los tribunales de ética, ha salido como Sleepy Hollow, el jinete sin cabeza, a recorrer los medios de la patria contando su versión de los hechos, intentando justificar lo injustificable, y enterrándose más y más con su negro corcel en los pantanos de lo increíble.
Recomiéndele que pida una licencia (con goce de sueldo, por supuesto), que deje a doña Lucía presidiendo el Senado y que se acueste a dormir la siesta, una larga siesta hasta las elecciones de 2019.
En el colchón de Divino, claro está.