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    “Una canción popular es una escuela de arte”

    SUSANA RINALDI se presenta el sábado 17 en el Auditorio Nacional del Sodre para celebrar 60 años con la música

    “Soy de otro lugar, de otra manera”, dice ella, que cumplirá 81 años esta Navidad, cuando habla de tecnología. Lo suyo es el tango, un género en el que ha sido una figura en la escena argentina, y es considerada una de las responsables del renacimiento de esta música en las décadas de los 60 y 70. Su carrera discográfica comenzó en 1966, cuando una compañía le propuso grabar un disco con poemas, pero ella sugirió hacer uno de tangos. “Mi voz y mi ciudad” fue el primero de 50 álbumes que grabó hasta 2011.

    Susana Rinaldi es amable y conversadora. Sus palabras brotan más rápido que el orden que se le pueden dar a las ideas y opiniones, reflexivas, comprometidas y reaccionarias. Vino a Montevideo al casamiento de su íntimo amigo Sergio Puglia, y se quedó para dar un show el sábado 17 en el Auditorio del Sodre; aunque más que un show, será una clase maestra sobre la esencia de un pueblo.

    ¿Es verdad que no tiene Internet?

    Absoluta verdad (se ríe a carcajadas). Qué horror, ¿no? Qué sé yo, a lo mejor dándote una explicación te mentiría, pero creo que lo que más ha imperado en mí —no solo no la quiero, la detesto—, es que no hay trampa más grande que imaginar que te soluciona la vida. Y es verdad que te la soluciona, pero también pretende, desde esa especie de solución inmediata a cada pregunta, incorporarse a tu vida sin permiso. Trabajo en un lugar donde Internet es absolutamente necesaria (Es vicepresidenta de la Asociación Argentina de Intérpretes, AADI, y directora del Departamento de Relaciones Internacionales de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI)). Como nadie, me debería servir la Internet, pero me sirvo igual de otras concomitancias que hacen a mi edad. Te cuento una cosa. Un joven que fue alumno mío hace tiempo abrió una página en YouTube donde está mi historia, nada personal, todo artístico. Y en un momento digo por qué él se toma el derecho que le da Internet para hacer trascender cosas que a lo mejor no tengo ganas de que trasciendan. Es muy probable que yo esté acercando un parecer que deja a la gente un poco expectante, pero hay como una especie de manoseo, sobre todo con relación a un artista, y en especial a un artista que políticamente se mueve bastante. Soy de otra época, de otro lugar, de otra manera, pero no es grave, ¿no? Para nada.

    Rinaldi primero estudió canto en el Conservatorio Nacional de Música en la década de los 40, y unos años después decidió estudiar arte dramático. Empezó trabajando como actriz pero la música ejerció más poder sobre ella, en particular el tango, un mundo dominado por el varón, al que “la Tana” se enfrentó con uñas y dientes.

    “A raíz de esto que estábamos hablando antes (sobre Internet), acabo de ver una cosa que sacaron no sé de dónde, que estoy en una conversación con una periodista. Te juro que veía a esa mujer, que era yo, y decía: ‘¡Es una estúpida esa que habla!’ Las contestaciones, los desplantes que le hago a la pobre chica que me está haciendo las preguntas. Y dije: ‘¿Cómo es posible que yo haya podido avanzar en algo en mi carrera? ¿Cómo pude hablar de esa manera?’. Y no me podía acordar dónde fue eso, no sé dónde se hizo. Lo que es la sanidad de la memoria, que borra aquello que no querés, o pagás mucho psicoanalista para sacarte de encima. Eso debe haber sido en los años 70. Siento que era muy tímida, demasiado. Imaginate, entré al tango, donde me han tirado patadas porque yo venía del teatro y todo lo que decían en contra mía era impresionante. ¿Cómo me permitía yo meterme con esta cosa sacrosanta que era el tango? Sobre todo los varones, era una cosa imperdonable lo que me decían. Me he tenido que defender mucho y eso es lo único que justifica esa manera odiosa en la que respondo. Porque la timidez frente a los grandes acontecimientos en tu vida, como mi compromiso para con el tango —en aquellos años debe haber significado mucho más que un compromiso, un atrevimiento de todo tipo, color y forma, dejar el teatro para meterme en esta especie de burdel. Entonces no te podías permitir venir con el juego de la timidez. Pero sostengo que vale la pena de todas maneras, porque a lo mejor una de las cosas que hoy, 60 años después, tiene de atractivo para la gente que me va a escuchar, es ser esta vieja peleadora”.

    ¿Se siente una vieja peleadora?

    Sí, claro. Y lo de vieja me lo dijo un muchacho muy joven. Hace unos años, Daniel “Pipi” Piazzolla presentaba su grupo y Rinaldi lo acompañó en el show cantando “Siempre se vuelve a Buenos Aires”. Al terminar, un muchacho de unos 18 años, conocido de un amigo de Piazzolla, dijo sorprendido: “Che, ¿de dónde salió esta vieja?”.  “Lo adoré, y dije, este nunca sabrá que me voy a tomar de eso. Porque es verdad, porque de pronto ahí hay varias generaciones que me juzgan, no una sola. ¿Quién es?, ¿de dónde salió? ¡Claro! Porque tuve una carrera de 60 años entre padres y abuelos que han dejado abierta una brecha en cada familia, y esos nietos son los que hoy me vienen a ver. Claro, tengo la suerte de tener dos hijos muy reconocidos, que al mismo tiempo me han integrado, sin saberlo, a generaciones que nunca se hubieran preocupado por conocerme”.

    Rinaldi estuvo casada con el bandoneonista Osvaldo Piro, con quien tuvo a Ligia y a Alfredo, ambos cantantes, ella de jazz y también actriz; él de tango y rock.

    ¿Le gustó haberle pasado su vocación a sus hijos?

    Muchísimo. Porque además es el camino de dos. Nos pasa a los dos (por Osvaldo Piro) de sentir que es un regalo del cielo. Además, el reconocimiento que tienen ellos se lo tienen ganado, pero podría no haber sido, porque esta carrera es muy traicionera. Es muy bello lo que pasa. Yo los voy a ver, por supuesto, cuando puedo, si estoy en Buenos Aires.

    Durante los años de la dictadura argentina, Rinaldi se instaló en París, donde el público internacional la conoció y adoptó. Inmediatamente comenzó una larga lista de premios internacionales que ha recibido a lo largo de 24 años; entre ellos, Caballero de la Orden de las Artes y la Educación Artística (1977) y de la Orden de las Artes y las Letras (1990) en Francia, el premio Embajadora del Tango (1988) y el premio Gran Cruz de la Orden del León (2001) en Finlandia, Orden de “Palmas al Mérito” (1991) en Italia, Doctora Honoris Causa en la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica (1998).Fue una de las principales artistas que mostró el tango al mundo, y para ella todos esos premios son el resultado de algo milagroso. “Por más que escriban como han escrito de mí 'hizo esto, recibió la palma de esto', si ahí arriba, en el escenario, no les hubiera pasado a alguno de ellos algo esencial” el resultado no hubiese sido el mismo.

    Cuando vivió en París el tango tomó otra dimensión para Rinaldi, y dicen que volvió a Argentina con una idea innovadora acerca del show de este género sobre el escenario. ¿Qué pasó en París? “La gran literatura, como Héctor Bianciotti o (Julio) Cortázar influyeron muchísimo en el público para explicar lo que era realmente el tango, de qué se trataba. Francia ha sido para mí una escuela imborrable. Me cambió en el sentido de que el tango es una gran canción, una gran muestra de talento por parte de los constructores de ese bien. Es un bien común que todavía no nos damos cuenta que tenemos, en el que el autor y el compositor han hecho lo imposible, y lo siguen haciendo, para que ese bien común te toque de cerca, y que te sientas representado. Es esa representación que tiene el tango todavía”.

    ¿Cómo ve el tango hoy?

    Poéticamente, a veces se ha quedado. Hasta que llega un monstruo maravilloso como Horacio Ferrer, que enaltece los Cátulo Castillo u Homero Manzi. Uno toma en cuenta a Discépolo desde otro lugar, no solamente para el tiempo que vivió Argentina en su época, sino para cosas que siguen existiendo porque forman parte de la esencia del pueblo, te guste o no. Una canción popular siempre es una escuela. Es una escuela de arte, que habría que tomar en cuenta incluso en las universidades, porque de ese bien común después se aprovechan las relaciones sociales, políticas, económicas.     

    ¿Qué cuenta pendiente tiene con el tango?

    Hacer escuela. Dicen que tengo una manera insólita de ser, porque dejé una escuela maravillosa que es el teatro para meterme con el tango, y es como de una decadencia que no se acepta. Pero es todo lo contrario. Es enaltecer una parte y la otra. Porque dentro del tango soy lo que soy gracias al teatro. Y ahí se tocan estas dos realidades culturales. Creo que en la representatividad de los artistas —sobre todo en Europa Central y en China, donde los actores cobran una vida importante para el pueblo— oír cantar no forma parte de un pasatiempo. Y hoy los que se comprometen con el tango ven esa realidad.

    ¿En qué aspecto le gustaría hacer escuela en el tango?

    Me gustaría que la mujer rioplatense no quisiera competir conmigo, sino lo contrario. Estudiar un poco por qué he hecho tanta renovación como dicen, tanta cosa diferente. La misma escuela que tomábamos en el teatro, de saber por qué había pasado determinada cosa. Creo que eso es lo que pocas veces se hace. No hay que dejarse excluir por ser mujer. Le ofrecés tu propia historia al tango.

    En 1992, Rinaldi fue nombrada embajadora de la Buena Voluntad de Unesco, y la educación es el tema que le preocupa por encima de todas las cosas. “La educación, por un problema ‘económico’, ha dejado de ser lo sustancial para ciertos países, y me parece indigno que no tomen eso en cuenta. Acá lo único que importa en este momento es la guerra, si se hace, si no se hace. No hay educación que pueda crecer, crearse, si el único sentimiento que tenés es la guerra. El sentimiento que debiera haber, contrariamente a todo lo que te da la guerra, es el encuentro, o el reencuentro, o una nueva manera de mirarse cada país a otro. Por eso, esto que estamos hablando resulta raro. Que en un momento de certezas económicas estemos hablando del arte, que da la posibilidad de que un canto popular modifique cierto elemento creativo que muchos tienen como algo viejo, desechable, y que de pronto escuchándome se dan cuenta de que no solo no es desechable, sino que esto en los años 50 se dijo y nosotros nos quedamos atrás. A mí me da mucho que pensar y reflexionar sobre la generación actual, que tiende a mostrarse, exhibirse, pero ninguna de esas exhibiciones les permite pensar o repensar lo hecho. Siento que una canción popular puede darte vuelta en ese sentido”.Rinaldi fue diputada en la legislatura porteña, elegida en 2011 por el Frente Progresista y Popular presidido en ese momento por Aníbal Ibarra. Aunque su mandato se extendía hasta diciembre de 2015, en octubre de 2014 abandonó su cargo para ser la agregada cultural en la Embajada argentina en París. En aquellos años de plena actividad política se reconoció como socialista de corazón y kirchnerista por convicción.

    ¿Sigue haciendo política?

    Sí, para mí.

    ¿Pero no está más en el socialismo?

    No, ¿qué socialismo? Si todo lo que se hace no tiene nada que ver con el socialismo, hacen negocios los unos y los otros. Soy una mala negociante, y hay cosas fundamentales que no negocio. La gente me dice “la coherencia suya debieran tenerla otros”, y te quedás pensando que la gente te escuchó, te leyó, te siguió. Y las cosas que digo no tienen un propósito: te digo lo que siento, lo que pienso en este momento, y siento como que ha dejado de interesarnos el otro.

    Susana Rinaldi presenta 60 años con la música en el Auditorio Nacional del Sodre (Andes y Mercedes, tel. 2900 7084). Sábado 17 a las 21 horas. Entradas de 1.360 a 2.560, en venta en Tickantel y boletería del auditorio.