• Cotizaciones
    sábado 14 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Cuando Instagram llega antes que el tenedor

    En tiempos en que vale más la cantidad de “me gusta” que la calidad de lo que se vende, en los restaurantes del mundo la puesta en escena gana por goleada al sabor; y las redes sociales son una variable importante frente al impulso de elegir dónde salir a comer

    Marcus Gavius Apicius, el primer gourmet que reconoce la historia, escribió en el siglo I: “Primero comemos con los ojos”. Esta frase parece básica pero su significado ha cambiado mucho a través de cientos de años. Durante mucho tiempo el comer con los ojos refería a una mesa voluminosa de comida, una bacanal, o simplemente un plato rebosante en épocas de hambruna. Esta legendaria afirmación hoy parece recargarse de sentido al hablar sobre la importancia de la imagen del plato de un restaurante como llamador de atención de potenciales comensales, o como atracción de nuevos seguidores en redes sociales como Instagram, hoy considerada el escenario culinario por excelencia, mucho más que Twitter o Facebook. 

    Desde la creación de estas aplicaciones, la foto del plato se convirtió en una herramienta de promoción y marketing, y a su vez en el motivo de desvelo de afamados chefs que, a sabiendas de que sus comensales iban a registrar  cada una de sus creaciones, se vieron obligados a la perfección reiterada, sin derecho a errores. Asumieron, y bien, que al mostrar sus platos en las redes se generaría inmediatamente el plagio sin crédito de sus preparaciones. Cocineros como el danés René Redzepi (considerado durante años el mejor chef del mundo por su restaurante Noma, en Copenhague), los vascos Andoni Luis Aduriz, de Mugaritz y Eneko Atxa, de Azurmendi, el catalán Ferran Adrià desde El Bulli, el estadounidense Thomas Keller, de The French Laundry, el francés Alain Passard, de L’Arpege y el peruano Gastón Acurio, por mencionar tan solo algunos, hace más de una década tomaron el toro por las astas y decidieron apoyarse en fotógrafos profesionales para ganarle de mano al comensal y viralizar sus innovaciones culinarias. De esta manera, dominaron la escena de las redes sociales de forma cuidada y programada. Al mismo tiempo, creció la figura del cocinero en las redes, y estos personajes junto a otros más mediáticos, como los ingleses Jamie Oliver y Gordon Ramsay, se convirtieron en los primeros influencers, conocidos hoy como taste makers (creadores de tendencias culinarias). Casi al mismo tiempo, a los chefs les hicieron compañía los periodistas especializados primero y más adelante los comensales entusiastas, que hoy pueden llegar a amasar cientos de miles de seguidores. 

    Este nuevo escenario trajo aparejado otra aproximación a la gastronomía, desde la estética, pensando los platos en función de su apariencia, en función de la foto. Dicho esto, debe saberse que desde tiempos lejanos los cocineros utilizan la imagen para estandarizar sus presentaciones culinarias en el equipo de cocina, y así lograr la repetición casi exacta en cada plato que sale al salón. 

    Si bien el fenómeno de la comida en redes como Instagram surgió de restaurantes y cocineros de la televisión, hoy los trasciende y se potencia en usuarios anónimos que disfrutan de cocinar. Así como también en comensales voraces, que buscan saciar su hambre de fotos más que satisfacer la necesidad básica de alimentarse. Para ellos, las empresas de community management o productoras audiovisuales promocionan cursos de fotografía gastronómica como si fueran spam, en pos de enseñar cuál es el mejor ángulo para tomar la imagen de un plato y que se vea apetitoso en las redes sociales, especialmente, una vez más, en Instagram. 

    Más que voyeurismo. En diciembre de 2016, el profesor de la Universidad de Oxford Charles Spence, que estudia la gastrofísica, publicó en el sitio web Science Direct, Eating with our eyes: From visual hunger to digital satiation (Comiendo con los ojos: del hambre visual a la satisfacción digital), una investigación que comprobó que cuando se trabaja para que un plato luzca bien sabe mejor para el comensal y genera más saliva, que ayuda a despertar apetito. Por lo tanto, la manera en que la comida es presentada genera un impacto en la percepción del sabor y puede modificar el comportamiento de consumo de los comensales. En este estudio, el foco está en cómo utilizar estas herramientas para incitar la adopción de hábitos de alimentación saludable en la población.

    “En Instagram cualquiera puede hacer que sus fotos sean atractivas. Las nuevas tecnologías generaron consumidores cada vez más expuestos a las fotos de comida a distancia”, sostiene Spence en su trabajo. Al mismo tiempo, asegura que se generó una obsesión por tomarle fotos a la comida en los restaurantes antes de comer, al punto que hay cocineros que buscan la forma de prohibir tomar fotos de los platos. No obstante, en el mismo trabajo, el autor señala que los publicistas recuerdan que la apariencia es más importante que nunca, al punto que algunos restaurantes diseñan sus platos en función de cómo van a lucir en Instagram. 

    Tal fue el impacto en el desarrollo de estas redes sociales que en Estados Unidos, la cadena FYI creó un programa que se llama Food Porn, el hashtag más utilizado en torno a la comida, dedicada únicamente a mostrar los platos más instagrameados. Según los realizadores de esta serie, el hashtag foodporn se utiliza cada dos segundos en Twitter, por ejemplo. 

    Influencers en Uruguay. Se dice que en Uruguay todo llega 20 años después. Y aunque en este caso no es tan extremo, al parecer aquí el fenómeno de las redes sociales surgió de los foodies y no de los restaurantes, pues son muy pocos los que buscan o cuidan las imágenes de sus platos en Instagram. En cambio, sí existe un listado extenso de personas dedicadas a nutrir la red con sus posteos vinculados a la gastronomía: recetas, guía de restaurantes, recomendaciones culinarias y un largo etcétera. Aunque la mayoría no tiene un numero significativo de seguidores —esto es, más de 10.000 y un mínimo de 2% de likes en relación con su número de seguidores por posteo—, hay 

    personajes fuertes dentro del universo llamado influencers o taste makers. Algunos de ellos son el comunicador Mauricio Pizard, la pastelera Irenichus (Irene Delponte) y la publicista Colchón de Verdes (Eli Varscher), entre otros. 

    Estos tres tienen improntas distintas y buscan comunicar cosas diferentes. Mientras Pizard se preocupa por mostrar sus trabajos de foodstyling (estilismo), sus recetas y búsquedas de frutos y hierbas silvestres en la ciudad, Irenichus comenta sobre los postres que cocina con sus hijos o para el restaurante Santé Café y Cocina, que abrió a comienzos de año con Irene Schreiber, otra instagramer conocida como Montevideo Meal Surfing (que organiza cenas a puertas cerradas). Por su parte, el acercamiento de Colchón de Verdes es distinto, pues busca ser una guía de restaurantes elaborada a partir de las salidas a comer de su creadora. En la mayoría de los casos las cuentas son rentadas, pero en ocasiones intercambian posteos por experiencias, aunque no haya un contrato comercial establecido.

    Estas cuentas particulares comenzaron a despertar lentamente a la escena gastronómica nacional sobre la importancia de generar imágenes cuidadas, producidas y atractivas para el comensal. Un ejemplo de ello puede ser el restaurante Jacinto y su propietaria Lucía Soria, hoy jurado de MasterChef.

    En ese camino existen algunos lineamientos básicos a la hora de tomar imágenes de comida. Por ejemplo, sacar la foto con luz natural, aunque implique pasearse como un loco por todo el salón. Otra es no publicar una foto mentirosa sobre un plato, pues esa publicidad engañosa será contraproducente para el restaurante, y para quien la postee, cuando otra persona visite el lugar. Además, cuidar que no haya demasiados elementos en el plato; más de cuatro elementos distintos pueden complicar la composición. Tomar en cuenta la composición de la imagen, pensar dónde y por qué se coloca un tenedor, o un trozo de pan. Por último, aunque parezca tonto, los expertos siempre recalcan la importancia de chequear que la imagen esté en foco. 

    Colchón de Verdes

    (Eli Varscher). 12.000 seguidores

    Formada en Comunicación y Publicidad, Eli Varscher comenzó a gestionar la cuenta de Instagram Colchón de Verdes en mayo de 2017, y en un año consiguió 12.000 seguidores. Su bagaje como productora publicitaria, profesión que aún mantiene, la ayudó en el manejo de las redes de un proyecto que nació como guía de restaurantes en los que comer en Uruguay. “No me meto en la crítica de restaurantes y posteo solo sobre los restaurantes que me gustan”, dijo Varscher. Sobre su estética comentó: “Practico todo el tiempo las fotos. Los restaurantes no me pagan por los posteos, pero con algunos arreglo que me inviten, para poder ir a conocerlos”, comentó. 

    Cuando Varscher llega a los restaurantes tiene algunas rutinas. Por ejemplo, busca la mesa con más luz, se fija en la composición de la foto, y avisa al mozo para que en la cocina se esmeren en la presentación.

    Mauricio Pizard 

    9.102 seguidores

    Es arquitecto de formación pero community manager y estilista de gastronomía de profesión. “Mi cuenta de Instagram siempre fue gastronómica, pero recién en 2017 comencé a trabajarla fuerte”, contó Pizard. Empezó a trabajar con Joaquín Pastorino haciéndose cargo de las cuentas de sus eventos, Montevideo Pop Up y Paseo Rostand, también como fotógrafo, y rápidamente se convirtió en uno de los referentes digitales de la cocina casera en la ciudad. 

    Hace pocas semanas, Pastorino y Pizard presentaron la web Garage Gourmet, que llevan adelante en conjunto, y que el 2 y 3 de diciembre tendrá su primera feria gastronómica, donde participará también Javier Pastorino. El encuentro fue en el Espacio de Arte Contemporáneo, y forma parte de un proyecto más ambicioso que incluye venta de productos seleccionados para cocinar en casa. 

    “Mis fotos son de mis comidas. No disfruto mucho de salir a comer porque soy muy exigente y siempre hay algo que no me gusta”, confesó. Al mismo tiempo destacó que, al comunicar sus recetas y su vínculo con la cocina, busca sobre todo despertar el interés de la gente por cocinar en casa”, dijo Pizard. 

    Irenichus 

    (Irene Delponte). 4.000 seguidores

    Irene Delponte se formó como realizadora audiovisual, pero cuando nació su primer hijo, Francisco, pretendió hacer un impasse en la profesión, que nunca retomó. “Me vino una veta gastronómica, empecé a cocinar y a sacar fotos. Esto fue hace siete años, cuando Instagram se podía ver solo en iPhone y la comunidad era mucho más pequeña”, contó. Al comienzo, Delponte, que se formó en pastelería en el Instituto Cordon Blue de Lima, ponía mucho énfasis en la puesta en escena. “Usaba la decoración shabby chic que inspiraba Pinterest”, dijo. 

    A comienzos de 2017, la pastelera abrió su propio restaurante, Santé Café y Cocina, y confiesa que allí se dio cuenta de que además de que la comida se vea bien, es importante que sea apetecible y honesta con el comensal. Al respecto aclaró: “La foto tiene que condecir con la propuesta. Sigo a muchos cocineros y eso me ayuda en mis posteos, como Fernando Trocca y Lady Pixelita (Pía Morosini, una cocinera uruguaya radicada en Buenos Aires), y al restaurante Jacinto”. 

    Sobre la creciente aparición de autodenominados influencers, Delponte comentó que algunos se acercan a los restaurantes reclamando un intercambio descarado entre posteo y almuerzo, que con su socia, la cocinera Irene Schreiber, prefieren no aceptar. “Tenés que sustentar la foto, no cualquiera puede venir a opinar sobre lo que uno hace, hay que estar formado”, dijo

    // Leer el objeto desde localStorage