Empezás haciendo radio de mañana en Del Sol, seguís en Desayunos informales y Telemundo y todos los viernes estás en el teatro con Perfectos desconocidos. ¿Cómo hacés para armar tu día?
No sabría decirte, estoy sobreviviendo (risas). Se me fueron dando las cosas. Estaba solo con Desayunos y con la columna en Telemundo, surgió la posibilidad de hacer móviles al mediodía y sumar los sábados en Telemundo. Era una oportunidad que no podía perder, para mí estaba buenísimo, quería volver a la calle periodística que había hecho años en Telenoche y que extrañaba. Ni que hablar de la conducción, que me encanta, me siento muy cómoda. No dudé y dije que sí. Además, era una apuesta que el canal hacía por mí en un momento recomplicado de la empresa. Lo valoré muchísimo. Después se da lo del teatro, yo siempre bromeo que en vez de ir al psicólogo voy al teatro. Es una cuenta pendiente que tuve de toda la vida, me fascina, me doy esa libertad de poder hacerlo. Ahí ya estaba a tope. Y entonces llega la propuesta de Del Sol. Había hecho radio hacía muchos años, en AM Libre, con Alejandra Casablanca, de quien aprendí muchísimo. Trabajé en producción y después hice móviles. También trabajé en un programa que se llamaba Portafolio de Noticias, un periodístico en la tarde. Y antes había trabajado en formativas de básquetbol, en Imparcial. Cuando Iñaki (Abadie) me llamó me fascinó, antes de No toquen nada, un periodístico, con tremendo equipo... Dije que sí y cuando me quise acordar tenía una jornada de 14 horas de trabajo.
¿Te costó tomar la decisión? ¿Cuánto jugó en contra el madrugón?
Lo dudé un segundo. Para mí es fundamental siempre hablar con Pablo antes, porque es mi compañero, me importa su opinión y porque afecta la rutina familiar. Él también es un kamikaze que me dice “agarrá, agarrá, no podés perder la oportunidad”. Además, tengo 32 años y es el momento de sembrar, de crecer, y si confían en mí en lugares que están buenos, tengo que aprovecharlo. El madrugón es complicado pero se sobrelleva; me levanto a las 5.15 de la mañana, con los minutos contados, para estar en la radio a las 6.
En Doble click trabajás con Paula Scorza y Tania de Tomas. Aunque cada vez hay más, todavía no es tan común en radio, y menos en la mañana, escuchar un periodístico hecho por mujeres.
No, y menos en Del Sol, que es una radio muy Club de Tobi. Pero creo que, justamente, ellos tenían ganas de darles una oportunidad y más aire a mujeres. Yo tenía un poco de miedo de cómo lo iba a recibir la audiencia, acostumbrada a los hombres, pero hemos tenido rebuena recepción. Sí tengo la sensación de que la gran mayoría de personas que me dicen “te escucho” son mujeres. No sé si tendrá que ver con este momento de empoderamiento de la mujer o que los hombres comentan menos.
¿Te preparaste o formaste especialmente para hacer radio?
No, creo que la tele te da mucha experiencia en la vocalización, cómo leer una noticia y cómo hablar. Tenía bastante cancha de cómo hacerlo, si bien es otro lenguaje.
¿Qué desafío representa ahora asumir la conducción del informativo del mediodía?
Para mí es un gran desafío estar a la altura de este nuevo proyecto que arranca en junio y que es un proyecto global, con cambio en el enfoque y en la escenografía. Vuelvo a estar al frente de un noticiero diario, con un nuevo compañero y espero estar a la altura de las circunstancias.
Decías que la conducción te encanta. ¿Incluso más que salir “a la calle” a hacer notas?
Son cosas totalmente diferentes, pero las dos tienen su encanto. La calle tiene eso de estar donde están pasando las cosas, y eso es apasionante. Eso es periodismo, estar ahí y después poder contárselo a la gente. Lo que me pasa con la conducción, sin que suene soberbio, es que me sale natural. Y además, ahora tengo todo el back up de tanto años en Desayunos informales, que fueron de desestructurarme. Yo venía de hacer Telenoche, con un estilo y una postura, más chica, con mucha inseguridad, y después estuve en El Observador TV, que era una entrevista atrás de la otra, palo y palo, desde Mujica hasta músicos drogados. Entonces ahora me siento con otra solvencia.
Brocal estudió Periodismo en el Instituto Profesional de Enseñanza Periodística (IPEP) y cursó algunos años de la carrera en comunicación en la Universidad de la República, pero no logró terminar. “Es tremenda cuenta pendiente. En un momento la retomé y quedé embarazada de Felipe, pero es un debe que tengo”. Mientras era modelo también trabajó como notera y conductora de eventos, además de hacer alguna incursión en radio a partir de su afición al básquetbol. Pero en los medios se hizo conocida en Telenoche, donde conducía la edición central junto a Fernando Vilar. Allí estuvo hasta 2014, cuando renunció y se despidió al aire. A partir de su decisión tuvo una reunión con Hugo Romay, algo poco habitual para los periodistas del noticiero. “Me preguntó qué precisaba para quedarme, pero no era una cuestión de plata, sentía que hasta ahí había llegado todo lo que yo le podía dar a Telenoche. Me parece una falta de respeto estar en un lugar y no estar comprometido”.
En su momento tu renuncia a Telenoche llamó bastante la atención. Es poco frecuente que una conductora deje ese sillón para dar un paso al costado. ¿Qué pasó para llevarte a eso?
Fueron muchas cosas, creo que sin lugar a dudas la situación de salud que viví después de tener a Felipe me hizo ver la vida de otra manera. Ahí estaba en Telenoche. Me pasaba que me iba a casa mal, que no era feliz y me cuestionaba mucho, porque decía: “Estoy en el lugar en el que quiere estar muchísima gente”, llegué con 20 años a lo máximo que podés lograr en un noticiero si te gusta la conducción, ¿cómo puede ser que no esté feliz? Será que soy una inconformista”. Lo hablaba con mis padres, mis amigas, con Pablo... y un día Pablo me dijo ‘renunciá’. Nos acabábamos de comprar el apartamento, había que pagar la hipoteca... Y me di cuenta de que no era el canal ni Telenoche, era yo la que no estaba bien. Si bien podía plantear las cosas que no me gustaba cómo se hacían, notaba mucho machismo, me sentía un florero, el encare de las cosas no me gustaba, no se me daba el lugar para crecer... Pero no era algo personal, no era contra mí, era así. Entonces, o yo me adaptaba y funcionaba así, o me iba. Me di cuenta de que yo quería otra cosa. Renuncié y fue una liberación impresionante.
¿Te arrepentiste?
No, creo que fue de las mejores decisiones que tomé en mi vida, que sin lugar a dudas gracias a eso estoy donde estoy ahora. Nadie me creía que yo no tenía otro trabajo. ¡Y no lo tenía! No tenía ni idea qué iba a hacer de mi vida, me moría de miedo, pero sabía que algo iba a pasar. También sabía que estando en ese lugar no iba a surgir nada. ¿Quién te va a llamar si conducís el noticiero central? Y a los diez días de que se supo me ofrecieron El Observador TV. Ahí dije: “Tenía razón”.
¿Es cierto que cuando entraste a Canal 4 fue casi de casualidad?
Yo siempre supe que quería trabajar en un noticiero, era mi sueño, me encantaba. Un día estaba en mi casa y me puse a entrar a las webs de los noticieros, saqué los mails y mandé currículum al 4 y al 10. En el 4 a las dos horas tenía una respuesta que decía que fuera a una entrevista. Respondí que sí pero no tenía idea de nada. Yo había sido notera del programa de Verónica D'Andrea, al que había llegado a través del modelaje. En un desfile en Punta del Este fue (Jorge) Batlle con la mujer, yo lo encaré y le hice una nota. En lugar de hablarle del desfile le pregunté de política, el cámara me miraba como diciendo “esto nunca lo van a pasar en el programa”, pero yo me quería sacar las ganas. Una amiga que estaba en el desfile me sacó una foto y en el CV que había mandado puse esa foto. Dije: “Esto es un gancho”. El gerente vio esa foto y debe haber pensado ¿quién es esta chiquilina que entrevista a Batlle? Además, estaba toda producida, porque antes había desfilado. Me preguntó qué noticias pondría si tuviera que hacer un noticiero y me propuso quedarme a hacer una prueba. Quedé.
¿Sos así de mandada en general o fue solo esa vez?
Sí, soy, creo que es la forma. Imaginate si voy a decir no sé editar; no, después veo cómo aprendo. Y en el periodismo también. Si te dicen que no, tratá de entrar por otro lado. Capaz alguna vez me salió más o menos, pero creo que es la forma para lograr las cosas, ser careta.
El tema de venir del modelaje, ¿sentís que te jugó o incluso te sigue jugando en contra?
Sí, totalmente. Con los años me fui dando cuenta de que el prejuicio primero lo tengo yo. Yo misma ya arranco poniéndome en ese lugar, aunque con el tiempo y terapia he intentado no hacerlo más. Y después, obvio, te la cobran.
¿Hasta ahora?
Y... algunas personas sí. Si sos mujer y joven, tenés que estar demostrando, dando pruebas. Yo cuando entré a Telenoche acababa de hacer la campaña para Chic Parisien, estaba empapelada toda la ciudad, y yo nunca había dicho nada que era modelo, moría porque nadie se enterara. Con el tiempo me dije “¿por qué?”, si yo no hice nada malo, una cosa no era incompatible con la otra, con ese trabajo me pagaba mis cosas, era mi plata.
Hace poco hiciste un comentario sobre política en Twitter y las críticas que te cayeron fueron por ser modelo, linda, hueca... ¿Hay temas sobre los que te cuesta más comentar? ¿Cómo lo vas a manejar este año que es electoral?
Algunas críticas me quisieron descalificar por ser mujer o haber sido modelo. Estoy acostumbrada y quise contestarlo con un poco de humor, tipo “chicos, ustedes pueden más que esto”, como disparar la discusión a otro nivel. No es que me cueste más hablar de ciertos temas sino que lo pienso más a la hora de escribir porque sé cuáles son las repercusiones. Pero es parte de nuestro trabajo. Hay cosas que rompen los ojos, que cuesta mucho no decir nada, pero estamos viviendo un momento muy sensible. Las críticas en las redes ya aprendí que son parte del juego, aquel que me descalifique por una profesión o por ser mujer y joven habla más de él que de mí. Después de más de diez años de periodismo y de ser una ciudadana más tengo todo el derecho de opinar; al que no le guste lo que digo, que me deje de seguir.
Hoy, cuando una marca te convoca para hacer algo que no es periodístico (tiene 45.000 seguidores en Instagram), ¿cómo lo evaluás para tomar la decisión?
Hoy lo vivo con mucha naturalidad. Me parece que a los uruguayos nos falta esa posibilidad de que las personas no tenemos por qué hacer solo una cosa. En otros países pasa, al periodista no lo encasillan y creo que acá está cambiando. Yo aprendí que si me divierte, va conmigo, va con mi forma de pensar y es orgánico, lo hago, no tengo problema.
¿Has dicho muchas veces que no?
Sí, hay muchas cosas que no. Por ejemplo, desfilar, ahora, no me siento cómoda. La última vez que lo hice fue embarazada de Juan, para apoyar una causa del síndrome de Down. A mí la moda me encanta y no reniego más. Además, no reniego porque de la moda aprendí mucho, me dio muchas herramientas a la hora de mi lenguaje corporal, para comunicar, que es un plus. También conocí muchas amigas que tengo hasta hoy.
El tema de ser influencer te lleva a mostrarte a vos, que ya sos una figura pública, pero a veces también a tu familia, tu marido, tus hijos, cenando, en un cumpleaños, en el jardín de tu casa. ¿Es algo que evaluás en pareja? ¿Cómo lo manejás?
Es obvio que tiene el Ok del padre, si no, no podría. Me lo he cuestionado, pero también lo vivo con naturalidad. Las redes me encantan, me considero nativa digital. Fui de las primeras en tener Twitter en Uruguay. Hay mucha gente a la que le decía “tenés que tener Twitter, si sos periodista ahí podés ver todo”. La gente me decía “che, no pongas tanto de la vida privada”, pero a mí las redes me encantan y me parece que hay que desdramatizar. No subiría una foto de mis hijos desnudos, hay límites, o si uno no quiere, no le saco. Feli todavía no me dice sí o no, ni le molesta, si en algún momento me doy cuenta de que le molesta o no le gusta, no lo pondré más.
Con las redes sociales la exposición se multiplica, llegás a más personas pero no sabés a dónde puede llegar ese contenido. ¿Cómo es circular en el supermercado o salir a cenar?
Hoy en día, si quieren usar algo mal tienen la forma de lograrlo. Como usuaria de las redes, me gusta ver lo cotidiano de alguien que sigo, como Julia Roberts, que la amo. Sin quererlo, sin que sea el fin, mucha gente te sigue y creo que también es una gran responsabilidad para dar mensajes que están buenos. Por ejemplo, hace un tiempo publiqué algo que tiene que ver con las sillas de los bebés en el auto y la seguridad. Para mí es reimportante el tema de la seguridad, y no sabés la cantidad de mamás que me escribieron con preguntas y contesté.
¿Siempre te tomás el tiempo de responder?
Sí, siempre que puedo respondo. Le dedico un tiempito, y más si son peguntas. Si es un comentario tipo “qué linda, te quiero” capaz no lo respondo o le pongo un corazón, pero si es una pregunta de una madre, me tomo el tiempo. A veces estoy esperando en una cobertura y lo hago, aprovecho los tiempos muertos para hacerlo.
Entre todos los cambios que trajo el 2019, uno fue la mudanza a una casa en Punta Gorda. Ahora hay un jardín con mucho verde, una hamaca, una tabla de surf y una casilla de perro herencia de la antigua propietaria. También hay más espacio para los juguetes, que asoman en casi todos los rincones. Con la maternidad, Lucía dice que se volvió más organizada, aunque es consciente de que mantener el orden de las cosas de los niños es casi una misión imposible. “Eso va a ser así por unos años, pero cuando estoy desorganizada el día me pasa por arriba”. Sí admite que es olvidadiza y que, aunque le gusta cocinar, le estresa tener que pensar el menú diario. “Por suerte, Pablo cocina y dividimos las tareas, si no, sería imposible”.
La historia de cómo se conocieron con Pablo es bastante curiosa, como un poco de película…
Pablo es uno de los fundadores de Un techo para mi país, y una de mis mejores amigas que conocí en el modelaje trabajó allí en comunicación. Se hicieron amigos y años después, en una reunión, él le dijo que estaba desencantado de las mujeres. Yo me había separado hacía poco de mi expareja y mi amiga le dijo que tenía alguien para presentarle. Al otro día me llamó, yo me había mudado sola hacía un mes, me invitó a cenar y salimos. Así, cita a ciegas. A las dos semanas estábamos viviendo juntos, a los dos meses hicimos un viaje a Perú y me pidió casamiento. Todo el mundo decía que estábamos mal de la cabeza. Fuimos a ver Haras del Lago y lo señamos. El 7 de enero nos casamos y en setiembre antes del casamiento me enteré que estaba embarazada. ¡En un año te hacemos todo! Soy muy intensa y Pablo también, se juntaron el hambre y las ganas de comer. Recién ahora lo miramos en perspectiva y decimos: “Nos fuimos al carajo”. Pero lo sentíamos así, no tenía dudas de que me quería casar con él. Y después, cuando me enfermé, me di cuenta de que por algo Pablo estaba al lado mío.
Después de tener a Felipe tuviste cáncer y te recuperaste. ¿Cómo fue ese proceso?
Fue a los dos meses de tener a Feli y Pablo fue fundamental en ese momento. No sé si es el destino, Dios o la vida, pero por algo las cosas se dan como se dan. Me empezó a doler la espalda, yo pensaba que era por la postura al dar la teta, me masajeaba, me tomaba un Zolben. Un día me vino un dolor impresionante, como si fuera un cólico nefrítico, me internaron de urgencia, me vieron una manchita en el riñón, me dejaron internada diez días en la maternidad para estar con Feli. Al mes volví, tomografía, había crecido, no era un quiste normal, había que sacarlo. Me recomendaron operarme por laparoscopía pero en Uruguay no había experiencia. Vino un médico argentino, hicieron como un ateneo en la Médica Uruguaya, me sacaron todo el riñón y era un tumor maligno. No me tuve que hacer quimioterapia pero estuve cinco años de período ventana con controles cada seis meses. Solo me cuido con las proteínas, tomar agua y cuidar el riñón que tengo. Pero es un cuco que... hoy ya está mejor. Además, es una enfermedad que en mujeres jóvenes y sanas es como ver pasar un elefante rosado, impensable, pero tocó. Ahora tengo que cuidarme y llevar una dieta saludable. Creo que lo más difícil es cada vez que te hacés un control, tenés miedo porque una vez que te pasó, sabés que no solo le puede pasar al de al lado.
¿Hiciste terapia?
Sí, hice terapia y lo sigo tratando. Para mí, algo muy importante fue tener a Juan, porque fue como reamigarme con la maternidad. El posparto, la lactancia, fue un momento muy duro. Fue importante volver a ser madre, porque no sabía si iba a poder, tuve que esperar cinco años porque me hacían tomografías cada seis meses y estaba contraindicado. Cuando pasó ese período lo hablé con mi ginecólogo y con mi urólogo. Yo estaba segura de que no me iba a pasar nada. Y además tenía la necesidad de tener otro hijo, porque tenía muchas ganas de darle un hermano a Feli, la necesidad de vivirlo de otra manera.
En las próximas semanas se vienen nuevos desafíos. Pasás a conducir el informativo del mediodía en Canal 12 y la obra de teatro cierra el ciclo en Movie y se va de gira por el interior. ¿Hay más proyectos en carpeta?
Por ahora no, como tener, tengo tantas ideas que no me dan las horas del día. Se me ocurren todo el tiempo contenidos para hacer en mis redes, que están buenos, pero hay que dedicarles tiempo. Por ahora todo esto es suficiente.