En el país, la licenciada en psicología, terapeuta, facilitadora y supervisora en terapia EMDR, Ivonne Spinelli, fue quien fundó y preside EMDR Uruguay, la asociación civil sin fines de lucro que instaló esta terapia a nivel local y que responde a EMDR Iberoamérica, y a EMDR Institute de Estados Unidos. Spinelli contó a galería que cuando una persona vive un hecho traumático, esa información muchas veces tiene tal impacto en el cerebro que continúa “dando sintomatología”, pues si bien podemos elaborar bien la mayoría de las situaciones traumáticas, hay algunas que se “bloquean”. Así, cuando ocurre una situación similar en el futuro, “se activa y reaccionamos y nos emocionamos como si reviviéramos ese momento”.La web de EMDR Uruguay (www.emdruruguay.org.uy) sostiene que el tratamiento “aborda el trauma” y “restaura un balance neuronal y fisiológico entre sistemas inhibitorios”, pues facilita el “reprocesamiento de nuestro sistema de percepciones, emociones y atribuciones acerca de la experiencia”. “Los movimientos oculares se conservan en el nombre, pero la misma Francine Shapiro (creadora de la técnica), dice que si tuviera que rebautizar su terapia la llamaría terapia de reprocesamiento”, explicó la psicóloga, pues es allí, en el reprocesamiento, que está la clave del éxito de la terapia EMDR.
Heridas profundas. Según un estudio de 2013 que realizó la OMS en 21 países, más de 20% de los encuestados dijo haber sido testigo de un acto de violencia, 19% dijo haber sufrido violencia interpersonal, 18% algún accidente, 16% respondió haber estado expuesto a conflictos bélicos y 12% haber presenciado eventos traumáticos relacionados con seres queridos. De la investigación se desprendió que en ese año, 3,6% de la población mundial había sufrido un trastorno por estrés postraumático. “Hemos recibido numerosas peticiones de orientación para ofrecer atención de salud mental a las personas que acaban de sufrir eventos traumáticos o la pérdida de seres queridos”, decía entonces el subdirector general de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental Oleg Chestnov.
“La OMS recomienda como líneas de intervención efectivas la terapia EMDR y la cognitivo conductual; esa es la recomendación específica para el trastorno por estrés postraumático”, dijo Spinelli, que se formó en EMDR en 1999 y ocho años después fundó EMDR Uruguay.
El mito fundacional de la terapia EMDR es que fue un descubrimiento casual de la psicóloga Francine Shapiro, investigadora del Instituto de Investigación Mental en Palo Alto (California) cuando en 1987 caminaba por un parque de California. En ese momento —en que ella estaba trabajando con una población traumatizada— se dio cuenta de que de pronto, sus pensamientos perturbadores empezaban a perder intensidad. Prestó atención, y observó que probablemente mientras miraba los árboles, estaba moviendo los ojos de arriba hacia abajo. “Deliberadamente volvió a tener esos pensamientos, y al volver a mover los ojos notó que perdían intensidad. Entonces se le ocurrió que el movimiento ocular debía tener algo que ver con eso”, contó Spinelli. Al probarlo en la población que atendía comprobó que daba buenos resultados. Aquel descubrimiento terminó evolucionando y convirtiéndose en una técnica. “Ahora es un modelo psicológico como cualquier otro, porque tiene una teoría, una metodología y mucha investigación”, dijo Spinelli.
El mecanismo. La terapia EMDR se apoya en la “estimulación sensorial bilateral”, que puede ser el movimiento ocular —que el terapeuta logra moviendo sus dedos de determinada manera en el campo visual del paciente—, toques en las manos o en las rodillas, o sonidos alternados. “Lo que hace esto es favorecer el intercambio de información entre ambos hemisferios (del cerebro), para que, aquello que quedó congelado, se pueda conectar con otras redes de memoria positiva no tan accesibles. Porque cuando ocurre un evento traumático, la perturbación del momento hace que se archive de mala manera, produciéndose una memoria disfuncional que queda aislada del resto”, explicó Spinelli. “Muchas veces, cuando ocurre un evento traumático, el área del lenguaje se desconecta, y esa persona que está en shock no puede hacer un relato coherente de lo que le acaba de pasar, tiene fragmentos, confusión”, agregó. Lo que se hace, entonces, es tomar el motivo de consulta del paciente e ir a buscar, de manera protocolarizada y con preguntas estructuradas, dónde está ese punto que quedó congelado en el cerebro.
Así comienza esta estimulación sensorial bilateral, con el paciente focalizado en componentes de un recuerdo, para seguirlos y dejar “que surja lo que surja”. De esa manera, EMDR reactiva el procesamiento de esa información, de modo que ese hecho traumático pierde su intensidad de dar sintomatología, al tiempo que propicia su reprocesamiento, generando un cambio de perspectiva.
Traumas y traumas. Según la especialista, cuadros como el trastorno por estrés postraumático pueden resolverse, en algunos casos, en tres sesiones. Pero la terapia EMDR tiene muchas más aplicaciones, y en otros casos, el tratamiento puede llevar varias sesiones. “Desde trastorno por estrés postraumático a un ataque de pánico, un duelo o una disfunción sexual; te diría que cualquier cuadro que implique recuerdos traumáticos se puede trabajar”, dijo la terapeuta.
“Podés explicarle a alguien que no tiene motivos para tenerle fobia a los ascensores, y la persona te va a decir 'sí, yo sé que no son peligrosos', pero no se suben a un ascensor. O sea, la terapia verbal no llega ahí, porque no permite conectar las redes, y el razonamiento no alcanza a modificar ciertas percepciones, porque seguramente eso se basó en alguna situación de peligro anterior que vivió. Puede sentirse muy capaz en otros terrenos de su vida, pero ahí se siente incapaz”, explicó la especialista.
La terapia EMDR es también una herramienta recomendada para superar los duelos, justamente por el factor traumático que conllevan. “El concepto de trauma para la terapia EMDR es un poco más amplio que para otras terapias, porque considera que trauma es cualquier información que desborda la capacidad del cerebro para procesarla”, explicó la psicóloga.
Según Francine Shapiro, la creadora del método, existen dos tipos de trauma: con T mayúscula y con t minúscula. El primero se ciñe al criterio del trastorno por estrés postraumático (cuando hay amenaza de vida, riesgo físico, emocional, o se vive una experiencia catastrófica como un desastre natural o una guerra), y van con T porque la mayoría de las personas suelen reaccionar de la misma manera frente a esas circunstancias. Los traumas con t, en cambio, responden a experiencias personales (una humillación en la niñez, bullying, un abandono), que para algunas personas pueden pasar sin hacer estragos, y para otras no.
Un deportista, paciente de Spinelli, había comenzado a sufrir agorafobia después de ser víctima de un asalto. Al cabo de unas sesiones se dio cuenta de que la calle ya no le parecía un lugar tan peligroso y no sentía tanto temor.
No es lo mismo. Aunque sí se reconoce cierto punto de contacto entre la terapia EMDR y la etapa del sueño REM (por aquello del movimiento ocular y el reprocesamiento), los expertos aseguran que el método no se vincula de ninguna forma con la hipnosis. “Si comparás los registros electroencefalográficos de una persona que está recibiendo hipnosis y de una que está recibiendo terapia EMDR, son completamente diferentes. En la terapia EMDR tenés a la persona presente, consciente y en control de la situación; el paciente puede parar en cualquier momento”, explicó Spinelli. La especialista señaló que la figura del terapeuta en esta disciplina no es la clásica, sino que da un paso al costado, pues es el cerebro del paciente el que tiene los elementos para poder sanar. “El cerebro humano es un sistema de procesamiento de la información y funciona como puede hacerlo el sistema digestivo. Con ese sistema de procesamiento nos enfrentamos a la realidad, extraemos determinado concepto y nos manejamos. A menos que tenga una patología particular, el sistema digestivo trabaja bien, y con el cerebro pasa lo mismo. Ingresa información, yo la proceso y elimino lo que no me interesa. Y como es un sistema propio, innato, tiende hacia la salud, como todo nuestro organismo. Si nos cortamos y no hay nada que interfiera, el proceso de cicatrización es natural; pero si el tajo es muy profundo, a veces lo ayudamos dándole unos puntos, acercando los bordes de la herida, y EMDR a veces hace eso”.
EL PRIMER AUXILIO
El Centro de Atención a las Víctimas de la Violencia y el Delito (Cavid), dependiente del Ministerio del Interior, sigue un estricto protocolo que su director interino, Néstor Abriel, define como contención, orientación y derivación.
Su primera función es capacitar a los policías, por ser los primeros en establecer contacto con los afectados, y muchas veces son ellos quienes se comunican con el Cavid para pedir ayuda. “Generalmente el personal que se capacita ve la situación y entiende cuando no basta con la primera contención y necesita un apoyo técnico diferente. Ahí nos contactan”, explicó Abriel a galería.
El equipo está integrado en su mayoría por psicólogos con formación en psicoterapia, pero lo que se prioriza es que estén orientados al modelo de intervención en crisis. “Es una intervención primaria en la que trabajás atacando la urgencia. No es un proceso terapéutico, la intervención en crisis es puntual. Nosotros nos focalizamos en la resolución del problema, en lo que pasa después del delito, que sabemos que tiene una afectación directa. ¿Cuál es nuestro objetivo? Que la víctima recupere la calidad de vida de antes lo más rápido posible, porque todos trabajamos, tenemos una vida y debemos ser nuevamente funcionales”, enfatizó Abriel.
La primera intervención es telefónica. Entonces se evalúa la situación y se determina si es necesario citar a la persona para una consulta personal. A veces es la propia víctima quien llama y lo solicita. Después de esa segunda instancia se determina si hace falta otro tipo de ayuda o un tratamiento. De ser así, se la deriva a lo que llaman Red de Asistencia de la Víctima (RAV), que puede ser una mutualista o salud pública. Pero para eso, la víctima tiene que cumplir, llegar a la cita en el Cavid y ser evaluada por un técnico, porque la derivación “implica que hay que estar muy coordinado, y tener un compromiso, porque la persona se va con un sobre cerrado con el informe técnico y con la hora para ver al psiquiatra”, señaló el director del Cavid.
“Desde hace dos años nos estamos reuniendo con los directores del área de psiquiatría de todas las mutualistas y con Salud Mental de ASSE y logramos crear un referente en cada una. Eso quiere decir que cuando derivamos a la víctima, no va a tener que esperar un mes como si fuera un usuario normal, sino que en 48 o 72 horas ya tiene asistencia psiquiátrica. Eso es un logro”, aseguró Abriel.
El Cavid funciona en todo el país y se dedica además, a ofrecer módulos temáticos. Este año ofrecieron uno que tuvo mucha demanda entre los policías: Cómo transmitir una mala noticia. Lo impartieron a bomberos y a Policía caminera. “Es un módulo técnico en el que damos las herramientas para saber cómo y dónde hacerlo, qué pasos hay que dar. No es solo sentido común”, aseguró Abriel.