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Tras el éxito de Artemis, la NASA se enfrenta a un proyecto de recortes presupuestarios
Mientras Donald Trump celebra el éxito espectacular de la misión Artemis II, que marca el regreso de Estados Unidos a la Luna, la Casa Blanca propone una reducción significativa del presupuesto de la NASA. Una decisión paradójica que plantea interrogantes sobre las prioridades económicas y estratégicas estadounidenses en la conquista espacial
Cuatro astronautas a más de 400.000 kilómetros de la Tierra, rodeando la Luna y su cara oculta: la imagen ya ha pasado a la historia. La misión Artemis II constituye un éxito tecnológico, científico y político. Marca, sobre todo, el gran regreso de Estados Unidos (EE.UU.) a la exploración tripulada de larga distancia, más de cincuenta años después de las misiones Apolo. Un éxito inmediatamente elogiado por Donald Trump. Y, sin embargo, al mismo tiempo, la Casa Blanca propone una reducción drástica del presupuesto de la NASA.
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La paradoja es llamativa. El presupuesto actual de la NASA asciende a 24 400 millones de dólares. El proyecto de presupuesto para 2027 prevé reducirlo a 18 800 millones, lo que supone una caída del 23%. Una reducción importante, pero que debe matizarse, ya que no todas las partidas presupuestarias se verán afectadas de la misma manera. El programa Artemis se preserva e incluso se refuerza. El objetivo es claro: permitir el regreso de astronautas a la Luna para 2028.
En realidad, no se trata de recortar en todas partes, sino de tomar decisiones estratégicas. Y estas decisiones afectan prioritariamente a los programas científicos. Casi la mitad del presupuesto dedicado a la ciencia está amenazado: astrofísica, estudio del Sol, exploración robótica del sistema solar o incluso ciertas misiones climáticas.
Son áreas menos visibles pero esenciales, pues son las que preparan las grandes misiones tripuladas. Sin ellas, no habría misión Artemis II. Reducir esta financiación equivale a querer construir un cohete sin invertir en los motores. EE.UU. busca transformar su modelo espacial: la idea es pasar de una agencia pública centralizada a un ecosistema donde el sector privado desempeñe un papel fundamental.
Embed - Artemis II capta inédita puesta de la Tierra y bate récord de distancia lunar
Menos Estado, más sector privado: una apuesta arriesgada para el futuro espacial
Esta evolución ya es visible con el auge de SpaceX y de Boeing. El objetivo es hacer más con menos dinero público, transfiriendo al mismo tiempo parte del riesgo financiero a las empresas privadas. Pero la paradoja persiste.
Washington quiere regresar a la Luna reduciendo al mismo tiempo sus gastos directos. Sin embargo, la exploración espacial es una inversión a largo plazo, generadora de grandes innovaciones: satélites, GPS, nuevos materiales o incluso avances médicos. En un contexto de creciente competencia, especialmente con China, esta estrategia plantea dudas. Máxime cuando este presupuesto no es definitivo; el Congreso tendrá que decidir, al igual que el año pasado, cuando se rechazaron recortes similares.
Porque más allá del espacio, la NASA también representa un interés económico de primer orden para EE.UU., con empleos, centros de investigación y contratos repartidos por todo el territorio.