La FIFA apostó con fuerza a este Mundial y todo parecería indicar que la jugada fue exitosa, al menos en cuestiones de imagen: el tema estuvo en agenda, se generaron abundantes ingresos y se puso al fútbol femenino a un nivel nunca antes alcanzado. Figuras hasta ahora desconocidas por el gran público como Megan Rapinoe, la capitana de Estados Unidos, que se convirtió en una celebridad internacional con su prédica contra Donald Trump y su militancia en favor de las minorías LGBT.
¿Este Mundial fue un punto de inflexión en la historia del fútbol femenino? ¿Qué se podrá esperar de ahora en adelante? ¿En algún momento tendrá el mismo peso que el fútbol masculino? Sobre esos temas, galería conversó con Vero Boquete (como se la conoce), jugadora emblemática de la selección española —muchos la consideran la más destacada de la historia del fútbol de ese país—, que hoy vive en Salt Lake City porque juega en el Utah Royals FC, un equipo de la liga estadounidense, el país que hoy es líder indiscutido en lo que respecta al fútbol femenino.
Boquete (Santiago de Compostela, 1987) tiene una extensa trayectoria como futbolista de la selección y también en clubes de Europa y Estados Unidos (entre ellos, el Bayern Munich, ?París Saint-Germain y Beijing BG Phoenix). Además, es una promotora del fútbol femenino a escala internacional, integra una comisión de la UEFA en ese sentido y este año fue designada para integrar Legends of the FIFA, un grupo de futbolistas hombres y mujeres que apunta a fortalecer el papel del fútbol femenino en el mundo. Tiene una escuela de fútbol para chicos en España, y durante el Mundial de Francia escribió artículos y columnas para El País de Madrid.
¿A qué atribuye el impacto que tuvo este Mundial?
No hay una sola cosa. Por un lado está el momento social en el que vivimos, donde está muy presente el tema de la mujer. Se han dado avances en educación, la mentalidad está cambiando. Eso en lo que respecta a lo social, pero también también hay otras claves que tienen que ver con el trabajo de FIFA y del resto de las federaciones y asociaciones en la promoción de este Mundial, en todos los proyectos que se están haciendo para promover el fútbol femenino, y también en el nivel del fútbol femenino. Nunca se ha tenido más talento. Desde hace un par de años hay mejores condiciones, hay un apoyo muy grande de FIFA, de UEFA, de federaciones. Antes, las futbolistas tenían que entrenar a las 9 de la noche, después de todo el día de trabajo y estudio. Ahora, en muchos de los equipos entrenas por la mañana y tienes un mejor contrato. Todas esas condiciones hacen que puedas prepararte más y mejor, y eso hace que en el campo el nivel sea más alto.
¿En qué momento notó que las condiciones habían cambiado?
Yo crecí sin saber que ser futbolista era posible. A los 15, 16 años, empecé a ver que había ligas profesionales en otros países, como en Estados Unidos. No sabía si podría vivir de eso, pero sí veía que podía ser profesional. Con 17, 18 años, me fui de mi casa, empecé mi carrera paso a paso y he ido a donde he tenido que ir para ser profesional y vivir de mi trabajo. Ahora las jugadoras pueden ser profesionales en muchos más países, antes no era así.
En Estados Unidos las universidades otorgan becas a mujeres futbolistas, algo que sirvió para promover ese deporte. Usted, que juega en ese país, ¿a qué atribuye el liderazgo de Estados Unidos en el fútbol femenino?
Es un país enorme, tienen muchísimas jugadoras que deciden jugar al fútbol y tienen más posibilidades de tener éxito. En eso influye que las universidades tienen que dar el mismo número de becas deportivas a hombres y a mujeres, entonces por ahí es una oportunidad de futuro. Es un deporte que aquí no tiene tanta tradición como en Europa o América Latina, y está considerado más femenino que masculino. Acá, deportes como el básquetbol o el béisbol son considerados más masculinos. Eso lo cambia todo desde la base. Si en Estados Unidos naces niña, todos te van a decir que escojas el fútbol como deporte, porque socialmente está muy aceptado. Además, la selección tiene éxito, entonces eso da mayor dimensión, las jugadoras son iconos mediáticos, eso hace que los padres acepten mucho mejor que sus hijas jueguen al fútbol. Es una rueda que aquí en Estados Unidos empezó a girar hace años, por eso tienen tanto éxito y siguen triunfando.
Se habla mucho de cómo este Mundial permitió mostrar las desigualdades que existen en el fútbol femenino con respecto al masculino. Por ejemplo, a un futbolista de 18 años lo venden por millones de dólares, algo impensado en una mujer. ¿El fútbol femenino puede llegar a eso?
Personalmente, tampoco es lo que quiero: quiero que copiemos y tengamos unas condiciones muy buenas, pero creo que el fútbol masculino hace tiempo que sobrepasó todos los límites. Me gustaría que el fútbol masculino bajase un poco de eso y el fútbol femenino mejorase y pudiéramos alcanzar una situación que fuese más igualitaria y más razonable. El fútbol femenino está mejorando, no sé si vamos a llegar en algún momento a toda esta locura que mueve el fútbol masculino, pero está claro que lo que se dio en los últimos años es muy importante. Cada vez hay más seguimiento, más patrocinadores que quieren entrar, y los contratos van a ser cada vez mejores.
En una columna que publicó en El País de Madrid después del Mundial, usted escribió: “A todos los que os habéis aficionado al fútbol femenino, os recuerdo que no es necesario esperar cuatro años, hay ligas nacionales donde juegan todas las mundialistas. A partir de septiembre podéis encender el televisor para ver los partidos, pero sobre todo, podéis acercaros a los campos donde cada fin de semana podréis verlas en directo. Ese es el nuevo reto, conseguir que l@s que están ya no se vayan nunca”. ¿Cree que puede haber un efecto contagio?
Lo que tiene que haber es la posibilidad de ver los partidos, para eso necesitamos medios de comunicación. El Mundial nos ha permitido ver que hay algo bueno, que la gente se anime a seguir viendo fútbol femenino; si el nivel es bueno, van a seguir. Creo que estamos en un momento en el que no podemos solo exigir a los espectadores, tenemos que ser conscientes de que los jugadores, los clubes, las selecciones, tienen la puerta para poder hacer que la gente entre. Ahora solo podemos ir hacia mejor.
¿Hay una diferencia entre el público femenino y el masculino?
Quizá hasta ahora sí. Estábamos acostumbradas a que quienes venían a nuestros partidos eran familiares, amigos o familias que encontraban en el fútbol femenino el deporte más puro. Creo que el fútbol masculino ha perdido en muchos aspectos esa pureza y esos valores. En el fútbol femenino los seguimos manteniendo y eso atraía a familias a nuestros campos. Pero todo está cambiando; hemos visto en Francia que el público ha sido muy variado y cada vez se va a unificar más con el fútbol masculino. Es el mismo deporte, el mismo juego, las mismas reglas. A la gente a la que le gusta ver hombres jugando al fútbol le tiene que gustar ver mujeres jugando al fútbol.
Muchas veces, los mejores años deportivos de las mujeres coinciden con la edad reproductiva. De acuerdo con su experiencia, ¿las jugadoras postergan la maternidad por su carrera? ¿Es fácil reponerse después de un parto?
Yo no tengo hijos. He jugado y juego con futbolistas que han sido campeonas y tienen hijos. Han compatibilizado la maternidad con el fútbol de máximo nivel. Está claro que no es fácil, el hombre no tiene que estar embarazado, tener al niño, recuperar su tono físico. Es complicado, pero si quieres tener familia al mismo tiempo que seguir con tu carrera, en algunos países lo tienes más fácil. Lo que hacen la mayoría de las mujeres futbolistas es retardar la maternidad. Si la familia es la prioridad, el fútbol deja de ser prioridad y se deja de competir a ese nivel profesional. La mayoría de las mujeres pasan a ser madres cuando el fútbol deja de ser prioridad. Otras encuentran la manera de compatibilizarlo. Aquí en Estados Unidos es más fácil para las jugadoras de la selección porque hay acciones. Por ejemplo, si estás en la selección después de tener hijos, todavía en tres o cuatro meses vas a ser llamada de nuevo, no pierdes tu contrato. Son cosas a escala legal que otros países no tienen. Eso facilita mucho más.
En el caso de los futbolistas se da que sus parejas dejan todo para irse con ellos. ¿Qué ocurre con las futbolistas mujeres?
Cuesta más porque no ganamos lo mismo. Es más fácil dejar todo e irte con tu marido que mantiene a toda la familia. En nuestro caso es un poco diferente, puedes tener pareja pero tu pareja no puede dejar todo porque lo que tú ganas no le va a solucionar la vida. No es fácil porque si el fútbol es tu prioridad tus relaciones van a ir en relación con eso y no en relación con tu vida personal. Es más complicado, pero hay que buscar una balanza y muchas jugadoras la encuentran.
¿Cuáles son las lesiones más comunes en el caso de las mujeres?
La de ligamentos cruzados en las mujeres es frecuente porque no hay tanta masa muscular que proteja la rodilla. También somos más flexibles, más laxas, entonces hay mucha más movilidad y eso hace que haya más incidencia de lesiones de rodilla en el fútbol femenino. Creo que si se entrena mejor, si se hace más gimnasio, se puede tener toda esa prevención que tienen los hombres. Muchas veces, no hay ese cuidado.