En Italia, el operador turístico My Bella Vita Travel compone árboles genealógicos a partir de archivos gubernamentales, efectúa investigaciones “sobre el terreno” en las ciudades y diseña itinerarios que permiten a los viajeros recorrer las calles que conocieron sus antepasados.
En Estados Unidos, la plataforma African Ancestry se especializa en pruebas de ADN que ayudan a las personas de ascendencia africana a rastrear sus raíces ancestrales hasta un país y un grupo étnico africano actual promoviendo rencuentros y reuniones familiares profundamente emotivos.
“A medida que la genealogía se vuelve más accesible gracias a los registros digitales y las herramientas de ADN, los viajeros buscan maneras de integrar esos datos familiares abstractos en lugares y eventos históricos reales”, según declara a CNT Xavier Chambolle, creador de Tours Accolade Québec, firma especializada en diseñar itinerarios personalizados en Canadá.
Por su parte, el departamento de viajes de Ancestry, firma estadounidense especializada en la investigación del ADN ancestral y reconstrucción de la historia familiar, ofrece viajes que se basan en un árbol genealógico.
La plataforma genealógica en línea MyHeritage, accesible en casi todos los países y disponible en 42 idiomas, ofrece una sencilla prueba de ADN que revela el origen étnico de una persona, dándole la posibilidad de conectarse con nuevos familiares y descubrir los grupos específicos de los cuales desciende de entre 2.114 regiones geográficas.
Esta plataforma no se encarga de organizar ni de gestionar viajes genealógicos, sino que son los usuarios de sus servicios quienes los organizan o acuden a operadores turísticos para que se los organicen, basándose en el conocimiento de su árbol genealógico genético que le aporta la prueba de ADN de MyHeritage, volcada en una base de datos.
Historia para componer el árbol
“El proceso inicial del estudio que permite componer el árbol genealógico genético de una persona es sencillo”, señala Margaux Stelman, portavoz de MyHeritage, en entrevista con EFE.
“El usuario pide un kit de ADN en línea, lo recibe en casa y se realiza una rápida muestra de saliva con un bastoncillo bucal. Tras abrir una cuenta en MyHeritage para registrar el kit, se envía la muestra de vuelta al laboratorio por correo”, explica Stelman.
“Nuestro laboratorio extrae el ADN, lo analiza y lo compara con una base de datos global para revelar un desglose detallado de los orígenes étnicos y conectar a la persona con sus familiares genéticos vivos en todo el mundo”, puntualiza.
Añade que “mientras que el ADN revela los orígenes étnicos, estos resultados se pueden contextualizar creando un árbol genealógico. Para empezar a elaborarlo, basta con unos pocos datos básicos, como los nombres y lugares de nacimiento de los padres o abuelos”.
Herramientas automatizadas comparan el árbol genealógico del usuario con millones de árboles de todo el mundo para encontrar líneas coincidentes, y cruzan los datos biológicos de los antepasados con 40.000 millones de documentos históricos, incluyendo censos, registros civiles, listas de pasajeros de barcos, expedientes militares y listas de inmigración, según apunta.
Stelman destaca que “la conexión se produce cuando esas coincidencias biológicas y documentales convergen. Al analizar los segmentos genéticos compartidos y los registros históricos digitalizados, el sistema calcula vínculos de parentesco claros que convierten una coincidencia de ADN lejana en un familiar confirmado dentro del árbol”.
Así, “los datos abstractos se transforman en una narrativa personal significativa, revelando quiénes fueron los antepasados y ofreciendo una base sólida para explorar las raíces familiares”, señala.
“Combinar la prueba de ADN de MyHeritage con la investigación del árbol genealógico ofrece una visión completa tanto de los orígenes generales de una persona como de las conexiones ancestrales concretas”, asegura Stelman.
Señala que este sistema permite, entre otras cosas, ubicar el linaje de una persona en regiones geográficas específicas; obtener una lista dinámica de familiares vivos en todo el mundo; medir el porcentaje de ADN compartido y los niveles de parentesco estimados; detectar apellidos ancestrales compartidos y localidades comunes, y trazar la línea de descendencia que conecta con familiares recién descubiertos.
Situar a la familia en el mapa
Para vincular el ADN con lugares concretos en un mapa, se puso en marcha una investigación llamada Proyecto Poblaciones Fundadoras, que posibilitó encontrar a miles de personas en todo el mundo cuyas familias habían vivido en la misma zona durante generaciones.
“Dado que estas familias permanecieron en un mismo lugar durante siglos, su ADN proporcionó una base genética clara para esa ubicación específica”, puntualiza la portavoz de MyHeritage. “Al hacerse una prueba de ADN, los resultados se comparan con esta base de datos de poblaciones fundadoras. Esto permite ubicar a la persona en grupos genéticos específicos”, añade.
Así, en lugar de indicar que alguien es italiano o francés, el sistema puede acotar sus raíces a un valle concreto, a un conjunto de pueblos locales o a una comarca, según Stelman. Explica que “a medida que el usuario y sus coincidencias de ADN construyen árboles genealógicos e introducen datos, como lugares de nacimiento, matrimonios y registros de censos, el sistema convierte esas direcciones en marcadores sobre mapas interactivos”.
“Combinar los resultados de ADN con estos registros familiares geolocalizados muestra los pueblos exactos en los que vivieron los antepasados y las rutas que siguieron al migrar por el mundo”, concluye.
Las revelaciones de un cuadro misterioso
Raquel Cañizares, originaria de Madrid, es una de las usuarias de MyHeritage que descubrió una referencia material de sus ancestros que permanecía “oculta a la vista de todos” y que ahora suele visitar y contemplar: una pintura religiosa conservada en una pequeña capilla.
La pintura de 1788 que cuelga en la capilla de Trigueros del Valle, donde aparece la niña Mónica (abajo en una cama), de quien Raquel Cañizares es descendiente directa.
EFE
Cañizares comenzó su viaje genealógico visitando Trigueros del Valle, un pequeño pueblo de Valladolid, en el noroeste de España, donde vivió su bisabuela Lucila, la última persona de su familia en habitar ese lugar. Al comenzar a investigar sus orígenes, logró rastrear su árbol genealógico hasta 1550 a partir de documentos eclesiásticos registrados desde aquel año. Gracias a una prueba de ADN y a la investigación histórica realizada mediante la plataforma MyHeritage, pudo organizar su árbol genealógico y reconstruir las generaciones de su familia que precedieron a su bisabuela. En el proceso, además, resolvió el misterio de un cuadro religioso que llevaba décadas sin aclararse en Trigueros.
En la ermita de Santa María del Castillo, situada en lo alto del pueblo vallisoletano, colgaba una pintura religiosa cuya protagonista era desconocida y que llevaba la siguiente inscripción: “Mónica, hija de Juan Antonio de Diego y Teresa Ramos, aquejada de una grave enfermedad, fue ofrecida por sus padres a Nuestra Señora del Castillo, por cuya intercesión sanó. Año 1788”. Al investigar a sus ancestros a través de su árbol genealógico genético, Raquel descubrió que era descendiente directa de la niña Mónica retratada en aquel óleo: una antigua pintura devocional que los padres de la pequeña habían encargado y donado en agradecimiento por un milagro, el de que su hija hubiera sobrevivido a la enfermedad.
“Ese cuadro, desgastado, frágil y que apenas se conserva, es la imagen más antigua de mis antepasados. Al estar frente a él, sentí como si la fuerza de Mónica aún resonara a través de los siglos. Ella vivió porque era fuerte. Y gracias a que sobrevivió, yo estoy aquí”, señala Raquel, emocionada. El cuadro que cuelga en la ermita de Trigueros del Valle ya no es solo una reliquia.
Es un retrato familiar, “un recordatorio de que de la debilidad puede surgir la fuerza, y de los pueblos más pequeños pueden nacer los legados más sólidos”, concluye. Para Cañizares, viajar a Trigueros del Valle es parecido a viajar en el tiempo: visitar las casas cueva que se conservan en la parte baja de la ermita le permite hacerse una idea de la vida tan dura que llevaron sus antepasados, a quienes ahora puede homenajear.
FUENTE:A partir de EFE