escribe María Paz Sartori
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUna niña de 10 meses está internada desde hace 26 días en terapia intensiva en el Hospital Pereira Rossell. Hace casi un mes viajaba con sus padres en una moto rumbo a la casa de su abuela a sólo una cuadra y media de distancia de la suya. Un perro provocó la caída de los viajeros y la niña sufrió las peores consecuencias.
Está muy grave, con traumatismo de cráneo y su pronóstico es incierto, informó a Búsqueda Mercedes Bernadá, profesora agregada de pediatría del Departamento de Pediatría de la Universidad de la República.
“Este caso desmitifica algunas cosas que la gente suele tener como defensa para permitir que un niño suba a una moto, como estar cerca de casa, decir que van despacito o que no hay casi tránsito. El tránsito es un fenómeno multicausal”, dijo a Búsqueda Rosa Gallego, coordinadora del Área de Seguridad Vial de la Fundación Gonzalo Rodríguez.
Ese accidente es solo un ejemplo de un problema que ocurre en Uruguay desde hace ya varios años y que integrantes de la Facultad de Medicina —con participación de pediatras y residentes en diferentes partes del país— junto a la Fundación Gonzalo Rodríguez se decidieron a investigar.
La investigación epidemiológica titulada “Lesiones graves y fatales en niños y adolescentes uruguayos, secundarias a siniestros de tránsito por motos” estudió a los niños y adolescentes de entre 0 y 19 años que ingresaron a CTI, a cuidados intermedios (CI) o que fallecieron tras un siniestro de moto entre el 1º de julio de 2009 y el 31 de diciembre de 2009 en todo el país.
Parte de estos resultados fueron presentados durante el III Congreso Uruguayo de Neurocirugía que se realizó en el Latu entre el 17 y el 19 de abril.
Bernadá explicó que la investigación se extendió durante 2010 y 2011 y recién en 2012 lograron obtener toda la información para concluir con el trabajo.
“De los niños y adolescentes menores de 19 años fallecidos por accidentes de tránsito en el período estudiado, en el 54% la muerte fue secundaria —por consecuencia— a un siniestro de motos”, concluye el estudio. Pero de los otros accidentes catalogados como “accidente de tránsito”, en algunos casos no se conoce si fueron en auto, moto o en bus, por lo que el porcentaje podría ser mayor.
En ese período murieron en Uruguay 471 niños y adolescentes; 37 (o sea, 7,8%) por accidente de tránsito y el 4,2% por accidente con moto, según deja constancia la documentación consultada.
Todos los fallecidos tenían entre 15 y 19 años. La mayoría eran varones conductores o pasajeros de moto y el 45% no usaba casco. Muchos murieron en el acto pero algunos fueron internados en CTI y luego fallecieron, todos en el interior del país. Un adolescente estuvo internado 124 días antes de finalmente morir.
Los investigadores explicaron que debido a la información disponible de los casos, solo pudieron determinar que el 45% utilizaba casco porque constaba en el parte policial o en la historia clínica, pero el porcentaje pudo haber sido mayor en realidad.
Durante el período de los seis meses del estudio, el 3% de los ingresos a CTI o a cuidados intermedios en el país se debieron a lesiones graves secundarias a un siniestro de moto. En total hubo 69 menores de 19 años que ingresaron a CTI o a cuidados intermedios tras este tipo de accidente, ya fueran pasajeros, conductores o peatones embestidos por un birrodado. De ellos el 26% eran menores de 15 años, el 71% varones. La mayoría se encontraban transitando en moto.
En Uruguay los accidentes después del primer año de vida y durante toda la infancia y adolescencia son la primera causa de muerte y una importante causa de demandas de servicios de salud.
Los niños, debido a su menor tamaño, son más vulnerables a presentar lesiones graves por la mayor absorción de energía ante un evento traumático. También incide la menor posibilidad de ser vistos por los conductores, explicó a Búsqueda Daniel Alessandrini, coordinador estadístico del Plan Edu-Car de seguridad vial infantil de la Fundación Gonzalo Rodríguez. Asimismo, su desarrollo cognitivo no les permite ser conscientes del peligro al que se exponen.
Del total de niños y adolescentes (69) que ingresaron a CTI o a cuidados intermedios, la mayoría fueron en el interior del país. El 91% sufrieron Traumatismo Encefalocraneano (TEC), frecuente por falta de casco o uso de cascos inadecuados (ver gráfico). El 87% tuvo politraumatismos de entre tres y seis sectores.
“Estaban totalmente lesionados de cráneo, tórax y miembros. La gravedad es exponencial, las complicaciones se van agregando. Por ejemplo, un golpe en el tórax agrava el daño encefálico —cerebral— porque si no puedes respirar bien además del golpe en la cabeza vas a tener falta de oxígeno”, explicó Bernadá.
El TEC es uno de los traumatismos más graves y costosos para el sistema de salud y para la familia por la larga recuperación y porque en general quedan secuelas. La mayoría (68%) de quienes lo padecieron no usaba casco cuando ocurrió el accidente.
El único niño que usaba tenía 11 años y estaba participando en una competencia de motos en Paysandú. De los mayores de 15, el 94% viajaban como pasajeros o conductores.
Entre los procedimientos más comunes —de los 63 realizados y registrados— se encuentra en primer lugar la fijación quirúrgica de miembros (22 casos), drenaje de tórax (12), laparotomía (9) —incisión en el abdomen para reparar por ejemplo un hígado dañado—, traqueostomía (9), cirugía reparadora facial (6), gastrostomía (2) —se hace cuando una persona no puede alimentarse por boca y lo hace por un tubo directo al estómago—. También figuran la fijación de pelvis (1) —uno de los traumatismos más graves—, amputación de miembro (1), reparación de herida escrotal (1) y derivación ventriculoperitoneal (1) —debido a un grave TEC le quedó líquido en el cerebro y tuvieron que ponerle un sistema de drenaje del cerebro, probablemente con secuelas como, por ejemplo, retardo—, entre otros.
Entre las principales medidas terapéuticas requeridas por estos niños y adolescentes accidentados por motos, 33 necesitaron asistencia ventilatoria mecánica (AVM, respiración artificial). Hubo 9 neurocirugías, 3 evacuaciones de hematomas extradurales y 2 craneotomías decompresivas. Muchos requirieron más de un procedimiento quirúrgico.
Fueron 18 los siniestros que ocurrieron en Montevideo y que llevaron a estos niños a CTI o a cuidados intermedios. Hubo 11 en Salto, 3 en Maldonado, 15 en otras partes del interior, y de los demás se desconoce el lugar.
El 46% de las personas que fallecen como consecuencia de accidentes de tránsito son peatones, ciclistas o usuarios de vehículos de motor de dos ruedas, según la Organización Mundial de la Salud. Esta proporción es incluso mayor en economías de ingresos bajos o medios como en Uruguay, donde el porcentaje de víctimas mortales pertenecientes a esta categoría puede llegar al 80%.
La falta de protección física hace a los niños más vulnerables a sufrir lesiones en caso de colisión que los adultos. Según los datos del grupo uruguayo, de los menores de 15 años que ingresaron a CTI o a CI por accidente de moto, el 55% viajaban como pasajeros o conductores, pero el 45% fueron peatones embestidos tanto en Montevideo como en el interior.
Para realizar este trabajo los investigadores recurrieron a datos del Ministerio de Salud Pública, al Ministerio del Interior, a información de las historias clínicas de los pacientes, los partes policiales y los certificados de defunción, entre otras fuentes.
Entre los resultados de la investigación sus autores destacaron que “reiteradamente se encontraron carencias de datos en los documento analizados”.
Se encontraron con un vacío en algunos registros y la ausencia de clasificación de los siniestros de tránsito como de moto, auto u otros.
Concluyeron que “es necesario mejorar la calidad de la información relativa a los siniestros de tránsito”.
La información recopilada en este estudio “es la línea base, pero la línea de la cual partimos es inestable. Hay vacíos, agujeros negros, es una primera foto que intentamos reconstruir”, dijo Gallego.
En setiembre de 2011 los ministros de Salud en una reunión de la Organización Panamericana de la Salud se comprometieron a facilitar información sobre las consecuencias de siniestros.
Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadísticas a 2011, en 2009 había 619.840 motos en Uruguay.
“Hoy el crecimiento del parque de motos es mucho mayor que el de vehículos y más acelerado. Se ha convertido en una forma de movilidad para todos los integrantes de la familia, entre los cuales están los niños”, dijo Gallego.
Que la bebé de 10 meses se haya subido a la moto con sus padres hace 26 días fue un hecho legal para Uruguay.
Gallego comentó que consultaron a inspectores de tránsito sobre qué pueden hacer cuando ven casos de este tipo. Respondieron que sólo pueden exigir que se respete el número de pasajeros para cada moto, pero no hay un parámetro de edad.
“Está reglamentado que todos los que van en una moto deben tener casco, pero casco para un lactante de 10 meses no hay. Además, no cualquier casco le sirve a un niño, debe estar ajustado a la cabeza y proteger el mentón”, explicó Bernadá.
“Es urgente legislar la pertinencia o no de los niños a bordo de moto y si corresponden las condiciones de traslado”, concluyó el equipo de investigación.