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    Caída en el precio del hierro “postergó” proyectos mineros, pero la demanda de China hará que se “concreten” más adelante

    La minera Aratirí, con una inversión prevista de U$S 3.000 millones, “requiere, para hacer viable su proyecto, de un precio a largo plazo de alrededor de U$S 100 la tonelada de hierro”, dijo un integrante de consultora internacional

    Trece años atrás el costo de una tonelada de hierro apenas superaba los U$S 11, pero desde 2009 hasta ahora su valor estuvo siempre por encima de los U$S 100, alcanzando un pico superior a los U$S 180 a fines de 2010.

    En la actualidad “el hierro viene a la baja pero es un ajuste de precios” que “va a continuar en el orden de los U$S 100, y las proyecciones a largo plazo marcan un precio de U$S 80 la tonelada”, porque “la demanda se ve sólida en la cantidad de acero que requieren las economías emergentes”.

    Así opina el experto económico Karl Pearce, líder del equipo de consultoría de gestión de Hatch —consultora canadiense con más de 80 años de trayectoria y presencia en más de 150 países—, quien expuso el lunes 15 en el seminario “Conferencia sobre Minería y Desarrollo Sostenible en Uruguay: Visiones y experiencias nacionales e internacionales”, organizado por el Ministerio de Industria, Energía y Minería.

    En diálogo con Búsqueda, Pearce afirmó que China tiene “un rol clave” como “el principal demandante a nivel mundial” de hierro, lo que asegurará el desarrollo de proyectos de extracción de hierro en diferentes partes del mundo.

    “La tendencia es a que (los proyectos) se concreten en un plazo más prolongado, pero no que se cancelen, porque los inversionistas también saben que la demanda tiene fundamentos sólidos”, aseguró Pearce.

    —¿Cómo evalúa la tendencia que se está dando internacionalmente con el precio del hierro?

    —Los fundamentos de la demanda del hierro se ven sólidos. El hierro ha aumentado su valor a lo largo de la última década seis veces, y pasó por un momento en los últimos dos años —pos crisis financiera— por unos valores muy inusuales, diez veces por encima de lo que se transaba en 2002, todo a consecuencia de la demanda en China.

    El hierro viene a la baja pero yo diría que es un ajuste de precios, y que va a continuar en el orden de cuatro a cinco veces superior a lo que era a principios de la década, va a continuar siendo un precio alto. Se espera que el precio del hierro baje del orden de los U$S 100 y las proyecciones a largo plazo marcan un precio de U$S 80 la tonelada.

    Los fundamentos de la demanda del hierro se ven sólidos en la cantidad de acero que requieren las economías emergentes; esa necesidad aún está presente y hay un largo camino por recorrer.

    ¿Qué es lo que más influye para la viabilidad de un proyecto minero?

    —El tema clave para la viabilidad del proyecto no es solo el precio sino el costo de operaciones y los costos de capital con los que cuenta. Los proyectos están cada vez más complejos, requieren de infraestructura de apoyo no menor, como ocurre con el mineroducto de Aratirí, que encarecen bastante el proyecto.

    Teniendo en cuenta que tiene prevista una inversión de U$S 3.000 millones, Aratirí requiere, para hacer viable su proyecto, de un precio a largo plazo de alrededor de U$S 100 la tonelada de hierro. Nosotros hicimos este análisis asumiendo un costo de operación de U$S 50 la tonelada y una serie de otros supuestos como la vida de la mina, entre otros.

    Usted plantea que no hay un detenimiento de los proyectos mineros a nivel mundial pero sí un “enlentecimiento”.

    —Hay una reevaluación de los proyectos. Las principales mineras del mundo —Río Tinto, BHP Billiton, Vale— llevaron a cabo importantes inversiones en los últimos tres o cuatro años que no rentaron lo que el mercado esperaba y los inversionistas castigaron el precio de la acción de manera importante. En algunos casos se pidió la cabeza del CEO de la compañía, como en el caso de Anglo American o BHP Billiton a fines del año pasado e inicios de este año.

    Entonces lo que uno espera ante ese escenario, y a un escenario de precios a la baja respecto a los últimos dos años, es que los nuevos CEO sean más cautelosos ante nuevas inversiones y, por lo tanto, llegan a las compañías diciendo: “Paren todo, reevaluemos”. Eso es lo que produjo la postergación de los proyectos.

    ¿También afecta los proyectos de menor escala?

    —Sí, ciertamente afecta a toda la industria porque el financiamiento a todos los proyectos se hace más escaso, no solo los inversionistas están más cautelosos sino que también para empresas más chicas que requieren de un mayor financiamiento se hace más difícil conseguir un socio inversor.

    De todos modos la tendencia es a que se concreten en un plazo más prolongado, pero no que se cancelen, porque los inversionistas también saben que la demanda tiene fundamentos sólidos y quizás están esperando a que haya un ajuste también en los costos.

    Cuando la industria está pasando por períodos como los últimos años, de boom en cuanto a ejecución de proyectos, los recursos se vuelven más escasos, los proyectos se vuelven más largos de ejecutar porque los grandes equipos requieren más tiempo de fabricación y eso hace que los proyectos sean más largos, más caros y se genera escasez de contratistas.

    Por lo tanto, lo que uno podría esperar es que con la menor demanda, los precios de equipos, de materiales y de contratos de construcción bajen, por lo tanto haciendo bajar los costos de los proyectos.

    ¿Cómo juega el rol de la demanda China?

    —Es un rol clave. China en los principales commodities es el principal demandante a nivel mundial, en el caso del hierro lo es por lejos. Tienen necesidades importantes de infraestructura, porque de aquí al 2020 unos 350 millones de chinos van a migrar de las zonas rurales a las zonas urbanas, estamos hablando de la población entera de Estados Unidos. En las ciudades la gente va a requerir de vivienda, que requiere de acero, la gente requiere transporte público, autos, electrodomésticos. Todo esto aumenta la demanda por commodities.

    Sin lugar a dudas, es el actor principal en cuanto a lo que digo de fundamentos sólidos en la demanda. Se habla mucho de una ralentización del crecimiento chino, pero uno no puede esperar que a largo plazo los países crezcan a dos dígitos, y por el volumen del que se habla, un crecimiento menor al 7% de China sigue generando una demanda muy fuerte de commodities. Un 7% para China es algo enorme para otro país.

    ¿La demanda china fue lo que permitió que Uruguay entrara en el círculo de proyectos mineros?

    —Sin dudas. Con el boom del precio del hierro, yacimientos que antes no eran mirados con interés ahora sí lo son y vale la pena explotarlos.

    Uruguay tiene a estudio un proyecto de ley de minería de gran porte que eleva la recaudación fiscal del gobierno. ¿Cuánto afecta a la llegada de los proyectos mineros?

    —Es una tendencia que vemos en todos los países, principalmente los de América Latina, donde en la gran mayoría hay proyectos de ley o ya se han aprobado, o si no son modificaciones a los códigos ya vigentes, como está pasando en Brasil ahora.

    A nadie le gusta pagar más impuestos, pero si miramos a nivel internacional, cuando los proyectos son viables a determinada tasa de interés, a cierto nivel van a seguir siendo viables.

    Lo que los inversionistas necesitan es estabilidad más que el monto impositivo. Si Uruguay es capaz de zanjar una discusión y después aplicar el resultado de esa discusión de manera invariable en el largo plazo, sí va a traer inversionistas. Lo que el inversionista no tolera es el cambio en las reglas de juego.