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    Cuando el fútbol era fútbol

    El libro 'Que vuelva la celeste de antes' reivindica la pierna fuerte y el codazo, el vino en las concentraciones y el estilo pre Tabárez

    Es una apología al fútbol de antes, a los tapones de punta para frenar al contrario, a los incidentes cuando termina el partido, y al estilo de juego rústico. Es un homenaje a los capitanes rudos, a los jugadores con bigote y botines negros, a las concentraciones con vino y asado, y al público que silba el himno del contrario. 

    Esa es la esencia de Que vuelva la celeste de antes, un lugar donde el fair play es una afrenta a los principios más esenciales de la uruguayez, donde los jugadores depilados y teñidos son considerados indignos de vestir la camiseta de la Selección, y donde terminar un partido sin expulsados provoca vergüenza.

    Primero con una página de Facebook y luego con un libro que se publicó hace pocas semanas, Sebastián Chittadini creó Que vuelva la celeste de antes (Editorial Fin de Siglo), un espacio de humor que reivindica las viejas hazañas del fútbol uruguayo previas a Sudáfrica 2010. En un país donde los jugadores y el técnico actual están en la categoría de semidioses, los celestes de antes van en la dirección totalmente contraria.

    Hay dos elementos fundamentales para entender qué significa Que vuelva la celeste de antes. Primero, darse cuenta de que se trata de algo hecho con humor e ironía. Y en segundo lugar, saber que el fútbol uruguayo no empezó con el cuarto puesto de Sudáfrica, sino que antes de eso hubo dos medallas de oro en Juegos Olímpicos, dos mundiales y 14 copas América. 

    Con esos dos puntos claros, ya se puede ingresar en el mundo de Que vuelva la celeste de antes, un espacio donde el plantel que jugó el Mundial de Japón y Corea del 2002 está en un pedestal porque simboliza la pierna fuerte y el juego sucio, cosas que están en las antípodas del equipo de Oscar Tabárez.

    Cuando buena parte del Uruguay adhiere a la conformista idea de que “el camino es la recompensa”, los celestes de antes suscriben a una de las máximas de Obdulio Varela: “Un Mundial es la guerra”. Por eso, para pelearla, los hombres que tienen que ir no son los más habilidosos ni los que triunfan en Europa, sino los jugadores que están dispuestos a trancar con el alma con tal de ganar, y en caso de no conseguirlo, quedarse con la satisfacción de haber dado un par de golpes cuando terminó el partido.

    Chittadini, responsable del fenómeno Que vuelva la celeste de antes, nació en Montevideo en 1977, es licenciado en Ciencias de la Comunicación, columnista del portal El Aguante e integrante del equipo periodístico de la revista Zona Mixta. Escribió el cuento Picadito y bandoneón, incluido en el libro Pebeta de mi barrio, de Ma-lena Muyala.

    Cambio de estilo. La historia del libro comenzó en 2013, cuando Chittadini y un compañero de trabajo crearon la página de Facebook Que vuelva la celeste de antes. Habían pasado un par de años de la conquista de la Copa América en Buenos Aires, faltaban todavía unos meses para el Mundial de Brasil de 2014 y los dirigidos por Tabárez despertaban un amor incondicional en todo el país. 

    En los primeros meses fueron apenas un par de miles los que le dieron “me gusta” a esa página que iba contra todo lo que representaba la selección de Tabárez. Criticaban los valores que ellos defendían, el tipo de público que los seguía, y ponían el grito en el cielo cuando los veían posar para alguna publicidad, y encima depilados. Cada tanto algún desprevenido ingresaba sin saber que era una página humorística y se enfrascaba en conversaciones durísimas con el administrador o con algún seguidor.

    Con el tiempo, Que vuelva la celeste de antes abrió una página web (lacelestedeantes.com) y también un usuario en Twitter (@qvlcda). Y aquellos pocos seguidores fueron trepando hasta llegar hoy a casi 54.000, la misma cantidad de habitantes que tiene el departamento de Río Negro.

    El crecimiento en la cantidad de seguidores tuvo elementos positivos como la aparición de algunos anunciantes y un mayor número de personas que aportaban fotos, anécdotas o temas de debate. Sin embargo, esa explosión de seguidores —y ahora el libro— determinaron que la página se haya vuelto más “correcta”, y que se cuidaran o corrigieran términos y conceptos vinculados a la selección actual.

    Hasta hace un tiempo se hacían chistes con la “metrosexualidad” de Edinson Cavani, se hablaba de “proceso bocatorcidista” en vez de decir “proceso Tabárez”, y se ponían sobrenombres críticos a jugadores, como por ejemplo Livianico a Nicolás Lodeiro. Pero en los últimos meses ese tipo de chistes fueron desapareciendo y ahora hay que bucear mucho en la página para encontrar un posteo de esas características.

    Chittadini explicó a galería que resolvió ser “un poco más suave” en lo que respecta a ese tipo de comentarios y que al momento de escribir el libro en la editorial estuvieron de acuerdo con que había que “suavizar un poco” esas referencias. “Tenía interés de usar la crítica y la ironía destacando lo anterior”, dijo el autor del libro, sin que eso significara cuestionar explícitamente a la selección actual.

    Además, como tiene activado un filtro en la fan page, también puede evitar algunos comentarios de ese tenor entre los seguidores. “Una cosa que me gustó fue empezar a decirle el hijo de Pablo Forlán a Diego Forlán, o decirle Roberto Cavani a Cavani, para destacar su segundo nombre obdulista. Todas esas son cosas para ir llevándolo para ese lado, agudizando un poco la ironía, destacando lo otro para defenestrar lo de ahora, pero sin ir al hueso directamente”, explicó Chittadini, que se define como un fanático “fundamentalista” del proceso Tabárez.

    A favor y en contra. Si bien en el libro no hay demasiadas referencias a los jugadores de la era Tabárez, en la página se pueden encontrar algunas valoraciones sobre ellos, como el espacio A favor y en contra, donde se mide el nivel de “metrosexualismo” de determinado futbolista. 

    A Luis Suárez, por ejemplo, le juega a favor que se llama Luis Alberto —“nombre oriental de pura cepa”—, es “aguerrido”, “putea a los rivales”, tuvo un incidente por el cual fue acusado de racista, y anda por el mundo con termo y mate. En contra hay varios elementos: muerde en vez de pegar, hizo un camino de rosas para celebrar el aniversario con su señora, habla de su historia de amor con ella, y es “demasiado amigo” de Lionel Messi y de Neymar. De todas maneras, en el balance final tiene un bajo nivel de metrosexualismo, y por eso los celestes de antes le dan la bienvenida a ese selecto grupo.

    Distinto es el caso de Martín Cáceres. Al lateral le valoran su primer nombre —José—, que estrelló un auto manejando borracho, y que toma sidra en botella de plástico. Sin embargo, para los celestes de antes, Cáceres tiene actitudes que lo hacen prácticamente irrecuperable en los índices de metrosexualismo: usa zapatos de colores estilo botitas, se viste con ropa muy europea, se depila, y se peina con un rodete.

    Próceres y pechos fríos. “Vivimos tiempos de fair play, señores. ¿Dónde quedó el ganar a cualquier costo, el hacerse fuertes de local, el peso de la camiseta?”, se pregunta Chittadini al comienzo del libro que reclama más “hombres curtidos, de barba tupida y pectoral peludo”.

    El libro ubica en la categoría de “próceres” a jugadores como Pablo García, Paolo Montero o Richard Chengue Morales, y define como “modelos a seguir” a Fabián O’Neill y a Obdulio Varela, a quien identifican lisa y llanamente como “Dios”.

    Para los admiradores de la celeste de antes, los jugadores más valorados son aquellos que no dudaban en bajar a un rival de una buena patada y que imponían respeto en la cancha. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, Felipe El Zorro Revelez, José Luis el Chango Pintos Saldaña, Obdulio Trasante, Enrique el Pelado Peña, José El Chueco Perdomo o Heber Silva Cantera, entre otros. 

    Los extremadamente habilidosos no se llevan los aplausos en Que vuelva la celeste de antes, con la excepción de O'Neill, pero en su caso no tiene tanto que ver con su desempeño en la cancha sino con el estilo de vida fuera de ella. También hay un especial “reconocimiento” hacia Álvaro el Chino Recoba, por considerarlo el último gran “pecho frío” que vistió la celeste. “Hoy no hay ni por asomo uno como él”, se lamentan los celestes de antes.

    Chittadini no solo se ocupa de los jugadores de antes, sino que también compara al público de hoy —el metrosexual— con el que iba al fútbol antes del Mundial de Sudáfrica. A esos nuevos seguidores es fácil identificarlos: van al Estadio en familia, alientan a los jugadores incluso cuando van perdiendo, se pintan la cara y hacen la ola.

    “Adentro de la cancha, mi vieja se pone una camiseta y le pego también”

    El libro recopila “frases célebres” de futbolistas que defendieron la camiseta uruguaya:

    “Los uruguayos, con un buen asado y un vaso de vino, siempre corrieron bien. Lo de la nutricionista se lo dejo a Beckham”. Pablo Canario García

    “¿Usted piensa que es una ‘fiesta deportiva’, como dicen? Entonces es un lírico. Un Mundial es la guerra, directamente la guerra”. Obdulio Varela

    “Fuimos al shopping y las minas me confundían con (Diego) Forlán”. Marcelo Pato Sosa

    “Entramos todos impotentes al vestuario y (Diego) Lugano tira la camiseta y yo le dije: ‘Levantala’, porque la camiseta de Uruguay nunca tiene que estar en el piso”. Darío Rodríguez

    “Adentro de la cancha, mi vieja se pone una camiseta y le pego también”. Julio Montero Castillo

    “A mí el fútbol no me dejó dólares para contar, pero tengo para contar títulos, enseñanzas, anécdotas, amigos”. Luis Peta Ubiña

    “Los más grandes somos los más humildes”. Ronald Paolo Montero

    “En el mundo hacen cada vez más falta dos cosas: democracia y delanteros”. Washington Pulpa Etchamendi

    “Cuando venía a jugar por Uruguay aterrizaba y quería hacer 200 asados por día: terminaba de hacer un asado en un lado y salía a hacer asado en otro lado, con todo el mundo”. Fabián O’Neill

    “La selección es la patria misma”. José Nasazzi

    “Violencia hay en Irak, donde se cagan a tiros. Nosotros jugamos al fútbol, y al que no le guste el contacto, que juegue al ajedrez”. Diego Godín

    “Apenas tocás a Figo te mira como diciendo: ‘¿Qué haces?’. Pero el fútbol es para hombres, no para nenitas”. Marcelo Pato Sosa

    “¿Saben cuál es el problema uruguayo? Que todos somos muy vivos. Habría que traer dos o tres camiones de bobos y mezclarlos, a ver si conseguimos mejorar la especie”. Washington Pulpa Etchamendi

    “Al Chengue, si hay que armar lío, sí le tengo fe. ¡Pero no sabe jugar al fútbol!  Fabián O’Neill

    El Chengue, el Canario y Paolo: ídolos

    Celeste de antes elaboró una lista de “prohombres” entre los que se destacan jugadores que imponían “respeto de propios y extraños”. Tres de ellos son:

    Ronald Paolo Montero: “No era solo un pegador de patadas. También era un hábil usuario de los codos, un agudo practicante de la palabra intimidatoria, y un guerrero en constante lucha contra su mayor enemigo: el fair play que tanto se persigue en la actualidad”.

    Pablo Canario García: “Un prócer que lleva tatuado al prócer de los uruguayos. Un representante de la vieja estirpe de hacha y tiza, dientes apretados y mirada desafiante”.

    Richard Chengue Morales: “No hay quien no quisiera tener a un Chengue en su equipo. Ese mismo que pegó tres gritos en el vestuario mundialista del 2002 y le dijo a (Víctor) Púa: 'Gordo, meteme a mí y a (Diego) Forlán que lo damos vuelta', el que fue con Darío (Rodríguez) a apretar a los senegaleses, el que personifica eso que hay que tener en cualquier grupo humano: el empuje, las ganas, los viejos valores, los tambores y el vino. Lo demás viene solo”.

    Principios obdulistas

    “No quiera hablar de obdulismo y use crocs: el calzado permitido para andar entrecasa son las Sorpasso con medias si refresca un poco. Tampoco bajo ningún concepto se podrá usar calientacama, una dama que comparte el lecho con un obdulista no necesita de este tipo de artilugios para elevar la temperatura de la catrera. De todas formas, el obdulismo no es reducto exclusivo de los caballeros, también hay mujeres obdulistas de las que nunca pueden faltar, de las que tienen más códigos que muchos blanditos de hoy en día, de las que uno puede decirles ‘patrona’ sin que se les sobre nada. Con mujeres así, a la guerra”.

    “Desgraciadamente y salvo raras excepciones, se enterraron en el olvido los botines negros, marca en el orillo de un fútbol de hombres recios que cuidaban su herramienta lustrando con betún o con saliva para entrar al campo de juego. Hoy, la moda multicolor monopoliza el calzado sepultando la identidad de nuestro deporte”.

    “En lo deportivo , el capitán celeste nunca terminará un partido sin amarilla. En lo humano, será de preferencia incómodo a la vista y al olfato del rival, amigo de sus amigos y con porte de monumento de plaza del interior. Entrará a todas las canchas con gesto adusto y será bueno en la pelota aérea, marca registrada de nuestro combinado más allá de figuras tácticas y técnicos de turno. Por supuesto, tendrá en su documento un nombre bien de varón oriental”.

    “Los jugadores de ébano le han dado a la celeste un plus frente a otros representativos. Ya desde los albores de nuestra historia futbolística y en cada team oriental que marcó historia, los negros han sido protagonistas destacados de la gloriosa malla sobre el pecho. Y hablamos de negros, no de ‘afrodescendientes’”.

    “El bigote impone respeto. Además, es señal de que la persona que viene detrás es seria y tiene claras sus convicciones, de que no le teme al qué dirán y que cree mucho en su fuerza espiritual. Una persona con bigote demuestra ser alguien firme en el campo de juego, por eso proliferaba en goleros, defensores y volantes de marca, o en algún centrofóbal de esos bien cachiporreros”.