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    A la conquista de Londres, París y Nueva York

    La modelo Rossana Latallada, la diseñadora Clara Aguayo y la fotógrafa Romina Introini, tres uruguayas que hacen moda desde distintas profesiones y se destacan fuera de fronteras

    Las tres están unidas por la moda. Mientras Rossana Latallada abría el último desfile de Yves Saint Laurent en una pasarela ubicada frente a la torre Eiffel, Romina Introini estaba a punto de terminar su cobertura fotográfica de la Semana de la Moda de París. Y Clara Aguayo, desde su taller de Montevideo, preparaba la colección que va a presentar como diseñadora emergente en la galería inglesa Somerset House a principios de febrero.

    En los últimos meses, Latallada se convirtió en la musa de Yves Saint Laurent y se perfila como una de las modelos más importantes de su generación. Instalada en Londres, por su parte, Introini busca hacerse un lugar dentro de la fotografía street style, un recurso cada vez más popular en el ambiente de la moda en Europa, y Aguayo se prepara para potenciar el diseño de autor en un mercado dominado por las grandes marcas. Modelo, fotógrafa y diseñadora, estas tres uruguayas tienen perfiles diferentes, pero a la vez son un símbolo del potencial local en la industria de la moda internacional.

    Musa de la alta costura

    La última Semana de la Moda de París será recordada con orgullo en la industria de la moda uruguaya. El diseñador Anthony Vaccarello, de Yves Saint Laurent, escogió a Rossana Latallada como su nueva musa para presentar la colección primavera-verano. Con paso firme pero delicado, la modelo de 18 años desfiló sobre una pasarela repleta de agua con la torre Eiffel a sus espaldas. También firmó un contrato de exclusividad con la marca francesa, que se inspiró en su silueta para diseñar los estilismos de la colección. “Después de hacer varios castings, me llamó Emily, la asistente de Anthony Vaccarello, para decirme que estaban enamorados de Rossana”, cuenta el director de Montevideo Models, Facundo Vivpa. La apertura del desfile de Yves Saint Laurent fue destacada por grandes medios de la moda, como la revista Vogue y Elle, pero el camino hacia las grandes ligas no fue sencillo.

    La carrera de Latallada como modelo, una adolescente que creció en Durazno, comenzó hace poco más de dos años. Entonces, Montevideo Models publicó un llamado para las aspirantes del interior del país que quisieran entrar a la agencia. Y Latallada, que tenía 16 años, se presentó. “Me dio sus datos, le pedimos una entrevista y quedó confirmada al momento en que la vimos entrar: era una cosa despampanante”, recuerda Vivpa. Después de entrar a la agencia, la adolescente recibió clases de pasarela, cambió su estilo —con nuevas prendas y otro corte de pelo— y pasó una temporada en la Semana de la Moda en México. “Lo usamos como una escuela antes de ir a Europa”, explica Vivpa.

    Ni bien se instaló en el Viejo Continente empezó a ser elegida por las grandes marcas. Este año estuvo en los desfiles de la Semana de la Alta Costura de París con firmas como Hermés, Giorgio Armani y Alexis Mabille. También caminó por la pasarela del diseñador libanés Zuhair Murad. Pero su preparación para el desfile de Yves Saint Laurent, que se sumó a un contrato de exclusividad, fue más compleja. La primera vez que hizo una casting para la marca francesa le dijeron que tenía que cortarse el pelo y, cuando lo hizo, le repitieron que le faltaba un poco más de estilo. Fue así que Latallada, asesorada por Vivpa, regresó a Londres y se hizo un cambio de imagen.

    Al igual que todas las modelos, tuvo que pasar por un casting con la asistente de dirección para recién después conocer al diseñador, quien finalmente la eligió como musa para la colección que presentó en París. “Después de que quedó confirmada, y que nos pidieron exclusividad, empezó a trabajar en los fittings de la colección y no pudo trabajar para más nadie”, recuerda su manager.

    También tuvo que eliminar casi todas las fotografías de su cuenta de Instagram, donde tiene más de 6.000 seguidores, para sorprender a los invitados en el desfile de la Semana de la Moda de París. Mientras tanto, en su perfil solo quedaron algunas imágenes casuales con un cigarrillo en la boca, varias selfies con el cerquillo un poco corrido hacia el costado y algunos atuendos de la firma francesa. Los registros son suficientes, sin embargo, para reconocer que se trata de una modelo: en todas las fotos se nota su esbelta figura —78,60,87—, sus largas piernas y su estilo europeo. “Su formación como modelo es día a día: cada vez es más chic y aprende a lookearse mejor”, dice Vivpa. Y ella solo confiesa que está feliz: “Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad”, publicó después de caminar por la pasarela de Yves Saint Laurent.

    Hace más de un año, Latallada pasa sus días entre los castings de Londres, París y Barcelona, su ciudad favorita. En las últimas semanas también estuvo en Milán y tiene agendados dos viajes a Uruguay antes de fin de año. “Soy una persona muy familiera y, aunque estamos siempre en contacto, trato de venir cuando puedo”, cuenta Latallada.

    Además de hacer un promedio de ocho castings por día, la modelo toma clases de inglés y francés para perfeccionar los idiomas con los que debe manejarse todo los días. Dice que es una rutina agotadora, pero a la vez necesaria para seguir encima de la cresta de la ola: “Es muy difícil mantener una carrera afuera. Hay que entender cómo funciona el mundo y saber que hay miles de chicas en cada sitio”, resalta Vivpa.

    Mientras continúa su carrera en Europa, Latallada evalúa instalarse el año que viene en Nueva York —en noviembre empieza los trámites por la visa de trabajo— o en alguna parte de París. “Mi ciudad favorita es Barcelona, pero cada vez me gusta más la capital francesa”, dice. La modelo, que se autodefine como fanática de la playa, también quiere visitar Tailandia y conocer el sur de Italia. “Estoy en el lugar en el que quiero. Es un sacrificio porque estoy lejos de mi familia, pero tengo que seguir en Europa para continuar”, asegura. Y no se equivoca: el contrato de exclusividad con Yves Saint Laurent la posicionó en un sitio histórico para una modelo uruguaya y, además de ser parte de la inspiración de la firma, podría transformarse en una nueva top model local.

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    Diseño de autor en Londres

    El pequeño taller de Clara Aguayo, ubicado en el fondo de una casa en Pocitos, parece sacado de un manual de diseño. Mientras busca algunas de las muestras en las que se inspiró para su nueva colección, la diseñadora se tropieza con algunos libros de sus artistas favoritos que quedaron fuera de la estantería. En esta habitación, que de a ratos se transforma en su oficina, también hay varias tijeras, un espejo enorme, rollos de telas, un perchero con varias prendas y muchos cuadernos con apuntes. “Estoy todo el día enredada en mi nuevo proyecto”, cuenta mientras acomoda en la estantería un libro de David Bowie.

    Desde que quedó seleccionada por el programa International Fashion Showcase para exponer una colección en la histórica galería inglesa Somerset House —en el marco de la Semana de la Moda de Londres—, la diseñadora no deja de pensar en los estilismos que va a presentar en febrero. Reparte sus días entre las mañanas en el taller y las tardes de reuniones con proveedores, que espera que le permitan cumplir con las demandas del proyecto. “Me eligieron en abril y en junio ya empecé un curso a distancia con el London College (que también organiza el evento junto al British Council) para transformar la colección en una oportunidad para lanzarme al mercado”, cuenta.

    El programa International Fashion Case, que se realiza desde hace seis años, es una plataforma que permite a 15 diseñadores emergentes de todo el mundo exponer su trabajo en una de las capitales de la moda. La idea es que  mientras las grandes firmas muestran sus colecciones de otoño-invierno en la Semana de la Moda de Londres, los visitantes también puedan recorrer otras locaciones en las que se exploran temas de actualidad y dilemas que dan forma al mercado global. “El concurso es increíble porque al hacerlo en el Somerset House se tiene que preparar una atmósfera para transmitir el mensaje que querés. También se le da importancia a la colaboración con otras artes, para que no sea moda, y el público sea más amplio”, cuenta Aguayo.

    La diseñadora compartirá el sitio con colegas de Colombia, Brasil, Europa y África. Sin embargo, su colección está inspirada en una inquietud local y trabaja con un pequeño equipo desde Uruguay para prepararla. “Quiero mostrar la belleza melancólica y sin pretensiones de los lugares de nuestro país con el objetivo de colocar a Uruguay como un rincón olvidado en el mundo”, asegura. Los 15 estilismos también tendrán la mirada de una millennial —tiene 27 años— que nació en un país poco conocido y con una población envejecida. “En este proyecto quiero transmitir una idea que tengo clara: venir de Uruguay es como ser el hijo del medio, porque no sos ni del Primer Mundo ni del Tercero, estás en una zona de incomodidad anónima”, explica.
    Aunque su colección todavía no está materializada —porque todavía continúa en la búsqueda de proveedores—, Aguayo ya tuvo que presentar tres siluetas en Londres para quedar en el proyecto. Estos diseños, además de partir de la metáfora del hijo del medio, están inspirados en telas y texturas que encontró en Valizas, su balneario favorito. “Voy desde que nací. Mis padres construyeron un rancho hace 35 años que todavía está sin luz. Y eso me genera una mezcla de dos energías: por un lado está la belleza del lugar, y por el otro está la opresión, el mar revuelto y el viento tan fuerte. Me inspira la ambigüedad y su relación con la salud mental, que es desde donde también me paro”.

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    El verano pasado, Aguayo recorrió la playa en busca de objetos que la inspiraran; encontró un huevo de mantarraya y algunos mejillones que todavía guarda en un  rincón de su taller. “Me ayudó a encontrar una paleta baja y monótona, pero con algunos acentos”. Las prendas serán confeccionadas con materiales nobles, como la lana y los casimires, aunque son difíciles de conseguir en el mercado local.

    Hace ya unos años que la diseñadora, graduada de la Escuela Universitaria Centro de Diseño (EUCD) y Diseño de Patrones de la UTU, utiliza la moda como una herramienta para transmitir su visión del mundo. Después de trabajar con Ana Livni, abrió Estudio Null junto a su colega Renata Casanova, una marca que se caracteriza por aplicar las técnicas sustentables del movimiento Zero Waste (Basura Cero). “Mi parte favorita del proceso es pensar en el concepto, porque siempre trabajo desde un lugar autobiográfico”, dice.

    Así, cuando en la próxima Semana de la Moda en Londres los grandes diseñadores presenten sus colecciones, Aguayo tendrá su oportunidad para mostrar el diseño de autor uruguayo. “Está todo pautado: vos presentás tus prendas y te hacen grandes encargos de las cosas que les interesa para producir hasta agosto. Es un reto porque tengo que conseguir sponsors, pero me permite crecer”.

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    Detrás del street style

    Hasta hace cuatro años, Romina Introini, de 25, no pensaba en dedicarse a la fotografía. Aunque era la encargada de inmortalizar los momentos que pasaba con su grupo de amigas y siempre llevaba la cámara en un bolsillo, lo veía solo como un hobby. Pero eso cambió cuando comenzó a estudiar Comunicación en la Universidad Católica: “En un curso de fotografía hice el clic y me di cuenta de que eso era lo mío”, recuerda.
    Después de aprender las técnicas básicas de la cámara, empezó a hacer sesiones con bebés para los cumpleaños de un año y trabajó en algunos eventos sociales. “Fue el nicho que encontré para comenzar por este camino”, cuenta. Pero tenía otros planes: después de terminar la carrera decidió mudarse a Londres, una ciudad de la que se enamoró durante una estadía de seis meses. “Me fui con la idea de hacer retratos en la calle a personas que me llamaran la atención, algo que empecé a hacer en Montevideo, pero no fue fácil”, dice.

    Después de instalarse en la capital inglesa, hace dos años, comenzó a trabajar como cajera en una tienda de Zara y se acostumbró al ritmo de la ciudad, que, dice, está repleta de estilos. “Andaba con la cámara colgada y sacaba fotos a todos los que me gustaban. Siempre estuve interesada en la moda y este tipo de fotografía me permitió unir mis dos pasiones porque tengo las tendencias en frente a mis ojos”.

    A los pocos meses de llegar se enteró de que estaba por comenzar la Semana de la Moda de Londres y decidió aprovechar el evento más importante de la industria para hacer fotos. “Fui a la puerta con la cámara pero no sabía si iba a poder sacar. Cuando llegué sentí la libertad de decirle a la gente que se parara y que me mirara”, recuerda.

    Esa fue una etapa experimental, pero que le sirvió para darse cuenta de que estaba en el lugar y en el momento correctos. “En esos días dejé de sacar fotos quietas para empezar a hacer tomas en movimiento. Todavía no sabía que eso se llamaba street style (estilo callejero)”, cuenta entre risas. A diferencia de las fotografías de sus colegas, que acostumbraban a parar a las personalidades para sacarles una toma en un sitio apartado, Introini sintió que su trabajo tenía que reflejar el caos del evento. “La mayoría hace fotos con lentes más directos pero a mí me gustaba mostrar lo que estaba pasando alrededor. Son momentos bastante estresantes; el ritmo no para y es caótico”. Empezó, entonces, a sacar fotos de detalles —como un zapato o un par de lentes—, algunas figuras caminando y otras hablando por celular. “Esta necesidad de documentar lo que está pasando de una forma realista viene conmigo de siempre”.

    Después de subir los primeros retratos a su cuenta de Instagram, Introini recibió comentarios positivos y se dio cuenta de que había encontrado su estilo. Así empezó a hacer nuevos trabajos como freelance. “Etiqueté a las personas que aparecían, todas conocidas en la industria de la moda, y gané visibilidad”, cuenta. De a poco aprendió quiénes eran las figuras —influencers, diseñadores o actores—que forman parte del evento que paraliza la moda dos veces al año.

    Inspirada en los trabajos de Bill Cunningham, Introini ahorró parte de su sueldo en la tienda de ropa para poder cubrir la siguiente temporada de la Semana de la Moda en Londres, París y Milán. “Cuando empezaron los eventos renuncié en Zara y me la jugué. Lo difícil fue llamar a mis padres y decirles que me iba”. Y más complicado fue encontrar clientes: “La mayoría de los fotógrafos tienen uno fijo y el ambiente es bastante competitivo”, confiesa. En su segunda temporada —ya va por la tercera— consiguió sacar fotos para algunos medios y se posicionó dentro del universo del street style. “La última Semana de la Moda en Londres la cubrí para la revista Glamour y la de Milán y París para una revista de The New York Times que está enfocada en la moda y el estilo”, cuenta durante una visita a Montevideo. Desde principios de 2018 trabaja como fotógrafa y supervisora en un festival de artes de Londres. “Mi primer objetivo era conseguir clientes, pero ahora espero poder vivir de mi pasión”.