• Cotizaciones
    jueves 09 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Republicanos en Versailles

    Columnista de Búsqueda

    N° 1925 - 06 al 12 de Julio de 2017

    Toda la obra de Maquiavelo tiende a demostrar (y nadie ha conseguido desmentirlo) que la pretensión de alinear la política con la moral es, por extraña al giro de que se trata, literalmente obscena. La política es el arte o campo destinado a procesar los intereses de personas distintas que comparten en algunos aspectos destinos o problemas y poca cosa más. Para ello no se necesita moral, sino destreza, sentido de la oportunidad, capacidad de análisis. La moral, cuando participa de la partida, es bienvenida, es deseable, se agradece; pero por naturaleza y función no integra el ser de la política.

    El entusiasta apoyo de la monarquía absoluta de Francia (la más ortodoxa del antiguo régimen) a la revolución liberal y republicana de las colonias de América del Norte es un ejemplo más que elocuente de la colisión entre intereses políticos y valores morales, entre el servicio a las propias necesidades materiales y el homenaje a las ideas. El conflicto tiene lugar en la persona del circunspecto banquero suizo Jacques Necker, ministro lúcido de Luis XVI, de fe protestante, hombre ilustrado y afable, republicano. Para sus principios el movimiento que tuvo lugar en América representaba la confirmación de muchos de sus ideales de libertad, de tolerancia hacia las diferencias religiosas, de organización racional de los asuntos públicos y tal vez hubiera concitado su más viva adhesión. Pero infortunadamente estaba revistando como ministro del reino y no creía que Francia debía remozar y ahondar sus inveterados conflictos con Inglaterra. Consideraba que en el pasado los dos países tuvieron serios motivos para ir a la guerra, para conspirar en alianzas que los ofendieron, para recelar mutuamente hasta de sus, en apariencia, buenos gestos de acercamiento; y creía, también, que en esa segunda mitad de la década de los 70 del siglo XVIII tenían fuertes razones para disputarse su preponderante influencia en los acontecimientos mundiales y para competir en la carrera del comercio, este último un detalle vital para la situación que entonces vivía Francia. Ahora bien, pretender que eso podía explicar que Francia se comprometiera con los intereses republicanos de los colonos americanos y se metiera en una guerra costosa y sin mayor resultado solo para apostar a la posibilidad de deteriorar el creciente poderío inglés era, en su clara mirada, toda una peligrosa ingenuidad.

    La hija del ministro, Madame de Staël, observa y defiende la contradicción de su padre, que se debatía entre sus valores personales y sus deberes como servidor del reino, indicando que la Revolución norteamericana impregnó paradojalmente a los más rancios sectores de la nobleza de Francia, y sembró lo que luego se vería como uno de los antecedentes de 1789. Escribe en su libro Consideraciones sobre la Revolución francesa (Editorial Arpa, que distribuye Gussi), que “todos los franceses que fueron enviados a Francia volvieron rebosantes de un entusiasmo tal por la libertad que debió resultarles difícil regresar a la corte de Versailles sin otro deseo que el honor de verse admitidos en ella”. La autora nos revela que Necker “hizo al rey advertencias muy serias recomendándole el mantenimiento de la paz: aquel ministro, acusado de tener ideas republicanas, se pronunció en contra de una guerra cuyo objetivo era la independencia de un pueblo. Ello no quiere decir que no deseara que la causa admirable de los americanos acabara triunfando, pero, por una parte, no creía que estuviera permitido declarar una guerra sin una necesidad auténtica, y, por otra, estaba convencido que ninguna ventaja política que Francia pudiera extraer de esta guerra justificaría ni la compensaría por el dinero que se vería obligado a invertir”.

    Según cuenta, la corte y el Consejo del Rey no hesitaron en acompañar a los colonos en sus reivindicaciones porque quería a toda costa la guerra con Inglaterra. Los argumentos de Necker no solamente no prosperaron sino que cubrieron con no pocas sombras el prestigio del ministro, cuya voz autorizada quedó en ridícula minoría frente al clamor de los más recalcitrantes realistas que veían en la causa americana un proyecto propio. La guerra contra Inglaterra duró apenas cinco años; a Francia le produjo uno de los cráteres fiscales más grandes de su historia. Fue, más allá de cualquier duda, la causa excelente de los descontentos que habría de desencadenar la revolución. Y todo, según Madame de Staël, por no hacerle caso a su padre.

    // Leer el objeto desde localStorage