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    Aceptar el devenir de las cosas

    El psicólogo argentino Martín Reynoso habló sobre el mindfulness, también denominado atención plena, que busca que las personas estén más en el presente y menos en el futuro

    El mindfulness es una actitud o una forma de atender la realidad. Es, también, lograr un nivel de atención más profundo, estar más en el presente y menos en el futuro; y es tener una disposición amable, de no juicio, frente a las adversidades cotidianas. Tiene que ver también con “dejar pasar” y aprender a no intentar controlar aquello que no podemos controlar. También a desarrollar una tolerancia a la incertidumbre y una aceptación de lo que no es necesariamente placentero.

    “El mindfulness es una actitud que genera cierta aceptación de las cosas que nos tocan vivir”, explicó a galería Martín Reynoso, psicólogo argentino y coordinador de mindfulness en Ineco (Instituto de Neurología Cognitiva, la fundación presidida por el neurólogo Facundo Manes), que llegó a Montevideo invitado por Atha Coaching & Mindfulness. En Ineco se ofrecen entrenamientos de dos meses de duración con una clase semanal en los que se adquieren las herramientas para lograr esta atención plena.

    Cristina Kirchner, paciente de Manes, habría recurrido al mindfulness para reducir el estrés en los períodos más complejos de su gobierno. Reynoso no lo confirmó (no puede hablar de sus pacientes) pero admite que el mindfulness está en boga. Él se acercó al tema por una gastritis por estrés que se alivió notoriamente después de iniciar el entrenamiento.

    De paso por Montevideo para impartir un curso destinado a psicólogos, médicos, enfermeros, psiquiatras y psicopedagogos, Reynoso conversó con galería sobre los vicios más frecuentes de la mente, las desventajas del multitasking y la aplicación del mindfulness para mejorar la atención en niños.

    ¿Por qué nos cuesta tanto estar en el presente?

    Tiene que ver con varias cosas. En los últimos cientos de años nuestro cerebro se ha desarrollado enormemente, lo cual nos permite tener cierta capacidad que antes no teníamos, que es la de anticiparnos a lo que va a pasar, o la de ir hacia atrás en el recuerdo. Nuestro cerebro experimenta ahora mucho más la línea temporal, y eso a veces nos da también cierto control mayor de las cosas: cuando uno puede anticipar o prever, también puede manejar mejor aquello que anticipó. Nuestra mente se ha entrenado, acostumbrado, a anticipar y ejercer control sobre las cosas. Lo otro que ocurre es que podemos simultáneamente hacer varias cosas, lo que llamamos multitasking. Eso hace que la mente no pueda estar bien arraigada en el presente y mantener foco, está como switcheando todo el tiempo la atención a distintas cosas. Es un poco el ritmo de vida que llevamos.

    ¿Por qué se dice que el mindfulness es una herramienta de autorregulación y autocuidado?

    Porque cuando uno va practicando mindfulness lo que va desarrollando es más conciencia emocional. Lo que les pasa normalmente a quienes no están entrenados en esto o no tienen entrenamiento emocional es que muchas veces experimentan emociones y no se dan cuenta. Solo las detectan cuando pasan un umbral de cierta intensidad. Entonces muchas veces actuamos reactivamente, sin conciencia. El mindfulness te permite tener mayor gobierno de las emociones, y eso ayuda a que cuando uno está perdiendo cierto equilibrio, cierto bienestar emocional, pueda detectarlo antes y dar lugar a algunas estrategias de autorregulación. Se utiliza mucho la respiración consciente, la atención en el cuerpo, el incorporar que las cosas estresantes no son permanentes. Todo eso te permite desarrollar estrategias que te ayuden a autorregular mejor lo emocional. 

    Una de las cosas que hace la mente cuando divaga es buscar certezas. ¿Cómo batalla eso, tan propio del ser humano, el mindfulness?

    El control es necesario a veces. Cierta certidumbre es necesaria para poder vivir. El tema es aprender a discernir dónde está la línea que hace que en algún punto yo me esté volviendo muy controlador, o muy rígido, con relación a las cosas que nos pueden pasar. Lo vemos en algunos pacientes que son muy rígidos, tanto con el orden como con el cuidado de sus hijos, porque quieren tener todo bajo control. En mindfulness tenemos que lograr un equilibrio entre cierto control necesario y cierta capacidad de aceptar el devenir de las cosas sin estar todo el tiempo manipulándolas. 

    ¿Qué actividades o pensamientos suelen disparar la ansiedad, por su experiencia en la clínica?

    Lo que surge básicamente es este ritmo frenético de vida, el multitasking, las demandas sociales, que van generando ansiedad en personas que tienen cierta predisposición. Vemos desde pacientes con pánico a pacientes con ansiedad generalizada —en la que la preocupación es el síntoma principal—, o con fobias. El mindfulness no es tan efectivo en todo. En ataques de pánico que son muy intensos no es muy recomendable. Se utiliza más que nada en esa búsqueda del control que tiene el ansioso.

    Uno de sus beneficios es mejorar la concentración. ¿Podría explicarlo?

    Si. Y otra cosa que mejora mucho es lo que se llama control atencional: la capacidad de mantener el foco una vez que te fuiste. Si vos estás hablando ahora conmigo y de pronto te ponés a pensar en qué vas a hacer dentro de un rato, el control atencional consiste en que vos lo detectes y vuelvas, y pongas tu mente en foco. Eso es muy valioso, porque distraernos nos distraemos todos, tenemos pensamientos intrusivos todo el tiempo, pero si tenés más control atencional podés regular más tu atención en el presente. 

    O sea que el mindfulness no va de la mano con la multitarea.

    A veces tenemos que estar en modo multitarea, no nos queda otra, pero en lo posible hay estudios que dicen que se es más eficaz al hacer las cosas de una manera más concentrativa y no tan simultáneamente. Nosotros lo vemos mucho con personas jóvenes en empresas grandes, donde hemos hecho capacitaciones y vemos que los chicos están muy bombardeados por todo lo que son los estímulos informáticos, tecnológicos. Son bien millennials. Está bueno aprender a manejar todos esos estímulos one by one, no todos simultáneamente. 

    ¿Qué tan buenos son sus resultados?

    Mejoran en muchos casos. De todas formas, esa mejoría tiene que ver con la práctica, y ahí las aguas a veces se dividen. Hay personas que suelen practicar un poquito más, otras que les cuesta. Si no lo tenés es difícil que vayas a tener una continuidad en el entrenamiento. La neurociencia dice que para aprender algo tenés que hacerlo durante cierto tiempo, sostenidamente, si no, no se produce un cambio en el cerebro. Como el entrenamiento del deportista.  

    ¿Cómo se aplica el mindfulness a la alimentación?

    Se está utilizando como un programa complementario, sobre todo para las personas sanas que quieran alimentarse mejor, tener más conciencia de lo que ingieren y comer más despacio, saborear más. Por un lado eso, y por otro, personas con cierta patología alimentaria como una cosa complementaria. El mindful eating sería este comer con atención plena para regular mejor la ansiedad ante la alimentación, porque los seres humanos tenemos la comida muy asociada a lo emocional.

    El curso que dio en Montevideo estuvo orientado a psicólogos, médicos, enfermeros, psiquiatras y psicopedagogos. ¿Cómo se aplica en esas disciplinas?

    La primera aplicación que tiene es para sí mismo, para manejar los niveles de estrés, mejorar la empatía con el paciente. Y luego, si la persona tiene la posibilidad  de enseñarles algunas técnicas o algunas estrategias para el manejo adecuado del estrés o la ansiedad a sus pacientes, también puede hacerlo.

    ¿Es una buena herramienta para mejorar la atención en niños?

    Sí; de hecho, acá en Uruguay está mi colega, Fátima Pérez, que está empezando a desarrollar un programa de entrenamiento para niños para el manejo de la ansiedad, la desatención, que es muy lindo. Creemos que es superimportante trabajar con niños, porque ya a muy temprana edad tienen estas cuestiones de multitasking y distracción, y sobre todo con esto de lo tecnológico. Es importante desarrollar estas habilidades, que los niños las tienen naturalmente, esto de la curiosidad, la atención, pero después las van perdiendo por la forma en que vivimos.

     

    Ejercicio para la concentración

    Reynoso explicó un ejercicio básico que se utiliza en el entrenamiento de mindfulness. Se llama Atención a la Respiración, y se utiliza también en otras meditaciones. Consiste en concentrar la atención en el aire que se respira, en las fosas nasales, por ejemplo. “Mientras te vas concentrando vas detectando si vienen pensamientos o ideas o cosas que te lleven para otro lado, y lo que hacés es regular la atención. S te vas con un pensamiento, darte cuenta y volver a atender la respiración. Traer la mente cada vez que se distrae, que es lo que hace la mente todo el tiempo”.

    Según Reynoso, hacer este ejercicio unos minutos por día en cualquier sitio, incluso frente a la computadora, ayuda a bajar la intensidad emocional y el estrés y a ponerse en foco.

    Foto: Adrián Echeverriaga.