—Creo que tuvo un resultado bueno. Porque creo que en el debate y en el espadeo, la verdad fue emergiendo. Quedó clara la falta de inversión pública y la necesidad de desarrollarla rápidamente. Especialmente algunas estratégicas, como, por ejemplo, el canal de acceso al puerto y la estructura del puerto. El tema del agua en Montevideo. Y bueno, y seguir el tema de la caminería rural y cosas de ese tipo. Pero quedó claro el tema de la inversión pública. Hubo un acuerdo general sobre el enlentecimiento de la economía. También el ministro dijo que no se iba a detener en el nivel de gasto que tenía planificado. Con lo cual, hay un riesgo de déficit ahí. Si hay menos nivel de actividad, se te cae la recaudación. Te aumenta el déficit, corrés riesgos sobre el cumplimiento de la deuda... Pero de que hay un enlentecimiento de la economía y de que la recaudación queda en riesgo, en eso hubo un consenso general.
—¿Eso emergió durante la interpelación? ¿Era una cuestión que no se iba a decir desde el gobierno?
—Yo creo que decirlo se iba a decir, pero lo que nació fue la conciencia acerca de lo que eso significa en términos de la recaudación. El peligro es el incremento del déficit y, por lo tanto, el aumento de la deuda. Entonces, yo creo que desde ese punto de vista hubo un aporte. Y después vi surgir otro tema, que es ese tema del atraso cambiario y el impacto que tiene sobre el empleo en los sectores intensivos en mano de obra. Y en los sectores importadores y sustitutivos de importaciones. Es increíble que el Uruguay no se dé cuenta de cuánto empleo perdemos. Porque decimos: ah, estamos afectando a los exportadores. No, no es al exportador. Estamos perdiendo miles de empleos en todos los sectores intensivos en mano de obra. Que cuando están asociados a un sector de producción primaria, que con supereficiencia en la productividad de la producción primaria, le da para bancarse la ineficiencia de la industria integrada verticalmente con esa producción, bueno, pero si no, ¿qué otro sector industrial tenemos que haya sobrevivido? Ninguno. Claro, es facilísimo, la gente ni se imagina que podría trabajar en esas cosas. Pero los responsables de la conducción política los tenemos que cuidar. Por lo pronto, seguramente hay un montón de sectores que no podrían estar exportando, pero que sí podrían estar sustituyendo importaciones. Y de modo eficiente. Y que no están presentes porque el Estado ha trabajado deliberada y conscientemente para provocar el atraso cambiario.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace rato. Desde hace más de una década, por lo menos. Hubo políticas que impulsaron el carry trade de manera feroz. Lo de la desdolarización de la deuda. La venida de capitales por la diferencia de tasa. Si la deuda fueran dólares, el componente ese de la deuda, excluyendo letra de regulación monetaria, o sea, la deuda del Banco Central y los préstamos de los organismos internacionales, el resto de la deuda, que hoy son 47.600 millones de dólares, sería 39.000 y algo, unos 8.000 millones de dólares de diferencia si esa deuda fuera toda en dólares. Hoy solo es un 36% en dólares. Y en el camino que vamos, esos 47 y pico se van a transformar en 60.000 millones de dólares. Es cierto que en intereses todos los años más o menos nos cuesta lo mismo. Pero lo que se capitaliza de la deuda en la situación actual es muchísimo más, lo cual implica más intereses en el mediano y largo plazo. Así que hay que pensar en la producción, hay que pensar en la deuda. Y después lo que está haciendo el Banco Central, de ir a avisarle a cada ahorrista que puede perder la plata si la deposita en dólares. Si usted deposita en dólares puede perder la plata. Pero de manera inconsistente con eso, una incoherencia absoluta, se endeuda en pesos. ¿Cómo? Si el dólar puede perder valor, endeudate en dólares. O lo que querés es que la deuda no baje. Nosotros calculamos el nivel de la deuda actual, y lo que sería si fuera en dólares, hay 8 pesos de diferencia en el valor del dólar.
—¿Y qué es lo que se puede hacer ahí? ¿Cuáles son sus propuestas?
—Ahí hay que dejar de intervenir, hay que dejar de desdolarizar. Es lo que hay que hacer. Yo no creo que haya que intervenir para que el dólar valga más, pero a esta altura estamos no solo desprotegiendo, sino que estamos atentando contra el trabajo en esas industrias. Y lo estamos sintiendo en los pueblos nuestros: acaba de cerrar la Coleme. la cooperativa más activa de producción que tenía el país, en Melo. Búsqueda hizo toda una publicación sobre el tema. Bueno, esa era una industria exportadora, ese es un caso.
—El ministro Odone parece ser uno de los mejores conceptuados por la oposición. Se ve un buen diálogo, es observado como un ministro que da garantías en el gobierno. ¿Cómo lo evalúa usted?
—Es un hombre respetable, por supuesto. Se lo considera solvente en lo que hace. La interpelación también desnudó un aspecto que es cierta falta de apoyo en la interna del Frente Amplio.
—¿Por qué?
—Porque mientras quiere promover la estabilidad, el ministro de Trabajo (Juan Castillo) le anuncia que baja la productividad laboral respecto del salario y le pide lo del preaviso en el despido. Mientras Oddone presenta todo un proyecto de desempapelamiento para la Ciudad Vieja, el Ministerio de Transporte le empapela todas las chacras del país con la guía de cargas. Mientras se preocupan de dar buenas señales en la relación con Estados Unidos, el canciller le hace encuentros con China y con Gustavo Petro en Colombia, y después termina el presidente subido en un portaviones. Ese tipo de cosas sería mejor que no estuvieran sucediendo... bueno, ni que hablar del debate por los autos eléctricos y cuánto afecta a la competitividad el precio de los combustibles o el tema del costo de la energía para los emprendimientos.
—¿Usted dice que el ministro Oddone va a una velocidad distinta o en otro carril diferente al del resto del Frente Amplio?
—Y... los otros no se dan cuenta que no están contribuyendo, se ve que están viviendo algún desfasaje por allí. Antes esas cosas las arreglaba el liderazgo de (Tabaré) Vázquez o de (José) Mujica o del propio (Danilo) Astori, ¿no? Hoy no hay rumbo y no hay liderazgo. En otros tiempos capaz que no hubo rumbo pero iban todos en un mismo sentido.
—Pasados unos días, ¿qué reflexión hace del episodio de la camioneta del presidente Yamandú Orsi?
—Lastima el liderazgo del presidente. Nosotros como republicanos tenemos que cuidar la institución presidencial. Esto no quiere decir que no hagamos lo que tenemos que hacer si existe algún tipo de información que sea comprometedora para la figura del presidente, pero tenemos que tratar el tema con delicadeza y sin andarlo manoseando. Ese es nuestro deber republicano.
—¿Pero hubo ahí una suerte de pacto de no agresión con el oficialismo?
—No, no, no. No lo aceptaríamos. Hay cosas con las que no podemos jugar nosotros y menos puede jugar el presidente. Por eso es que no vamos a manosear. Si tenemos que hacer algo, vamos a hacer lo que hay que hacer.
—Porque se habló mucho sobre eso que usted dice de cuidar la institucionalidad; pero de todas formas, ¿siente que la oposición le bajó el precio al asunto?
—No, yo pienso que no. Pienso que la oposición lo que tiene es la delicadeza de darle el tratamiento acorde al peso de la institución que de alguna manera está en juego.
—¿Ya es un caso que empieza a cerrarse o necesitan más explicaciones?
—Necesitamos que se consoliden las explicaciones. Tiene que haber una versión final y evaluaremos la versión final. Y que no aparezcan cosas, porque todavía estamos en tiempo de que sigan apareciendo cosas.
—¿Cree que la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep) puede laudar el asunto?
—¿La Junta? Ya no puede hablar, hace rato que no tiene autoridad para decir nada. La institución más oscura que tiene este país, la más turbia que tiene este país es la Junta de Transparencia. En vez de transparencia debe de ser de turbieza.
—En estos días el gobierno anunció que habrá patrullajes en determinados barrios con vehículos del Ejército. ¿Le sorprendió la noticia?
—Pacheco nunca sacó a los militares a la calle.
—Pero no son militares a la calle, son vehículos militares.
—No, el chofer es un militar, maneja, es militar. Recibe un ataque, ¿no lo va a repeler? Él es el que maneja el vehículo. Ese vehículo tiene ametralladoras, ¿quién es el que dispara? Es el militar, pero además bajo mando policial. Creo que es poner a los militares en la calle y es la demostración de que se sienten perdidos, de que la izquierda se siente perdida en el gobierno. Yo le tengo más fe a la Policía del Uruguay. Si quieren que usen los vehículos y si estos son los únicos capaces de manejarlos, bueno, que les den rango policial y sueldo policial, pero militares en la seguridad interna, no.
—¿A usted no le gustaba a priori esa idea? Porque en su momento la propuso Jorge Larrañaga.
—Nosotros votamos diferente de nuestro líder Larrañaga, votamos una candidatura aparte y la única diferencia estaba ahí. Era eso, ese era uno de los temas del referéndum de la seguridad, de Vivir sin Miedo.
—¿Y por qué se opone? ¿Es un tema ideológico, filosófico?
—El que está en la primera línea de combate con el delito, para obtener información, tiene que mezclarse con el delito. Y esa mezcla con el delito siempre termina corrompiendo. Por eso tenemos montones de casos de policías que caen en la corrupción, en las cárceles muchísimos más. Y en la Policía hay un porcentaje de corrupción aceptado, porque es parte del trabajo. Ahora, por eso es una fuerza distinta al Ejército, que tiene que preservar las instituciones. ¿Alguien se imagina mañana un Ejército cuyos elementos se hayan corrompido? Un Ejército corrupto no es garantía para la institucionalidad en ningún país. Esta conversación libre que estamos teniendo acá nosotros pasa a ser peligrosa. Entonces se pierde muchísimo más de lo que se gana. Hay que poner gente con voluntad de combatir el delito y estirarle el respaldo que hay que darle dentro de la Policía.
—¿Usted dice que con la Policía y con buen respaldo basta para ingresar a los barrios, para dar más seguridad y combatir el crimen organizado?
—Yo no tengo la más mínima duda.
—¿No cree que se subvirtió al orden de las cosas: dirigentes de los partidos tradicionales cuestionando la medida de los vehículos militares y dirigentes de izquierda defendiéndola?
—Bueno, el deseo de que les vaya bárbaro en el club de los fachos. Que tengan mucha suerte.
—¿Bienvenidos al club de los fachos?
—No, bienvenidos no, porque nosotros nunca estuvimos. Pero bueno, suerte en pila en el club de los fachos.
—¿Quiénes integran el club de los fachos?
—(Se ríe) Pacheco se ve que no lo integraba, porque él no llegó a la medida a la que llegó el Frente Amplio.