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Punta del Este tuvo, el sábado 14, una de esas tardes bien de verano: Vendimia en la Ciudad. La cita fue en el viñedo de Vinos del Mundo, en plena península, donde el Albariño 2026 empezó a escribirse con tijeras en mano y canastos que se llenaban entre charla y charla.
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La escena tenía algo de postal inesperada: hileras de viñas en contexto urbano, el mar a pocos metros y un grupo de clientes y amigos dispuestos a meterse —literalmente— en la cosecha. Nada de mirar de lejos. Se cortaron racimos, se comentaron aromas, se compararon tamaños y hubo brindis anticipados. La vendimia, tradicionalmente ligada al campo, encontró su versión esteña sin perder ritual.
Cosechar cambia la relación con la botella. Pone en primer plano el trabajo que hay detrás, los tiempos de la vid y la espera paciente de cada añada. Entre risas y manos teñidas por el jugo de la uva, la experiencia se volvió cercana, casi íntima, lo que reforzó esa idea de comunidad que el vino despierta con naturalidad.
La tarde sumó una selección gastronómica de Buenas Bacterias y Casa de Productores pensada para acompañar la frescura del Albariño 2026. La música hizo lo suyo: estiró el encuentro mientras el sol caía sobre la península y el viñedo urbano se llenaba de conversaciones largas.
Cuando la luz empezó a bajar y los últimos canastos se vaciaron, quedó la sensación de haber sido parte de algo simple y genuino: cortar, brindar y volver a encontrarse alrededor del vino.