Gillmor es profesor de periodismo en la Escuela de Periodismo y Comunicación Masiva Walter Cronkite, en la Universidad Estatal de Arizona. Ha escrito libros sobre periodismo e integra numerosos directorios de medios de comunicación u organizaciones dedicadas a la libertad de expresión, como la Coalición por la Primera Enmienda y la Red Global de Editores. Ha trabajado para “San Jose Mercury News”, “Detroit Free Press”, “Kansas City Times”, “The New York Times”, “The Boston Globe”, “The Economist”, el “Financial Times” (Inglaterra), “ABC” (España), TVN (Chile), “Clarín” (Argentina), la Asociación de Diarios de Estados Unidos, el Centro Knight para Medios Digitales, la Asociación de la Prensa de Nueva York y la Universidad de Columbia, que es la que entrega anualmente los premios Pulitzer.
Durante su presentación en Barcelona, Gillmor dijo que tenía tres objetivos: 1) “darles mis impresiones sobre cómo se comportó el periodismo norteamericano durante la campaña electoral. La respuesta más breve es que el periodismo fracasó, con algunas excepciones”; 2) “ayudarles a entender por qué creo que la presidencia de Trump bien podría ser un punto de inflexión negativo para la libertad de expresión y para otras libertades fundamentales en mi país. Eso tendría impacto fuera de Estados Unidos”; 3) “pedirle a los periodistas —acá, en Estados Unidos y en todas partes— que sean activistas por la libertad de expresión, como una de las libertades que están en el corazón de las sociedades donde la libertad es una institución de verdad y no solo una palabra. Activistas para la lectura de los medios, cuyo fundamento es el pensamiento crítico. Activistas, porque si no lo hacemos estaremos ayudando a los autoritarios y fracasando en servir a nuestros ciudadanos”.
Gillmor opinó que los medios en Estados Unidos “ayudaron a crear un clima para que alguien como Trump tuviera éxito”, dado que “han estado vendiendo miedo durante décadas”.
“Por ejemplo, en Estados Unidos, en un momento en que tenemos las tasas de delincuencia más bajas en décadas, nuestros medios persuadieron al público de que el riesgo de ser una víctima es más alto que nunca”, declaró.
Según el periodista, Trump “dominó las pantallas” de la televisión “y las columnas de los periódicos”, mientras sus competidores consiguieron “muy poca cobertura en comparación”.
Gillmor dijo que las cadenas de TV solo se preocuparon por hacer dinero y, por eso, le dieron “publicidad gratis” a Trump. El jefe de la CBS, una de las cadenas que ganó mucha plata gracias a Trump, llegó a decir durante una conferencia a comienzos de este año: “La plata está entrando y eso está bueno. Nunca había visto algo como esto y este va a ser un muy buen año para nosotros. Lo lamento: es terrible decirlo, pero Donald continúa”.
“Trump podrá no ser bueno para Estados Unidos pero es muy bueno para la CBS”, agregó ese empresario.
Gillmor dijo que los periodistas políticos estadounidenses, especialmente los de diarios y revistas, finalmente se dieron cuenta de que Trump era algo completamente nuevo y que se proponía “destruir el sistema”.
“Pero con muy pocas honrosas excepciones, los principales medios y periodistas fracasaron al responder rápida y persistentemente con lo único que podía enfrentar eso: periodismo duro”, precisó.
Hillary Clinton, opinó, presentó “muchos flancos” y desarrolló una “campaña pobre”. Pero “me parece obvio a mí que los periodistas trataron a Clinton mucho peor que a Trump hasta los debates, con una historia negativa tras otra, principalmente sobre los e-mails”.
Gillmor aventuró su opinión sobre lo que puede ocurrir a partir de enero. “Me temo que Trump y el nuevo Congreso radicalmente derechista serán la mayor amenaza para las libertades civiles y la libertad de expresión de toda mi vida”, señaló.
“Muchas libertades están amenazadas, pero me enfocaré aquí en aquellas que involucran la libertad de expresión y la libertad de prensa”, anunció.
El periodista sostuvo que “está claro que Trump realmente ama a los medios, cuando lo ayudan a promoverse a él o a sus negocios. Pero directamente odia al real periodismo sobre él y ha prometido hacer cosas —ya ha hecho algunas— que pondrían bajo fuego directa e indirectamente lo que los periodistas hacen”.
Según Gillmor, Trump demandó ya al menos a un periodista no por inexactitudes en sus noticias, sino porque “quería castigarlo económicamente, forzándolo a él y a su editor a gastar plata en abogados”.
“Trump ha sido claro en cuanto a que designará a jueces que podrían restringir severamente la libertad periodística. Hay mucho más, pero es apropiado decir que Trump es un enemigo del periodismo y ahora estará en una posición desde la cual puede hacer daños extraordinarios”, manifestó.
Gillmor fue más allá. Recordó que Trump, como presidente, controlará los servicios de inteligencia norteamericanos. “Los periodistas criticaron correctamente al gobierno de Obama por el abuso de la vigilancia masiva (especialmente cuando estuvo dirigida contra gente de prensa), pero no han pensado mucho sobre lo que hará Trump con estos poderes que no le rinden cuentas a nadie”, dijo.
El periodista recordó que “Internet y la tecnología nos han dado una plataforma sin precedentes para la libertad de expresión. Pero la tecnología también les está dando a los autoritarios algunas de sus mejores herramientas para coartar la libertad”.
Gillmor sostuvo que “se espera que Trump aplique restricciones a las encriptaciones poderosas y, por tanto, creará una vasta inseguridad para nuestras comunicaciones, incluyendo las de los periodistas”.
“Ya ha dicho que quiere terminar con la neutralidad en la red” y “estas y otras posiciones todas colocan amenazas sobre la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad de innovar en un mundo digital y más”, precisó.
Gillmor consideró que los periodistas deberán reconocer en Estados Unidos que, en ciertos temas, “tendrán que transformarse en activistas”, porque “no hay alternativa”.
“En las democracias occidentales con una tradición robusta en materia de libertad de expresión y libertad de prensa, la idea de periodistas como activistas es frecuentemente vista como que toman partido y violan las normas básicas del periodismo. Pero hay una larga y honrosa historia de lo que nosotros llamamos ‘periodismo comprometido’, que expone injusticias con el objetivo de producir cambios”, dijo.
No obstante, agregó, incluso los periodistas que trabajan seria y objetivamente deberían reconocer que, en ciertos temas, no es posible ser objetivos. O, al menos, no deberían.
“Si el presidente de los Estados Unidos le declara la guerra al perodismo, los periodistas no están obligados simplemente a registrar sus palabras y publicarlas. Están obligados a tomar parte por la libertad”.