Habíamos puesto una fecha para un show en Teatro Coliseo que estuvo genial y dijimos: "¿Le metemos una temática?". Todavía no había un disco nuevo, y propusimos Big Yuyo. Se vendió al toque, hicimos un lindo ruido y repasamos el disco de punta a punta; anduvo bárbaro. Uruguay de cajón va a ir en la lista de países a disfrutar con esta excusa hermosa. Tocamos los temas lo más parecido y hasta en el orden original.
Aquel fue un disco refundacional para Los Pericos. Tras un bajón en la carrera de la banda, Big Yuyo volvió a traerles aires de popularidad. ¿Cómo fue?
Eso es lo que se puede apreciar y gente como vos, que investiga, sabe lo que significa para nosotros. La historia divertida para nosotros es que estaba en agenda hacer un disco. La compañía disquera no estaba muy atenta a Los Pericos porque estábamos en un bajón. Habíamos pasado del primer disco (El ritual de la banana, 1987), el King Kong (1988), el tercero que no anduvo (Rab A Dab Stail, 1990) y estábamos viendo qué onda… Entonces tomamos impulso y nos lanzamos a grabar. La compañía combinó el estudio, el ingeniero y cuando terminamos de grabar nos dimos cuenta de que ya había vencido el contrato, y que en realidad estábamos libres. El disco no era lo que terminó siendo, ya estaba hecho y estaba divino, pero era una incógnita lo que podía pasar. Nosotros veníamos a la baja, y firmamos nuevo contrato. Una cosa diferente hubiese sido firmar un año después, porque ya había explotado y estábamos en otras condiciones.
Ese trabajo tiene múltiples influencias, no solo del reggae, sino también de un incipiente reguetón. ¿De dónde se nutrían?
Le pusimos garra, corazón, inspiración y tomando cosas que pasaban en Jamaica, tomando ese dance hall, abuelo, tío del reguetón con esos ritmos electrónicos y esa lírica cruda, dura, que venía del ghetto. Claro que después se coqueteó con otras esferas. El ritmo ese de tum patum pa tum, que hace treintaipico de años era una novedad y muy de nicho, hoy lo usan todos; agarran una misma plantilla a la que le ponen colores arriba pero es lo mismo. Por entonces, había picado fuerte en Panamá. Algunos dicen que era porque había mucha mano de obra jamaiquina trabajando por entonces en los tramos finales del canal de Panamá, allá por los años 80. Quedó formada una comunidad jamaiquina y desde su ghetto se fue propagando, eso que allá se llamó “reggae en español”, con exponentes como El General y otro que se llamaba Nando Boom, que no era muy conocido por estas tierras, pero que a nosotros nos marcó un montón. De hecho, Mucha experiencia y Mi resistencia —sobre todo esta última— son una versión en español que hizo Nando Boom de temas clásicos jamaiquinos. Esa mezcolanza de influencias nos pegó fuerte, sumado a que veníamos con canciones nuevas. Se conformó un compendio de hitazos que se transformó en un disco que marcó un antes y después. Nos reinventamos con suceso y con éxito, sobre todo fuera de Argentina. Fue rotundo, por eso es un disco sumamente significativo.
Big Yuyo fue el disco que los hizo crecer en Latinoamérica. ¿A qué países lograron entrar a partir de aquella placa?
Lo primero fue Chile, donde ya habíamos ido con El ritual de la banana, como un fenómeno de verano. Pero esta vez, Big Yuyo picó fuerte, y temas como Me late o Waitin' fueron punta de lanza. Después vino Perú y más tarde Venezuela. Ahí hubo un momento épico porque tocamos como soporte de UB40 en una cancha de beisbol; ellos dieron un show media pila y nosotros salimos a morfarnos a la gente, le dimos mucho. Ahí comenzó un romance con Venezuela en los 90 y parte de los 2000 que fue muy fuerte. Luego, por efecto rebote llegamos a Colombia, México y hasta tocamos en Canadá. En esa época no tocaba nadie en Canadá. Por suerte nos establecimos y sostuvimos una carrera pareja. Pericos construyó un perfil sólido, de una banda que tenía mucho para dar en shows en vivo y con una cantidad de canciones que hasta el día de hoy están vigentes. En varios festivales en los que compartimos público con otros artistas, explotamos. Quizá, ahí, la gente no sabe cuántas canciones conoce de Los Pericos, pero una vez que empezás son muchas las que conocen. Cantan una, cantan otra, cantan todas. Te empezás a transformar y dar pruebas de que un show tuyo es garantía de piña; armamos la lista siempre en función de eso, sin renegar de los hits. ¡Ahí tenés un título! (Risas). Vamos con toda, tocamos todos los botones. Si la gente te conoce por eso, qué nos íbamos a hacer los raros con el repertorio. ¡Damos todo y con nuestras balas de plata!
Embed - Los Pericos feat. Rubén Albarrán - Me Estás Atrapando Otra Vez (Official Video)
Aquel cuarto trabajo de la banda les permitió consolidar un sonido propio y, de hecho, también experimentar (muchos años antes de que el trap lo hiciera moneda corriente) con el fraseo centroamericano. ¿De dónde surge esa impronta tan explícita en temas como Me late?
Sí, claro, dejamos el argentinismo y le dimos bola a pronunciar bien, un español neutro. Pero no de forma deliberada, no fue que escribimos un estatuto. Al Bahiano, con su forma de cantar le vino muy bien eso. En Párate y mira, que está en el disco siguiente, que es salsa, reggae y qué sé yo… Bahiano pronunciaba muy bien eso. Fue una piña increíble. Se dio naturalmente, lo que pintaba y marchaba, quedaba. Todo ese cocoliche impensado funcionó. Se nos dio y construimos una carrera uniendo esos hits, uniendo las estrellitas de las constelaciones para crear algo sólido, no solo lo que pasó en el primer disco. Pero todo aquello fue de pedo, sin pensarlo. Aprovechamos todas las oportunidades que nos dio la carrera para seguir construyendo. Vos pensá que de pendejos podríamos haber terminado la carrera al segundo año. Pero nos picó el bichito de permanecer, de cuidar esto que es un lujo, tener una banda durante 37 años ininterrumpidamente y superar momentos duros, como la muerte de Horacio (Avendaño, el saxofonista fundador), o como la partida de Bahiano hace 20 años. Eso habla de lo que somos, te guste o no lo que hacemos. Es una vida que elegiríamos siempre y no queremos que se acabe este viaje hermoso.
Los Pericos fue una banda que nació desde el divertimento, desde el festejo interno y la ingenuidad. ¿En algún momento perdieron esa condición o es un aditivo permanente?
Bueno, te ponés grande. En algún momento convive el adolescente eterno con la energía y por momentos te convertís en el abuelo de los Simpson, donde puteás hasta a las nubes, pero es parte de la edad. Siempre estamos con ganas de superarnos y valorar lo que hicimos. No hay que hacer payasadas para estar en el candelero ni hacer un featuring con el artista del momento para que te vean los pendejos. Me gusta cuando los featuring, cualquiera que lo haga, son naturales y no de escritorio. Está bien que sea una estrategia, estamos en la industria de la música y queremos vivir de esto, pero no hacerlo tan evidente al menos.
Pero ustedes están preparando un disco de colaboraciones.
Sí, estamos preparando unas versiones con Sony, fue una idea de ellos, regrabar Big Yuyo pero con una participación nuestra muy relegada. La idea es que lo intervengan otros artistas, ya sean nuevos o clásicos, contemporáneos o previos a nosotros. Estamos muy conscientes de lo que fue ese disco y de lo que es nuestra carrera actual.
¿Esa iniciativa estaba desde la génesis de este festejo o se dio a partir de esta excusa de volver a aquellas canciones?
Sony ya nos había tirado la onda desde el año pasado de revisitar algún disco clásico. Nosotros ya veníamos de un disco en vivo (Viva Pericos!, 2022). No es que lo grabamos de vuelta, sino que vamos a hacer una reversión 2024 intervenida por otros artistas y productores. Haremos algún que otro dueto, pero la idea es que tenga el perfil de otros artistas. Va a ser un homenaje a Big Yuyo de artistas a los que ese disco marcó de alguna manera.
Volvamos a los inicios, aquel Big Yuyo fue un disco autoproducido. ¿Eran tus primeras armas en la producción? ¿Cuánta mano metiste en aquel trabajo?
Mirá, yo hice más que nada una coordinación porque estábamos bastante inspirados todos. Todos tirábamos ideas y conceptos, yo como que aglutinaba todo eso y ordenaba la cancha, pero fue un trabajo muy lindo. Me gusta hacer ese laburo en una banda propia pero es muy desgastante, hay mucha cuestión de roce que no sucede cuando la banda es externa. Con otros proyectos soy más tajante, más frío. Pero sí, yo sentí que estábamos maduros para hacerlo y Diego (Blanco) también ya estaba muy ducho con las máquinas y empezamos a hacer cositas electrónicas como Sano y salvo o Waitin'. Empezamos a hacer un trabajo colectivo muy lindo. Todas las ideas son buenas, como dice la película Ratatouille: “No cualquiera puede cocinar, pero de cualquier lado puede surgir un gran cocinero”. En este caso, “no cualquiera puede producir, pero cualquiera de la banda puede tirar una buena idea”. Hay que estar muy atento. Hay que llevar un plan, pero esto es arte y hay que estar sensible y atentos a todo.
Embed - Los Pericos - Runaway (En Vivo)
Hagamos un poco de historia. Es increíble si lo vemos en perspectiva, pero yo conocí a Los Pericos por El profesor p unk, una bizarrada cinematográfica que resultó la última película con Jorge Porcel. ¿Cómo llegaron a aquello?
Es una señal de lo que pasaba. (Risas). Fijate que en marzo de ese año había muerto Olmedo (1988). Siempre hacían películas juntos. Mi teoría es que al haber muerto Olmedo, tendrían presupuestada una película determinada que adaptaron de apuro, cambiando los planes sobre la marcha y con un argumento bastante precario. Se deben haber preguntado: "¿Cuál es la banda de moda?". "Los Pericos". "¡Dale, metámoslos! Hagamos como si fuera un colegio secundario y les metemos además a los hijos de los famosos". Fijate que estaban el hijo de Lolita Torres (Diego Torres), el hijo de Juan Carlos Altavista, Minguito (Juan Gabriel). Fue una película destinada al olvido, porque no tenía ni pies ni cabeza, pero para nosotros fue muy significativa. Pasamos de tocar en un pub para cien personas a tocar en Obras, sacar disco de oro, tocar en el programa de Susana (Giménez) y hacer una película. Imaginate, estábamos como locos.
Por aquel entonces, comenzaron a recorrer festivales emblemáticos del reggae y a posicionarse con mucha legitimación. ¿Cómo recordás el debut en el Sun Splash de Jamaica y la visita a la sala Tuff Gong (estudio y sello discográfico de Bob Marley & The Wailers)?
Eso fue fundamental, fue otra condecoración, porque pasamos de ser los underdog después del éxito, y con Big Yuyo comenzamos a levantar la nariz, y tocar en el conurbano, por ejemplo. Empezaron a gustar las canciones nuevas y vino Jamaica y el (festival) Sun Splash. Esa fue una gran idea de Pablo (Hortal, hermano de Bahiano), nuestro manager de ese momento, que dijo: "¡Hay que ir a Jamaica!". Estaba planeado el viaje pero entre medio explotó el Big Yuyo. Entonces empezamos a armar un ruido grande, justo habíamos invitado a un periodista del (suplemento) Sí, de Clarín, y salimos en tapa del diario: “Pericos toca en Jamaica”, imaginate, era como llegar a la Luna. Poco antes de Jamaica, habíamos tocado con Ziggy Marley en Obras, un show increíble, y poco después trajeron el Sun Splash a Buenos Aires, con Gregory Isaacs, Pablo Moses, Rita Marley y Marcia Griffiths (de Jamaica), al que se sumó los Cafres, y también se hizo un Obras tremendo. Aquello fue una piña tras piña de aciertos. Big Yuyo había despegado grosso.
En Jamaica visitaron el estudio de Marley. ¿Llegaron a grabar algo o interactuar con Errol Brown, el ingeniero de sonido?
No, visitamos tanto su casa/museo como el estudio, que era como un galpón al costado de donde habíamos armado para ensayar, porque Rita lo había cedido. Fue gracioso porque Rita lo cedió pero después pasó la factura. ¡Son bravos los jamaiquinos! (Risas). Era onda: “Vengan, que los invito al museo”. OK, y nos pasó la factura. “Tomen unos jugos, chicos”, factura. (Risas). Disfrutamos muchísimo ese viaje, fue una revelación.
Este año, se conmemoran dos décadas de la salida de Bahiano de la banda. Si bien Pericos continuó como grupo y de hecho publicó otros cinco discos, la salida del cantante provocó una recomposición interna. ¿Cómo lo vivieron?
No dudábamos de seguir, eso estaba implícito. La banda siempre estuvo convencida de que íbamos a encontrar la forma, fuera como fuese, con un cantante externo o de alguna forma. Lo cierto fue que empezamos a ensayar, a hacer terapia ocupacional, digamos; ordenar la sala de ensayos y ver cómo hacer. Entre medio, también se había ido el hermano del Bahiano, que era nuestro manager, así que estábamos sin cantante y sin manager, viendo qué hacíamos. Por suerte, ahí se acercó Ana, nuestra manager actual y madre de mis hijos, que había trabajado en la producción de un par de espectáculos, pero no era manager ni tenía toda la experiencia necesaria pero sí ganas y la camiseta puesta. Ella se fue a la oficina, a hacer las cuentas y atender los teléfonos, mientras que nosotros empezamos a ensayar. Fue así que fui quedando yo como cantante, transitoriamente, y entre medio nos llamaron desde Perú. Ana les dijo: "¡Mirá que acaban de cambiar de cantante", y le respondieron: "No importa, ¡nosotros queremos a Los Pericos!". Dijimos: "Bueno, vamos". Había que hacer playback, por suerte, porque era un programa de televisión y grabamos de urgencia tres temas: uno clásico, uno nuevo y una reversión. Después de eso hicimos un show en un pub y arrancamos. Le pusimos garra y corazón, y yo agarré la mochila pesadísima de Bahiano, que era un músico que tenía la presencia, la voz, todo.
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¿Cómo fue el distanciamiento por aquellos días?
Al comienzo, cuando él se fue, estábamos muy enojados y nos tiramos misiles de un lado y otro, pero luego con el paso del tiempo tengo un gran respeto, reconocimiento y agradecimiento hacia él, no solo por su aporte fundamental a las canciones, las letras, las melodías o su perfil de frontman, sino porque mientras estuvo en la banda lo dio todo. Logré recomponer mi relación con su figura, no con la persona, porque no tenemos relación humana alguna. Yo me la paso hablando con objetividad de lo que es él para la banda. Tuve que asumir el rol e ir pa’ adelante.
De Black Sabbath a Rage Against the Machine, pasando por AC/DC o incluso Audioslave, Pantera, los Stone Temple Pilots o Ataque 77, hay decenas de bandas que se han repuesto a los cambios en la formación y la salida de su vocalista. ¿Qué fue lo más complejo que tuviste que afrontar en ese momento, cantar o liderar?
Y las dos cosas, porque cuando estás en el show, estás liderando. Era cuestión de acostumbrase y vivirlo. Me acuerdo de que tuve una charla con Ricardo Mollo, con quien compartimos profesora de canto y tenía buena relación —me habían invitado a grabar el Vivo acá de Divididos (2003)—, y le pregunté cómo había hecho él. Ta, en su caso (Sumo), Luca se murió, pero tuvo que empezar a cantar de un momento a otro. Me dijo: “Mirá, vas a tener que bancarte un período en que vas a sentirte incómodo, la vas a pasar mal, seguramente termines afónico y no controles la energía y la voz, pero hay un quiebre donde todo se acomoda”. Y fue así, pasamos un tiempo en el que mientras yo me adaptaba, gozábamos de la aprobación del medio, tanto de colegas, productores, periodistas. Les había resultado simpático que encaráramos el desafío. Como decíamos nosotros: “Huimos para adelante”. Yo tuve que aprender el oficio de frontman, pero mientras, hubo un grado de tolerancia amistoso. Si hubiese venido un cantante externo, habría sido más dura la cosa y no habría contado con ese shield (escudo) de protecciones que teníamos. La misma herida de la banda se curó con la carne de la banda, no vino un parche externo. Eso que parece una boludez fue lo que cicatrizó rápidamente. Incluso, después terminé por amigarme con ciertos giros o modismos del Bahiano que yo evitaba, como el “ho ho ho…” o con canciones que no cantábamos; hoy hasta imito la voz del negro porque es la identidad de esa canción. Hemos pasado de todo y por suerte estoy disfrutando mucho de mi rol.
Este año se cumplen, sí, tres décadas redondas de Pampas Reggae, el sucesor de Big Yuyo, en el que logran condensar un montón de piezas bailables
Pampas Reggae lo hicimos al toque, además. Fue un cañonazo y tuvo unas rarezas increíbles. Cuando salió, los cortes fueron: Párate y mira, porque se destacaba solo, y Mucha experiencia, el tema boom. Ese disco tiene, además, Home sweet home y Runaway, canciones que no fueron corte y no tuvieron tampoco video. Pasó el tiempo y grabamos el disco Mil vivos y ahí Runaway empezó a levantar, y hasta el día de hoy esos dos temas son ineludibles. Muchas veces abrimos el show con Runaway y cerramos con Home… Ese disco tiene una bola de hits. Yo digo que Big Yuyo y Pampas Reggae son los Rubber Soul y Revolver nuestros, hicieron pum pum y marcaron un cambio. Son eclécticos, además, porque tenés un reggae tranquilito y de repente Párate y mira, que es un salsón que te lleva a bailar. La lógica fue grabar lo primero que teníamos, tuvimos suerte de que lo primero que teníamos eran esos temas tremendos.