Llegué para acabar el montaje de la exposición que ya he preparado con antelación desde Barcelona: construcción de muros, indicaciones de vitrinas, ampliación de fotos, colocación de las obras, entre otras tareas. Ya conozco desde hace muchos años Uruguay, por referencias literarias y artísticas, desde Isidore Ducasse hasta las vanguardias. Hace años trabajé sobre el “vibracionista” Rafael Barradas y las vanguardias españolas. He montado en varias ocasiones exposiciones de Torres García, en Estrasburgo (en relación con Mondrian, Van Doesburg y Harp) y en Barcelona, antes de ser director de este museo. En el museo Picasso hice una retrospectiva de Torres García, retrospectiva pero centrada en los años neocentistas de la Cataluña “eternal”. Ya he viajado antes a Uruguay, tengo conocidos y amigos, como el coleccionista Jorge Helft, el director del MNAV Enrique Aguerre o el galerista Jorge Castillo. Tengo que confesar también mi gusto por un pintor muy desconocido en Europa, Pedro Figari.
—¿Por qué la exposición de Picasso comienza en Uruguay?
Esta exposición de Picasso en Uruguay es una iniciativa de Laurent Le Bon, presidente del museo Picasso de Paris. Uruguay, a pesar de su tradición vanguardista, a pesar de la importancia en una cierta mitología literaria francesa, a pesar de la presencia de Jaume Sabartés —el famoso secretario de Picasso— a final de los años 20 en Montevideo, que había tenido un proyecto de una exposición de Picasso en ese momento, a pesar de todo eso, nunca organizó una gran exposición antológica de Picasso aquí. Dentro de esta iniciativa, quiero también destacar la iniciativa de mi amigo Jorge Helft y la gran implicación de los embajadores de Francia en Uruguay (Philippe Bastelica y Hugues Moret) y de sus servicios.
—¿Cuál es la verdadera relación entre Picasso y Torres García? Rivalidad, amistad...
Este es un aspecto que estudiamos de forma muy precisa en el catálogo de la exposición. Porque parece muy importante también, a pesar de que la exposición no entra en la relación entre los dos artistas, hablar del encuentro Picasso-Torres García. Torres García tiene 10 años más que Picasso pero se cruzan —sobre todo en la época catalana en Barcelona— en revistas, exposiciones, influencias comunes, como Puvis de Chavannes, en el noucentisme, en la fascinación de los dos por el mundo de los niños, por los juguetes. No hablaré mucho de eso aquí, porque se habla extensamente en el catálogo de esta relación, de este diálogo, más que una amistad, entre los dos artistas. No se pueden comparar las dos obras, pero hay que decir que los dos son únicos y que los dos han tenido mucha influencia en el arte del siglo XX. Picasso, por supuesto, a nivel universal, que ha mirado todo el arte que le ha precedido, y que tiene una influencia mayor en el arte de su siglo (constructivismo, surrealismo, pintura americana de posguerra).
Torres García, como lo saben ustedes, con su Escuela del Sur, es fundamental dentro del contexto sobre todo latinoamericano. No se puede hablar exactamente de rivalidad o amistad, pero todas estas relaciones son muy interesantes y las estudio en el catálogo junto con mi amigo Aitor Quiney.
—¿Cuántas de las obras pertenecen al museo de Barcelona?
Desde el MPB prestamos: dos obras maestras, dentro de un conjunto único en el mundo; la serie de los cuadros que Picasso hace a partir de Las Meninas de Velázquez, el pintor de los pintores, la obra maestra por excelencia; 45 pinturas que Picasso nunca quiso separar y que regaló a la ciudad de Barcelona a la muerte de Sabartés, en el 68. Prestamos también documentación y un autorretrato de Picasso de finales del siglo XIX que presentaremos al lado de un autorretrato de Torres García que proviene de su Fundación de Montevideo. Pero la parte más importante de la exposición viene del proyecto del Musée National Picasso-Paris. He elegido obras representativas de todas las épocas de Picasso, he creado un recorrido, una promenade en seis secciones: la formación en Barcelona desde el academicismo hasta la época azul, los estudios para las Demoiselles d’Avignon y la invención de la revolución cubista, la influencia del surrealismo en los años 20 con obras tan emblemáticas como Le Baiser. La sección mayor es la de los años 30 desde el castillo de Boisgeloup, con las representaciones de Marie-Therèse y una escultura muy importante de la época, hasta los años del atelier des Grands-Augustins, donde pintó el Guernica, con retratos de su hija Maya o de Dora Maar. La sección siguiente está consagrada a una técnica ancestral que revolucionó Picasso: me refiero a la cerámica, un terreno en el que fue también un gran creador, en la ciudad de Vallauris. La última sección está dedicada a la última época de Picasso, que fue escandalosa en su momento, pero que se ha reivindicado desde hace ya muchos años. Se presenta, entre otros, uno de los últimos cuadros de Picasso que pertenece a la enorme colección del museo de París, la más importante del mundo.
—¿Qué criterios utilizó para la selección de las obras? ¿Cómo será la puesta en escena en la sala del MNAV?
Dentro de la escenografía presentaremos también películas inéditas hechas por Olga —la primera mujer de Picasso— a principio de los años 20. Los criterios utilizados son por supuesto encontrar un equilibrio para contar un relato, que es el relato de toda la obra de Picasso, que atraviesa en su genialidad 80 años, el siglo XX. Por supuesto, una exposición está hecha por obras de arte. Es importante en cada sala tener una “obra de peso”, como los estudios para las Demoiselles d’Avignon, la Nature morte, buste, coupe et palette de Boisgeloup, la Dormeuse aux persiennes de Mougins, el maravilloso retrato Maya à la poupée, sin olvidar Le Baiser que casi íbamos a seleccionar junto con Enrique Aguerre como portada del catálogo, pero también Figure et profil del 28, que finalmente he elegido para la portada.
—¿Cuál fue la primera obra de Picasso que usted conoció?
De niño me impresionó la famosa exposición de las obras últimas en el Palais de Papes de Aviñón. A nivel más académico, como investigador, publiqué sobre los collages de Picasso, dentro de una historia del collage, de su práctica del assemblage, en varios libros sobre el objeto y la escultura, y también, en general, sobre su relación con los surrealistas, que es una temática que siempre me ha interesado.
—¿Cuáles son las facetas menos conocidas de Picasso?
Lo increíble con Picasso es que siempre se puede tener una nueva mirada sobre su obra, tan prolífico ha sido en todas sus técnicas. Cada generación de historiadores del arte descubre un nuevo Picasso. Es lo que estamos tratando de hacer a través de investigaciones, publicación y, por supuesto, exposiciones.
Hemos montado una exposición que se llama La cocina de Picasso que, debo decir, ha sido un éxito internacional enorme, a nivel de prensa y de público, que hemos conseguido diversificar a través de esta exposición.
¿Una exposición sobre la cocina de Picasso? ¿Por qué no? La idea no tiene nada de incongruente. La cocina puede revelar de manera sutil el arte de Picasso: pintura, escultura, cerámica, poesía, teatro. Y no descuidemos el papel de los restaurantes como lugar de encuentro de las vanguardias, desde el Quatre Gats de Barcelona hasta el Lapin Agile de Montmartre, donde se reunían los bohemios de la época y la pequeña troupe de Picasso. Los alimentos, utensilios y lugares relacionados con la cocina poseen un fuerte poder de evocación. El mismo acto de alimentarse y digerir puede funcionar como metáfora de la creación. A través de lo comestible, y hasta en lo no comestible, hay una posibilidad alegre de engullir el mundo. A Picasso le gusta el mundo y lo tangible hasta el extremo de querer morderlo: 'No puedo soportar este milagro de no saber nada de este mundo y no haber aprendido más que a amar las cosas y comerlas vivas'. Su inventiva permanente y la euforia de su imaginario son testigos de un apetito insaciable. Picasso entra a la arena de la cocina y comienza su gran ceremonia. Ya lo había dicho Heráclito: 'También en la cocina hay dioses'.
—¿Qué relación hay entre Picasso y el museo que usted dirige?
El Museo Picasso de Barcelona es el único museo que quiso Picasso en su vida. Barcelona fue muy importante en sus años de formación, hasta su instalación definitiva en París en 1904, pero ha seguido siendo una ciudad a la que quiso mucho. Hace un siglo dio a la ciudad una obra maestra, Arlequín, que seguro que fue el primer cuadro de Picasso que entró en una colección pública.
Dentro del ADN de este museo está su vinculación con Barcelona y Cataluña, por sus obras de juventud, por la serie de Las Meninas y por su relación íntima.
—¿Cuántos visitantes reciben? ¿Es partidario de que los museos tienen que ser gratuitos?
El museo cuenta con más de un millón de visitantes que vienen del mundo entero. ¡Vaya pregunta la de la gratuidad de un museo! En todos los museos que he podido llevar, pienso que hay que buscar y reinventar cada vez, cuestionarse cada vez, para multiplicar los públicos, para hacer que públicos que no suelen venir entren en los museos con ilusión, y no solo las categorías sociales más vinculadas con el mundo de la cultura. Es un reto que tenemos todos y es importante favorecer la gratuidad. Pero nosotros que somos una fundación nos autofinanciamos con las entradas, tiendas, entre otras cosas. Y no hay que olvidar también que no se valora lo que no cuesta nada. Es una larga discusión que podríamos tener durante mucho tiempo y que vale la pena. Un museo, por supuesto, además de su función patrimonial, debe tener una función moral importante de política de públicos.
Francia-Uruguay
“Picasso Mundo es una gran idea del director del museo Picasso Paris Laurent Le Bon. Dar vuelta la lógica, abrir las colecciones nacionales para que viajen hacia el nuevo público. Hacer que las obras se desplacen a los visitantes es fácil de decir pero complicado de construir. Esa es su filosofía fundamental”, explicó el embajador de Francia en Uruguay Hugues Moret. “Esta exposición es el gran evento cultural y social francés en Uruguay y es muy importante para mí”, agregó el diplomático. Para que este proyecto fuera viable se tuvieron que alinear varios protagonistas, los directores de los museos Picasso Paris, Picasso Barcelona y MNAV, las ministras de Cultura y Turismo, María Julia Muñoz y Liliam Kechichian.
En el marco de la muestra, el director del Ballet Nacional del Sodre, Ygor Yebra, aceptó la idea de poner en escena dos espectáculos vinculados directamente con Picasso. El sombrero de tres picos y Suite en blanc se verán del 22 al 29 de junio en el Auditorio Nacional del Sodre.
Entrada paga
Para este acontecimiento se ampliará la tienda del MNAV en la que se venderán tres variedades de catálogos, desde el libro de tapa dura hasta una edición de bolsillo, en español, francés, inglés y portugués. Además, con el celular se puede bajar una aplicación para disponer de información al hacer el recorrido y para que los visitantes con baja visión o no videntes puedan trasladarse en el espacio sin ayuda.
Las visitas guiadas serán en inglés y en portugués, además de español. En el marco del proyecto piloto de enseñanza de francés en las escuelas primarias, los 500 niños que están involucrados en el proyecto visitarán el MNAV.
Las entradas tendrán día y hora para el ingreso, lo que evitará aglomeraciones innecesarias, teniendo en cuenta además las consultas por grupos con intención de viajar desde otros países de la región.
El costo de la entrada será de 250 pesos; hay precios diferenciados y el martes el ingreso será gratuito.
Montaje
La disposición de las obras fue determinada por el curador Guigon en seis secciones: Barcelona, El cubismo en escena, Metamorfosis de entreguerras, El triunfo del erotismo, Cerámicas y El último Picasso. A partir de la llegada a Uruguay de las 45 obras (pinturas, esculturas, cerámicas, dibujos, acuarelas, grabados, fotografías y documentos) en distintos aviones se procedió a su aclimatación, revisión y montaje. Las piezas se embalaron en cajones diseñados por los museos Picasso Barcelona y Paris, con distintas medidas de seguridad y estarán continuamente custodiadas. Además, para albergar estas obras de arte, la sala deberá cumplir con estrictas condiciones: una temperatura de entre 21 y 23ºC y la humedad no mayor a 50%, por lo que se dispone de dispositivos de chequeo en tiempo real. En la sala contigua se expondrán cartas y documentos que explican la relación entre el uruguayo Joaquín Torres García y Pablo Picasso, y una cronología de la obra del malagueño y el contexto que le tocó vivir.
Se trata de una muestra costosa, no solo por el valor de las piezas, sino por la seguridad y puesta en escena que requiere. “No puedo dar la cifra, pero hablamos de un par de cientos de millones de euros”, aseguró Aguerre. Picasso produjo más de 45.000 obras a lo largo de su vida (1881-1973). “El Músico, una de las últimas obras que pintó en 1972, pesa más de 100 kilos”, explicó.
Antecedentes: las visitas de Picasso
A pesar de que en el museo Nacional de Artes Visuales ya se habían exhibido obras de Picasso, desde su creación en 1911 hasta hoy en Uruguay no se había realizado ninguna exposición de esta dimensión.
En 1971, bajo la dirección de Ángel Kalenberg, el MNAV inauguró la exposición El arte del surrealismo, que albergó cuatro creaciones de Picasso pertenecientes al MOMA. Al año siguiente, en la muestra Paris y el arte contemporáneo también se exhibió un cuadro del español y, en octubre de 1973, Picasso: maestro del grabado reunió 83 creaciones del genio malagueño. En diciembre de 1991, según recordó Kalenberg, Guernica: legado Picasso exhibió 63 bocetos realizados por el maestro para la creación del cuadro que atrae a millones de visitantes al Museo Reina Sofía.
Entre las exposiciones más recordadas del MNAV está la exhibición de obras de las colecciones del Museo Vaticano, que ocupó la totalidad del museo y recibió tanto público que en varias oportunidades cortó el tránsito en la esquina de Tomás Giribaldi y Julio Herrera y Reissig. La muestra de las esculturas de Rodin desbordó las instalaciones del Parque Rodó. Pablo Picasso, según algunas estimaciones, puede llegar a reunir 500.000 visitantes.
Enrique Aguerre, actual director del MNAV, adelantó que existe una “posibilidad de que familiares de Picasso visiten Montevideo”. Además, habrá un ciclo de actividades organizadas en torno a la muestra; una de ellas será la conferencia de Francisco Jarauta, especialista en la obra de Picasso y el cubismo.