Los altos y bajos del Mundial de Fútbol Femenino 2023

Éxito del público y de audiencia, récords de cifras, actuaciones espectaculares y un sexismo que no se supera

El Mundial de Fútbol Femenino de Australia y Nueva Zelanda terminó. España se clasificó campeona por primera vez. Más allá de eso, los números cerraron como nunca antes en este deporte. Sin embargo, distintos hechos —entre lo escandaloso y lo patético— reflejaron que por más que se hayan sorteado varios obstáculos, todavía quedan otros por pasar.

Histórico. La que terminó este domingo 20, la novena edición, fue la Copa Mundial Femenina de Fútbol con más participantes: 32, tal como ocurrió en los masculinos desde Francia 1998 hasta Catar 2022. Y fue particularmente histórico para la FIFA, ahora sí sin distinción de género, organizar un evento en dos confederaciones diferentes por primera vez. Si bien Australia y Nueva Zelanda, los países anfitriones, son parte de Oceanía, vecinos separados por “apenas” 4.000 kilómetros a través del mar de Tasmania, el primer país integra la Confederación Asiática de Fútbol (AFC, por la sigla en inglés) y el segundo la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC).

Éxito de público. En Australia y Nueva Zelanda el fútbol, masculino o femenino, no es el deporte más popular. Sin embargo, la afluencia de público fue un éxito. En el debut de las neozelandesas, en la jornada inaugural del 20 de julio, 42.000 personas enloquecieron con el triunfo 1-0 ante Noruega. Ese mismo día, la selección australiana (las Matildas) atrajo a 75.000 espectadores, que la vieron ganar también por ese marcador ante Irlanda. No solo fue un seguimiento a las anfitrionas: la agencia DW informó que la venta total de entradas rozó los dos millones, promediando los 31.000 asistentes por partido. Esto superó las mejores expectativas, que hablaban de 1,5 millones, y pulverizó el récord de 26.000 personas por juego del Mundial de Canadá 2015.

Las españolas a puro festejo en el vestuario del estadio de Sídney; un título del mundo amerita champagne. Foto: EFE

Las españolas a puro festejo en el vestuario del estadio de Sídney; un título del mundo amerita champagne. Foto: EFE

Éxito de audiencia. No solo la gente se acercó masivamente a los estadios —más en Australia que en Nueva Zelanda, vale decir—, sino que el Mundial Femenino convocó una audiencia televisiva inédita, que quizá en Uruguay no se reflejó por razones obvias (la Celeste no participó y el torneo se disputaba en las antípodas geográficas y horarias). Pero en Brasil, el partido ante Panamá lo vieron 14 millones de televidentes, en Colombia unos 9 millones vieron a las suyas contra Corea del Sur. Unos 10,4 millones de alemanes se desilusionaron con la derrota ante, justamente, Colombia. En total, la FIFA estimó un total de 2.000 millones de televidentes, casi duplicando los 1.200 millones del Mundial anterior, en 2019. Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (que se celebraron en 2021) tuvieron poco más de 3.000 millones; el último Mundial de Rugby, también disputado en Japón y en 2019, no llegó a los 900 millones de espectadores de audiencia global.

La campeona. España, candidata en lo previo pero no una de las principales favoritas, se consagró campeona del mundo al derrotar en la final a Inglaterra por 1 a 0 en el Australia Stadium de Sídney el domingo 20. Fue una final con 75.784 personas en las tribunas, acorde a lo que fue todo el torneo. Las españolas tienen a la volante del Barcelona Aitana Bonmatí, la que fue nombrada la mejor jugadora del Mundial; a Salma Paralluelo, galardonada como mejor jugadora joven, que prefirió lucirse como delantera del Barcelona en el fútbol a ser figura mundial del atletismo (tiene varios récords nacionales y buenas figuraciones continentales en atletismo); a Alexia Putellas, una mediocampista también del Barcelona (que, como en la España campeona del fútbol masculino en 2010, era la base del equipo) que vino con la estela de ser una de las mejores jugadoras del mundo, pero que una lesión le impidió brillar como se esperaba; a Olga Carmona, lateral del Real Madrid, autora del gol en la final apenas horas antes de enterarse de que había fallecido su padre (“Ayer fue el mejor y el peor día de mi vida”, puso en su cuenta de Instagram). Los festejos incluyeron a la reina Letizia y la infanta Sofía, que presenciaron la final en Australia.

Olga Carmona sale a comerse los vientos y beberse la camiseta luego de su gol, que valió un Mundial. Foto: EFE

Olga Carmona sale a comerse los vientos y beberse la camiseta luego de su gol, que valió un Mundial. Foto: EFE

La mancha del campeón. Lo feo de los festejos no fue responsabilidad de las campeonas. El presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, parece que no puede contener sus emociones y a la hora de la premiación le dio un beso en la boca, notoriamente de prepo, a Jennifer Hermoso, goleadora histórica de la selección. “No lo disfruté”, dijo la jugadora en un principio, matizando luego que se trató de un gesto “mutuo” y “espontáneo”, aclaración sospechada de haber sido fruto de presiones. “Es un pico de dos amigos celebrando algo, no estemos para gilipolleces”, diría el dirigente —que nunca hubiera hecho eso con un futbolista varón, está claro— a Radio Cope, demostrando una altura de zócalo. Luego pediría disculpas. En España ya hay voces que piden su dimisión por este episodio, que muchos no dudan en calificar de “violencia sexual” o de ser ejemplo de la “cultura de la violación”. Esto lleva a otro punto ineludible.

Las barreras. El fútbol femenino es casi tan viejo como el masculino. Se cree que el primer partido se jugó en Escocia en 1892. Sin embargo, recién un siglo después, en 1991, se jugó el primer Mundial (en China, con 12 participantes, lo ganó Estados Unidos). Al comentar la desubicación de Rubiales con Hermoso, The New York Times lo señaló como “un desagradable recordatorio para muchos del sexismo que ha plagado al fútbol femenino”: denuncias a dirigentes y entrenadores por acoso o agresiones sexuales, obstáculos para profesionalizar el deporte (recién ahora están apareciendo los sponsors) o, lisa y llanamente, las burlas por un deporte machista como muy pocos. Si se habla en plata, por caso, la jugadora mejor paga del mundo es, a julio de este año, la australiana Samantha Kerr, que por jugar en el Chelsea inglés gana unos 510.000 dólares al año. Para un mortal común es una fortuna, pero es una absoluta risa comparado con lo que ganan los varones top (y ni tan top). En la campeona España 15 jugadoras de la selección habían renunciado a integrarla, reclamando un trato al menos similar al de sus colegas varones, además de criticar duramente a su director técnico, Jorge Vilda, (hoy campeón) por no saber manejar adecuadamente el vestuario. El fútbol femenino, además, es un ámbito donde la homosexualidad no es tabú: el portal Lesbicanarias.es enumeró 85 jugadoras mundialistas “orgullosamente lesbianas y bisexuales”. Esto también choca, aún hoy, a los talibanes que pululan en torno al fútbol.

Es fútbol y en el fútbol hay fricciones: las suecas y las australianas tratan de recuperar a sus compañeras tras un choque. Foto: AFP

Es fútbol y en el fútbol hay fricciones: las suecas y las australianas tratan de recuperar a sus compañeras tras un choque. Foto: AFP

Los fracasos. No puede no haberlos. En este caso hubo dos resonantes: Estados Unidos y Alemania. En el fútbol femenino, Estados Unidos es la gran potencia: llegó a esta cita habiendo ganado cuatro de los ocho Mundiales previos, siendo bicampeonas mundiales vigentes (iban por el tri) y estando al tope del ranking FIFA. Pero perdieron en octavos de final ante Suecia, siendo su eliminación más temprana; cuando no fueron campeonas, quedaron entre las cuatro primeras. El impacto fue tal que ni bien volvieron al país la federación nacional despidió al entrenador, Vladko Andonovski. Pero si el soccer en Estados Unidos, al menos el masculino, no tiene la popularidad de otros deportes, en Alemania el fußball es la mayor pasión de multitudes. Alemania no solo ha sido bicampeona (2003 y 2007), sino que ha conquistado ocho veces la corona europea. Pero en tierras oceánicas no pudo superar el grupo supuestamente accesible que compartía con Marruecos, Colombia y Corea del Sur; nunca había vuelto a casa tan temprano en este tipo de competencias. El de la selección de Brasil —la principal potencia sudamericana y panamericana— también puede considerarse un fracaso, ya que quedó eliminado en el grupo inicial; claro que, a diferencia de lo que pasó con los varones, la verdeamarelha femenina nunca salió campeona mundial.  

La pasión del gol no sabe de barreras de género; las multitudes tampoco. Foto: AFP

La pasión del gol no sabe de barreras de género; las multitudes tampoco. Foto: AFP

La gran sorpresa. Colombia participó por tercera vez en un Mundial femenino en esta cita de Australia y Nueva Zelanda, pero nunca había llegado tan lejos. Un gol en los descuentos de Manuela Vanegas sirvió para que derrotaran a Alemania, una potencia, y allanó la clasificación a octavos. Ya era histórico, e hicieron más historia al derrotar a Jamaica en octavos y acceder a cuartos de final. Ahí vendieron cara la derrota ante Inglaterra, luego finalista, que les ganó 2 a 1. Colombia no solo tiene a una histórica jugadora de este deporte, Catalina Usme, sino a una estrella en ciernes, Linda Caicedo, que a sus 18 años ya fue fichada por el Real Madrid. Lo que le da más realce a este logro es que por problemas internos el fútbol femenino en Colombia estuvo a punto de desaparecer en el último lustro. No solo ha sido una sorpresa: prácticamente ha sido una resurrección.

¿Y la Celeste? La selección uruguaya no clasificó para el Mundial. De hecho, nunca pudo participar en ninguno de estos eventos. La clasificación por la Conmebol, la confederación sudamericana, se hizo a través de la Copa América 2022; las tres primeras obtuvieron el pasaje directo (Brasil, Colombia y Argentina) y las dos siguientes la participación en un repechaje (Paraguay y Chile). Uruguay —donde el fútbol femenino es casi en su totalidad amateur— no es fuerte en la región, teniendo su mejor actuación a nivel de mayores con un tercer puesto en la Copa América 2006. La única representante uruguaya en Australia y Nueva Zelanda fue la árbitra Anahí Fernández.

Marta Cox, de Panamá, anotó un gol espectacular que recorrió el mundo. Foto: AFP

Marta Cox, de Panamá, anotó un gol espectacular que recorrió el mundo. Foto: AFP

El golazo. Muchos internautas ya dicen que es el mejor gol de la historia del fútbol femenino. Exageraciones aparte, ya que es imposible que alguien pueda certificar tal cosa, el que la panameña Marta Cox le anotó a Francia a los dos minutos del partido disputado en Sídney el 1º de agosto fue un golazo infernal. Fue de tiro libre, a unos 40 metros de distancia del arco, con una potencia y colocación perfectos. No llegó la arquera Pauline Peyrard-Magnin, ni lo hubieran podido salvar tres arqueras juntas. Si lo hubiese metido Lionel Messi, las cadenas deportivas lo pasaban hasta el hartazgo. Tenía el valor también de ser el primer tanto de Panamá, que está bastante lejos de ser un equipo fuerte en este tipo de torneos; en esta edición habían perdido sus dos partidos iniciales sin poder marcar un triste gol. En rigor, más allá del tremendo golazo de Cox, Francia terminó goleando 6 a 3. Pero nada les pudo quitar lo bailado a las centroamericanas.

Festejo japonés ante Suiza; las niponas pueden decir que en la fase de grupos les ganaron a las posteriores campeonas y por goleada. Foto: AFP

Festejo japonés ante Suiza; las niponas pueden decir que en la fase de grupos les ganaron a las posteriores campeonas y por goleada. Foto: AFP

Llanto inglés; en este país hay una liga muy fuerte y la selección vino con grandes chances, pero sucumbió en la final. Foto: AFP

Llanto inglés; en este país hay una liga muy fuerte y la selección vino con grandes chances, pero sucumbió en la final. Foto: AFP

Lo patético. Lejos de lo que pasa con los hombres, Argentina pasó por Australia-Nueva Zelanda sin hacer mucho ruido, empatando un partido, perdiendo dos y quedando eliminada en fase de grupos. No ha podido ganar un partido en ninguno de los cuatro Mundiales que disputó. Pero el mayor ruido se hizo a partir de una de sus delanteras, Yamila Rodríguez, de 25 años. Esto no tanto por una buena (o mala) actuación, sino porque ella tiene tatuado en su pierna izquierda a Diego Maradona y a… Cristiano Ronaldo. Y eso, en un país donde Lio Messi se ha transformado en el nuevo dios pagano, la convirtió en la peor de las herejes, siendo blanco de los peores insultos a través de las redes sociales.  “Gracias amigas por estar desde el día uno cuando me mataron de todos lados sin conocer”, escribió ella también en sus redes agradeciendo a sus compañeras, luego de la eliminación. Todo eso por no plegarse al endiosamiento a la Pulga, que antes de ganar la Copa América de 2021 era la musa de los insultos de media Argentina futbolera.

Lo morboso. Uno de los primeros partidos fue Australia 1-Irlanda 0. Más allá de la victoria de las Matildas, que entusiasmaron a su gente llegando a semifinales, un episodio futbolístico captó la atención. La irlandesa Ruesha Littlejohn se negó a saludar a su rival Caitlin Foord, con quien tuvo un cruce en el partido que no pasó a mayores por la intervención de sus respectivas compañeras. Hasta acá, nada distinto a un roce entre rivales, típico de un deporte físico. El problema es que en Irlanda juega Katie McCabe, quien hasta hace poco fue pareja de Littlejohn. A su vez, McCabe y Foord son compañeras de equipo en el Arsenal inglés, quienes fueron juntas de viaje a Ibiza, España, luego de la separación de las irlandesas. El episodio, que recorrió las redacciones, también provocó reflexiones: ¿se sabría o habría el mismo morbo si pasara algo parecido en un Mundial de varones?

Todas las españolas quieren un pedazo de la red donde Carmona anotó el gol de la victoria ante Inglaterra. Foto: AFP

Todas las españolas quieren un pedazo de la red donde Carmona anotó el gol de la victoria ante Inglaterra. Foto: AFP

La reina Letizia y la infanta Sofia fueron bienvenidas en los festejos, en los que se desubicó Luis Rubiales. Foto: EFE

La reina Letizia y la infanta Sofia fueron bienvenidas en los festejos, en los que se desubicó Luis Rubiales. Foto: EFE

Los récords. Habría que analizar las razones, pero en materia de estadísticas en Mundiales, las jugadoras de fútbol superan en mucho a sus pares varones. La brasileña Marta Viera Silva, una de las mayores leyendas del deporte, jugó en 2023 su sexto Mundial. Es la mayor goleadora de la historia de estos torneos, con 17 tantos; en contraparte, el polaco nacionalizado alemán Miroslav Klose es el máximo anotador entre los hombres, con 16. Otra brasileña, Miraildes Maciel Mota, Formiga, tiene el récord absoluto de haber jugado siete Mundiales de fútbol, todos los que van de 1995 a 2019 (podría haber jugado este, a los 45 años sigue activa en San Pablo); en los varones ninguno llegó hasta ahora a jugar seis. Kristine Lilly, estadounidense, dos veces campeona del mundo con su selección, jugó 30 partidos en Mundiales; Lio Messi, con 26, es su contraparte masculina. La mayor goleada fue un 13-0 de Estados Unidos a Tailandia en el Mundial de Francia 2019, en un partido disputado en Reims; entre los varones, la paliza más grande fue en España 1982, cuando Hungría le ganó 10-1 a El Salvador. Y en el Mundial China 2007, la alemana Nadine Angerer logró algo que ningún arquero o arquera logró jamás en estos torneos: ser campeona con el arco en cero; ella estuvo invicta en seis partidos, ante Inglaterra, Japón, Argentina, Corea del Norte, Noruega y Brasil.

FUENTE: nota.texto7