• Cotizaciones
    jueves 30 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Corazones divididos

    Lo que implica y lo que significa amar a dos personas al mismo tiempo

    Hemos visto a Clark Kent, a Bruce Wayne, a Peter Parker llevar una doble vida y resulta agotador; algo reservado para superhéroes, que pueden calzarse un leotardo dentro de una cabina telefónica en milésimas de segundo. Los hombres y mujeres normales, sin batimóviles ni redes de contención, no deberían intentarlo en casa.

    Pero si algo define al ser humano es que lo activan los desafíos. Todos conocemos a algún hombre/mujer que en algún momento —pasado o presente— se propuso llevar una doble vida. No para dividir su jornada entre el trabajo en un periódico y salvar a la población de Metrópolis, sino para repartir las 24 horas del día entre dos personas a las que dice amar, intentando él mismo (o ella misma) compartimentarse en dos.

    ¿Es verdaderamente posible —cerebral, emocional, físicamente— amar a dos personas al mismo tiempo? Algunos, los que pasaron por eso, aseguran que sí. Lo sustentan con aquello de que los humanos no somos una especie monógama por naturaleza, mientras agregan bloqueos de seguridad y contraseñas ultra resistentes a sus celulares y cuentas de correo. El cine, la literatura y la propia Historia dan cuenta de un sinfín de intentos, no siempre (o casi nunca) exitosos.

    Los investigadores William Jankowiak y Helen Gerth, de la Universidad de Nevada, se propusieron, justamente, responder a esta pregunta en un estudio que busca entender si era posible estar “profundamente enamorado de más de una persona a la vez”. El estudio cualitativo y basado en entrevistas llegó a varias conclusiones. Una de ellas fue que, según sus estimaciones, “en Estados Unidos alrededor de 25% de la población con educación terciaria experimentó, en un momento u otro, amores simultáneos”. En cada uno buscan cosas diferentes, dicen los entendidos, intentando crear con la sumatoria de los dos, a la persona ideal.

    Un todo perfecto. Por amor, ese concepto abstracto que fue mutando en el transcurso de la Historia, las personas han hecho las cosas más heroicas y más estúpidas. Sobre todo en su primera etapa, el fugaz enamoramiento, cuando intervienen las hormonas, la química y, los románticos dirán,  también el corazón. “Es esa especie de borrachera química que tiene una duración limitada, como dice mi amigo el doctor (Andrés) Flores Colombino, porque si uno se mantuviera en ese estado no sobreviviría. El organismo tiene una resistencia limitada a eso”, explicó a galería el psicólogo gestáltico especializado en terapia de parejas y de familia Álvaro Alcuri. Dura unos pocos meses, y algunas estadísticas hablan de hasta dos años y, la sensación que propicia, que se vive en todo el cuerpo, parece ser “la constatación de que algunas hormonas, algunos neurotransmisores, están presentes en nuestro organismo durante un lapso limitado, y eso sería lo que nos produce una sensación de tanto éxtasis, felicidad; esta borrachera química que nos haría ver a la persona de una manera ideal, irreal, adjudicándole propiedades mágicas”, agregó. Eso, según Alcuri, difícilmente se haga por dos personas al mismo tiempo.

    Por eso, el segundo amante suele entrar en juego cuando para el sujeto enamoradizo aquella sensación embriagadora ya quedó en el pasado. Probablemente lo encuentre cuando está experimentando un amor distinto con su mujer/marido, un vínculo más adulto apoyado en la historia juntos. Ocurre en esa etapa meseta del matrimonio cuando las rutinas hacen que los movimientos parezcan coreografiados y no haya mucho espacio para lo sorpresivo, una sensación que algunos asocian con haber hallado por fin la paz y otros asocian con tedio. “Los grandes apasionamientos van dejando lugar a los pañales, a la crianza de los hijos; ya no hay mucho tiempo. El amor se va transmutando y en vez de estar enamorados locamente nos queremos mucho, miramos la televisión agarraditos de la mano, de vez en cuando tenemos alguna relación sexual cuando los chiquilines nos dejan, y estamos conformes con eso”, dice Alcuri pintando el cuadro. “Imaginate que estás en esa etapa y te deslumbrás con otra persona. Esa persona te da un montón de cosas que no tenés en tu vida matrimonial. Te da todo aquello que alguna vez tuviste pero ahora no tenés con tu pareja adulta. Los fuegos artificiales, el encandilamiento, la locura, eso de que ves a la otra persona y los neurotransmisores estallan”. En ese caso, la persona podría argumentar que está enamorada o que ama a dos personas al mismo tiempo. Si embargo, “lo que cada una significa es muy, muy diferente”, sostiene el psicólogo.

    El estudio realizado en la Universidad de Nevada diferencia entre estos dos tipos de amor. Los denomina amor confortable o compañero y amor apasionado, y absolutamente todos los participantes dijeron sentir un tipo de amor por una persona y otro tipo de amor por la otra. “Nadie en nuestra muestra dijo sentir dos amores compañeros o dos amores apasionados en simultáneo”, dicen los autores, Jankowiak y Gerth. “Los individuos justifican sus amores simultáneos por su búsqueda de una unidad cognitiva o psíquica; cada persona constituye una parte o media esfera, pero cuando se juntan, forman un todo cognitivo de un amor ideal”, agregan.

    Una de las mujeres entrevistadas, de 42 años, aseguró haber amado a dos hombres al mismo tiempo y que, mientras estaba involucrada con los dos, hubo un instante en que pensó tener “lo mejor de los dos mundos”.

    Todas las pruebas indican, entonces, que lo que se busca en este segundo amor es un complemento del primero. “Yo le llamo el síndrome de los tallarines y el queso rallado. En mi casa tengo tallarines, lo que encuentro afuera es queso rallado, un buen complemento de lo otro. Sería absurdo que una persona tenga tallarines para la comida en su casa y busque tallarines afuera”, ilustró Alcuri.

    La diferencia entre este tipo de vínculo doble con la aventura extramatrimonial radica en que quienes dicen amar a dos tienen la intención de conservar los dos vínculos y se niegan a decidirse entre uno de los dos.

    Doble vida. “Quiero a mi mujer y, desde que la engaño con Alix, me enfado cuando nuestra hija o mi padre la critican. No quiero verla sufrir. Algunos días noto una presión en el pecho, pero no sufro insomnio. Al contrario, duermo profundamente, casi como si estuviera K.O. Le envío mensajes de texto cariñosos. Nunca le mando la misma foto que a Alix, ni envío un texto sucesivamente a la una y luego a la otra, sino que dejo un intervalo de una hora como mínimo. Son las reglas que he impuesto. Me gusta el olor de la crema que mi mujer se extiende en la cara por la noche antes de acostarse. En la cama, mis labios resbalan sobre su piel porque la crema no ha penetrado del todo”, dice el protagonista de “Las fidelidades”, la primera novela de Diane Brasseur, sobre un hombre casado que vive la mitad de la semana en Marsella con su mujer y su hija, y la otra mitad en París, con su novia.

    En eso de tratar a las dos personas de manera diferente es algo en que los participantes del estudio de la Universidad de Nevada hicieron énfasis. Para sostener ambos vínculos hacían primar con cada uno de ellos una faceta diferente de su carácter; algo así como asumir roles distintos en cada relación para compartimentar la vida y saciar distintos deseos. Una de las entrevistadas admitió que con cada amante usaba diferente ropa y hasta cambiaba su peinado: “así, al menos para mí misma, me convertía en otra persona”.

    Otra de las estrategias que reconocieron haber asumido es el llamado “bracketing” (paréntesis), una “técnica cognitiva que permite a los individuos olvidar, aunque sea momentáneamente, sus conflictos con uno o más individuos”. Una especie de bloqueo mental para no pensar demasiado, esquivar las culpas y posponer la toma de una decisión.

    En algunos casos, el tiempo hace su trabajo. El amor apasionado del principio, ese que los hizo enamorarse de la segunda persona, va mutando hacia algo más sereno, confortable, más parecido al amor primero. Entonces, cuando empiezan a convivir dos vínculos de similar naturaleza, es cuando el remordimiento hace su aparición; ya no es tan sencillo compartimentar el corazón. “Como las experiencias ahora ocupan una categoría mental o una geografía cognitiva similar, los dictados del tiempo y del compromiso emocional crean una necesidad de tomar una decisión que los individuos, llevados por una necesitad interna de ambos amores, agonizan al tomar”, concluyeron los autores del estudio.Eventualmente, uno de los dos amores está destinado a caer.

    La decisión. “Pienso en todo lo que ya no haré con Alix. No verla más y no tocarla más, no volver a hacerla reír, ni volver a decirme: ‘Tengo que contárselo’ o ‘Esto le gustará’, no volver a mirar el teléfono para ver si ha intentado llamarme o si me ha mandado un mensaje de texto o una foto, no volver a leer sus mails, que redacta como cartas, no volver a bajar en su estación de metro, no volver a escoger las películas que voy a ver sin ella en función de las películas que tengo ganas de ver con ella” (“Las fidelidades”).

    Si de alguna manera, la persona que dice amar a dos logró mantener esos dos vínculos vivos y separados, después de hacer todo por preservar esa doble vida, llega un momento en que se le hace insostenible o en que está tan física y mentalmente agotado de duplicarse que decide poner fin a alguna de las historias.

    Los autores del estudio llegaron a la conclusión de que la mayoría de sus entrevistados dijeron sentir una “intensa culpa” y ninguno dijo haberse sentido “feliz”; “esto evidencia el poder de la cultura para influenciar los modelos emocionales y cognitivos y los mandatos resultantes”. Según ellos, de estar insertos en una comunidad que proveyera una “guía y justificación ética para formar relaciones amorosas plurales”, estas relaciones podrían llegar a ser más estables. Sin embargo, citan algunos estudios que refieren a las dificultades “insalvables” que enfrentan los miembros de algunas comunidades de mormones fundamentalistas que integran amores plurales o familias polígamas. Y concluyen: “La inhabilidad de resolver el dilema de fundir los dos tipos de amor en un todo unificado, más grande, acentúa la primacía del vínculo diádico que esta basado más en la exclusividad emocional que sexual. Al final, el amor tiende a una exclusividad diádica que lo conquista todo”.

    Al parecer, ese amor fraccionado, atenta contra la esencia del amor. Será que, al final, por más que intentemos interpretar papeles y hacer de cuenta que somos varias personas en una, el amor es y será —por el tiempo que sea que dure— cosa de dos.