Se dice que la tercera edad es “la mejor edad”. Este dicho tiene “algo de verdad”, porque si bien quienes viven esta etapa pueden tener limitaciones, por otro puede ser adoptada como una etapa creativa, como parte del desarrollo de la madurez.
Se dice que la tercera edad es “la mejor edad”. Este dicho tiene “algo de verdad”, porque si bien quienes viven esta etapa pueden tener limitaciones, por otro puede ser adoptada como una etapa creativa, como parte del desarrollo de la madurez.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la actualidad la expectativa de vida es cada vez más grande y los adultos mayores pueden vivir una vida plena y activa, sin embargo, aún hay prejuicios a vencer.
“Nuestra cultura no está preparada para lidiar con estos “nuevos viejos, tan diferentes de los antiguos. No tenemos modelos y, por lo tanto, aún no tenemos patrones de conducta que puedan percibirse como adecuados”, relató Nario de Souza Vargas, psiquiatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo en Brasil y de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica (UC) en Uruguay, en el libro “Psicopatología Psicodinámica simbólico arquetípica 3”, presentado el 21 de setiembre en el VI Congreso Latinoamericano de Psicología Junguiana en Brasil.
Estos “nuevos viejos” son más sanos que los de antes, más bien dispuestos, con mejores condiciones físicas y mentales “para disfrutar de una existencia más rica, creativa y placentera”.
Los prejuicios socioculturales muchas veces acarrean limitaciones y presuposiciones erróneas en los diversos ámbitos de actividad del viejo. Estos prejuicios pueden limitar, o incluso impedir, al nuevo viejo ejercer muchas actividades para las que estaría apto”, explicó De Souza en el texto de la UC y de Prensa Médica Latinaomericana, que fue coordinado por el psiquiatra uruguayo y docente de la Facultad de Psicología Mario Laureiro.
El envejecimiento es el conjunto de alteraciones que se dan progresivamente en la vida adulta y que con frecuencia pueden reducir la viabilidad de la persona. Es exitoso cuando esta persona logra una actitud activa ante la vida y la sociedad y se adapta a los cambios que puede incluir golpes como el fallecimiento de la pareja o de seres queridos como hermanos o amigos.
“La fuerza de los prejuicios” es la que “limita, empobrece y compromete la vida de los viejos. Quizás sea el mayor obstáculo a superarse para que esta creciente población pueda disfrutar de mejor calidad de vida, creativa y productiva en todos los sentidos. Esta población, cada vez más grande y más poderosa, viene reclamando mejores condiciones”, opinó De Souza.
Cada vez son más debido a la “enorme transformación” de la población que muestra en la región una caída en la tasa de fecundidad y un aumento en la expectativa de vida. En Uruguay es de 76 años y en Brasil de 73 años en promedio.
“Los psicoterapeutas necesitamos, cada vez más, dedicarnos al estudio de nuestros envejecientes así como a su asistencia. Tienen más edad —que antes—, enfrentan nuevas realidades además de constituciones familiares diferentes”, reflexionó de Souza.
La vejez acarrea modificaciones a la vida sexual del individuo, así como en todas las áreas de su vida.
En cuanto a la sexualidad, “en nuestra cultura hay dos prejuicios bastante fuertes: la disfunción eréctil en el hombre y la falta de interés con ausencia de deseo sexual para la mujer. O sea, un empobrecimiento de la vida sexual para ambos”, destacó de Souza.
A menudo las transformaciones en la vida sexual ocasionadas por la vejez no son vistas como alteraciones naturales de la edad “sino como pérdidas, por prejuicio”.
Puede ocurrir que cambios y disfunciones patológicas se confundan con las transformaciones naturales, “complicando la elección de la conducta terapéutica”, explicó de Souza.
“Es fundamental que nos quedemos atentos contra los prejuicios que tantas veces lidia con patologías como si fueran naturales, como ‘cosas de viejos’, banalizando” el tema, comentó.
Los problemas pueden vincularse a los cambios hormonales derivados de la menopausia en la mujer o la andropausia en el hombre. Algunas consecuencias biológicas originadas a causa de deficiencias hormonales pueden corregirse o compensarse, por ejemplo, a través de terapias como la reposición hormonal.